> SoydelaVirgen : 09/04/20

--------------------------------------------- San Martin de Tours y La Virgen de los Buenos Aires / La Inmaculada Concepción y San Ponciano | Patronos de la Ciudad de Buenos Aires / Patronos de la Ciudad de La Plata -----------------------

MES DE SEPTIEMBRE: 4° Día de la Mes de la Virgen de los Dolores

 


MES DE SEPTIEMBRE CONSAGRADO A LOS SIETE DOLORES DE MARÍA SANTÍSIMA

ORACIÓN DE PREPARACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Dios y Señor mío, que por el hombre ingrato os hicisteis también hombre, sin dejar por eso la divinidad, y os sujetasteis a las miserias que consigo lleva tal condición; a vuestros pies se postran la más inferior de todas vuestras criaturas y la más ingrata a vuestras misericordias, trayendo sujetas las potencias del alma con las cadenas fuertes del amor, y los sentidos del cuerpo con las prisiones estrechísimas de la más pronta voluntad, para rendirlos y consagrarlos desde hoy a vuestro santo servicio. Bien conozco, dueño mío, que merezco sin duda alguna ser arrojado de vuestra soberana presencia por mis repetidas culpas y continuos pecados, sepultándome vuestra justicia en lo profundo del abismo en castigo de ellos; más la rectitud de mi intención, y el noble objeto que me coloca ante vos en este afortunado momento, estoy seguro, mi buen Dios, Dios de mi alma, suavizará el rigor de vuestra indignación, y me hará digno de llamaros sin rubor.... Padre de misericordia.

No es esta otra más que el implorar los auxilios de vuestra gracia y los dones de vuestra bondad para que, derramados sobre el corazón del más indigno siervo de vuestra Madre, que atraído por su amor y dulcemente enajenado por su fineza viene a pedir esta merced, reflexione y contemple debidamente sus amargos dolores, y causarla de esta manera algún alivio en cuanto sea susceptible con esta ocupación y la seria meditación de mis culpas. Concededme, Señor, lo que os pido por la intercesión de vuestra Madre, a quien tanto amáis. Y vos, purísima Virgen y afligidísima Reina mía, interponed vuestra mediación para que vuestro siervo consiga lo que pide. Yo, amantísima Madre de mi corazón, lo tengo por seguro de vuestra clemencia; porque sé que todo el que os venera alcanzará lo que suplica, y. aunque este en la tribulación se librará de ella, pues no tenéis corazón para deleitaros en nuestras desgracias, y disfrutáis de tanto poder en el cielo que tenéis el primado en toda nación y pueblo ¡Feliz mil veces acierto a conseguir vuestras gracias para emplearme en tan laudable ejercicio! Derramad, Señora, sobre mí vuestras soberanas bendiciones; muévase mi alma a sentimiento en la consideración de vuestros santísimos dolores; inflamese mi voluntad para amaros cada vez más. Entonces sí que os podré decir: "Oh Señora, yo soy tu siervo" Consiga yo, en fin, cuanto os pido, siendo para mayor honra de Dios y gloria vuestra, como lo espero, consiguiendo seguro la salvación de mi alma. Amén.

DÍA IV.

El ejemplo de humildad y obediencia que nos dais, tristísima Virgen, en el acto de vuestra purificación en el templo, estoy por decir que fue ocasión para que el Cielo en cambio os regalara con la aflicción que sorprendió a vuestra alma en las palabras de Simeón. Por qué, aunque os reconoce como a su Reina y Señora, pero trata de añadiros el singular título de reina también de los laureados mártires, consagrándoos desde hoy la esmaltada corona. ¡Qué examinada y probada es vuestra constancia! Pero con todo, hoy más que nunca puedo aprender de vos una de las más importantes lecciones. Porque si vos que sois la pureza por gracia, la inmaculada desde ab eterno, toda pulcra por naturaleza, más pulcra por la gracia y pulquérrima por la gloria, pura en lo interior por la misma pureza y en lo exterior por la virginidad os presentáis hoy en el templo a cumplir la ley de la purificación, ¿qué haré yo, que desde mi primer instante fui concebido en el pecado? ¡Yo, que llevó siempre conmigo el instigador enemigo, y que soy de un barro el más frágil y quebradizo! ¡Y yo, en fin, que nada puedo reconocer si no, como el Apóstol, una rebelión de mis pasiones que cautiva la ley de mi razón inclinada y propensa siempre al mal! ¿Cómo es posible que, hallándome en tal esfera no cuide de purificar mi conciencia de las inmundicias de la culpa, y limpiarla de la escoria del pecado?

