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Jueves Eucarístico - Oraciones



ORACIÓN AL SANTÍSIMO SACRAMENTO
DE SANTO TOMAS DE AQUINO

¡Oh, Santísimo Jesús, que aquí sois verdaderamente Dios escondido; concededme desear ardientemente, buscar prudentemente, conocer verdaderamente y cumplir perfectamente en alabanza, y gloria de vuestro nombre todo lo que os agrada. Ordenad, ¡oh Dios mío!, el estado de mi vida; concededme que conozca lo que de mí queréis y que lo cumpla corno es menester y conviene a mi alma. Dadme, oh Señor Dios mío, que no desfallezca entre las prosperidades y adversidades, para que ni en aquellas me ensalce, ni en éstas me abata. De ninguna cosa tenga gozo ni pena, sino de lo que lleva a Vos o aparta de Vos. A nadie desee agradar o tema desagradar sino a Vos. Séanme viles, Señor, todas las cosas transitorias y preciosas todas las eternas. Disgústeme, Señor, todo gozo sin Vos, y no ambicione cosa ninguna fuera de Vos. Séame deleitoso, Señor, cualquier trabajo por Vos, y enojoso el descanso sin Vos. Dadme, oh Dios mío, levantar a Vos mi corazón frecuente y fervorosamente, hacerlo todo con amor, tener por muerto lo que no pertenece a vuestro servicio, hacer mis obras no por rutina, sino refiriéndolas a Vos con devoción. Hacedme, oh Jesús, amor mío y mi vida, obediente sin contradicción, pobre sin rebajamiento, casto sin corrupción, paciente sin disipación, maduro sin pesadumbre, diligente sin inconstancia, temeroso de Vos sin desesperación, veraz sin doblez; haced que practique el bien sin presunción que corrija al prójimo sin soberbia, que le edifique con palabras y obras sin fingimientos. Dadme, oh Señor Dios mío, un corazón vigilante que por ningún pensamiento curioso se aparte de Vos; dadme un corazón noble que por ninguna intención siniestra se desvíe; dadme un corazón firme que por ninguna tribulación se quebrante; dadme un corazón libre que ninguna pasión violenta le domine. Otorgadme, oh Señor Dios mío, entendimiento que os conozca, diligencia que os busque, sabiduría que os halle, comportamiento que os agrade, perseverancia que confiadamente os espere, y esperanza que, finalmente, os abrace. Dadme que me aflija con vuestras penas aquí por la penitencia, y en el camino de mi vida use de vuestros beneficios por gracia, y en la patria goce de vuestras alegrías por gloria. Señor que vivís y reináis, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

Jueves Eucarístico



ORACIÓN PARA UNA VISITA

¡Oh Jesús de mi alma, encanto único de mi corazón!, heme aquí postrado a tus plantas, arrepentido y confuso, como llegó el hijo pródigo a la casa de su padre. Cansado de todo, sólo a Ti quiero, sólo a Ti busco, sólo en Ti hallo mi bien. Tú, que fuiste en busca de la Samaritana; Tú, que me llamaste cuando huía de Ti, no me arrojarás de tu presencia ahora que te busco.

Señor, estoy triste, bien lo sabes, y nada me alegra; el mundo me parece un desierto. Me hallo en oscuridad, turbado y lleno de temor e inquietudes...; te busco y no te encuentro, te llamo y no respondes, te adoro, clamo a Ti y se acrecienta mi dolor. ¿Dónde estás, Señor, dónde, pues no gusto las dulzuras de tu presencia, de tu amor?

Pero no me cansaré, ni el desaliento cambiará el afecto que me impulsa hacia Ti. ¡Oh buen Jesús! Ahora que te busco y no te encuentro recordaré el tiempo en que Tú me llamabas y yo huía... Y firme y sereno, a despecho de las tentaciones y del pesar, te amaré y esperaré en Ti.

Jesús bueno, dulce y regalado padre y amigo incomparable, cuando el dolor ofusque mi corazón, cuando los hombres me abandonen, cuando el tedio me persiga y la desesperación clave su garra en mí, al pie del Sagrario, cárcel donde el amor te tiene prisionero, aquí y sólo aquí buscaré fuerza para luchar y vencer.

