> SoydelaVirgen : 09/20/20

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20 de Septiembre: 102° Años de las Apariciones de los Estigmas al Padre Pío de Pietrelcina

 


El 20 de septiembre de 1918, hace 102 años, el Santo Padre Pío de Pietrelcina recibió los estigmas de Cristo.

El relato de la aparición de los estigmas lo hizo el mismo Padre Pío dos años después, en 1921, y está contenido en un libro escrito por el italiano Francesco Castelli titulado “El Padre Pío bajo interrogatorio: La autobiografía secreta”.

"El 20 de septiembre de 1918 luego de la celebración de la Misa mientras estaba en el debido agradecimiento en el Coro repentinamente fui preso de un temblor, luego me llegó la calma y vi a Nuestro Señor en la actitud de quien está en la cruz, pero no vi si tenía la cruz, lamentándose de la mala correspondencia de los hombres, especialmente de los consagrados a Él que son sus favoritos".

En esto, continuó el Padre Pío "se manifestaba que Él sufría y deseaba asociar las almas a su Pasión. Me invitaba a compenetrarme en sus dolores y a meditarlos: y al mismo tiempo ocuparme de la salud de los hermanos. En seguida me sentí lleno de compasión por los dolores del Señor y le pregunté qué podía hacer. Oí esta voz: 'te asocio a mi Pasión'. Y en seguida, desaparecida la visión, he vuelto en mí, en razón, y vi estos signos de los que salía sangre. No los tenía antes".

El relato del Padre Pío se dio en respuesta a algunas de las 142 preguntas que le hizo Mons. Carlo Raffaelle Rossi en 1921 por encargo del Santo Oficio, un dicasterio vaticano que años después se convertiría en la actual Congregación para la Doctrina de la Fe.

Mons. Rossi, explica Castelli, también examinó cada una de las heridas del Padre Pío y le iba preguntando algunos detalles.

El Obispo, que años después se convertiría en cardenal, pudo apreciar cómo la llaga del costado, por ejemplo, "cambiaba frecuentemente de aspecto y en ese momento había asumido una forma triangular, nunca observada antes. Sobre las llagas el Padre Pío me daba respuestas precisas y detalladas explicando además que las llagas de los pies y del costado tenían un aspecto iridiscente".

Tras el examen, el Prelado escribió que “los estigmas en cuestión no son ni obra del demonio ni un grueso engaño, ni un fraude, ni un arte malicioso o malvado; menos producto de la sugestión externa, ni tampoco las considero efecto de sugestión".

La investigación de Mons. Rossi comenzó el 14 de junio de 1921 y duró ocho días, tras lo cual pudo comprobar que los elementos distintivos "de los verdaderos estigmas se encontrarían en los del Padre Pío".

Además el Prelado pudo oler un perfume especial que emanaban las heridas, hecho que ayudaba a comprobar el hecho como cierto.

Mons. Rossi escribió también que el Padre Pío era muy gentil; muy amado por sus superiores por ser "gran ejemplo y no murmurador"; dedicaba entre 10 y 12 horas al día a confesar y celebraba Misa "con extraordinaria devoción".

Los estigmas

Los estigmas son las llagas que Cristo sufrió en la crucifixión: dos en los pies, dos en las manos y una en el costado; que han aparecido en algunos místicos.

Si bien los estigmas son heridas, el punto de vista médico difiere con esta definición ya que no cicatrizan, ni siquiera cuando son curados; no se infectan ni se descomponen, no degeneran en necrosis, no tienen mal olor, y sangran constante y profusamente.

Los estigmas, además, son la reproducción exacta de las llagas de Jesús, según los estudios de la Sábana Santa o Síndone que según la tradición habría envuelto el cuerpo de Cristo.

Para reconocer los estigmas como válidos o reales, la Iglesia exige algunas condiciones precisas: deben aparecer todos al mismo tiempo, deben provocar una importante modificación en los tejidos, deben mantenerse inalterados y deben carecer de infecciones o cicatrización.

Según la Enciclopedia Católica los estigmatizados son alrededor de 60, entre santos y beatos. Algunos de los más famosos son San Francisco de Asís, Santa Catalina de Siena (quien rezó a Dios para que no fueran visibles), Santa Catalina de Ricci, San Juan de Dios, la Beata Anne Catherine Emmerich, entre otros.