¡Solo mi ignorancia maliciosa puede ser la autora de semejante delito! ¡Tan solícito como soy en la limpieza de mi cuerpo, y en la de mi alma tan abandonado! ¡Me pediréis cuenta Dios mío, de si he vivido según la política mundana o según vuestra ley y soberanos preceptos! ¡Cuándo me he de convencer de verdades tan eternas! ¡O malicia y ceguedad de mi corazón! ¡Bien cuidadoso soy, Madre mía, cuando estoy enfermo de buscar medicinas, que sanen mi cuerpo miserable, que al fin se ha de arruinar, y para el bien de mi alma, que ha de vivir para siempre, ¡tan vergonzosamente descuidado! ¡Ah! ¡Si me confieso lo hago de tarde en tarde, de prisa y como una simple ceremonia, sin advertir que, por este santo Sacramento, recibido con la debida preparación, de enemigo que era de Dios por el pecado me reconcilio con él por la gracia; de hijo desconocido é infiel siervo de María me convierto en su más querido siervo y compasivo devoto! ¡Qué error! ¡Qué desgracia! No desea el Señor más que un he pecado para perdonarme como a David y yo ni aun esto practico ¡Hasta cuándo alma mía, hasta cuándo! ¡Pero ya no más! ¡Ahora Dios mío ahora Reina de mi corazón, llegó ya el instante de mi reconocimiento! Ya sé el camino, pues que hoy me lo demostráis.

 ¡Iré al templo, yo que tanta necesidad tengo de purificarme! Allí ¡o felicidad! confesaré mis iniquidades, porque sé que si así lo hago sois justo y fiel para perdonármelas ¿Cómo he de poder ser vuestro siervo, Virgen santísima, si vos sois tan limpio y yo tan sucio y abominable si vos amáis tanto la pureza del corazón, ¿y yo permanezco tan tranquilo en el hediondo muladar de mis pasiones? Mas no persistiré ni un instante en tal estado seré más solícito por la integridad de mi conciencia me dispondré mejor cuando llegue a esta saludable fuente a lavar mi alma, sin omitir el debido examen. ¡O confusión la mía! Infinitas veces he asistido a esta probática piscina, y por mi culpa he salido más inmundo de ella Yo he callado por una maldita vergüenza o mal entendido pundonor las circunstancias que más acriminaban mi culpa; yo he reparado tan poco en la enmienda desde una confesión a otra, que por mi habitual descuido no hacía reparo de las culpas graves que cometía presentándome al confesor con una misma relación, y convirtiendo esta celestial medicina en ruina y perdición de mi alma Pero no ya así, Madre mía; os lo prometo con las mayores veras de mi corazón y convencimiento de mi entendimiento, para que así sea efectivamente vuestro siervo.

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS.