No temas que te abandone, cuando más me huyas, más te llamaré y verteré tantas lágrimas que, al fin, vendrás... Sí..., vendrás, y al posarte, disfrutaré en la tierra las delicias del cielo.

Dame tu ayuda para cumplir lo que te ofrezco; sin Ti nada soy, nada puedo, nada valgo... Fortaléceme, y desafiaré las tempestades.

Jesús, mío, dame humildad, paciencia y gratitud, amor..., amor, porque si te amo de veras, todas las virtudes vendrán en pos del amor.

Te ruego por los que amo... Tú los conoces, Tú sabes las necesidades que tienen; socórrelos con generosidad. Acuérdate de los pobres, de los tristes, de los huérfanos, consuela a los que padecen, fortalece a los débiles, conmueve a los pecadores para que no te ofendan y lloren sus extravíos.

Ampara a todos tus hijos, Señor, más tierno que una madre.

Y a mí, que te acompaño cuando te abandonan otros, porque he oído la voz de la gracia; a mí, que no te amo por el cielo, ni por el infierno te temo; a mí, que sólo busco tu gloria y estoy recompensado con la dicha de amarte, auméntame este amor y dadme fortaleza para luchar y obtener el apetecido triunfo.

Adiós, Jesús de mi alma salgo de tu presencia, pero te dejo mi corazón; en medio del bullicio del mundo estaré pensando en Ti, y a cada respiración, entiende. oh Jesús, que deseo ser tuyo. Amén.

Jueves Eucarístico




SALUDO JESÚS SACRAMENTADO

Oh Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, aquí presente en el Santísimo Sacramento del altar, creo todo lo que Vos, mi Señor, me habéis revelado. Arrepentido de todos mis pecados, esperando en Vos que nunca permite que sea confundido, agradeciendo por este don supremo, amándoos sobre todas las cosas en este Sacramento de vuestro amor, adorándoos en el misterio profundo de vuestra humildad, os manifiesto y hago patente todas las heridas y miserias de mi pobre corazón y os pido me deis todo lo que necesito y deseo. Pero tan solo os necesito a Vos, oh Dios mío, tan solo os deseo a Vos, vuestra gracia y la gracia de usar debidamente vuestras gracias, poseeros en esta vida y poseeros en la otra.

Bendito seáis, oh poder divino de vuestro paternal Corazón, que aunque todo lo podéis, sin embargo, no podíais darnos un don más precioso que este Santísimo Sacramento.

Oh Pan celestial, gran Sacramento, os adoro y os alabo en todo momento. (repítase después de cada alabanza.)

Bendita seáis, oh Sabiduría del Verbo Divino, que todo lo sabéis y lo ordenáis, y sin embargo no sabíais prepararnos una comida más exquisita, que este Santísimo Sacramento.

Bendito seáis, oh Dios mío, que en vuestra inefable dulzura de amor os habéis transformado en este pan para dárosnos como el más dulce manjar.

Bendito seáis, oh Dios mío, que habéis encerrado todos vuestros misterios en esta humilde forma de pan terrenal. ¡Oh Trinidad Santísima!

Jueves Eucarístico: Adoramos a Jesús Sacramentado con san Juan Pablo II




Señor Jesús:

Nos presentamos ante ti sabiendo que nos llamas y que nos amas tal como somos.

«Tú tienes palabras de vida eterna y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Hijo de Dios» (Jn. 6,69).

Tu presencia en la Eucaristía ha comenzado con el sacrificio de la última cena y continúa como comunión y donación de todo lo que eres.

Aumenta nuestra FE.
Por medio de ti y en el Espíritu Santo que nos comunicas, queremos llegar al Padre para decirle nuestro SÍ unido al tuyo.

Contigo ya podemos decir: Padre nuestro.

Siguiéndote a ti, «camino, verdad y vida», queremos penetrar en el aparente «silencio» y «ausencia» de Dios, rasgando la nube del Tabor para escuchar la voz del Padre que nos dice: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo mi complacencia: Escuchadlo» (Mt. 17,5).

Con esta FE, hecha de escucha contemplativa, sabremos iluminar nuestras situaciones personales, así como los diversos sectores de la vida familiar y social.

Tú eres nuestra ESPERANZA, nuestra paz, nuestro mediador, hermano y amigo.

