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16 de Agosto: Memoria Litúrgica de san Roque

                                                     

En Italia y Francia se veneraba ya a San Roque en el siglo XV, poco después de su muerte. San Roque era hijo del gobernador de Montepellier, lugar donde nació en 1378, y a la edad de 20 años quedó huérfano de ambos padres. Durante la epidemia de peste que se desató por aquella época en Italia, el santo se dedicó a asistir a los enfermos y consiguió curar a muchos más tan sólo con hacer sobre ellos la señal de la cruz.

Estando en Piacenza, trabajando en uno de los hospitales, el santo contrajo la mortal enfermedad. Como no quiso ser una carga para ningún hospital, decidió trasladarse a las fueras de la ciudad, instalándose en una caverna. Sin embargo, un perro lo alimentó milagrosamente, y el amo del animal acabó por descubrir a San Roque brindándole cuidados y atención.

Cuando recobró las fuerzas, el santo volvió a la ciudad donde curó milagrosamente a muchas personas y numerosas cabezas de ganado. Retornó a Montepellier donde su tío no lo reconoció y lo dejó en el abandono. San Roque fue arrestado, probablemente porque fue confundido erróneamente por un espía, permaneciendo en la cárcel por cinco años donde finalmente falleció.

La popularidad y rápida extensión del culto a San Roque fue verdaderamente extraordinaria. En su tumba se obraron muchos milagros, y son miles los que lo han invocado contra la peste.

San Roque es el abogado contra la peste y enfermedades contagiosas, invoquémoslo — como ha hecho siempre el pueblo cristiano — para que nos libre de los virus que pueden matar el cuerpo, pero sobre todo que nos libre del virus del pecado que mata el alma.

✠ ORACIÓN A SAN ROQUE ✠

Preciosísimo confesor de Cristo, glorioso San Roque, otro David de la ley de gracia por la mansedumbre y rectitud de corazón; nuevo Tobías en el tiernísimo afecto para con los pobres y por la constancia en ejercer las obras de misericordia; cual otro Job, prodigio estupendo de paciencia y fortaleza en los dolores y trabajos con que el Cielo te probó: ¡Cuánto me alegro que en este mundo orgulloso, sensual y ambicioso, aparezcas Tú tan pobre, humilde y mortificado, distribuyendo a los pobres tu opulentísimo patrimonio, y mendigando el pan hasta Roma en traje de peregrino! Y como si nada fueran ni las llagas y dolores, ni el hambre que te aqueja, ni el abandono en que te ves, hasta no tener a veces más recurso ni amparo que el pan que te envía el cielo por medio de un prodigioso perro; como si nada fuera aún el verte encerrado en un horrible calabozo cinco años enteros por tu mismo tío, que, sin conocerte, te trata de espía; te entregas generoso a los rigores de la más asombrosa penitencia.

¡Oh! Cuánto condena esta tu vida penitente, pobre y humilde, el orgullo, la ambición y sensualidad de la mía! ¡Ah! no extraño seas tú visitado con indecibles favores y gracias celestiales, al paso que yo soy castigado por la divina Justicia, con razón irritada por los vicios y pecados míos. Pero aplácala, dulce Patrón y abogado contra la peste. Tú que libraste a Roma, Plasencia y tantas otras ciudades de este azote devastador, libradme también a mí y libra de él a esta tu ciudad que pone en ti toda su confianza. Cúmplase en nosotros la dulce promesa que el Cielo dejó escrita en aquella misteriosa tabla que apareció sobre tu glorioso cadáver: “Los que tocados por la peste, invocaren a mi siervo Roque, se librarán por su intercesión de esta cruel enfermedad.”

(Pídase al Santo la gracia que se desea, y récense luego cinco Padre Nuestros, Ave Marías y Gloria Patri en memoria de los cinco años que estuvo preso.)

✠ ORACIÓN A NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO ✠

Atiéndenos, Señor, salvación nuestra, y mediante la intercesión de la bienaventurada y gloriosa siempre Virgen, Madre de Dios, del bienaventurado San Roque y de todos los Santos, libra a tu pueblo de los terrores de tu ira, y hazle seguro con la prodigalidad de tu misericordia.

Hazte, Señor, propicio a nuestras súplicas, y cúranos los males del alma y cuerpo, para que alcanzado tu perdón, en tu constante bendición nos regocijemos. Así sea.

