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2 de Octubre: Memoria Litúrgica de los Santos Ángeles Custodios

 

El 2 de octubre se celebra el día de los ángeles custodios, quienes, por disposición divina, nos han sido dados para protegernos, guiarnos y ayudarnos a llegar al cielo. Honrémoslos y pidamos continuamente la ayuda de estos fidelísimos compañeros.

Así le escribía el 15 de julio de 1915, el Padre Pío de Pietrelcina a Ana Rodote: 

Que el buen Ángel Custodio vele sobre ti. Él es tu conductor, que te guía por el áspero sendero de la vida. Que te guarde siempre en la gracia de Jesús, te sostenga con sus manos para que no tropieces en cualquier piedra, te proteja bajo sus alas de las insidias del mundo, del demonio y de la carne. Tenle gran devoción a este Ángel Bienhechor. ¡Qué consolador es el pensamiento de que junto a nosotros hay un espíritu que desde la cuna hasta la tumba, no nos deja ni un instante ni siquiera cuando nos atrevemos a pecar! Este espíritu celeste nos guía y nos protege como un amigo o un hermano. Es también consolador saber que este ángel reza incesantemente por nosotros, ofrece a Dios todas las buenas acciones y obras que hacemos; y nuestros pensamientos y deseos, si son puros. Por caridad, no te olvides de este compañero invisible, siempre presente y siempre pronto a escucharnos y más todavía para consolarnos. ¡Oh, feliz compañía, si supiésemos comprenderla!”. 
¿Cómo puede ayudarnos nuestro ángel custodio?
Los ángeles custodios son una muestra más del amor y de la bondad de Dios para con nosotros. A nuestro ángel custodio, Dios le permite llegar directamente a la imaginación (sin palabra alguna), suscitando imágenes, recuerdos, impresiones que nos señalen el camino correcto a seguir.

Puede ayudarnos de las siguientes formas:

1. Darnos AUXILIO ESPIRITUAL:

Puede si tú se lo pides, ayudarte a que tu oración sea mejor, a que no te distraigas, puede sugerirte propósitos para mejorar o formas de concretar algún buen deseo, puede ayudarte en el apostolado, en el trato con las personas que te rodean...

2. Darnos, además, algún AUXILIO MATERIAL:

Puede si se lo pides, ayudarte en las pequeñas necesidades de la vida cotidiana como, por ejemplo: no perder el autobús, ayuda en un examen para el que has estudiado, encontrar algo que habías perdido, acordarte un asunto olvidado que es necesario tener presente...

3. PROTEGERNOS de los peligros del alma:

 Tu Ángel Custodio te cuida contra las tentaciones que te invitan a cometer un pecado.

4. PROTEGERNOS de los peligros del cuerpo: por ejemplo un tropiezo, un choque, un accidente, una enfermedad... La Biblia dice: ¨Enviará a sus ángeles para que no tropieces en piedra alguna¨ (Sal 90,11).

5. Darnos consejo prudente. Llamarnos al bien.

6. Animarnos.

7. Confortarnos, consolarnos.

8. Ayudarnos en todo aquello que sea bueno en nuestro camino de salvación.

Finalmente, es importante que recuerdes que los ángeles no tienen el poder de Dios ni su sabiduría infinita. Pueden ayudarnos porque Dios se los permite. Procuremos ser devotos y agradecidos con nuestro Ángel.


ORACIÓN AL SANTO ANGEL DE LA GUARDA 
(San Juan Berchmans)

Ángel Santo, amado de Dios, que después de haberme tomado, por disposición divina, bajo tu bienaventurada guarda, jamás cesas de defenderme, de iluminarme y de dirigirme: yo te venero como a protector, te amo como a custodio; me someto a tu dirección y me entrego todo a ti, para ser gobernado por ti. Te ruego, por lo tanto, y por amor a Jesucristo te suplico, que cuando sea ingrato para ti y obstinadamente sordo a tus inspiraciones, no quieras, a pesar de esto, abandonarme; antes al contrario, ponme pronto en el recto camino, si me he desviado de él; enséñame, si soy ignorante; levántame, si he caído; sostenme, si estoy en peligro y condúceme al cielo para poseer en él una felicidad eterna. Amén.


Aunque la solemnidad del 29 de septiembre tiene por objeto honrar a todos los espíritus bienaventurados de los nueve coros, la piedad de los fieles en estos últimos siglos ha deseado se consagrase un día especial en la tierra a celebrar a los Ángeles custodios.

Diversas Iglesias empezaron a celebrar esta fiesta y la pusieron en diferentes fechas del año; Paulo V, aunque la permitía el 27 de septiembre de 1608, creyó conveniente no imponer su aceptación; Clemente X terminó con esta variedad respecto a la nueva fiesta y el 20 de septiembre de 1670 la fijó en el 2 de octubre, primer día libre después de San Miguel, a cuya fiesta está como subordinada.

Es de fe que en este destierro, Dios encomienda a los Ángeles la custodia de los hombres destinados a contemplarle en el cielo, y esto lo aseguran las Escrituras y lo afirma unánimente la Tradición. Las conclusiones más ciertas de la teología católica extienden el beneficio de esta protección preciosa a todos los miembros de la raza humana, sin distinción de justos o pecadores, de infieles o bautizados. 