Nuestro corazón se llena de gozo y de esperanza al saber que vives «siempre intercediendo por nosotros» (Heb. 7,25).

Nuestra esperanza se traduce en confianza, gozo de Pascua y camino apresurado contigo hacia el Padre.

Queremos sentir como tú y valorar las cosas como las valoras tú. Porque tú eres el centro, el principio y el fin de todo.

Apoyados en esta ESPERANZA, queremos infundir en el mundo esta escala de valores evangélicos por la que Dios y sus dones salvíficos ocupan el primer lugar en el corazón y en las actitudes de la vida concreta.

Queremos AMAR COMO TÚ, que das la vida y te comunicas con todo lo que eres.

Quisiéramos decir como San Pablo: «Mi vida es Cristo» (Flp. 1,21).

Nuestra vida no tiene sentido sin ti.

Queremos aprender a «estar con quien sabemos nos ama», porque «con tan buen amigo presente todo se puede sufrir». En ti aprenderemos a unirnos a la voluntad del Padre, porque en la oración «el amor es el que habla» (Sta. Teresa).

Entrando en tu intimidad, queremos adoptar determinaciones y actitudes básicas, decisiones duraderas, opciones fundamentales según nuestra propia vocación cristiana.

CREYENDO, ESPERANDO Y AMANDO, TE ADORAMOS con una actitud sencilla de presencia, silencio y espera, que quiere ser también reparación, como respuesta a tus palabras: «Quedaos aquí y velad conmigo» (Mt. 26,38).

Tú superas la pobreza de nuestros pensamientos, sentimientos y palabras; por eso queremos aprender a adorar admirando el misterio, amándolo tal como es, y callando con un silencio de amigo y con una presencia de donación.

El Espíritu Santo que has infundido en nuestros corazones nos ayuda a decir esos «gemidos inenarrables» (Rom. 8,26) que se traducen en actitud agradecida y sencilla, y en el gesto filial de quien ya se contenta con sola tu presencia, tu amor y tu palabra.

En nuestras noches físicas y morales, si tú estás presente, y nos amas, y nos hablas, ya nos basta, aunque muchas veces no sentiremos la consolación.

Aprendiendo este más allá de la ADORACIÓN, estaremos en tu intimidad o «misterio». Entonces nuestra oración se convertirá en respeto hacia el «misterio» de cada hermano y de cada acontecimiento para insertarnos en nuestro ambiente familiar y social y construir la historia con este silencio activo y fecundo que nace de la contemplación.

Gracias a ti, nuestra capacidad de silencio y de adoración se convertirá en capacidad de AMAR y de SERVIR.

Nos has dado a tu Madre como nuestra para que nos enseñe a meditar y adorar en el corazón. Ella, recibiendo la Palabra y poniéndola en práctica, se hizo la más perfecta Madre.

Ayúdanos a ser tu Iglesia misionera, que sabe meditar adorando y amando tu Palabra, para transformarla en vida y comunicarla a todos los hermanos.
Amén.

Juan Pablo II

Lunes 15 de Junio: Memoria Litúrgica de santa María Magdalena del Santísimo Sacramento



Esta mujer heroica que nació en Madrid España en 1809, tuvo que pasar por situaciones verdaderamente amargas, antes de llegar a la santidad. Era todavía muy joven cuando murió su madre. Su padre murió también inesperadamente. Su hermano Luis pereció en un accidente al caerse de un caballo, y su hermanita Engracia fue llevada imprudentemente por una niñera a ver la escena del ahorcamiento de un criminal y la jovencita al ver esta escena se enloqueció. Le quedaba una hermana, Manuela, pero esta tuvo que salir al destierro porque los enemigos políticos de su esposo se apoderaron del gobierno. 

Recibió una educación muy seria. Empieza un noviazgo, y después de tres años de amistad muy armoniosa, y muy santa con su novio, este de un momento a otro se aleja, porque sus familiares se lo han ordenado así. Entonces las lenguas maledicientes se dedican a hablar mal de Magdalena. Ella en su autobiografía añade: "En vez de hablar de esto con mis amistades, lo que hacíamos era llevar cuenta de los rezos que hacíamos, y ver quién había rezado más".