Fuente: ACI Prensa / aciprensa.com 

MES DE SEPTIEMBRE: 20° Día de la Mes de la Virgen de los Dolores

 


MES DE SEPTIEMBRE CONSAGRADO A LOS SIETE DOLORES DE MARÍA SANTÍSIMA

ORACIÓN DE PREPARACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Dios y Señor mío, que por el hombre ingrato os hicisteis también hombre, sin dejar por eso la divinidad, y os sujetasteis a las miserias que consigo lleva tal condición; a vuestros pies se postran la más inferior de todas vuestras criaturas y la más ingrata a vuestras misericordias, trayendo sujetas las potencias del alma con las cadenas fuertes del amor, y los sentidos del cuerpo con las prisiones estrechísimas de la más pronta voluntad, para rendirlos y consagrarlos desde hoy a vuestro santo servicio. Bien conozco, dueño mío, que merezco sin duda alguna ser arrojado de vuestra soberana presencia por mis repetidas culpas y continuos pecados, sepultándome vuestra justicia en lo profundo del abismo en castigo de ellos; más la rectitud de mi intención, y el noble objeto que me coloca ante vos en este afortunado momento, estoy seguro, mi buen Dios, Dios de mi alma, suavizará el rigor de vuestra indignación, y me hará digno de llamaros sin rubor.... Padre de misericordia.

No es esta otra más que el implorar los auxilios de vuestra gracia y los dones de vuestra bondad para que, derramados sobre el corazón del más indigno siervo de vuestra Madre, que atraído por su amor y dulcemente enajenado por su fineza viene a pedir esta merced, reflexione y contemple debidamente sus amargos dolores, y causarla de esta manera algún alivio en cuanto sea susceptible con esta ocupación y la seria meditación de mis culpas. Concededme, Señor, lo que os pido por la intercesión de vuestra Madre, a quien tanto amáis. Y vos, purísima Virgen y afligidísima Reina mía, interponed vuestra mediación para que vuestro siervo consiga lo que pide. Yo, amantísima Madre de mi corazón, lo tengo por seguro de vuestra clemencia; porque sé que todo el que os venera alcanzará lo que suplica, y. aunque este en la tribulación se librará de ella, pues no tenéis corazón para deleitaros en nuestras desgracias, y disfrutáis de tanto poder en el cielo que tenéis el primado en toda nación y pueblo ¡Feliz mil veces acierto a conseguir vuestras gracias para emplearme en tan laudable ejercicio! Derramad, Señora, sobre mí vuestras soberanas bendiciones; muévase mi alma a sentimiento en la consideración de vuestros santísimos dolores; inflamese mi voluntad para amaros cada vez más. Entonces sí que os podré decir: "Oh Señora, yo soy tu siervo" Consiga yo, en fin, cuanto os pido, siendo para mayor honra de Dios y gloria vuestra, como lo espero, consiguiendo seguro la salvación de mi alma. Amén.

DIA XX

Extremos os hace hoy ejecutar, Virgen Santísima, el afectuoso amor que profesáis á vuestro amado Hijo... Por esto os resolvisteis a salir a su encuentro en un paso tan tierno como en el que este Señor se hallaba; por esto mismo determinasteis buscarle en esta ocasión tan lastimosa para seguirle después de hallado. Quizá algún inconsiderado entendimiento llegar a juzgar habíais obrado mal en salirle a buscar en tan críticos instantes, asegurado en la certeza de que os exponíais a morir con solo su representación, siendo así que entonces ni aun le podíais suministrar algún consuelo. Pero erraría sin duda en semejante conjetura, cuando debe saber "que el amor es fuerte como la muerte." ¡Ojalá que nosotros buscásemos ocasiones tan propias para manifestar nuestro amor a un Dios de quien tantos beneficios recibimos! Mas sucede todo, muy al contrario, pues muchas veces cometemos la culpa y le ofendemos porque no huimos las ocasiones de pecar.

No cabe la menor dificultad en que serían muchas las ofensas de Dios que evitaríamos si nos apartásemos al instante de la ocasión, porque la virtud más sólida va por tierra si no se halla fundamentada en este principio. "El enemigo mortal, que no se duerme y siempre está en vela, aunque nos vea prevenidos con armas de mortificación y penitencia, que para él son tan nocivas, con todo, por eso no deja de hacernos guerra, sin deponer jamás sus tentativas; ¿pues qué
hará cuando nos vea buscar la ocasión y meternos en ella? ¡Ay alma mía!... aun los más santos por no huir las ocasiones cayeron en un profundo abismo de miserias. ¿Qué le sucedió a un David, que estaba cortado a la medida del corazón de Dios? Pues muy pequeña fue la ocasión, porque no hacía más que pasearse por su galería a la hora del medio día, y viendo lavarse en el baño á Betsabé, se detuvo a observar su hermosura, de cuya detención resultó cegarse de una criminal pasión, por la que cayó en adulterio y quitó la vida ignominiosamente a su pobre marido el fiel Urías.