¿Por qué, o Dios mío, no he de daros las más humildes gracias, cuando en esta breve consideración os habéis dignado comunicar a mi alma los importantísimos conocimientos de unas verdades que tan olvidadas y menospreciadas tenía por mi abandono y necedad? ¿Por qué no he de concluir este saludable ejercicio rindiéndoos las más profundas alabanzas, cuando en él siento haberse encendido en mi corazón la llama del amor divino, que tan amortiguada es taba por un necio desvarío y por una fatal corrupción de mi entendimiento? Y pues que vos, que sois la verdad infalible y el verdadero camino que conduce a la patria celestial, habéis tenido a bien de comunicar a mi alma los efectos propios de vuestro amor, con los que puedo distinguir lo cierto é indudable que me sea útil a la salvación, y lo falso y mentiroso que me precipitará a mi perdición, por tanto, Señor, quiero aprovecharme desde este momento de tan divinas instrucciones, para caminar con libertad y seguridad entre tantos estorbos y peligros como me presenta este mundo miserable, y de este modo llegar más pronto a unirme con vos. Consígalo así, Virgen Santísima, para vivir compadeciéndome de vuestros dolores y aflicciones, y cumpliendo la promesa que os hice de ser siervo vuestro. Esta sea mi ocupación, estos mis desvelos y cuidados en este valle de lágrimas, porque así después disfrute en la celestial Jerusalén de vuestra compañía, en unión de tantos fieles Servitas que recibieron ya el premio de vuestros servicios, reinando a vuestro lado por los siglos de los siglos. Amen.

4 de Septiembre: Fiesta de Nuestra Señora de la Consolación - Orden de San Agustín (OSA)

La Bienaventurada Virgen María es venerada como Madre de Consolación, porque a través de ella «Dios mandó al mundo al Consolador», Cristo Jesús. La participación en los dolores del pasión de su Hijo y en las alegría de su resurrección la ponen en condición de consolar a sus hijos en cualquier aflicción en que se encuentren. Después de la ascensión de Jesucristo, en unión con los Apóstoles imploró con ardor y esperó con confianza al Espíritu Consolador. Ahora, elevada al cielo, «brilla ante el pueblo peregrino de Dios como signo de segura esperanza y consolación» (LG 69).

Al menos desde el siglo XVII, «Madre de Consolación» o «Madre de la Correa» es el título principal con que la Orden agustiniana honra a la Virgen. En 1439 obtuvo la facultad de erigir para los laicos la «cofradía de la cintura». Una antigua leyenda, nacida en el seno de la Orden, narraba que la Virgen se había aparecido a santa Mónica, afligida por la suerte de Agustín, consolándola y dándole una correa, la misma con que después se habrían de ceñir Agustín y sus frailes. De ordinario, la iconografía representa a la Virgen y al Niño en el acto de entregar sendas correas, respectivamente, a santa Mónica y a san Agustín. En 1495 surgió en la iglesia agustiniana de Bolonia la cofradía de «Santa María de la Consolación». En 1575 ambas cofradías se fusionaron en una única archicofradía de la Correa, a la que los papas enriquecieron con abundancia de indulgencias. En los últimos calendarios litúrgicos aprobados se la declara Patrona de la Orden. 

La protección de la Madre de la Consolación nos da serenidad y consuelo en las pruebas para que también nosotros podamos consolar a nuestros hermanos.

La Orden celebra en su liturgia propia la festividad de la Virgen bajo su advocación de Nuestra Señora de la Consolación el día 4 de septiembre.


CORONILLA A NUESTRA SEÑORA

Ofrecimiento: Ofrezcamos esta Coronilla pidiendo la intercesión de nuestra Madre de la Consolación, por las siguientes intenciones... Señor y Dios mio, escucha mi oración y atiende a mis deseos. No pido sólo para mí, sino también para mis hermanos; purifica mi interior de toda mentira y mi exterior de toda temeridad. ¡Oh Señor, hazme mejor cada día! Te lo suplico por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Después de cada Artículo de Fe se reza: Dios te salve María.

1. Creo en Dios Padre Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra.

2. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor.

3. Creo que fue concebido por obra del Espíritu Santo y nació de María Virgen.

4. Creo que padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado.

5. Creo que bajó a los infiernos y al tercer día resucitó de entre los muertos.

6. Creo que subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre Todopoderoso.

7. Creo que desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.

8. Creo en el Espíritu Santo.

9. Creo en la Santa Iglesia Católica, la comunión de los Santos.

10. Creo en el perdón de los pecados.

11. Creo en la resurrección de la carne.

12. Creo en la vida eterna.

- Ruega por nosotros santa Madre de Dios
- para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.