Alejar los peligros, sostener al hombre en su lucha contra el demonio, despertar en él santos pensamientos, apartarle del mal y castigarle de cuando en cuando, rogar por él y presentar a Dios sus propias oraciones: he ahí el oficio del Ángel custodio. Y es un ministerio tan especial, que no acumula el mismo Ángel la custodia simultánea de varios, y tan asiduo, que acompaña a su protegido desde el primer día al último de su vida, recogiendo el alma al salir de este mundo para conducirla después del juicio al puesto que se mereció en los cielos o en la mansión temporal de purificación y de expiación.

La santa milicia de los Ángeles custodios se recluta principalmente en las proximidades más inmediatas a nuestra naturaleza, entre los puestos del último de los nueve coros. Dios, en efecto, reserva para el honor de formar su augusta corte a los Serafines, Querubines y Tronos. Las Dominaciones presiden desde lo alto de su trono el gobierno del universo; las Virtudes velan por la firmeza de las leyes de la naturaleza, por la conservación de las especies, por los movimientos de los cielos; las Potestades mantienen encadenado al infierno.

La raza humana, en su conjunto y en los cuerpos sociales de las naciones y de las Iglesias, está confiada a los Principados; en tanto que el oficio de los Arcángeles, encargados de las comunidades menores, parece ser también el de transmitir a los Ángeles las órdenes del cielo, con el amor y la luz que baja para nosotros de la primera y suprema jerarquía. ¡Abismos de la Sabiduría de Dios! (Rom. 11, 33).

Así pues, el conjunto admirable de ministerios dispuesto entre los diversos coros de los espíritus celestiales, se ordena, como fin, a la custodia inmediatamente confiada a los más humildes de ellos, a la custodia del hombre, para quien fue creado el universo. Lo mismo afirma la Escuela; y lo dice el Apóstol: "¿No son todos ellos espíritus ministrantes, enviados para servicio en favor de los que han de heredar la salud?" (Heb. 1, 14). (...)

Para terminar, escuchemos hoy, como lo hace la Iglesia, al Abad de Claraval, a cuya elocuencia parece que en esta ocasión la nacen alas: “En todo lugar muéstrate respetuoso con tu Ángel. Muévate a rendir culto a su grandeza el agradecimiento por sus beneficios. Ama a ese futuro coheredero, que ahora es el tutor designado por el Padre para los días de tu niñez. Porque, aunque somos hijos de Dios, no pasamos ahora de niños y el camino es largo y peligroso. Pero Dios ha mandado a sus Ángeles que te guarden en todos tus caminos; y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece en las piedras. Pisarás sobre áspides y basiliscos y hollarás al león y al dragón (Sal. 90, 11-13). Ciertamente, por donde el camino es fácil para un niño, su ayuda se reducirá a ser simplemente un guía, a sostenerte como se hace con los niños. Pero la prueba ¿corre peligro de exceder a tus fuerzas? Te llevarán en sus manos. ¡Manos de Ángeles! ¡Cuántos atolladeros temibles, saltados como sin darse cuenta merced a esas manos, sólo dejarán en el hombre la impresión de una pesadilla desvanecida rápidamente!"

Unámonos a la Iglesia ofreciendo a los Ángeles Guardianes este Himno de las Vísperas del día.

Celebramos a los Ángeles que custodian a los humanos. El Padre Celestial los hizo compañeros de nuestra débil naturaleza, para que no sucumbieran a las trampas enemigas.
Porque, como el ángel maligno fue justamente arrojado de sus honores, la envidia lo corroe y se esfuerza por perder a los que el Señor llama a los cielos.
Vuela, pues, hacia nosotros, guardián que nunca duerme; aparta de la tierra que te ha sido confiada las enfermedades del alma y toda amenaza a la paz de sus habitantes.
Sea siempre alabada y amada la Santísima Trinidad, cuyo poder eterno gobierna este triple mundo de los cielos, la tierra y el abismo, cuya gloria domina los siglos. Amén.


ORACIÓN AL ANGEL DE LA GUARDA

Ángel de la paz, Ángel de la Guarda, a quien soy encomendado, mi defensor, mi vigilante centinela; gracias te doy, que me libraste de muchos daños del cuerpo y del alma. Gracias te doy, que estando durmiendo, me velaste, y despierto, me encaminaste; al oído, con santas inspiraciones me avisaste.

Perdóname, amigo mío, mensajero del cielo, consejero, protector y fiel guarda mía; muro fuerte de mi alma, defensor y compañero celestial. En mis desobediencias, vilezas y descortesías, ayúdame y guárdame siempre de noche y de día. Amén.

Padrenuestro y Avemaría.

Del 23 de Septiembre al 1º de Octubre: Novena en honor a los Santos Ángeles Custodios

 “Invoca a tu Ángel de la Guarda, que te iluminará y te conducirá. Dios te lo ha dado por este motivo. Por tanto válete de él”, decía San Pío de Pietrelcina, quien durante su vida tuvo una gran cercanía con su ángel custodio y que se convirtió en su confidente y consejero.

Cercanos a la fiesta de los ángeles custodios, que se celebra el 2 de octubre, aquí una novena para pedir la intercesión del Ángel de la Guarda y que Dios ha puesto a nuestro lado para que nos proteja, ayude y aliente a seguir a Cristo.



Por la señal de la Santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de Contrición

¡Señor mío, Jesucristo!
Dios y Hombre verdadero,
Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, 
y porque os amo sobre todas las cosas, 
me pesa de todo corazón de haberos ofendido;
también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno.
Ayudado de vuestra divina gracia
propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. 
Amén.

