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Himno a Ntra. Sra. de La Merced (I)

 

Mira a tu pueblo hermosa Señora, 
que lleno de júbilo con fe te implora. 

¡Bendice, Madre, toda esta grey,
oh, Santa Virgen de la Merced! 

Nuestros pasos fortalece para que sigamos 
las huellas de Cristo, siéndole fieles. 

Dulce y compasivo es tu corazón de Madre,
refugio del que peca, auxilio suave. 

Hondo océano de luz y paz son tus ojos
que alumbran los pasos de peregrinos. 

Amparo seguro de todas las familias 
irradias a Cristo, con él nos cuidas. 

Hasta el cielo, Madre, se eleva nuestro canto.
Ruega por nosotros, que seamos santos.

Ante el trono de tu Hijo siempre intercedes 
oh, Virgen bendita, de las Mercedes. 

Pedimos, oh Madre, compasión y consuelo; 
de tu dulce mano, subir al cielo.

Himno Litúrgica del Te Deum Laudamus



A ti Dios, primeras palabras del cántico) es uno de los primeros himnos cristianos, tradicional de acción de gracias.

Suele ser entonado en momentos de celebración. El himno es utilizado por la Iglesia Católica Romana, en el Oficio de las Lecturas encuadrado en la Liturgia de las Horas. También se suele entonar en las Misas celebradas en ocasiones especiales como en las ceremonias de canonización, la ordenación de presbíteros, etc. Los Cardenales lo entonan tras la elección de un Papa.

Compuesto originalmente en latín, el nombre se debe a que así empieza su primer verso. Se suele denominar también como "Himno Ambrosiano", pues se atribuye a San Ambrosio de Milán, aunque una leyenda indica que lo compusieron en común, inspirados por el Espíritu Santo, San Agustín de Hipona y San Ambrosio. Cuando, en el año 387, San Agustín recibió el Bautismo de manos de San Ambrosio -sigue diciendo la leyenda-, Ambrosio entonó este himno y Agustín iba respondiendo a sus versos.

En latín: 

Te Deum laudamus:
te Dominum confitemur.
Te aeternum Patrem,
omnis terra veneratur.

Tibi omnes angeli,
tibi caeli et universae potestates:
tibi cherubim et seraphim,
incessabili voce proclamant:

Sanctus, Sanctus, Sanctus
Dominus Deus Sabaoth.
Pleni sunt caeli et terra
maiestatis gloriae tuae.

Te gloriosus Apostolorum chorus,
te prophetarum laudabilis numerus,
te martyrum candidatus laudat exercitus.

Te per orbem terrarum
sancta confitetur Ecclesia,
Patrem immensae maiestatis;
venerandum tuum verum et unicum Filium;
Sanctum quoque Paraclitum Spiritum.

Tu rex gloriae, Christe.
Tu Patris sempiternus es Filius.
Tu, ad liberandum suscepturus hominem,
non horruisti Virginis uterum.

Tu, devicto mortis aculeo,
aperuisti credentibus regna caelorum.
Tu ad dexteram Dei sedes,
in gloria Patris.

Iudex crederis esse venturus.

Te ergo quaesumus, tuis famulis subveni,
quos pretioso sanguine redemisti.
Aeterna fac
cum sanctis tuis in gloria numerari.

Salvum fac populum tuum, Domine,
et benedic hereditati tuae.
Et rege eos,
et extolle illos usque in aeternum.

Per singulos dies benedicimus te;
et laudamus nomen tuum in saeculum,
et in saeculum saeculi.

Dignare, Domine, die isto
sine peccato nos custodire.
Miserere nostri, Domine,
miserere nostri.

Fiat misericordia tua, Domine, super nos,
quem ad modum speravimus in te.
In te, Domine, speravi:
non confundar in aeternum.

Himno a san Antonio de Padua



¡Salve, Antonio, venerado
con el bello lirio blanco,
el libro del Evangelio
y el Niño Dios en los brazos!

 El candor en ti rebosa
del corazón a los labios;
con alma pura penetras
la luz del Verbo encarnado.

Sagrario de la Escritura
eres por el Verbo santo
martillo de la mentira
y bálsamo de apenados.

A ti los pobres se acercan
buscando pan y milagros,
porque eres pobre y sencillo,
hermano entre los hermanos.

Cristo sólo es tu prodigio,
tu ciencia y poder sagrado,
Cristo en tu fe y tu deleite,
Cristo en tus brazos mostrado.

¡Honor a Cristo bendito,
presente en su pecho amado;
honor a Cristo en Antonio,
que en Cristo fue consumado! Amén.

(Himno de Laudes en la Fiesta de San Antonio de Padua, según el propio de la Orden Franciscana)