No era tampoco la ocasión de Dina más que el ver las mujeres de aquella tierra donde había llegado; pero de solo esta curiosidad resultó que, viéndola el joven Sichem, cometiese otra deshonestidad violentándola, de cuyo hecho provinieron tantas desgracias. ¿Para qué dilatar más nuestra comprobación cuando son tantos por desgracia los diferentes casos que lo comprueban? ¿Para qué detenernos en registrar las historias santas y los escritos profanos en la investigación de una tan constante verdad? ¡Ah!... ¿Para qué, cuando todos sentimos los lastimosos estragos de aquella ocasión no evitada por nuestros primeros padres en el Paraíso? Con tan evidentes lecciones, con tan singular experiencia, ¿vacilarás ni un instante, alma mía, en las consecuencias que resultan de no huir las ocasiones? A buen seguro que si no hablásemos con tal persona, si no la buscásemos ni aun por escrito, ahorraríamos el tener después aquellos pensamientos, aquellas inquietudes y desasosiegos, tan nocivos para nuestra alma como molestos para el cuerpo Cierto es que si no asistiésemos a tal concurrencia, si no tratásemos con algunos amiguitos, si no fuésemos a la iglesia (que hasta en el templo introducimos nuestros desaciertos), al paseo en tal o cual hora y día, que si no bebiésemos demasiado y cargásemos el estómago, si no recibiésemos dones de alguna persona, y si no hiciésemos otras mil cosas de este tenor, y que cada uno puede conocer en sí, viviríamos más tranquilos, evitaríamos muchas desazones, no contraeríamos tantas enfermedades, ni tendríamos mala reputación, y lo que más importa, no llevaríamos pecados tan graves sobre nosotros. ¿Y no te atreverás, alma mía, a poner desde ahora cuidado en evitar las ocasiones en las que se ofende a Dios, se ultraja á María y se pierde tu felicidad?

Por eso mi mayor cuidado, Virgen dolorosísima, será este; aunque por huir las ocasiones y evitarlas en un todo tenga que separarme, como otro Abraham y Lot, de mis más queridos parientes o amigos, y cosas que más llamen mi atención, para tener así propicia a mi Reina y Madre dolorosa, y en su soberano palacio de la gloria.

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS.

¿Por qué, o Dios mío, no he de daros las más humildes gracias, cuando en esta breve consideración os habéis dignado comunicar a mi alma los importantísimos conocimientos de unas verdades que tan olvidadas y menospreciadas tenía por mi abandono y necedad? ¿Por qué no he de concluir este saludable ejercicio rindiéndoos las más profundas alabanzas, cuando en él siento haberse encendido en mi corazón la llama del amor divino, que tan amortiguada es taba por un necio desvarío y por una fatal corrupción de mi entendimiento? Y pues que vos, que sois la verdad infalible y el verdadero camino que conduce a la patria celestial, habéis tenido a bien de comunicar a mi alma los efectos propios de vuestro amor, con los que puedo distinguir lo cierto é indudable que me sea útil a la salvación, y lo falso y mentiroso que me precipitará a mi perdición, por tanto, Señor, quiero aprovecharme desde este momento de tan divinas instrucciones, para caminar con libertad y seguridad entre tantos estorbos y peligros como me presenta este mundo miserable, y de este modo llegar más pronto a unirme con vos. Consígalo así, Virgen Santísima, para vivir compadeciéndome de vuestros dolores y aflicciones, y cumpliendo la promesa que os hice de ser siervo vuestro. Esta sea mi ocupación, estos mis desvelos y cuidados en este valle de lágrimas, porque así después disfrute en la celestial Jerusalén de vuestra compañía, en unión de tantos fieles Servitas que recibieron ya el premio de vuestros servicios, reinando a vuestro lado por los siglos de los siglos. Amen.

MES DE SEPTIEMBRE: 19° Día de la Mes de la Virgen de los Dolores

 


MES DE SEPTIEMBRE CONSAGRADO A LOS SIETE DOLORES DE MARÍA SANTÍSIMA

ORACIÓN DE PREPARACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Dios y Señor mío, que por el hombre ingrato os hicisteis también hombre, sin dejar por eso la divinidad, y os sujetasteis a las miserias que consigo lleva tal condición; a vuestros pies se postran la más inferior de todas vuestras criaturas y la más ingrata a vuestras misericordias, trayendo sujetas las potencias del alma con las cadenas fuertes del amor, y los sentidos del cuerpo con las prisiones estrechísimas de la más pronta voluntad, para rendirlos y consagrarlos desde hoy a vuestro santo servicio. Bien conozco, dueño mío, que merezco sin duda alguna ser arrojado de vuestra soberana presencia por mis repetidas culpas y continuos pecados, sepultándome vuestra justicia en lo profundo del abismo en castigo de ellos; más la rectitud de mi intención, y el noble objeto que me coloca ante vos en este afortunado momento, estoy seguro, mi buen Dios, Dios de mi alma, suavizará el rigor de vuestra indignación, y me hará digno de llamaros sin rubor.... Padre de misericordia.

