> SoydelaVirgen

--------------------------------------------- San Martin de Tours y La Virgen de los Buenos Aires / La Inmaculada Concepción y San Ponciano | Patronos de la Ciudad de Buenos Aires / Patronos de la Ciudad de La Plata -----------------------

Misa de Santa Teresa de Calcuta. 5 de Septiembre

 5 de septiembre

SANTA TERESA DE CALCUTA, VIRGEN Y FUNDADORA

Solemnidad


ANTÍFONA DE ENTRADA                Cf. Mt 25,34-35

Venid, vosotros, benditos de mi Padre, dice el Señor: tuve sed y me disteis de beber; por eso, ahora os doy yo a beber del agua de la vida eterna.

Se dice Gloria.

ORACIÓN COLECTA

Oh Dios, que llamaste a santa Teresa, virgen, para que correspondiera al amor de tu Hijo, sediento en la cruz, con una eximia caridad hacia los más pobres, te pedimos que nos concedas, por su intercesión, servir a Cristo en los hermanos afligidos. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Se dice Credo.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Recibe, Señor, la ofrenda de nuestra humildad que te presentamos en la solemnidad de santa Teresa para que, al participar en este sacramento, seamos inflamados en la caridad y consumados por el celo de la salvación de las almas. Por Jesucristo nuestro Señor.

PREFACIO

Misionera de la caridad

V/. El Señor esté con vosotros.

R/. Y con tu espíritu.

V/. Levantemos el corazón.

R/. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V/. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R/. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, 
es nuestro deber y salvación 
darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo Dios todopoderoso y eterno.


Porque has concedido a santa Teresa compartir la sed de tu Hijo crucificado haciéndola misionera de la caridad;
ella ha cargado sobre sí el abandono de los pobres y, poniéndose a su servicio,
ha irradiado la luz de tu amor misericordioso.

Por eso, con los Ángeles y los Arcángeles,
y con la numerosa asamblea de los Santos,
te cantamos el himno de alabanza diciendo sin cesar: 

ANTÍFONA DE COMUNIÓN               Mt 25,40

En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis, dice el Señor.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Señor Dios nuestro, los santos misterios que hemos recibido, incrementen en nosotros el ardor de la caridad con el que santa Teresa gozosamente amó y sirvió a tu Hijo Jesucristo en los pobres. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Del 5 al 13 de Septiembre: Novena en preparación a la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz

 


Por la señal de la Santa Cruz. De nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de Contrición antes de la Novena

Pésame Dios mío y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido. Pésame por el infierno que merecí y por el cielo que perdí; pero mucho más me pesa porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan amable como Vos y porque con mis pecados, he sido causa de la pasión y muerte de mi Redentor Jesús. Antes querría haber muerto que haberos ofendido, y propongo firmemente ayudado por tu divina gracia, no pecar más y apartarme de todas las ocasiones de pecado. Jesús mío, misericordia, misericordia y perdón.

Oración para el primer día

Te saludo, Cruz Santísima, con todos los nueve coros de Celestiales Espíritus y doy al Señor con todos ellos, todas cuantas gracias puedo, porque se dignó  honrarte haciendo de Ti trono de la Majestad Divina, para remedio del mundo, crédito de sus milagros y reparo de aquella primera caída, porque seas alabada. Amén.

Cinco Padrenuestros y cinco Gloria

Oración para el segundo día

Te saludo, Cruz Santísima, con todos los Santos Patriarcas, y doy al Señor con ellos todas cuantas gracias puedo, porque se dignó honrarte queriendo que fueses adorada de las gentes, y lo que es más de la Reina de los Ángeles, con aquella adoración que sólo se debe a su Majestad Santísima, que sea alabada para siempre. Amén.

Oración para el tercer día

Te saludo, Cruz Santísima, con los Santos Profetas, y doy al Señor con ellos, todas cuantas gracias puedo, porque se dignó honrarte poniendo en ti el fundamento de la militante Iglesia, adornada de los siete sacramentos  y demás misterios que en virtud veneramos, porque seas alabada en los siglos de los siglos. Amén.