Época de Pandemia: "No temas esta enfermedad, ni otra angustia. ¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre?"

 


“No es vano para vosotros levantaros temprano; porque Dios ha prometido la corona a los que vigilan”, nos dice la Santa Iglesia en el Invitatorio de Maitines durante la Cuaresma. 

Nos podemos, entonces, imaginar cómo se levantaba la Virgen María cada día, cómo buscaba en todo la gloria de Dios, el Cielo, su santificación; cómo crecía cada día en el conocimiento de Dios, en el amor y en el servicio de Dios y del prójimo. Nos podemos imaginar con qué pensamientos se levantaba cada día la Virgen Inmaculada, especialmente después del día de la Anunciación, cómo participaba de manera muy estrecha al misterio de nuestra Redención. Tota pulchra es, O María, tota pulchra es, et mácula non est in te… Veni, veni coronáberis – Toda hermosa eres, oh María, y no hay ninguna mancha en ti… Ven, ven, tú serás coronada.

En el relato sobre las apariciones de la Virgen de Guadalupe en el Tepeyac (Nican Mopohua en Náhuatl), la Virgen María, llena de gracia, nos muestra de manera hermosa la actitud que debemos tener y mantener delante de la enfermedad. Leamos el pasaje del encuentro de Juan Diego con la Virgen María en la tercera aparición. Ambos se habían levantado temprano…

La Virgen María salió al encuentro de Juan Diego de lado del monte, le cerró el paso y se dignó decirle: ¿Qué hay, hijo mío el más pequeño? ¿A dónde vas? ¿A dónde vas a ver?

Y Juan Diego contestó: Mi Virgencita, Hija mía la más amada, mi Reina, ojalá estés contenta; ¿cómo amaneciste? ¿Estás bien de salud?... Por favor, toma en cuenta, Virgencita mía, que está gravísimo un criadito tuyo, tío mío. Una gran enfermedad en él se ha asentado, por lo que no tardará en morir. Así que ahora tengo que ir urgentemente a tu casita de México, a llamar a alguno de los amados de Nuestro Señor, de nuestros sacerdotes, para que tenga la bondad de confesarlo, de prepararlo. Puesto que en verdad para esto hemos nacido: vinimos a esperar el tributo de nuestra muerte…

Y tan pronto como hubo escuchado la palabra de Juan Diego, tuvo la gentileza de responderle la venerable y piadosísima Virgen:

Por favor, presta atención a esto; ojalá que quede muy grabado en tu corazón, Hijo mío el más querido: no es nada lo que te espantó, te afligió; que no se altere tu rostro, tu corazón. Por favor, no temas esta enfermedad, ni en ningún modo a enfermedad otra alguna o dolor entristecedor. ¿Acaso no estoy yo aquí, yo que tengo el honor de ser tu madre? ¿Acaso no estás bajo mi sombra, bajo mi amparo? ¿Acaso no soy yo la fuente de tu alegría? ¿Qué no estás en mi regazo, en el cruce de mis brazos? ¿Por ventura aun tienes necesidad de cosa otra alguna? Por favor, que ya ninguna otra cosa te angustie, te perturbe; ojalá que no te angustie la enfermedad de tu honorable tío; de ninguna manera morirá ahora por ella. Te doy la plena seguridad de que ya sanó. (Y luego, exactamente entonces, sanó su honorable tío, como después se supo.)

He aquí al menos cuatro lecciones que podemos sacar de este encuentro:

1. Guardemos el espíritu sobrenatural delante de las enfermedades que Dios permite. Todo coopera al bien de las almas que aman a Dios y que perseveran en su amor, dice san Pablo. Que nada os turbe, dice Santa Teresa de Jesús. Todo es gracia, dicen los santos. Mantengamos nuestros ojos y nuestra mente fijos en Dios (Salmo 24), mirando a través de Dios todo lo creado, hasta las enfermedades, frutos de nuestros pecados.

 2. Seamos humildes, como Juan Diego, que  reconoce que en verdad para esto hemos nacido: vinimos a esperar el tributo de nuestra muerte. Como Juan Diego, vivamos con amor de los sacramentos, de la santa doctrina y de la oración. La humildad es la puerta del cielo. Aprovechemos esta oportunidad para cambiar de vida. Yo no quiero la muerte del pecador, dice Nuestro Señor, sino su conversión”.