Oración para cada día de la novena

A Vos, santo Ángel de mi Guarda, acudo hoy en busca de especial favor. Habiéndote puesto Dios por custodio y protector mío, nadie como Vos conoce la miseria y las necesidades de mi alma y los afectos de mi corazón. Vos sabéis el deseo que tengo de salvarme, de amar a Dios y de santificarme; mas, ¡ay!, también sabéis mi inconstancia y lo mucho que he ofendido a Dios con mis faltas y pecados. Vos, que sois para mí el guía más seguro, el amigo más fiel, el maestro más sabio, el defensor más poderoso y el corazón más amante y compasivo, alcanzadme de Dios la gracia suprema de amarle y servirle fielmente en esta vida y poseerle eternamente en la gloria.

Y ahora os ofrezco humildemente los pequeños obsequios de esta Novena, para que también me alcancéis las gracias especiales que en ella os pido, si no son contrarias a la gloria de Dios y al bien de mi alma. Así sea.

Primer día

¡Oh buen Ángel custodio! ayudadme a dar gracias al Altísimo por haberse dignado destinaros para mi guarda.

Os pido que por intercesión de María, me alcancéis de Dios un fervoroso espíritu y la práctica de una oración constante para agradecer a Dios todos sus beneficios, y especialmente el de teneros por celestial custodio mío.

Se dicen las intenciones de la novena

Segundo día

¡Oh Príncipe celestial!, dignaos obtenerme el perdón de todas las ofensas que he hecho a Dios y a Vos, despreciando vuestras amenazas y vuestros consejos.

Os pido que, por intercesión de María, me alcancéis de Dios un verdadero dolor de los pecados, que me obtenga el perdón de todas las faltas y caídas de la vida pasada.

Tercer día

¡Oh mi Tutor amoroso!, infundid en mi alma un profundo respeto hacia Vos, de tal manera que jamás tenga el atrevimiento de hacer cosa alguna que os desagrade.

Os pido que, por intercesión de María, me alcancéis de Dios el recuerdo de la presencia divina y el respeto a vuestra presencia continua, las cuales han de guardarme del pecado.

Cuarto día

¡Oh Médico compasivo!, enseñadme el remedio y dadme el auxilio para curar mis malos hábitos y tantas miserias como oprimen mi alma.

Os pido que, por intercesión de Maria, me alcancéis de Dios un verdadero espíritu de mortificación, con el cual domine mis malas pasiones y la sensualidad, y obtenga la paz y la libertad de espíritu, juntamente con las demás virtudes.

Quinto día

¡Oh, mi Guía fiel!, alcanzadme fuerza para vencer todos los obstáculos que se encuentren en el camino de la existencia y para sufrir pacientemente las tribulaciones de esta miserable vida.

Os pido que, por intercesión de María, me alcancéis de Dios una verdadera paciencia y conformidad en todas las contrariedades y penas de la vida que Dios pueda permitir para mi santificación.

Sexto día

¡Oh Intercesor eficaz cerca de Dios!, alcanzadme la gracia de seguir prontamente vuestras santas inspiraciones y de conformar, en todo y para siempre, mi voluntad a la de Dios.

Os pido que, por la intercesión de María, me alcancéis de Dios una obediencia absoluta a todos mis superiores, la cual me santifique por el cumplimiento de la voluntad divina en ella manifestada.

Séptimo día

¡Oh Espíritu purísimo, encendido todo en amor de Dios!, alcanzadme este fuego divino, y al mismo tiempo una verdadera devoción a vuestra augusta Reina y buena Madre mía, la Virgen Santísima.

Os pido que, por intercesión de María, me obtengáis de Dios la caridad perfecta y la devoción a María, que sean para mi fuente abundantísima de méritos, camino segurísimo de salvación y el más dulce consuelo en la hora de la muerte.

Octavo día

¡Oh invencible Protector!, asistidme a fin de corresponder dignamente a vuestro amor y a vuestros beneficios, y para trabajar con todas las fuerzas en promover vuestro culto y vuestra devoción.

Igualmente os pido que, por intercesión de Maria, me alcancéis de Dios un celo fervoroso para la práctica del bien y una fervorosa devoción angélica, que sean mi propia santificación y la del prójimo.

Noveno día

¡Oh bienaventurado ministro del Altísimo!, alcanzadme de su misericordia infinita que llegue yo a ocupar un día uno de los tronos que dejaron vacíos los ángeles rebeldes.

Os pido que, por intercesión de Maria, me obtengáis de Dios la gracia de una santa muerte, confortada con los Santos Sacramentos, que me abra las puertas de la gloria eterna.

Oración a la Santísima Trinidad

Para obtener de Dios las gracias que esperamos, ¡oh buen Ángel de la Guarda!, en unión vuestra y de todos los otros Ángeles del cielo, y por mediación de la Virgen Maria, Madre de Dios y Madre nuestra, saludo ahora a la Trinidad Santísima con el Trisagio angélico, diciendo de todo corazón:

Santo. Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos, llenos están los cielos y la tierra de vuestra gloria. Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo. Rezar al Padre Eterno: Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos, llenos están los cielos y la tierra de vuestra gloria. Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo. Rezar al Hijo Unigénito: Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos, llenos están los cielos y la tierra de vuestra gloria. Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo. Rezar al Espíritu Santo: Padrenuestro. Avemaría y Gloria.