Oración
Te suplicamos, Señor, que, por la intercesión de la Bienaventurada Virgen María protejas de todo mal a mi familia y la santifiques.Señor, escucha la oración de tus hijos para que libres de todo mal y sin error te sirvamos con alegría y libertad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.


El entonces Prior general, Vicente Soler, firmó el documento que consagraba la Orden a la advocación mariana

Fue un 7 de agosto de 1926. El entonces Prior general de la Orden de Agustinos Recoletos, el Beato Vicente Soler -quien posteriormente sería uno de los mártires de Motril-, anunció que «habiendo dado cuenta a nuestro Venerable Defintorio General de este nuestro propósito de consagrar la Orden a la Santísima Virgen María, lo aprobó por unanimidad». Así fue como la Orden de Agustinos Recoletos proclamó a la Madre de la Consolación y Sagrada Correa como su Patrona.

La Virgen, que según la leyenda se le apareció a Santa Mónica para consolarla por su hijo Agustín y le entregó un hábito negro con una correa, pasó a ser en 1926 la Patrona de los Agustinos Recoletos, quienes pusieron en sus manos el carisma y la labor de la Recolección.
Se nombró en el texto de la Consagración de la Orden de Agustinos Recoletos a Nuestra Señora de la Consolación, firmado por el Prior general Vicente Soler y que se reproduce íntegramente a continuación:

En honor y gloria de la Santísima Trinidad.
Padre, Hijo y Espíritu Santo.

¡Amantísima Madre de Dios y Madre nuestra!: Aquí tenéis humildemente postrada a vuestros pies a esta Hija de vuestra predilección, nuestra amada Orden de ermitaños recoletos de San Agustín, que hoy se consagra a vuestro servicio y a vuestro santo amor, y por vuestra mediación, a vuestro Santísimo Hijo Jesús.

Vos sabéis, ¡oh Madre amadísima! que desde los primeros días de nuestra existencia, desde la cuna misma de la recolección hemos sido siempre vuestros, y vuestros queremos ser perpetuamente. Animados por el espíritu de nuestros santos fundadores queremos en este día renovar en vuestra presencia aquellos sentimientos de amor y gratitud, de devoción ardiente que ellos os profesaron, haciendoos total entrega de cuanto somos y tenemos, para que de ahora en adelante dispongáis de nosotros como mejor os plazca; pues sólo anhelamos cumplir vuestra santa voluntad. Vos, Señora nuestra, habéis dirigido nuestros pasos. Vos habéis iluminado nuestras inteligencias para seguir sin vacilar las enseñanzas de la santa Iglesia, y habéis inflamado nuestros corazones en vuestro amor y en el vuestro divino Jesús para realizar grandes cosas por vuestros honor. Deseando caminar por esta senda de luz y amor que nos han trazado nuestros antepasados, venimos hoy, ¡oh Madre querida! a consagraros no sólo nuestras personas y nuestros actos, sino también esta Corporación Agustiniana Recoleta de la que somos hijos.

Os consagramos, pues, ahora y os dedicamos solemnemente, y ponemos en vuestras divinas manos, nuestra amada Orden con todos y cada uno de los religiosos que la forman, y con todas las Provincias, Conventos, Colegios y Casa que lo integran. Os consagramos la ciencia de nuestros sabios, la virtud de nuestros santos, el celo de nuestros misioneros y el heroísmo de nuestros apóstoles y mártires; os hacemos perpetua entrega de los Superiores y súbditos, de los jóvenes y ancianos, y de todos los hijos de la Recolección Agustiniana. En vuestras manos virginales ponemos, oh Madre amadísima nuestras almas con todas sus aspiraciones, nuestro corazón con sus afectos, nuestras potencias y sentidos, nuestros proyectos y necesidades, todo nuestro ser, toda nuestra vida, todo cuanto somos y poseemos, para que todo conspire siempre a honraros y glorificaros y amaros a Vos y en Vos a vuestro divino Hijo Jesús.