No es esta otra más que el implorar los auxilios de vuestra gracia y los dones de vuestra bondad para que, derramados sobre el corazón del más indigno siervo de vuestra Madre, que atraído por su amor y dulcemente enajenado por su fineza viene a pedir esta merced, reflexione y contemple debidamente sus amargos dolores, y causarla de esta manera algún alivio en cuanto sea susceptible con esta ocupación y la seria meditación de mis culpas. Concededme, Señor, lo que os pido por la intercesión de vuestra Madre, a quien tanto amáis. Y vos, purísima Virgen y afligidísima Reina mía, interponed vuestra mediación para que vuestro siervo consiga lo que pide. Yo, amantísima Madre de mi corazón, lo tengo por seguro de vuestra clemencia; porque sé que todo el que os venera alcanzará lo que suplica, y. aunque este en la tribulación se librará de ella, pues no tenéis corazón para deleitaros en nuestras desgracias, y disfrutáis de tanto poder en el cielo que tenéis el primado en toda nación y pueblo ¡Feliz mil veces acierto a conseguir vuestras gracias para emplearme en tan laudable ejercicio! Derramad, Señora, sobre mí vuestras soberanas bendiciones; muévase mi alma a sentimiento en la consideración de vuestros santísimos dolores; inflamese mi voluntad para amaros cada vez más. Entonces sí que os podré decir: "Oh Señora, yo soy tu siervo" Consiga yo, en fin, cuanto os pido, siendo para mayor honra de Dios y gloria vuestra, como lo espero, consiguiendo seguro la salvación de mi alma. Amén.

DIA XIX

De propósito y con toda deliberación, Virgen tristísima, salisteis a buscar la ocasión de hallar a vuestro querido Hijo Jesús; y el impulso interior del amor que consumía vuestro pecho era el resorte que animaba la máquina corporal y órganos naturales, desfallecidos y casi exánimes por tantos tormentos y penas como habíais padecido... Salís a buscarle para desahogar tan amorosas llamas, y satisfacer el deseo eficaz que teníais de abrazarle, estrecharos con él, y aun besarle si os fuera permitido ¡Heroica acción! ¡Hecho generoso! ¡Magnífica empresa! Aunque podíais tener por cierto que pereceríais y acabaríais vuestra vida a manos del dolor y sentimiento por verle en un estado tan lastimoso y conducido al suplicio; aunque también podíais haber conocido que os exponíais á que hiciesen algún atentado con vos aquellos bárbaros hombres, y a que os silbase y mofase aquella insolente turba, con todo, nada es suficiente a conteneros, pues juzgáis por más digna una acción excitada y producida del amor, que cuantos males os pudieran venir de ella.

¡Ejemplo admirable para muchos de los católicos, que por respetos humanos no se apartan de tantos vicios, y cometen tantas y tan lastimosas culpas! ¡Cuántos por el qué dirán no se retraen de las malas compañías y se dedican a obrar la virtud porque les llamarán beatos! ¡Cuántos por el mismo motivo no dejan a un lado las indecentes modas y se visten con la decencia que exige su estado, no van al sermón ni a las funciones devotas, ni se atreven tampoco a alistarse en el número de los siervos de María! ¡Cuántos no abandonan de una vez los bailes, tertulias y demás pasa tiempos porque no digan que se han vuelto encogidos y pusilánimes! ¡Cuántos no perdonan y se reconcilian con sus enemigos, conocidos y parientes con quienes están encontrados, por no parecer cobardes y de poca palabra! ¡Cuántos, finalmente, no ejecutan otros actos semejantes por no ser tenidos por de poco carácter, y por no perder el parecer y crédito del siglo de la ilustración! ¡O malditos del mismo Dios, a quien tenéis vergüenza de confesar, porqué cosa tan leve queréis perder vuestra alma!