Su hermano fue nombrado embajador en París, y después en Bruselas (Magdalena era de familia de alta clase social española). Ella tuvo que acompañarlo y entonces empezó una vida muy especial: madrugar muchísimo para alcanzar a hacer sus prácticas de piedad, ir a la Santa Misa, comulgar y aprovechar la mañana para hacer sus obras de caridad. De mediodía en adelante asistir a banquetes diplomáticos, bailes, funciones de teatro, salir de paseo a caballo, rodeada de gente de la aristocracia y mostrarse siempre alegre y sonriente a pesar de los dolores continuos de estómago a causa de una especie de cáncer que parecía devorarle el vientre.

Ante tantísimos peligros para su virtud, lo que conservaba en gracia de Dios a la joven y elegante Magdalena era su comunión diaria, las mortificaciones que hacía y el haber encontrado un santo director espiritual, el Padre Carasa. Una de sus mortificaciones consistía en que cuando iba a funciones de teatro (donde la gente se presenta muy deshonestamente vestida) ella se colocaba unos anteojos que por más que esforzara la vista no le dejaban ver lo que pasaba en el escenario.

Mientras por las tardes y noches tenía que estar en las labores mundanas de la diplomacia, por las mañanas estaba visitando pobres, enfermos e iglesias muy necesitadas y dejando en todas partes copiosas limosnas (su familia era muy adinerada). Nadie podía imaginar al verla tan elegante en las fiestas sociales, que esa mañana la había pasado visitando casuchas y ayudando a gentes abandonadas.

Al volver a España la invitaron en Burdeos a una reunión en la casa del Cónsul. Allí la esperaba el Sr. Arzobispo para pedirle que hiciera de mediadora frente a unas monjitas que engañadas por un jansenista (los jansenistas son herejes que dicen que quien no es santo no puede recibir ningún sacramento) se habían rebelado contra el arzobispo. Micaela, aprovechando su admirable simpatía que le hacía ganarse a las gentes, se fue al convento y obtuvo que las religiosas hicieran unos días de Ejercicios Espirituales, y al final de esos Retiros, las monjitas, presididas por nuestra santa, hicieron la paz con el Sr. Arzobispo.

El Padre Carasa le recomendó que al volver a Madrid se entrevistara con una dama muy santa llamada María Ignacia Rico. Así lo hizo y entonces aquella caritativa mujer la llevó al hospital San Juan de Dios, donde estaban las mujeres de mala vida que caían enfermas. La santa afirma que "allí sufren el olfato, la vista, el tacto, los oídos" y que "todos los sentimientos tienen allí ocasión para padecer". Micaela ni siquiera sabía que existía esa clase de mujeres y nunca se había imaginado que los hombres dieran un trato tan injusto y cruel a esas pobres criaturas, después de haberlas corrompido.

Aquel espectáculo del hospital fue para Magdalena como una revelación del cielo. Y cuando supo no sólo la situación horrorosa de esas pobres muchachas enfermas en el hospital, sino la espantosa vida que les esperaba cuando salieran de allí, pensó que era absolutamente necesario hacer algo concreto para ayudarlas. Y con su amiga María Ignacia consiguieron una casita para llevar allí las muchachas en peligro para preservarlas, y a las que ya habían sido víctimas, para redimirlas y salvarlas.

Y sucedió entonces que alrededor de Magdalena hubo una verdadera tormenta de incomprensiones y abandonos aun de sus mejores amistades. Ahora se cumplía la antigua frase de San Ignacio: "El mundo no tiene oídos para poder escuchar tan grande estruendo". ¿A quién se le iba a ocurrir que una mujer de la más alta clase social, emparentada con las familias más ricas y famosas de la capital, se fuera a dedicar a cuidar prostitutas o mujeres de mala vida? Todas sus antiguas amistades se negaron a ayudarle, y ya ni la reconocían como amiga.

Y luego sucedió lo que ninguno había esperado: Magdalena dejó su casa elegante en un barrio rico y se fue a vivir con unas pobres mujeres de mala vida en una casucha miserable, para poder transformarlas en personas honradas y santas.

Al Sr. Arzobispo le llevan cuentos y calumnias y entonces él envía a un sacerdote para que saque de la Casa de Micaela el Santísimo Sacramento. Cuando el sacerdote llega, la santa se dedica a orar por él, y éste, después de rezar unos minutos de rodillas, cambia de parecer y se va sin llevarse el Santísimo Sacramento.