3. Usemos bien el tiempo dado por Dios, preocupándonos de nuestra salvación y de la salvación del prójimo. “Ha llegado el momento de rezar el Rosario en nuestras casas de forma más sistemática y con más fervor que de costumbre. No perdamos nuestro tiempo ante las pantallas y no nos dejemos vencer por la fiebre mediática”, nos dice nuestro Superior General.

4. Aprovechemos estos tiempos para poner toda nuestra confianza en la Virgen Santísima, que nos dice claramente: Por favor no temas esta enfermedad, ni en ningún modo a enfermedad otra alguna o dolor entristecedor. ¿Acaso no estoy yo aquí, yo que tengo el honor de ser tu madre? ¿Acaso no estás bajo mi sombra, bajo mi amparo? ¿Acaso no soy yo la fuente de tu alegría? ¿Qué no estás en mi regazo, en el cruce de mis brazos? ¿Por ventura aun tienes necesidad de cosa otra alguna? Magníficat ánima mea Dóminum.

¡Gracias, oh María, por estas lecciones!

Toda hermosa eres, oh María… Ven, ven, tú serás coronada. 

Oración de la Mañana (Sábado en Período de Pandemia)


En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. (Podemos hacer la Señal de la Cruz, mojando nuestra frente con Agua Bendita)

En este sábado siempre dedicado a la Virgen le pedimos a Jesús, que nos dé a su Madre para que nos acompañé. 

Respondemos rezando: 
 "Que hoy la Virgen nos acompañé Señor" 

- Tú que tuviste por Madre a María siempre dócil a tu Palabra, encamina hoy nuestros pasos para que obremos también como Ella según tu voluntad. 

- Haz que mientras vivimos aún en este mundo, tengamos la seguridad de vivir en compañía de tu Madre, la Virgen María.

Que venga en nuestra ayuda, Señor la poderosa intercesión de la Virgen María, así nos veremos libres de todo peligro y gozaremos de tu paz. Por Jesucristo nuestro Señor. 


A Cristo Crucificado, a Él le pedimos su protección: 

Señor Jesús, Santo Cristo Crucificado, Esperanza que nunca nos defrauda, ten piedad de nosotros y líbranos de todo mal. Te suplicamos que doblegues el flagelo de este virus que se difunde entre nosotros, que cures a los enfermos, preserves a los sanos, sostengas a quienes trabajan por la salud de todos. Muéstranos tu rostro de misericordia y sálvanos por tu Gran Amor. Te lo pedimos por la intercesión de María, Madre Tuya y madre nuestra, que con su amor fiel nos acompaña. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén. 

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.


María, Consuelo de los afligidos, Salud de los enfermos, abraza a todos tus hijos atribulados, haz que Dios nos libre con su mano poderosa de está terrible epidemia y que la vida pueda reanudar su curso normal con serenidad. Amén.

Oración de la Mañana (Viernes en Período de Pandemia)



En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. (Podemos hacer la Señal de la Cruz, mojando nuestra frente con Agua Bendita)


En este Viernes vamos a pedir juntos la protección de Dios.

Respondemos todos rezando: "Protégenos hoy, Señor"

- Te ofrecemos, Señor, los deseos y proyectos de nuestra jornada, dígnate aceptarlos y bendecirlos como primicias de nuestro día. 

- Concédenos, crecer hoy en tu amor a fin de que todo concurra para nuestro bien y el de nuestros hermanos. 

- Haz Señor, que el ejemplo de nuestra vida resplandezca como una luz ante los hombres, para que todos den gloria al Padre que está en los cielos. 

Ilumina Señor nuestros corazones y fortalece nuestras voluntades, para que sigamos siempre el camino de tus mandatos reconociéndote como nuestro guía y Maestro. 
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.


A Jesús, le pedimos que salve, que nos ayude como silenciosamente nos ayudó siempre.

Señor Jesús, Santo Cristo, Esperanza que nunca nos defrauda, ten piedad de nosotros y líbranos de todo mal. Te suplicamos que doblegues el flagelo de este virus, que se difunde en todo el mundo, que cures a los enfermos, preserves a los sanos, sostengas a quienes trabajaban por la salud de todos. Muéstranos Señor, tu misericordia, y sálvanos por tu gran amor. Te lo pedimos por la intercesión de María, Madre tuya y madre nuestra, que con su amor fiel nos acompaña. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén. 

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.


Virgen María, vuelve a nosotros tus ojos de misericordia, en esta pandemia de Coronavirus y consuela a los que se encuentran confundidos. Amén. 