Ángel de mi Guarda

Ángel de Dios,
que eres mi custodio,
pues la bondad divina me ha
encomendado a ti, ilumíname,
dirígeme, guárdame.
Amén.

Ángel de mi Guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día. No me dejes solo que me perdería. Ni vivir, ni morir en pecado mortal. Jesús en la vida, Jesús en la muerte, Jesús para siempre. Amén.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.



LETANÍAS DE LOS SANTOS ÁNGELES

 


Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

Dios Padre, Creador de los Ángeles, ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo, Señor de los Ángeles,
Dios Espíritu Santo, Vida de los Ángeles,
Santísima Trinidad, delicia de todos los Ángeles, 

Santa María, ruega por nosotros.
Santa María, Reina de los Ángeles, 

Santos Serafines, ángeles del Amor Purísimo de Dios, rueguen por nosotros.
Santos Querubines, ángeles guardianes de la Ley de Divina,
Santos Tronos, ángeles sobre los que se asienta la gloria del Altísimo,
Santas Dominaciones, ángeles ejecutores de la voluntad del Señor,
Santas Potestades, ángeles que presidís la armonía de la creación,
Santos Virtudes, ángeles que inspiráis a obrar el bien,
Santos Principados, ángeles que cuidáis los pueblos y naciones,
Santos Arcángeles, ángeles de las grandes misiones de Dios,
Santos Ángeles, mensajeros de Dios y custodios de los hombres,

San Miguel, ruega por nosotros.
San Miguel Arcángel, vencedor de Lucifer, 
San Miguel Arcángel, ángel de la fe y de la humildad,
San Miguel Arcángel, preservador de la santa unción,
San Miguel Arcángel, protector del Pueblo de Dios,
San Miguel Arcángel, patrono de los moribundos,
San Miguel Arcángel, gran príncipe batallador de los ejércitos celestes,
San Miguel Arcángel, compañero de las almas de los difuntos,

San Gabriel, ruega por nosotros.
San Gabriel Arcángel, santo Ángel de la Encarnación, 
San Gabriel Arcángel, fiel mensajero de Dios,
San Gabriel Arcángel, ángel de la esperanza y de la paz,
San Gabriel Arcángel, protector de todos los siervos y siervas de Dios,
San Gabriel Arcángel, guardián del santo Bautismo,
San Gabriel Arcángel, cultivador de las vocaciones,
San Gabriel Arcángel, patrono de los sacerdotes,

San Rafael, ruega por nosotros.
San Rafael Arcángel, ángel del Amor divino, 
San Rafael Arcángel, vencedor del enemigo malo,
San Rafael Arcángel, auxiliador en la gran necesidad,
San Rafael Arcángel, favorecedor del santo matrimonio,
San Rafael Arcángel, ángel del dolor y de la curación,
San Rafael Arcángel, patrono de los médicos,
San Rafael Arcángel, protector de los caminantes y viajeros,

Grandes Arcángeles Santos, que servís ante el divino acatamiento, rueguen por nosotros.
Grandes Arcángeles Santos, turiferarios de la gloria de Dios,
Grandes Arcángeles Santos, que hacéis subir al cielo las oraciones de los justos,

Ángeles para ayuda de los hombres, rueguen por nosotros.
Santos Ángeles Custodios,
Auxiliadores en nuestras necesidades,
Luz en nuestra oscuridad,
Apoyo en todo peligro,
Exhortadores de nuestra conciencia,
Intercesores ante el trono de Dios,
Escudo de defensa contra el enemigo maligno,
Constantes compañeros nuestros,
Segurísimos conductores nuestros,
Fidelísimos amigos nuestros,
Sabios consejeros nuestros,
Ejemplos de obediencia,
Consoladores en el abandono,
Espejo de humildad y de pureza,
Ángeles de nuestras familias,
Ángeles de nuestros Sacerdotes y pastores,
Ángeles de nuestros niños,
Ángeles de nuestra tierra y Patria,
Ángeles de la Santa Iglesia,

Todos los Santos Ángeles y Arcángeles, rueguen por nosotros.
Todos los coros de los bienaventurados espíritus celestiales, intercedan por nosotros.

Asistidnos en la vida (repítase)
Asistidnos en la muerte (repítase)
En el Cielo os lo agradeceremos (repítase)

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Señor
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, ten misericordia de nosotros.

- Dios mandó a sus Ángeles que cuiden de ti.
- Los cuales te guardarán en todos sus caminos

Oremos. Oh Dios, que con admirable orden distribuyes los oficios de los ángeles y de los hombres: haz propicio que nuestra vida sea protegida en la tierra por aquellos que, sirviéndote, te asisten siempre en el cielo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

MES DE SEPTIEMBRE EN HONOR DE LOS SANTOS ÁNGELES

 


Este mes de septiembre está dedicado a honrar a los Santos Ángeles, ya que en él se celebra la gran festividad de san Miguel Arcángel, originalmente dedicada a todos los bienaventurados espíritus celestiales (como se puede ver por la colecta de la misa del 29 de septiembre). Ya el Credo asegura su existencia. Así, en el Símbolo niceno-constantinopolitano rezamos: “Credo in unum Deum, Patrem omnipotentem, factorem clei et terrae, visibilium ómnium et invisibilium” (Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible). En la Biblia aparecen los espíritus angélicos del principio al fin, desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Se nos presentan como mensajeros de Dios, encargados de importantes misiones en orden a la economía de salvación y auxiliadores de los hombres.