Le llega un director espiritual demasiado rígido que el prohibe hacer caso a los mensajes interiores que Dios le da. Una voz le dice: "Micaela, se va a incendiar la sacristía", pero ella no puede hacer caso a esto, y tiene que dejar que suceda. Otra voz le dice: "Le echaron veneno a la comida", pero como el director le prohibió hacer caso a esas voces empieza a comer. Sólo que al sentir el sabor tan desagradable de aquel alimento, se dice: "Aunque fuera sin voces, yo no me comería esto por lo asqueroso", y se detiene. Pero alcanza a enfermarse bastante. Afortunadamente, en vez de ese equivocado director le llega un santo de primera clase, a dirigirla, es San Antonio María Claret, y bajo su dirección sí puede progresar grandemente en santidad.

Son las diez de la mañana y no hay con qué hacer desayuno para tantas jóvenes. Llega un misionero de Filipinas y la santa le cuenta su terrible situación. El misionero le entrega una moneda de oro que le han regalado. Corren a comprar alimentos, y las muchachas exclaman: - ¡La superiora nos estaba haciendo una broma diciendo que no había comida! ¡Miren qué abundante comida nos tenía por ahí guardada!.

Cuenta Micaela en su autobiografía: "N.N. es una muchacha que me ha hecho muchos robos y me ha inventado cuentos horrendos. Pero yo la sigo tratando con gran cariño, como si fuera mi mejor amiga". Más adelante añade: "Las gentes me viven inventando mil cosas malas que nunca he hecho y ni siquiera he pensado… pero bendito sea Dios que de lo malo que sí he hecho no saben nada!".

Un día va a una casa de citas a rescatar a una muchacha a la cual tiene allá obligada. La insultan, le lanzan piedras, le dicen todas las vulgaridades que nunca había escuchado, pero ella sigue sonriendo como si estuviera recibiendo honores, sale por entre esa multitud infernal, llevándose a la muchacha y salvándola para siempre.

La reina de España que la aprecia mucho la invita al palacio para pedirle unos consejos. Entonces Micaela que en otros tiempos era una de las mujeres más elegantemente vestidas de la capital, se va allá con vestidos viejos y desteñidos. Las damas de la corte se burlan de ella y ni siquiera le contestan el saludo, pero ella sale de aquel palacio muy contenta, porque pudo practicar la virtud de la humildad.

Una mujer mala le inventa tremendas calumnias. El obispo llama a nuestra santa y le lanza el regaño más espantoso. El Padre Director Espiritual, P. Carasa, le niega hasta el saludo. Micaela no se defiende. Ella recuerda lo que decía San Francisco de Sales: "Dios sabe qué tanta cantidad de buena fama necesito, y El me concederá la suficiente buena fama para que pueda seguir trabajando por las almas". Después saben que todo lo que habían dicho eran calumnias, y le piden excusas. Ella mientras tanto no había perdido la alegría ni la paz.

El 6 de enero de 1859, con siete compañeras funda la Comunidad de Hermanas Adoratrices del Santísimo Sacramento, dedicadas a adorar a Cristo Jesús en la Eucaristía y a trabajar por preservar a las muchachas en peligro, y a redimir a las pobres que ya cayeron en los vicios y en la impureza.

Su comunidad se extendió por Barcelona, Valencia y Burgos y ahora tiene 1,750 religiosas en el mundo en 178 casas.

Ella escribiendo a sus religiosas les decía: "Difícil encontrar otra fundadora de comunidad que haya sido más acusada, más calumniada y más regañada que yo. Mis acciones las juzgan de la peor manera posible". Pero también podía repetir las palabras de San Pablo: "Poco me interesa lo que las gentes están diciendo de mí. Mi juez es Dios".

En sus casas mandaba colocar esta bella frase, un mensaje de Dios a sus religiosas para que no se desanimaran en la pobreza y en las dificultades: "MI PROVIDENCIA Y TU FE, MANTENDRÁN LA CASA EN PIE".

La Madre Micaela había estado socorriendo a los enfermos en la peste de tifo negro en los años 1834, 1855 y 1856, y había logrado no contagiarse. Pero en el año 1856 al saber que en Valencia había estallado la terrible peste del tifo, se fue allí a socorrer a los apestados. Y se contagió de la mortal enfermedad.