Oración de la Mañana (Jueves en Período de Pandemia)



En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. 
(Podemos hacer la Señal de la Cruz, mojando nuestra frente con Agua Bendita)

En este jueves vamos a rezar pidiéndole a Jesús que nos ayude durante todo el día. 

Vamos a responder rezando: "Ayúdanos en este día, Señor"

- No permitas Señor, que hoy nos dejemos vencer por el mal, antes danos tu fuerza para que venzamos al mal a fuerza de bien. 

- Tú que bautizado por Juan en el Jordán fuiste ungido con el Espíritu Santo, asístenos durante este día para que actuemos movidos por este mismo Espíritu. 

Señor Jesucristo, Luz Verdadera que alumbras a todos los hombres y les muestras el camino de la salvación. Concédenos la abundancia de tu gracia para que preparemos delante de Ti sendas de justicia y de paz. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén. 


Insistimos ante la imagen del Cristo Crucificado, que nos salve, que nos ayude. 

Señor Jesús, Santo Cristo, Esperanza que nunca nos defrauda, ten piedad de nosotros y líbranos de todo mal. Te suplicamos que doblegues el flagelo de este virus, que se difunde entre nosotros, que cures a los enfermos, preserves a los sanos, sostengas a quienes trabajaban por la salud de todos. Muéstranos tu rostro de misericordia, y sálvanos por tu gran amor. Te lo pedimos por la intercesión de María, Madre tuya y madre nuestra, que con su amor fiel nos acompaña. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén. 

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. 


Santa Madre de Dios, protege a los médicos, a los enfermeros, al personal sanitario, a los voluntarios en este período de emergencia combaten en primera línea y arriesgan su vida para salvar otras vidas. Acompaña a su heroico esfuerzo y concédeles fuerza, bondad y salud. Amén.

Oración de la Mañana (Miércoles en Período de Pandemia)



En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
(Podemos hacer la Señal de la Cruz, mojando nuestra frente con Agua Bendita)

En este día Miércoles, le pedimos a Jesús que viva con nosotros. 

Respondemos rezando: 
"Que en este día vivas con nosotros, Señor" 

- Señor, Sol de justicia que nos iluminaste en el bautismo, te consagramos este nuevo día. 

- Que sepamos bendecirte en cada uno de los momentos de nuestra jornada y glorifiquemos tu Nombre con cada una de nuestras acciones. 

Señor Dios todopoderoso, que nos has hecho llegar al comienzo de este día, danos tu ayuda para que nuestras palabras, pensamientos y acciones, sigan tu camino. 
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.


Al Santo Cristo Crucificado, le pedimos nuevamente hoy que nos salve de la situación que nos encontramos.

Señor Jesús, Santo Cristo, Esperanza que nunca nos defrauda, ten piedad de nosotros y líbranos de todo mal. 
Te suplicamos que doblegues el flagelo de este virus, que se difunde entre nosotros, que cures a los enfermos, preserves a los sanos, sostengas a quienes trabajaban por la salud de todos. Muéstranos tu rostro de misericordia, y sálvanos por tu gran amor. Te lo pedimos por la intercesión de María, Madre tuya y madre nuestra, que con su amor fiel nos acompaña. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén. 

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. 


Santa María, como en Caná intercede ante tu Divino Hijo, pidiéndole que consuele a las familias de los enfermos y de las víctimas. Que abra sus corazones a la esperanza. Amén. 

Oración de la Mañana (Martes en Período de Pandemia)



En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. 
(Podemos hacer la Señal de la Cruz, mojando nuestra frente con Agua Bendita)

En este Martes le pedimos a Jesús que nos acompañe, que esté con nosotros.

Respondemos rezando: "Acompáñanos en este día, Señor"

- Tú, que nos alegras con la claridad del nuevo día, sé Tu mismo el lucero brillante de nuestros corazones.

- Haz que seamos bondadosos y comprensivos con los que nos rodean para que logremos así, ser imágenes de tu bondad. 

- En la mañana, haznos escuchar tu gracia y que tu gozo sea hoy, nuestra fortaleza. 

Dios todopoderoso y eterno, humildemente acudimos a Ti al empezar el día, a la media jornada y al atardecer, para pedirte que alejando de nosotros las tinieblas del pecado, nos hagas alcanzar la luz verdadera que es Cristo. Que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén. 