¿Tenéis acaso fe? Pues si la tenéis y creéis que habéis de morir, y que todas las cosas de este mundo pasan como sombra y se desvanecen como el humo, y que en la última hora os alegrareis haber sido arreglados y conformes a la ley y preceptos del Señor, y no haber vivido según el mundo, ¿por qué hacéis caso de él? ¡Qué necedad! Es mundo loco, ¿y vosotros os queréis regir por él? Aprended de María Santísima a no hacer aprecio de sus dichos y costumbres. ¿Media la honra de Dios, la gloria de nuestra Madre, o la salvación de nuestras almas y de las de los prójimos?... Pues a ello, aunque el mundo nos insulte; a ejecutar semejante acción, aunque se burle de nosotros. ¡Qué poco que se hubieran hecho amigas de Dios de enemigas que eran suyas Thais la pecadora, Pelagia, María Egipciaca y Magdalena, ¡si hubieran hecho caso de los dichos y burlas del mundo! Pero oyeron la divina inspiración, y con santa resolución dejaron sus deleites sensuales, arrojaron sus trajes disolutos, se vistieron de saco y cilicio, y se entraron a los desiertos a buscar la penitencia y el retiro. Lo mismo les hubiera sucedido a tantos otros santos que al presente son el decoro de nuestra Iglesia y religión, y si se hubieran guiado por el mundo y sus locuras no serían sino su oprobio y confusión.

Pues, alma mía, ¿Qué te ha de poner desde hoy impedimento alguno? Hablen digan búrlense y desprécienme los insensatos, que por eso no dejaré de ser asistente a los ejercicios de piedad y devoción que continuamente se celebran. Llámenme lo que quieran, que, aunque eso sea, mi mayor honra será llevar colgado en mi cuello el escapulario de mi Madre dolorosa, y el tributarla los servicios de fiel siervo. No omitiré jamás semejantes actos de virtud, pues estoy seguro que, aunque esto así me suceda en esta vida, en la otra participaré de los consuelos eternos...

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS.

¿Por qué, o Dios mío, no he de daros las más humildes gracias, cuando en esta breve consideración os habéis dignado comunicar a mi alma los importantísimos conocimientos de unas verdades que tan olvidadas y menospreciadas tenía por mi abandono y necedad? ¿Por qué no he de concluir este saludable ejercicio rindiéndoos las más profundas alabanzas, cuando en él siento haberse encendido en mi corazón la llama del amor divino, que tan amortiguada es taba por un necio desvarío y por una fatal corrupción de mi entendimiento? Y pues que vos, que sois la verdad infalible y el verdadero camino que conduce a la patria celestial, habéis tenido a bien de comunicar a mi alma los efectos propios de vuestro amor, con los que puedo distinguir lo cierto é indudable que me sea útil a la salvación, y lo falso y mentiroso que me precipitará a mi perdición, por tanto, Señor, quiero aprovecharme desde este momento de tan divinas instrucciones, para caminar con libertad y seguridad entre tantos estorbos y peligros como me presenta este mundo miserable, y de este modo llegar más pronto a unirme con vos. Consígalo así, Virgen Santísima, para vivir compadeciéndome de vuestros dolores y aflicciones, y cumpliendo la promesa que os hice de ser siervo vuestro. Esta sea mi ocupación, estos mis desvelos y cuidados en este valle de lágrimas, porque así después disfrute en la celestial Jerusalén de vuestra compañía, en unión de tantos fieles Servitas que recibieron ya el premio de vuestros servicios, reinando a vuestro lado por los siglos de los siglos. Amen.


20 de Septiembre: Sexto Día de la Novena a Nuestra Señora de La Merced

 


Por la señal de la Santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de Contrición

¡Señor mío, Jesucristo!
Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno.
Ayudado de vuestra divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.

Oración inicial para todos los días

¡Oh! Virgen Santísima de las Mercedes, Redentora de Cautivos y Reina de los cielos y tierra: Ante tu altar postrados, aquí estamos para solicitar tus auxilios y pedir tu bendición de Madre. No nos abandones. Ruega al Señor por nosotros y sigue ejercitando tu oficio de Patrona y abogada nuestra. Todo lo esperamos de Jesucristo en quien confiamos y de tu benigna y amorosa protección, que en tantas ocasiones nos ha librado del mal. Atiende a nuestra súplica y remedia la necesidad que en esta novena te presentamos. Amén.

Oración para el sexto día

Señor, Dios de la Misericordia, que por medio de la reina Esther libraste a los israelitas de la sentencia de muerte dictada por Asuero; te rogamos, piadoso dueño de nuestras almas, que por la intercesión de la Santísima Virgen María de la Merced, nos libres de la muerte del pecado, concediéndonos la libertad de los Hijos de Dios y vivir en gracia hasta que podamos gozar eternamente en la gloria. Amén.