Al padre confesor le dijo: "Padre, esta es mi última enfermedad". Y en verdad que fue la última y la más dolorosa. Calambres casi continuos. Dolores agudísimos. El médico declaró: "Nunca había visto a una persona sufrir tanto y con tan grande paciencia y heroísmo".

El 24 de agosto de 1856, a las 12, abrió los ojos, los elevó hacia el cielo y murió. La enterraron sin ninguna solemnidad en una fosa ordinaria en el cementerio.

Pero Dios la glorificó haciendo milagros por su intercesión y hoy sus religiosas siguen salvando del pecado y de la perdición a miles de jóvenes en todo el mundo.

Recuerdos: Congreso Eucarístico Internacional 1934 - Buenos Aires, Argentina



Himno del XXXII Congreso Eucarístico Internacional 
Buenos Aires, Argentina 1934. 

¡Dios de los corazones
Sublime Redentor
Domina a las naciones
Y enséñales tu amor!
 
1. Señor Jesucristo, 
Que en la última Pascua
Tu Sangre divina,
Diste antes de darla:
Tu Cuerpo y tu Sangre
Deseamos con ansias...
¡En donde está el cuerpo,
Se juntan las águilas!
 
2. Conocen tu nombre
La urbe y el río,
La línea que es Pampa
Y el germen que es trigo...
Y cálidas notas
De timbre argentino
Saludan tu hechura
De Dios escondido. 
 
3. Pasearon el Corpus
Por nuestros solares
Los hombres que luego
Fundaban ciudades,
Y abrían los surcos
Para los trigales...
(Espigas dan hostias
Y leños altares).
 
4. Bandera tu cuerpo
Fue en la azul atmósfera
Y el cáliz dorado
Fue el sol de la gloria.
Antes que el arado
Rompiera la costra.
De la tierra virgen
Se elevó tu forma.
 
5. Rey manso que sellas
La tierra argentina
Con el sello blanco
De la Eucaristía;
La Patria se aroma
De incienso de Misa
Tú rozas los labios
Y alientas las vidas.
 
6. En torno a tu mesa
Cien pueblos y razas
Nutrió de infinitos
Tu oculta substancia.
Pequeñez inmensa
Que multiplicada
Es pan para el hambre
De todas las almas.

Oración por el éxito del Congreso Eucarístico Internacional 
a Jesús Sacramentado

¡Oh, Jesús!, Señor nuestro, creemos que estáis verdadera, real y substancialmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Que os inmoláis por nuestra salvación todos los días en el sacrificio de la misa y fortalecéis nuestras almas dándoos Vos mismo como alimento en la santa comunión.
 
¡Oh, Jesús!, Señor nuestro, bendecid el Congreso Eucarístico que para vuestra mayor gloria vamos a realizar. Coronadlo con el éxito más completo. Que triunfe el amor de vuestro Corazón divino sobre la indiferencia de los hombres. Que aumente más y más el conocimiento de vuestra presencia real en el Santísimo Sacramento y que los corazones se sientan más inflamados de amor a Vos que sois el mismo Amor.
 
¡Oh, Jesús!, Señor nuestro, desde el santo tabernáculo, donde los ángeles os acompañan y glorifican en desagravio de nuestras ingratitudes, volved a nosotros vuestras miradas misericordiosas a fin de que en nuestra querida patria sintamos el influjo de vuestro amor y en el mundo entero las almas de nuestros hermanos se sientan atraídas a Vos.
 
¡Oh, Jesús!, Señor nuestro, inflamad los corazones de todos en el amor a la santa Eucaristía. Que se extienda la práctica de la comunión frecuente y la unión diaria de las almas buenas con Vos que sois la Vida. Y que los pueblos todos de la tierra, postrados ante el Santísimo Sacramento, os aclamen su Rey por los siglos de los siglos. Así sea.
 
JACULATORIAS
 
Alabado sea el Santísimo Corazón Eucarístico de Jesús. (300 días de indulgencia).
 
Sagrado Corazón de Jesús, bendecid el futuro Congreso.
 