Reinad, Señora y querida Madre nuestra, reinad en nuestra Orden como en cosa y posesión vuestra; reinad en todos sus hijos para que todos sean esclavos de vuestro amor, y dignáos ratificar ante vuestro amantísimo Hijo Jesús esta consagración que acabamos de hacer para que cumpliéndola como Vos deseáis, vivamos siempre entregados a vuestro santo amor y muramos en el ósculo del Señor y cobijados bajo el manto de vuestra maternal protección.

4 de Septiembre: Memoria Litúrgica de santa Rosalía, virgen y mártir

 

La patrona de Palermo (Italia), que goza de una gran devoción en Sicilia lo mismo que las mártires Agueda de Catama y Lucía de Siracusa, no tiene una historia igualmente rica de testimonios y tradiciones. Un estudio dice que murió en 1620. Octavio Gaietani, lamentaba no haber encontrado huellas dejadas por los antepasados sobre esta santa, a pesar de haberlas buscado en todas partes con mucho cuidado. Parece que la santa, a los tres años de su muerte, pensó en colmar esta laguna apareciéndose en octubre de 1623 a una mujer enferma, y ordenándole que fuera en peregrinación a la iglecita sobre el monte Pellegrino, un áspero promontorio que cierra el golfo de Palermo. La mujer esperó el mes de mayo siguiente para satisfacer el deseo de Santa Rosalia, que se le volvió a aparecer y le dijo el lugar en donde se encontraban sus restos.

El 15 de julio las búsquedas terminaron exitosamente, pero los huesos hallados en una gruta excavada entre las piedras no tenían ninguna inscripción que señalara su pertenencia. Al principio se pensó que no se trataba de restos humanos. El arzobispo de Palermo, Giannettino Doria, nombró una comisión de expertos, médicos y teólogos, que el 11 de febrero de 1625 se pronunció por la autenticidad de las reliquias. Esto suscitó la devoción popular, y el Papa Urbano VIII, en 1630, incluyó el nombre de la santa en el Martirologio Romano para el 15 de julio y el 4 de septiembre.

En ese mismo tiempo, y precisamente el 25 de agosto 1624, cuarenta días después del hallazgo de los huesos, dos albañiles, mientras trabajaban en el convento dominico de San Esteban de Quisquina, encontraron en una gruta una inscripción latina, muy rudimental, que decía: "Ego Rosalia Sinibaldi Quisquinae et Rosarum Domini filia amore Domini mei Jesu Christi in hoc antro habitari decrevi", yo Rosalia Sinibaldi, hija de las rosas del Señor, por amor de mi Señor Jesucristo he decidido vivir en esta caverna de Quisquina. Esto confirmaba en parte las tradiciones orales, recogidas por el mismo Gaietani, que hablaban de Rosalia, que nació en Palermo y vivió durante algunos años en la corte de la reina Margarita, esposa del rey Guillermo I de Sicilia (1154-1166).

La reina le regaló el monte Pellegrino, y Rosalia fue a vivir allí por la soledad que ofrecía. Vivió haciendo penitencia, y allí murió después de haber peregrinado por otros lugares más desiertos, siguiendo el ejemplo de los antiguos anacoretas.

MES DE SEPTIEMBRE: 3° Día de la Mes de la Virgen de los Dolores

 


MES DE SEPTIEMBRE CONSAGRADO A LOS SIETE DOLORES DE MARÍA SANTÍSIMA

ORACIÓN DE PREPARACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Dios y Señor mío, que por el hombre ingrato os hicisteis también hombre, sin dejar por eso la divinidad, y os sujetasteis a las miserias que consigo lleva tal condición; a vuestros pies se postran la más inferior de todas vuestras criaturas y la más ingrata a vuestras misericordias, trayendo sujetas las potencias del alma con las cadenas fuertes del amor, y los sentidos del cuerpo con las prisiones estrechísimas de la más pronta voluntad, para rendirlos y consagrarlos desde hoy a vuestro santo servicio. Bien conozco, dueño mío, que merezco sin duda alguna ser arrojado de vuestra soberana presencia por mis repetidas culpas y continuos pecados, sepultándome vuestra justicia en lo profundo del abismo en castigo de ellos; más la rectitud de mi intención, y el noble objeto que me coloca ante vos en este afortunado momento, estoy seguro, mi buen Dios, Dios de mi alma, suavizará el rigor de vuestra indignación, y me hará digno de llamaros sin rubor.... Padre de misericordia.