Se rezan tres Ave Marías y se pide la gracia que se desea obtener

Salutaciones

Yo te venero con todo el corazón, Virgen Santísima de la Merced, sobre todos los Ángeles y Santos del Paraíso, como Hija del Eterno Padre y te consagro mi alma con todas sus potencias. Dios te salve, María…

Yo te venero con todo el corazón, Virgen Santísima de la Merced, sobre todos los Ángeles y Santos del Paraíso, como Madre de Dios Hijo y te consagro mi cuerpo con todos sus sentidos. Dios te salve, María...

Yo te venero con todo el corazón, Virgen Santísima de la Merced, sobre todos los Ángeles y Santos del Paraíso, como Esposa del Espíritu Santo y te consagro mi corazón con todos sus afectos, pidiéndote que me obtengas de la santísima trinidad todos los medios y gracias que necesito para mi salvación eterna. Dios te salve, María...

Oración final

Acudimos a ti, gloriosa madre de misericordia, para implorar una vez más tu auxilio, pidiendo la conversión de los pecadores, la estabilidad cristiana de la familia, la paz de tus hijos y el descanso eterno de nuestros queridos difuntos. Ruega por todos, Virgen bendita de las Mercedes. Amén.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


Del 20 al 28 de Septiembre: Novena en honor a San Miguel Arcángel

 


Honrando a San Miguel, los pueblos atraen incalculables beneficios. Invocándole nos defiende y conduce al Cielo.

ORACIONES PARA TODOS LOS DÍAS

Pésame, Dios mío, 
y me arrepiento de todo corazón 
de haberos ofendido. 

Pésame por el infierno que merecí 
y por el cielo que perdí 
pero mucho más me pesa, 
porque pecando ofendí 
a un Dios tan bueno 
y tan grande como Vos. 

Antes querría haber muerto 
que haberos ofendido; 
y propongo firmemente no pecar más 
y evitar todas las ocasiones 
próximas de pecado. 

San Miguel, Primado entre los Príncipes del Cielo, os ofrezco mis alabanzas y devoción, porque Dios os ha creado tan excelente y tan perfecto y os ha dotado de un celo tan grande por su gloria y de una sumisión tan admirable a sus divinos decretos.

Oración de León XIII. San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás, y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén.

Celestial y purísimo Mensajero de Dios, dignaos alcanzarme de los Sagrados Corazones de Jesús y María un verdadero amor por Ellos, la sumisión a la divina Voluntad y la gracia de… hágase aquí la petición que se desea obtener con la novena.

Rezar un Padrenuestro, tres Avemarías y Gloria.

Sagrado Corazón de Jesús, venga a nosotros Tu reino.
Bendito y alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar, la Inmaculada Concepción de la Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra.

Terminar con el rezo de la oración del día correspondiente:

DÍA PRIMERO

María Inmaculada, Madre y dulce Medianera, Reina de los Cielos, humildemente os suplicamos intercedáis por nosotros. Ruega a Dios que envíe a San Miguel y a sus ángeles para apartar los obstáculos que se oponen al reinado del Sagrado Corazón en el mundo.

DÍA SEGUNDO

San Miguel, Ángel de los Santos combates, os ofrezco mis alabanzas y devoción por la inefable complacencia con que Dios os mira como defensor de su gloria.

DÍA TERCERO

San Miguel, Ángel de la Victoria, con devoción os alabo por la alegría con que Nuestro Señor Jesucristo os ve como celoso defensor de su divinidad y las victorias que conseguís sobre los enemigos de nuestras almas.

DÍA CUARTO

San Miguel, Ministro del Altísimo, con devoción os alabo por la ternura con que os mira la Santísima Virgen viendo los combates que habéis librado y libráis sin cesar para establecer el reinado de su amado Hijo, Dios y Redentor nuestro, en el mundo.

DÍA QUINTO

San Miguel, Guardián del Cielo, os alabo con devoción por la veneración, el amor y el honor que os rinden las jerarquías celestiales de las cuales sois augusto Príncipe.

DÍA SEXTO

San Miguel, Ángel del Santo Sacrificio, os alabo con devoción por el honor que os ha hecho nuestro Señor Jesucristo confiándoos la custodia de la Iglesia, su querida esposa y os ofrezco el reconocimiento y amor que la Santa Iglesia os profesa.

DÍA SÉPTIMO 

San Miguel, Portador del estandarte de salvación, os ofrezco mis alabanzas con devoción por la importante misión que Dios os ha dado al confiaros las almas de todos los predestinados, defendiéndolas en la hora de la muerte de los asaltos del infierno, presentándolas ante Dios enteramente puras.