Un ángel se aparece a Abraham para impedirle sacrificar a su hijo Isaac; dos visitan en Sodoma a Lot para advertirle que huya de la ciudad destinada a la destrucción; Jacob ve una escala por la que ascienden y descienden del cielo los ángeles de Dios; el arcángel Miguel se muestra a Josué ante Jericó y es señalado por el profeta Daniel como el protector del pueblo de Israel; el arcángel Gabriel se aparece al mismo profeta para revelarle los misterios de los últimos tiempos; el arcángel Rafael acompaña y protege al joven Tobías en sus vicisitudes; el Evangelio de san Lucas habla de la embajada del arcángel Gabriel a la Santísima Virgen; los ángeles aparecen sirviendo a Jesús después de sus tentaciones en el desierto; otro ángel le consuela en la agonía de Getsemaní; dos ángeles anuncian la Resurrección a las pías mujeres; otros dos anuncian a los discípulos la Parusía después de la Ascensión de Cristo; un ángel libera a san Pedro de su prisión; en el Apocalipsis aparecen precediendo la Segunda Venida de Cristo y acompañándole en santas miríadas en su triunfo sobre el Anticristo, la Bestia y sus secuaces.

¿Cuál es la naturaleza de los ángeles? Son puros espíritus, dotados de entendimiento y voluntad. Pero a diferencia de nosotros los seres humanos, no conocen discursivamente sino por inmediatamente por intuición. Su voluntad es asimismo mucho más perfecta que la nuestra. Una vez que han formado una intención la ponen en acto sin marcha atrás y sin desistimiento. Cada ángel es único y constituye una especie en sí misma. Evidentemente, no estando dotados de cuerpo material, no tienen forma ni sexo, aunque al manifestarse a los hombres adquieren forma humana para que puedan éstos percibir por los sentidos lo que Dios quiere comunicarles por medio de sus mensajeros. Los ángeles ejercen poder sobre las cosas materiales y las fuerzas de la naturaleza por su pura acción espiritual.

Los ángeles tienen su propia historia, que viene a ser como nuestra “prehistoria espiritual”. Antes de la creación material, Dios produjo de la nada millones y millones de espíritus para su mayor gloria y su servicio. Estableció entre ellos una jerarquía de tres órdenes divididos en nueve coros. El primer orden fue dedicado a Dios Padre, constando de tres jerarquías: serafines, querubines y tronos; el segundo orden fue dedicado a Dios Hijo, estando compuesto de otras tres jerarquías: dominaciones, potestades y virtudes; el tercer orden, en fin, fue dedicado al Espíritu Santo y quedó conformado de otras tres jerarquías: los principados, los arcángeles y los ángeles. Se cree que Dios sometió a sus ángeles a una prueba (algunos sostienen que se trató de la revelación de la creación del hombre). El más hermoso de los serafines, llamado Luzbel, se rebeló contra su Creador al grito de “Non serviam!” (No obedeceré) y arrastró tras de sí a la tercera parte de los espíritus celestiales, entablándose una batalla en el cielo con los ángeles fieles capitaneados por un humilde arcángel: san Miguel, el cual respondió al soberbio serafín con la exclamación que le dio el nombre “Quis ut Deus?” (Quién como Dios?). Luzbel y sus secuaces fueron arrojados al tártaro, siendo privados de la visión de Dios por toda la eternidad. El acto volitivo de rebelión fue instantáneo y no cupo arrepentimiento. Así fue como surgieron los demonios, con Lucifer o Satanás, como su jefe.

Dios creó entonces el mundo material, haciendo rey de él al ser humano, al que creo a su imagen y semejanza, dotado de entendimiento y voluntad, aunque sometido a las limitaciones de la carne. Los hizo varón y hembra para que fueran un icono de la Trinidad. También les puso una prueba, que no superaron, pero, a diferencia de los ángeles rebeldes (cuya voluntad era inflexible y como fosilizada en el mal), les ofreció la Redención en su Hijo, que se encarnaría para salvar a la raza humana. Ciertos teólogos sostienen que Dios tiene previsto cubrir con los elegidos de entre los hombres los puestos dejados vacantes por los ángeles caídos. Éstos intentan por todos los medios tentar a aquéllos y arrastrarlos a la común condenación. Pero Dios ha dispuesto que los ángeles buenos ayuden a sus criaturas humanas a perseverar en su gracia y salvarse. Ha dispuesto un ángel guardián para cada hombre; pero además, otros ángeles protegen las naciones, las sociedades, las ciudades y las comunidades humanas. Nunca sabremos en su justa medida hasta qué punto estamos en deuda con nuestros hermanos mayores de la creación; por eso hemos de invocarlos con frecuencia, honrarlos y darles gracias por su asistencia tanto espiritual como temporal, pues no sólo nos asisten en nuestras tentaciones, sino también en nuestros peligros materiales.

El día de la semana dedicado especialmente a los Santos Ángeles es el martes. Procuremos santificarlo siempre con ejercicios de piedad, especialmente oyendo la Santa Misa en su honor y encomendando a Dios nuestras intenciones por su intermedio. En este mes de septiembre, además, dediquémonos a profundizar en la teología de los ángeles, para lo que recomendamos la lectura de un clásico: el tratado De coelesti hierarchia (Sobre la jerarquía celestial) del Pseudo-Dionisio Areopagita. Lamentablemente no se encuentra todavía en la red en su traducción castellana, pero vale la pena comprar el volumen de las Obras Completas de este autor publicado por la Biblioteca de Autores Cristianos (BAC).