No es esta otra más que el implorar los auxilios de vuestra gracia y los dones de vuestra bondad para que, derramados sobre el corazón del más indigno siervo de vuestra Madre, que atraído por su amor y dulcemente enajenado por su fineza viene a pedir esta merced, reflexione y contemple debidamente sus amargos dolores, y causarla de esta manera algún alivio en cuanto sea susceptible con esta ocupación y la seria meditación de mis culpas. Concededme, Señor, lo que os pido por la intercesión de vuestra Madre, a quien tanto amáis. Y vos, purísima Virgen y afligidísima Reina mía, interponed vuestra mediación para que vuestro siervo consiga lo que pide. Yo, amantísima Madre de mi corazón, lo tengo por seguro de vuestra clemencia; porque sé que todo el que os venera alcanzará lo que suplica, y. aunque este en la tribulación se librará de ella, pues no tenéis corazón para deleitaros en nuestras desgracias, y disfrutáis de tanto poder en el cielo que tenéis el primado en toda nación y pueblo ¡Feliz mil veces acierto a conseguir vuestras gracias para emplearme en tan laudable ejercicio! Derramad, Señora, sobre mí vuestras soberanas bendiciones; muévase mi alma a sentimiento en la consideración de vuestros santísimos dolores; inflamese mi voluntad para amaros cada vez más. Entonces sí que os podré decir: "Oh Señora, yo soy tu siervo" Consiga yo, en fin, cuanto os pido, siendo para mayor honra de Dios y gloria vuestra, como lo espero, consiguiendo seguro la salvación de mi alma. Amén.

DÍA III

Ciertamente, Madre mía afligidísima, me causa suma edificación el ver la prontitud y diligencia tan admirable que mostráis en el cumplimiento de la divina ley. No ignoráis, bendita Virgen; no ignoráis que vuestro santísimo Hijo es el mismo legislador supremo; tampoco se os oculta lo riguroso y penal del decreto, y los sensibles efectos que causa en los tiernos infantes, y mucho menos lo que va a contristar su ejecución a vuestro pecho enamorado. Esto, no obstante, inocente paloma, queréis padecer y angustiaros primero que omitirle, y lo hacéis con tanta solicitud y presteza ¡O santidad envidiada aun por los mismos ángeles! ¡O prontitud y celo para las criaturas tibias é indevotas! ¿Qué te parece, alma mía? ¿No te mueves a desarraigar de ti tu negligencia tan culpable, tu criminal pereza, a vista de la lección que te da tu Señora y Reina, pues no rehúsa añadir penas a otras que antes ya la habían afligido? ¿No te resuelves a sacudir de ti esa pereza que tantos daños te causa esa pereza que no te deja caminar a tu patria, impidiéndote toda clase de virtud y de obra buena, que son los únicos recursos para tal jornada esa pereza que tantas y tantas veces por un poco de sueño, por un poco de hambre, por un poco de conversación o poltronería no te deja rezar el rosario y frecuentar tus antiguas devociones, ocurriéndote mil pretextos, y amortiguando cada vez un poquito más el importantísimo estado de la salud de tu alma esa pereza que busca tantos efugios para retirarte de la frecuencia de los santos Sacramentos, para hacerte odiosa la asistencia a los templos del Señor, o porque llueve, o porque hace frio, o por que conviene más ir a dar un paseo con la amiga, o con el conocido o pariente para tratar de vuestros negocios, porque según decís, para todo hay después tiempo, y el día de fiesta solo estáis desocupados.... esa pereza que de tal suerte ha cambiado vuestro corazón y vuestra piedad que apenas sois ya conocidos, pues que algún día solo hallabais placer en servir a Dios, en tributarle los debidos respetos , en llorar vuestros antiguos pecados, en estudiar vuestra conciencia para enmendaros, en huir las ocasiones, en pedir al Señor la gracia de la perseverancia final , y en interesar para ello a María Santísima, cuyo patrocinio tantas veces solicitaste con lágrimas en tus mejillas y ahora todo lo has olvidado , todo lo has dejado, todo lo tienes en poco, nada te turba, ancha conciencia, y gracias si no te ríes y mofas de tan divinos ejercicios, contentándote solo con masculladas, gruñidas y cercenadas oraciones por cumplir, que al mismo Dios hacen volver la espalda y taparse los oídos por no indignarse más?.... ¿Qué dices, alma mía? ¿Qué juzgas de este estado de trepides y frialdad? Resuélvete y acaba de salir de tu ignorancia culpable.... ¿Quiere permanecer en él? Pero ¡ay! reflexiona el peligro en que te hayas de tu perdición.