DÍA OCTAVO 

San Miguel, Ángel de la Paz, os alabo con devoción por toda la fuerza, la dulzura y suavidad encerradas en vuestro santo nombre, delicia de vuestros verdaderos devotos.

DÍA NOVENO 

San Miguel, Ángel del Perdón, os alabo con devoción por los inmensos beneficios que habéis derramado sobre nuestra Patria, siempre que ésta ha sido fiel a Dios, así como por la abnegación, reconocimiento y amor que os rinden vuestros servidores. Dignaos, os suplicamos, obtener de los Corazones de Jesús y de María aumenten vuestros devotos para obtener la salvación.

20 de Septiembre: Memoria Litùrgica de los santos Andrés Kim Taegon, presbítero, y Pablo Chong Hasang y compañeros mártires

 


“Mi vida inmortal está en su punto inicial. Conviértanse al Cristianismo si deseáis la felicidad tras la muerte porque Dios alberga un castigo eterno para aquellos que rehusaron conocerle” fueron las últimas palabras de san Andrés Kim (1821-1846), cuya fiesta se celebra cada 20 de septiembre, junto a la de sus 102 compañeros mártires en Corea.

San Andrés Kim Tae-Gon nació en Solmoe (Corea) en 1821, en una familia noble. Siendo niño su familia se trasladó a Kolbaemasil para huir de la persecución. Su padre, San Ignacio Kim, murió mártir en 1839.

Andrés fue bautizado a los 15 años de edad y más adelante ingresó al seminario de Macao (China). En Shangai recibió la ordenación sacerdotal (1845), convirtiéndose en el primer sacerdote coreano.

Posteriormente regresó a Corea con la finalidad de facilitar el ingreso de misioneros a su país, donde había sido prohibida la inmigración extranjera, especialmente de misioneros cristianos. Allí se dedicó a difundir la fe, predicando y bautizando a todos los que se convertían, tocados por su testimonio y el de muchos misioneros cristianos.

Fue arrestado al tratar de hacer ingresar a Corea a un grupo de misioneros franceses provenientes de China. Después de algunos meses en la cárcel, fue condenado a muerte y murió decapitado en 1846.

Andrés Kim y sus 102 compañeros mártires fueron canonizados por San Juan Pablo II en 1984, cuando el pontífice visitó Corea.


19 de Septiembre: Fiesta de Nuestra Señora de La Salette

 



Un día sábado, 19 de septiembre de 1846, la hermosa Señora de la Salette se apareció a los niños Maximin Giraud y Mélanie Calvat, mientras se ocupaban en sus asuntos. Encontraron a Nuestra Señora llorando amargamente, sentada con los codos descansando sobre sus rodillas y el rostro cubierto con sus manos. Vestía una túnica blanca adornada con perlas y un delantal de color dorado; calzaba zapatos blancos y tenía rosas en los pies y la cabeza cubierta con un tocado. Llevaba en el cuello un crucifijo que pendía de un collar.

La Virgen siguió llorando incluso mientras le hablaba a los niños, primero en francés, después en su propio dialecto, el occitano. Luego de decir un secreto a cada niño, Nuestra Señora se fue caminando por la montaña y despareció. Al día siguiente, el relato de la aparición dado por los pastorcitos se documentó por escrito y fue firmado por los visionarios y por aquellos que habían escuchado la historia.

La Virgen María se lamentó por la falta de respeto al descanso del domingo y hacia el nombre de Dios.
Luego de cinco años de investigación, el obispo de Grenoble, Philibert de Bruillard, anunció en 1851 que era muy probable que la aparición fuera una verdadera revelación y autorizó que se iniciara el culto a Nuestra Señora de la Salette.
Ambos niños escribieron por separado los “secretos”, y estos fueron enviados al Papa Pío IX en 1851.

Nuestra Señora anunció guerras, revoluciones y castigos como respuesta a los pecados cometidos por la humanidad. Profetizó particularmente la persecución del Papa y de los religiosos, así como la destrucción de ciudades enteras, como París y Marsella. Primero habría un tiempo de expansión religiosa y prosperidad, luego vendría el abandono de Dios y la venida del Anticristo.

Mélanie se hizo religiosa y escribió una versión más extensa de su “secreto” 25 años después, la cual fue publicada en 1879.

Esta siguiente versión del secreto, así como sus revelaciones, suscitó la oposición de muchos, incluyendo algunos obispos. Luego de esta segunda publicación del secreto, en 1879, la controversia afirmaba que el secreto estaba mezclado con las propias palabras de Mélanie. Eventualmente, las publicaciones sobre La Salette fueron incluso añadidas al Índice de los Libros Prohibidos.