CORONA ANGÉLICA DEL ARCÁNGEL SAN MIGUEL



De acuerdo con una piadosa tradición el arcángel san Miguel declaró a una persona devota que le sería grato se pusieran en uso las siguientes oraciones en honor suyo. La propagación y difusión de esta devoción se debe a una religiosa carmelita del monasterio de Vetralla, diócesis de Viterbo (Italia), muerta con fama de santidad en 1751. El 8 de agosto de 1851 Pío IX concedió indulgencias a la práctica de este piadoso ejercicio.

A ser posible, delante de una imagen del santo Arcángel, hacer un acto de verdadera contrición y rezar a continuación devotamente las siguientes salutaciones:

- Oh Dios, ven en mi ayuda.
- Apresúrate, Señor en socorrerme. 
Gloria al Padre...

SALUTACIÓN I

Un Padrenuestro y tres Avemarías 
al primer coro angélico.

Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del celeste coro de Serafines, suplicamos al Señor nos haga dignos de una llama de perfecta caridad. Amén.

SALUTACIÓN II

Un Padrenuestro y tres Avemarías al segundo coro angélico.

Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del coro celeste de Querubines, quiera el Señor concedernos la gracia de abandonar el camino del pecado, y de correr por el de la perfección cristiana. Amén.

SALUTACIÓN III

Un Padrenuestro y tres Avemarías al tercer coro angélico.

Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del sagrado coro de los Tronos, infunda el Señor en nuestros corazones un espíritu de verdadera y sincera humildad. Amén.

SALUTACIÓN IV

Un Padrenuestro y tres Avemarías al cuarto coro angélico.

Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del coro celeste de las Dominaciones, quiera el Señor concedernos la gracia de poder dominar nuestros sentidos y corregir las pasiones depravadas. Amén.

SALUTACIÓN V. 

Un Padrenuestro y tres Avemarías al quinto coro angélico.

Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del celeste coro de las Potestades, dígnese el Señor librar nuestras almas de las asechanzas y tentaciones del demonio. Amén.

SALUTACIÓN VI

Un Padrenuestro y tres Avemarías al sexto coro angélico.

Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del coro de las admirables Virtudes celestiales, no permita el Señor que caigamos en las tentaciones, sino que nos libre de todo mal. Amén.

SALUTACIÓN VII 

Un Padrenuestro y tres Avemarías al séptimo coro angélico.

Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del coro celeste de los Principados, dígnese Dios llenar nuestras almas del espíritu de verdadera y sincera obediencia. Amén.

SALUTACIÓN VIII 

Un Padrenuestro y tres Avemarías al octavo coro angélico.

Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del coro celeste de los Arcángeles, quiera el Señor concedernos el don de la perseverancia en la fe y en las obras buenas, para que podamos conseguir la gloria del paraíso. Amén.

SALUTACIÓN IX 

Un Padrenuestro y tres Avemarías al noveno coro angélico.

Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del coro celeste de todos los Ángeles, dígnese el Señor concedernos que nos guarden en la presente vida mortal, y después nos conduzcan a la gloria eterna de los cielos. Amén.

A continuación se rezan cuatro Padrenuestros: el primero a San Miguel, el segundo a san Gabriel, el tercero a san Rafael, y el cuarto a nuestro Ángel Custodio.

Se concluye este ejercicio con la siguiente antífona y oración final:

Antífona. Gloriosísimo príncipe san Miguel arcángel, cabeza y jefe de los ejércitos celestiales, depositario de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, doméstico en la real morada de Dios, nuestra guía admirable después de Jesucristo, y de excelencia y virtud sobrehumanas, dignaos librar de todo mal a todos los que acudimos a Vos con confianza, y haced por medio de vuestra protección incomparable que adelantemos cada día en servir fielmente a nuestro Dios.

- Ruega por nosotros, oh gloriosísimo San Miguel arcángel, príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
- Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Oración. 
Omnipotente y sempiterno Dios, que con un prodigio de bondad y misericordia para la salvación de todos los hombres elegisteis por príncipe de vuestra Iglesia al gloriosísimo san Miguel arcángel; os suplicamos nos hagáis dignos de que con su benéfica protección nos libre de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos moleste en la hora de nuestra muerte, sino que seamos conducidos por él a la presencia de vuestra divina Majestad. Por Jesucristo Nuestros Señor. Amén.