Al Santo Cristo Crucificado, que en tantos lugares de nuestro país argentino, se ha manifestado: en Salta con el título del Señor del Milagro, el Señor de la Salud, el Santo Cristo de Buenos Aires, e innumerables manifestaciones más, a Él le pedimos que aleje de nosotros el virus. 

Señor Jesús, Santo Cristo Crucificado, Esperanza que nunca nos defrauda, ten piedad de nosotros y líbranos de todo mal, te suplicamos que doblegues el flagelo de este virus que se difunde entre nosotros, que cures a los enfermos, preserves a los sanos, sostengas a quienes trabajaban por la salud de todos. Muéstranos tu rostro de misericordia, y sálvanos por tu gran amor. Te lo pedimos por la intercesión de María, Madre tuya y madre nuestra, que con su amor fiel nos acompaña. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén. 

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. 


Madre de Dios y Madre nuestra, implora al Padre, misericordia que está dura prueba termine, y que volvamos a encontrar un horizonte de esperanza y de paz. Amén. 

Oración de la Mañana (Lunes en Período de Pandemia)



En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. 
(Podemos hacer la Señal de la Cruz, mojando nuestra frente con Agua Bendita)

En este lunes, le pedimos a Dios su bendición. 

Vamos a responder: "Bendice nuestro día, Señor"

- Concédenos Señor, consagrar el principio de este día en honor de tu Resurrección, y haz que, todos los trabajos que realicemos durante esta jornada, te sean agradables. 

- Tú que para aumentar nuestra alegría y afianzar nuestra salvación, nos das el nuevo día, signo de tu amor renuevanos hoy y siempre para gloria de tu Nombre. 

Señor, Dios Salvador nuestro, danos tu ayuda para que siempre deseemos las obras de la Luz y realicemos la verdad, así, los que en Ti hemos renacido en el bautismo, seremos tus testigos entre los hombres. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. 


Al Santo Cristo Crucificado, en este momento de Pandemia, en este momento de sufrimiento, le pedimos que nos libre. 

Señor Jesús, Santo Cristo, Esperanza que nunca nos defrauda, ten piedad de nosotros y líbranos de todo mal. Te suplicamos que doblegues el flagelo de este virus, que se difunde entre nosotros, que cures a los enfermos, preserves a los sanos, sostengas a quienes trabajaban por la salud de todos. Muéstranos tu rostro de misericordia, y sálvanos por tu gran amor. Te lo pedimos por la intercesión de María, Madre tuya y madre nuestra, que con su amor fiel nos acompaña. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén. 

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. 


En la dramática situación actual, acudimos a ti, Madre de Dios y Madre nuestra y buscamos refugio bajo tu protección. Amén. 

Oración de la Mañana (Domingo en Período de Pandemia)



En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. (Podemos hacer la Señal de la Cruz, mojando nuestra frente con Agua Bendita)

Este Domingo, día semanal de la Pascua, este Domingo que siempre es el Día de la Resurrección. 

Le decimos a Jesús: 
"En este Domingo, bendícenos, Señor"

- Señor Jesús, Sol que naces de lo Alto y Primicia de la humanidad resucitada, haz que siguiéndote a Ti, no caminemos nunca en sombra de muerte, sino que tengamos siempre la Luz de la Vida. 

- Señor Jesús, al consagrar nuestra Oración Matutina en memoria de tu Santa Resurrección, te pedimos que la esperanza de participar de tu gloria, ilumine todo nuestro día.

Dios todopoderoso, de quien dimana la bondad y hermosura de todo lo creado, haz que comencemos en este día con ánimo siempre alegre y que realicemos nuestras obras movidos por el amor a Ti y a los hermanos. 
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. 


Al Cristo Crucificado, le pedimos que nos salve, que nos ayude a salir de esta pandemia, le pedimos a ese Cristo, que conoce el dolor, pero también en su resurrección, conoce la victoria. 

Señor Jesús, Santo Cristo, Esperanza que nunca nos defrauda, ten piedad de nosotros y líbranos de todo mal. Te suplicamos que doblegues el flagelo de este virus, que se difunde entre nosotros, que cures a los enfermos, preserves a los sanos, sostengas a los que trabajaban por la salud de todos. Muéstranos tu rostro de misericordia, sálvanos por tu gran amor. Te lo pedimos por la intercesión de María, Tu Madre y madre nuestra, que con su amor fiel nos acompaña. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén. 