En 1915, bajo el pontificado de Benedicto XV, el Santo Oficio publicó una declaración que prohibía cualquier debate posterior acerca de la autenticidad de los secretos.
En octubre de 1999, el Padre Michel Corteville descubrió los secretos originales entregados al Papa Pío IX en 1851, y que habían permanecido enterrados por más de un siglo en los archivos del Vaticano.

He aquí los dos secretos enviados al Papa en 1851:
El Secreto de Maximin
"El 19 de septiembre de 1846, vimos a una hermosa señora. Nunca hemos dicho que esta señora fuera la Santísima Virgen, pero siempre afirmamos que era una hermosa dama.
No sé si era la Virgen María u otra persona. Por lo que a mí respecta, hoy creo que se trataba de la Santísima Virgen. Esto es lo que la señora me dijo: 
Si mi pueblo continúa igual, esto que te diré sucederá antes, si cambia un poco, sucederá más tarde. Francia ha corrompido el universo, y un día será castigada. La fe se apagará en Francia: tres cuartas partes de Francia dejarán de pacticar la religión, o la practicarán muy poco, la otra parte la seguirá practicando pero sin hacerlo realmente. Luego, después de que [eso] suceda, las naciones se convertirán, la fe se renovará por todas partes. 
Un gran país del norte de Europa, que ahora es protestante, se convertirá; con el apoyo de dicho país, todos los otros países del mundo se convertirán también. Antes de todo eso, tendrán lugar en la Iglesia, y en todas partes, grandes desordenes. Luego, nuestro Santo Padre, el Papa, será perseguido. Su sucesor será un pontífice que nadie esperará. Después vendrá una gran paz, pero no durará mucho tiempo. Un monstruo vendrá a turbarla. Todas estas cosas sucederán en el próximo siglo, o a más tardar a los dos mil años.” 
Maximin Giraud- (Me dijo que lo dijera algún tiempo antes.)
Santísimo Padre, pido su santa bendición para una de sus ovejas.
Grenoble, 3 de julio,1851.

El Secreto de Mélanie
J.M.J.
Secreto que la Santísima Virgen me dijo en la Montaña de La Salette, el 19 de septiembre de 1846.
Mélanie, voy a decirte algo que no dirás a nadie más: ¡Ha llegado el tiempo de la ira de Dios! Si, después de que hayas dicho al pueblo lo que acabo de decirte, y lo que voy a decirte, si, después de eso, no se convierte, (si no hacen penitencia, y no dejan de trabajar los domingos, y si siguen blasfemando el Santo Nombre de Dios), en una palabra, si la faz de la tierra no cambia, Dios hará venganza contra el pueblo desagradecido y esclavo del diablo. ¡Mi Hijo manifestará su poder! París, ciudad manchada con todo tipo de crímenes, perecerá infaliblemente. Marsella será destruida en poco tiempo. 

Cuando esto suceda, habrá en la tierra un completo y total desorden, el mundo será abandonado a sus pasiones impías. El Papa será perseguido por todos lados, le dispararán, querrán matarlo, pero nadie podrá hacerlo, el Vicario de Dios triunfará de nuevo esta vez. Los sacerdotes y religiosas, y los verdaderos siervos de mi Hijo serán perseguidos, y muchos morirán por la fe de Jesucristo. Habrá una hambruna al mismo tiempo. Después de que todas estas cosas hayan sucedido, muchos reconocerán la mano de Dios sobre ellos, se convertirán y harán penitencia por sus pecados. 
Entonces, un gran monarca subirá al trono, y su reinado durará pocos años. La religión florecerá de nuevo, se extenderá por toda la tierra, y habrá mucha abundancia. El mundo, satisfecho por no tener ninguna carencia, volverá a caer en sus desórdenes, se olvidará de Dios y se entregará a sus pasiones criminales. Entre los ministros de Dios y las esposas de Jesucristo, habrá algunos que se perderán, y eso será lo más terrible de todo. Finalmente, el infierno reinará en la tierra. Será entonces que el Anticristo nacerá de una religiosa: ¡desgraciada de ella! Muchos creerán en él, porque dirá que viene del cielo, ¡ay de aquellos que crean en él! 

Este tiempo no está lejos, no pasarán más de 100 años. Hija mía, no debes decir lo que acabo de decirte. (No debes decirlo a nadie, no digas que un día tienes que decirlo, no debes decir nada que se relacione con esto), ¡por último, no digas nada más hasta que yo te mande decirlo!" 
Ruego a Nuestro Santo Padre, el Papa, que me dé su santa bendición.

Mélanie Mathieu, pastora de La Salette, Grenoble, 6 de julio de 1851.