Santísima Virgen de Lujan, Patrona de la República Argentina, rogad por nuestra patria para que en el próximo Congreso Eucarístico glorifique a Jesús Sacramentado.
 
San José, Patrono de la Iglesia universal, rogad por nosotros.
 
San Pascual, Patrono de los Congresos Eucarísticos, rogad por nosotros.
 
San Martín de Tours, Patrono de Buenos Aires, rogad por nosotros.
 
En uso de las facultades delegadas por la Santa Sede, concedemos cien días de indulgencia a los fieles que rezaren devotamente esta plegaria.
 
Buenos Aires, 18 de Febrero de 1933.
Mons.. Cortesi, Arzobispos de Sirace. 
Nuncio Apostólico.

El Cardenal Eugenio Maria Giuseppe Giovanni Pacelli, 
futuro Pío XII, enviado como delegado del 
Roma Pontífice en Buenos Aires, Argentina para el 
Congreso Eucarístico Internacional. 



 

       Fieles argentinos recibiendo
       la Santa Comunión: en la boca y de rodillas.

Preces en forma de letanías al Santísimo Sacramento



Ten misericordia de nosotros 

Pan vivo bajado del cielo 
Dios oculto y salvador 
Trigo de los predestinados 
Vino que engendra Vírgenes 
Pan sustancial 
Sacrificio perpetuo
Ofrenda pura 
Cordero sin mancha
Mesa purísima 
Manjar de los Ángeles 
Maná escondido 
Recuerdo de las maravillas de Dios 
Verbo encarnado
Habitante entre nosotros 
Hostia Divina 
Hostia Santa 
Cáliz de bendición 
Misterio de nuestra fe
Excelso y venerable Sacramento 
El más santo de todos los sacrificios
Verdaderamente propiciatorio para vivos y difuntos 
Antídoto contra todo pecado 
Milagro estupendo sobre todos los milagros 
Memoria sacratísima de la pasión del Señor 
Don que excede toda riqueza
Recuerdo del divino amor 
Remedio de la inmortalidad 
Sacramento que da la vida 
Incruento sacrificio
Comida y convidador del festín divino
Convite dulcísimo, en el que sirven los ángeles 
Sacramento de piedad 
Vínculo de caridad 
Alimento de las almas santas 
Viático de los que mueren en el Señor 
Prenda preciosa de la futura gloria 

Sénos propicio. Perdónanos Señor. 
Sénos propicio. Escúchanos Señor.

Líbranos, Señor 

De recibir indignamente a tu bendito Cuerpo y Sangre
De la concupiscencia de la carne 
De la concupiscencia de los ojos 
De la soberbia 
De toda ocasión de pecar 
Por aquel ardiente deseo que tenias de comer la Pascua con tus discípulos
Por la profunda humildad con que lavaste los pies a tus discípulos
Por la ardentísima caridad con que instituiste este divino Sacramento
Por tu preciosísima Sangre, que nos dejaste en el altar 
Por tus cinco llagas impregnadas en tu sacrosanto Cuerpo 

Te rogamos, óyenos 

Nosotros pecadores
Que te dignes conservar y aumentar en nosotros la fe, reverencia y devoción a este admirable Sacramento
Que por la verdadera confesión de los pecados, te dignes llevarnos a recibir con frecuencia la divina Eucaristía
Que te dignes librarnos de toda herejía, cisma y ceguedad del corazón 
Que te dignes hacernos participantes de los preciosos y celestiales dones de este Santísimo Sacramento
Que en la hora de la muerte te dignes confortarnos, y fortalecernos con este viático celestial. 

- Les diste Señor el pan del cielo 
- que contiene en sí todo deleite

Oremos. 

Dios, que en este Admirable Sacramento, nos dejaste el memorial de tu Pasión, concédenos, que al venerar los sagrados Misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, de tal manera que sintamos el fruto de tu Redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén. 

¡Bendito y alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar!
¡Sea por siempre Bendito y Alabado! 

Letanías del Santísimo Sacramento



Se repite 

Señor, ten misericordia de nosotros 
Cristo, ten misericordia de nosotros
Señor, ten misericordia de nosotros.

Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos 

ten misericordia de nosotros 
Dios, Padre Celestial,
Dios Hijo, Redentor del mundo,
Dios, Espíritu Santo,
Santísima Trinidad, un solo Dios, 

Jesús, Eterno y Sumo Sacerdote del Sacrificio Eucarístico,
Jesús, Víctima Divina sobre el Altar para nuestra salvación, 
Jesús, oculto bajo la apariencia del pan, 
Jesús, morando en los tabernáculos del mundo,
Jesús, real, verdaderamente y substancialmente presente en el Santísimo Sacramento, 
Jesús, viviendo en Su plenitud, Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, 

Jesús, Pan de la Vida, 
Jesús, Pan de los Ángeles,
Jesús, siempre con nosotros hasta el fin del mundo, 

Hostia Sagrada, sima y fuente de toda veneración y de la vida Cristiana, 
Hostia Sagrada, signo y causa de la unidad de la Iglesia,
Hostia Sagrada, adorada por ángeles sin número,
Hostia Sagrada, alimento espíritual,
Hostia Sagrada, Sacramento de amor, 
Hostia Sagrada, lazo de caridad,
Hostia Sagrada, la asistencia más grande para la santidad,
Hostia Sagrada, don y gloria del sacerdocio, 
Hostia Sagrada, en el cual participamos de Cristo,
Hostia Sagrada, en el cual el alma se llena de gracia,
Hostia Sagrada, en el cual somos otorgados una plegaria para nuestra futura gloria,

Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar, (se repite tres veces)

Ten piedad, Señor

Para aquellos que no creen en Tu presencia Eucarística, 
Para aquellos que son indiferentes al Sacramento de Tu amor,
Para aquellos que te han ofendido en el Santo Sacramento del Altar , 

Te rogamos, óyenos

Que podamos hacer reverencia apropiada cuando entramos en Tu templo sagrado,
Que podamos prepararnos dignamente antes de acercarnos al Altar, 
Que podamos recibirte frecuentemente en la Santa Comunión con verdadera devoción y humildad,
Que nunca dejemos de agradecerte por tus bendiciones tan maravillosas,
Que podamos apreciar el tiempo en silenciosa oración ante Ti,
Que podamos crecer en el conocimiento de este Sacramento de Sacramentos, 
Que todos los Sacerdotes tengan un amor profundo por la Sagrada Eucaristía, 
Que puedan celebrar el Santo Sacrificio de la Misa de acuerdo con su sublime dignidad,
Que podamos ser reconfortados y santificados con el Santo Viático en la hora de nuestra muerte,
Que podamos verte a la cara en el Cielo en un día por venir, 

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten misericordia de nosotros, Señor.

- Santísimo Sacramento y Divinísimo Sacramento,
- que tuyas sean toda alabanza y acción de gracias en todo momento. 

Oremos. 

Dios nuestro, lleno de misericordia, Tú continúas atrayendonos a Ti, a través del Misterio Eucarístico de Cristo. Concédenos la fe ferviente en este Sacramento de Amor, en el cual Cristo el Señor mismo, está contenido, ofrecido y es recibido. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

¿Jueves Eucarísticos?



Son dos las razones por las que la Iglesia eligió el jueves como el día de adoración eucarística:

Jueves Santo

Esta es la razón principal por la que el jueves es considerado eucarístico. Recordemos que en la Semana Santa se recuerda la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús.

Fue el Jueves Santo, el día en que se se celebró la Última Cena y en ella se instituyó la Eucaristía.

La Iglesia conmemora la Pasión todas las semanas y por eso se celebra Misa cada domingo, en memoria de la resurrección de Cristo.

Sagrado Corazón de Jesús

Un hecho ocurrido en 1673 con Santa Margarita María de Alacoque, coronó los jueves como días especialmente eucarísticos.

Fue a ella a quien se le apareció el Sagrado Corazón de Jesús durante dos años. La primera vez que se le apareció, ella estaba rezando en el Santísimo.

Cristo se le aparecía cada primer viernes de cada mes, y en una ocasión indicó que todas las noches del jueves al viernes, haría que la santa le acompañe en el Huerto de los Olivos; para rezar la misma plegaria que Él hizo al Padre la noche antes de morir.

Así cada jueves se hizo común tener la “Hora Santa” para acompañar a Cristo en oración antes del Viernes de la Pasión.

Los Jueves Eucarísticos son muy especiales para la vida espiritual.