Devoción a los Ángeles Custodios #Martes #Devociones #Iglesia #Católica



Se Repite 

Señor, ten piedad 
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad 

Cristo, óyenos 
Cristo, escúchanos 

Ten misericordia de nosotros

Dios, Padre Celestial
Dios Hijo, Redentor del mundo 
Dios, Espíritu Santo 
Santísima Trinidad, un solo Dios 

Ruega por nosotros

Santa María, Reina de los Ángeles 
Santo Ángel, que eres mi custodio
Santo Ángel, a quien yo venero como a mi rey
Santo Ángel, que me hablas con tanta caridad 
Santo Ángel. que me das prudentes consejos 
Santo Ángel, celoso protector mío 
Santo Ángel, que me socorres en mis necesidades
Santo Ángel, que me amas tiernamente
Santo Ángel, mi consolador 
Santo Ángel, que me enseñas mis deberes 
Santo Ángel, mi buen pastor 
Santo Ángel, testigo de todas mis acciones 
Santo Ángel, que me defiendes en todo combate
Santo Ángel, que atiendes continuamente mi custodia
Santo Ángel, que me ayudas en todas mis empresas
Santo Ángel, que intercedes por mí 
Santo Ángel, que me llevas de tu mano 
Santo Ángel, que me diriges en todos mis caminos
Santo Ángel, que presides todas mis acciones
Santo Ángel, mi caritativo defensor 
Santo Ángel, que me guías con sabiduría
Santo Ángel, que me defiendes de los peligros 
Santo Ángel, que me enseñas las verdades de la salvación 

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, Perdónanos, Señor. 

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, Escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, Ten misericordia de nosotros 

- Rueguen por nosotros, Santos Ángeles Custodios
- para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo 

Oremos. 
Oh Dios todopoderoso y eterno, que por un efecto de tu inefable bondad nos has dado a todos un Ángel Custodio, haz que yo sienta hacia aquél que Tú me has dado en tu gran misericordia tanto respeto y amor que, ayudado por los dones de tu gracia y por su auxilio, merezca ir a la patria celestial para contemplarte, juntamente con él, en los resplandores de tu gloria. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén. 

San Miguel Arcángel




El nombre de Miguel (en hebreo, "¿quién es como Dios?") recuerda la batalla que se libró en el cielo entre el arcángel "príncipe de la milicia celestial" y el demonio. En la gigantesca lucha entre el bien y el mal, que continúa en la tierra, le corresponde a San Miguel ayudarnos y librarnos. La Iglesia invoca a San Miguel como su defensor. 

Dios a veces usa como Mensajeros a aquellos que siempre están con Él como espíritus. Los que anuncian noticias de menor importancia se llaman ángeles; los encargados de entregar mensajes más importantes se llaman arcángeles.

Por eso es que a la Virgen María no se le envió un ángel común, sino al arcángel Gabriel. Pues para la entrega de este mensaje, el más sublime de todos, era apropiado que se enviara al ángel más alto. Sus nombres individuales también se dan para indicar el tipo de ministerio en el que cada uno es poderoso.

Siempre que se debe realizar alguna misión que requiere de un gran poder, aparece San Miguel. A partir de sus acciones y su nombre, debemos entender que nadie puede hacer lo que solo Dios tiene el poder de hacer. De ahí que el viejo enemigo, que por orgullo aspiraba a ser como Dios diciendo: "Al cielo subiré; sobre las estrellas de Dios levantaré mi trono; subiré a las alturas de las nubes; seré como el Altísimo" (Is. 14: 13-14), en la consumación del mundo, cuando será dejado como presa de su propia vanidad en el castigo eterno, se nos presenta como a punto de entrar en combate con Miguel el Arcángel, según las palabras de San Juan: "Y se hizo guerra en el cielo: Miguel y sus ángeles pelearon contra el dragón" (Apoc. 12: 7). De manera similar, Gabriel, cuyo nombre significa Fuerza de Dios, fue enviado a la Virgen María para anunciar la venida de Aquel que, aunque se dignó asumir la apariencia de humildad, llegaría para vencer a los espíritus etéreos. El nombre de Rafael se interpreta como Medicina de Dios, porque tocó los ojos de Tobías para sanarlos y disipó la oscuridad de su ceguera.


San Miguel es uno de los principales ángeles; su nombre se encuentra cuatro veces en la Escritura:

(1) Daniel 10,13-21: Gabriel le dice a Daniel, cuando él le pide a Dios que le permita a los judíos volver a Jerusalén: "El Ángel (B.D., príncipe) del Reino de Persia me ha hecho resistencia… pero Miguel, uno de los Primeros Príncipes, ha venido en mi ayuda… Nadie me presta ayuda para esto, excepto Miguel, vuestro Príncipe.”

(2) Daniel 12: el Ángel, hablando del fin del mundo y del Anticristo dice: “En aquel tiempo surgirá Miguel, el gran Príncipe que defiende a los hijos de tu pueblo."

(3) En la epístola católica de San Judas 1,9: “En cambio el arcángel Miguel, cuando altercaba con el diablo disputándose el cuerpo de Moisés, etc.” San Judas alude a la antigua tradición judía de una disputa entre San Miguel y Satanás sobre el cuerpo de Moisés, un relato de lo cual también se puede encontrar en el libro apócrifo de la asunción de Moisés (Orígenes, "De principiis", III.2.2). San Miguel escondió la tumba de Moisés; sin embargo Satanás al destaparla, trató de seducir al pueblo judío al pecado del culto a los héroes. San Miguel también custodia el cuerpo de Eva, de acuerdo a la “Revelación de Moisés” (“Evangelios Apócrifos”, etc., ed. A. Walker, Edimburgo, p.647).

(4) Apocalipsis 12,7: “Entonces se entabló una batalla en el cielo: Miguel y sus Ángeles combatieron con el Dragón.” San Juan habla del gran conflicto al final de los tiempos, que refleja también la batalla en el cielo al principio de los tiempos. De acuerdo a los Padres a menudo hay controversia sobre San Miguel en la Escritura donde no se menciona su nombre. Dicen que él era el querubín que estuvo en la puerta delparaíso, “para guardar el camino del árbol de la vida” (Gén. 3,24), el ángel a través de quien Dios publicó el Decálogo para su pueblo escogido, el ángel que se puso en el camino para estorbarle a Balaam (Núm. 22,22 ss.), el ángel que puso en fuga al ejército de Senaquerib (2 Ry. 19,35).