Nada menos te concitas que la reprobación del mismo Dios, que asegura que vomitará y arrojará de sí a los tibios/' Despierta de tu letargo, que ya es hora; no quieras llamarte siervo de María con solas las palabras, negando tu corazón a ser participante de sus sentimientos Imítala en la prontitud con que cumple los preceptos del Altísimo, aunque conoce que va a ser contristado su pecho…. Hazlo tú así también, aunque tengas que mortificar tu genio, tu inclinación, tus afectos y pasiones. Mira que una de las cosas de que más se queja esta Señora es que hay muy pocos que la aman en verdad, porque hay muy pocos que se compadecen y aprovechan de sus penas y dolores. No seré yo uno de estos, Virgen y Madre de mi corazón, porque circuncidaré mi voluntad y desecharé de mí la pereza, seré fervoroso y asistente a todas las prácticas de piedad, y he de amaros e imitaros toda mi vida sin intermisión alguna. Vayan con Dios y me despido de todos los que me traten de apartar de mi acostumbrada piedad; lejos de mí las distracciones y las comodidades que me han resfriado mi acostumbrada devoción, pues que desde ahora he de poner en ejecución todas las cosas que pertenecen a mi aprovechamiento espiritual con exactitud y cuidado. Así os lo prometo, Señora mía, y así lo cumpliré con la gracia de vuestro santísimo Hijo , y con vuestra mediación, para que así no tengáis de mí la menor queja, y conozcáis que os amo y amaré hasta el fin.

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS.

¿Por qué, o Dios mío, no he de daros las más humildes gracias, cuando en esta breve consideración os habéis dignado comunicar a mi alma los importantísimos conocimientos de unas verdades que tan olvidadas y menospreciadas tenía por mi abandono y necedad? ¿Por qué no he de concluir este saludable ejercicio rindiéndoos las más profundas alabanzas, cuando en él siento haberse encendido en mi corazón la llama del amor divino, que tan amortiguada es taba por un necio desvarío y por una fatal corrupción de mi entendimiento? Y pues que vos, que sois la verdad infalible y el verdadero camino que conduce a la patria celestial, habéis tenido a bien de comunicar a mi alma los efectos propios de vuestro amor, con los que puedo distinguir lo cierto é indudable que me sea útil a la salvación, y lo falso y mentiroso que me precipitará a mi perdición, por tanto, Señor, quiero aprovecharme desde este momento de tan divinas instrucciones, para caminar con libertad y seguridad entre tantos estorbos y peligros como me presenta este mundo miserable, y de este modo llegar más pronto a unirme con vos. Consígalo así, Virgen Santísima, para vivir compadeciéndome de vuestros dolores y aflicciones, y cumpliendo la promesa que os hice de ser siervo vuestro. Esta sea mi ocupación, estos mis desvelos y cuidados en este valle de lágrimas, porque así después disfrute en la celestial Jerusalén de vuestra compañía, en unión de tantos fieles Servitas que recibieron ya el premio de vuestros servicios, reinando a vuestro lado por los siglos de los siglos. Amen.