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. 


Virgen Madre nos encomendamos a Ti, que brillas en nuestro camino como signo de salvación y de esperanza, Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María. Amén. 

Oración Medieval a la Virgen María pidiendo el Fin de la Peste: Stella Caeli



María, tú que eres la Estrella del Cielo,
que concebiste, diste a luz y amamantaste al Señor,
y así, con tu divina maternidad destruiste la peste de la muerte,
que los primeros paddres habían introducido en el mundo
por el pecado original. 
Recibe Señora, nuestras oraciones,
y pídele a Jesús por el mundo entero,
porque tu Hijo, que nada te niega, te lo concederá.

Señor, escúchanos,
para que se apague el mal que hace sufrir a toda la tierra.
Jesús, sálvanos de esta peste
para lo cual reza por nosotros la Virgen, tu Madre.

- En nuestros momentos de tribulación y angustia
- socorrénos, purísima Virgen María 

Oremos. Dios de la misericordia, Dios de la piedad, Dios del perdón, que te conmueves siempre por la aflicción de tu pueblo. Ven en nuestra ayuda con tu gracia divina para que, por intercesión de la Santísima Virgen María y de todos los santos, nos liberemos de cualquier contagio y nos salvemos de todo peligro. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Salud de los enfermos, ruega por nosotros
Consuelo de los afligidos, ruega por nosotros

Oración al Santo Cristo de los Buenos Aires pidiendo por el fin de la Pandemia


Santo Cristo de Buenos Aires 
imagen venerada en la Catedral Primada de Buenos Aires

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. 

Hoy le rezamos a este Santo Cristo, patrono de la ciudad de Buenos Aires. 

Cristo que acompaña a esta ciudad desde 1670, y que milagrosamente hizo detener una inundación cuando el agua iba a destruir aquella insipiente aldea de Buenos Aires. Este Cristo que conoce la oración de los primeros mandatarios de la República Argentina, que se presentaron en cada día de la fiesta patria del 25 de mayo, que comenzó esa costumbre cuando los próceres de la Primera Junta de Mayo, se acercaron después de jurar en el Cabildo a rezar ante Él, pidiéndole la gracia de su asistencia. A este Jesús, le pedimos que como aquella vez que detuvo la inundación al tocar el suelo de Buenos Aires, detenga ahora el mal para que todos podamos salvarnos. 

Oración.

Señor Jesús, Santo Cristo de Buenos Aires, 
esperanza que nunca nos defrauda,
ten piedad de nosotros y líbranos de todo mal.
Te suplicamos que doblegues el flagelo de este virus
que difunde entre nosotros. Que cures a los enfermos,
preserves a los sanos, sostengas a quienes trabajan 
por la salud de todos. Muéstranos, tu rostro de misericordia,
y sálvanos por tu gran amor. 

Te lo pedimos, por la intercesión de María, Madre tuya y madre nuestra, que su amor fiel nos acompaña 
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén. 

Te adoramos Cristo, y te bendecimos 
porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo. 

Oración del Papa Francisco para el fin de la Pandemia


El 11 de marzo de 2020 el Papa Francisco rezó en un video una plegaria especial a la Virgen del Divino Amor, patrona de Roma, para encomendar a la ciudad, Italia y todo el mundo ante "este momento de prueba" por la epidemia del coronavirus. 
Se anima a todos los católicos a rezar esta oración para pedir el amparo y la ayuda de la Virgen contra esta enfermedad que aflige a la humanidad.


Oh María, Tú resplandeces siempre en nuestro camino como signo de salvación y esperanza. Nosotros nos encomendamos a Ti, salud de los enfermos, que ante la Cruz fuiste asociada al dolor de Jesús manteniendo firme tu fe.

Tú, Salvación del Pueblo Romano, sabes lo que necesitamos y estamos seguros de que proveerás para que, como en Caná de Galilea, pueda regresar la alegría y la fiesta después de este momento de prueba.

Ayúdanos, Madre del Divino Amor, a conformarnos a la voluntad del Padre y a hacer lo que nos dirá Jesús, que ha tomado sobre sí nuestros sufrimientos. Y ha tomado sobre sí nuestros dolores para llevarnos, a través de la Cruz, al gozo de la Resurrección. Amén.

Bajo tu protección, buscamos refugio, Santa Madre de Dios. No desprecies las súplicas de los que estamos en la prueba y líbranos de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita!

Papa Francisco