Según estos pasajes bíblicos, la tradición cristiana le da a San Miguel cuatro oficios:

• Pelear contra Satanás.

• Rescatar las almas de los fieles del poder del enemigo, especialmente a la hora de la muerte.

• Ser el campeón del pueblo de Dios: los judíos en la antigua Ley, los cristianos en el Nuevo Testamento; por lo tanto él era el patrón de la Iglesia, y de la orden de caballeros durante la Edad Media.

• Llamar de la tierra y traer las almas de los hombres a juicio (signifer S. Michael repraesent et eas in lucam sanctam, Offert. Miss Defunct. "Constituit eum principem super animas suscipiendas", Antiph. off. Cf. El Pastor de Hermas, III, Simil. 7, 3).

Letanías a San Miguel Arcángel



Se repite 

Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad

Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos

Ten misericordia de nosotros

Dios, Padre Celestial, 
Dios Hijo, Redentor del mundo,
Dios, Espíritu Santo,
Santísima Trinidad, un solo Dios,

Ruega por nosotros

San Miguel,
Tú, cuyo nombre es un relámpago,
Tú, cuyo nombre es un himno a Dios,
Serafín del incensario de oro,
Elevada llama de amor divino,
Perfecto adorador de Dios,
Modelo de sumisión amorosa,
Modelo de pronta obediencia,
Leal servidor de Dios,
Primer heraldo de la verdad,
Primer defensor de la fe,
Primer testigo de Dios,
Instigador de la lucha contra Satanás,
Ángel apóstol de los ángeles,
Celador del Reino de Dios,
Primer defensor de la justicia,
Primer vengador del buen derecho,
Abogado nuestro,
Portador de las llaves del abismo,
Tú que encadenas a Satanás,
Justiciero de Dios,
Portaestandarte de la Trinidad,
Guerrero de armas de luz,
Espada de Dios,
Terror de los traidores y de los perjuros,
Terror de los orgullosos demonios,
Centella de Dios,
Tú que llevas las siete estrellas,
Vencedor de la primera guerra,
Virrey de los ejércitos de Dios,
Inspirador de valentía,
Tú que guerreas por el mundo,
Defensor de los hijos de Dios,
Ángel que vale por mil ejércitos,
Esperanza de los combatientes,
Intrépido soldado de Dios,
Refuerzo dado a las justas causas,
Liberador de los oprimidos,
Caballero de Dios,
Ángel de los pastores de Navidad,
Ángel de Cristo en agonía,
Ángel de la aurora pascual,
Consejero de Constantino,
Guerrero del castillo del Santo Ángel,
Protector de la unidad católica de España y de las Naciones Hispanoamericanas,
Cantor de los gozos marianos,
Espejo del Altísimo,
Ángel vicario del Verbo,
Protector de la Iglesia militante,
Consolador de la Iglesia purgante,
Honor de la Iglesia triunfante,
Tú, que recibes la confesión de nuestros pecados,
Tú, a quien la Iglesia implora en nuestra última hora,
Tú, cuya potente voz despertará a los muertos,
Introductor de las almas al cielo,
Asiste de Cristo en el Gran Día,
Heraldo de las sentencias eternas,
Precantor de las alabanzas divinas,
El más elevado de los serafines,
Príncipe de los nueve coros de Ángeles,

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
ten misericordia de nosotros.

- Ruega por nosotros, glorioso san Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo,
- para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. 

Oremos. 
Señor, te rogamos que la gloriosa intercesión de san Miguel Arcángel nos proteja siempre y en todo lugar, y nos conduzca a la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Martes devoción a los Santos Ángeles de Dios


El martes está generalmente consagrado al culto de los Santos Ángeles y en especial al Ángel custodio. 

Muchos de los santos tenían una gran devoción a los ángeles en general, y a su ángel de la guarda en particular, del mismo modo no debemos olvidar que cada uno tiene su propio ángel a quien acudir. 


ORACIÓN AL ÁNGEL DE LA GUARDA 
PARA TODOS LOS DÍAS
(Santa Gertrudis)

Oh santo Ángel de Dios a cuya guarda he sido confiado por una providencia misericordiosa, te doy gracias por la protección con que  habéis rodeado mi vida temporal y la vida, aún más preciosa de mi alma. Te doy gracias por lo fielmente que me ayudas, por tu protección constante, por tus defensas del los ataques del ángel de las tinieblas. Bendita sea la hora desde la cual trabajas en mi salvación; que el corazón de Jesús lleno de amor por sus hermanos, te recompense. ¡Oh! mi Ángel tutelar; cuánto me arrepiento de mis resistencias a vuestras inspiraciones, de mi poco respeto por vuestra santa presencia, de tantas faltas con las cuales os he contristado. Tú, mi mejor y más fiel amigo, perdóname, no dejes de iluminarme, de guiarme y de reprenderme. No me abandones un solo instante hasta aquel que sea el último de mi vida y que entonces mi alma llevada sobre vuestras alas, encuentre misericordia ante su Juez y la eterna paz entre los elegidos por Dios. Así sea.