Oración para el cuarto día

Te saludo, Cruz Santísima, con todos los Santos Apóstoles,  y doy al Señor con ellos, todas cuantas gracias puedo, porque se dignó honrarte haciendo que en tu virtud se convirtieran tantas almas, así de obstinados pecadores como de apóstatas y gentiles, que alumbrados de tu indeficiente luz abjuran de sus errores, confesando una fe, un bautismo, una Iglesia, una verdadera ley y un Dios y Señor de todo, que ser adorado para siempre. Amén.

Oración para el quinto día

Te saludo, Cruz Santísima, con todos los Santos Evangelistas,  y doy al Señor con ellos, todas cuantas gracias puedo, porque se dignó honrarte haciendo que en tu virtud se salven tanta infinidad de almas, siendo Tú la llave maestra que a todos les franqueas el Paraíso  para gozarte en la gloria cantando a Dios alabanzas por toda la eternidad. Amén.

Oración para el sexto día

Te saludo, Cruz Santísima, con todos los Santos Mártires,  y doy al Señor con ellos, todas cuantas gracias puedo, porque se dignó honrarte haciendo que en tu invención milagrosa se halle el más precioso tesoro que venera nuestra fe, suscitando en él sus antiguas maravillas con destrucción de los ídolos,  confusión de los gentiles y crédito de su loable providencia, que sea alabada por siempre. Amén.

Oración para el séptimo día

Te saludo, Cruz Santísima, con todos los Santos Confesores,  y doy al Señor con ellos, todas cuantas gracias puedo, porque se dignó honrarte obrando en tu virtud, aquel admirable triunfo que en las Navas de Tolosa hizo cantar a los fieles la victoria con la vista rubicunda de su Santísima Imagen, y sobre todo por el triunfo que consiguió del demonio, quedando éste confundido y adorada la Majestad verdadera que sea ahora y siempre venerada en la Santísima Cruz. Amén.

Oración para el octavo día

Te saludo, Cruz Santísima, con todas las Santas Vírgenes y muy en particular con la primacía de ellas  y doy al Señor con ellas, todas cuantas gracias puedo, porque se dignó honrarte permitiendo el que fueses restituida con gloriosa exaltación al mismo lugar en que antes te habías visto exaltada por el autor de la vida, con el aplauso que ahora hace venerarte como preciosa reliquia; llenando al mundo de admiración y milagros, para que así confesemos lo que debemos a Dios en la Santísima Cruz y que sea adorada para siempre. Amén.

Oración para el noveno día

Te saludo, Cruz Santísima, con todos los justos de la tierra y cortesanos del cielo; y doy al Señor con ellos, todas cuantas gracias puedo, porque se dignó honrarte proveyendo en tu virtud muchos frutos, que redunda a la Católica Iglesia, en la expulsión de demonios, extirpación de herejías, dilatación de la fe, exaltación de su Santísimo nombre y demás misterios que confesamos, para honra y gloria de Jesús que en la Cruz y con la Cruz sea alabado eternamente. Amén.

Antífona

¡Oh! Cruz Santísima, más resplandeciente que todos los astros y más santa que los santos; para el mundo célebre, para los hombres amable; que sola fuiste digna de contener en tu gremio todo el rescate del mundo; dulce leño, dulces clavos, dulces penas que toleradas en ti por mi Señor Jesucristo, fueron el remedio nuestro. Salva a todos los cristianos que en este día repiten tus alabanzas.

- Te adoramos Cristo y te bendecimos.

- Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Oración para todos los días

¡Oh Cruz Santísima!  Nobilísima entre todos los árboles frondosos, que hermoseas el jardín ameno de la militante Iglesia; reina del Padre, astro del Hijo, sello del Espíritu Santo; honra y gloria del mismo Crucificado, crédito de las maravillas de Dios, oliva frondosa, cedro escogido de Dios, palma encumbrada en el jardín de la Iglesia, ciprés excelso, trono sagrado del Omnipotente Rey, árbol de la vida y fuente de la bienaventuranza, te adoro y humildemente te alabo, y doy a Dios muchas gracias, poniendo debajo de tus misteriosos brazos  mi necesidad presente con todas las de la Iglesia, para que por tu virtud se digne el Señor remediarlas, si ha de ser para servirle, bien de mi alma,  aumento de la virtud y crédito de ti misma, que es lo que yo más deseo y sobre esto, una acertada, feliz y dichosa muerte, y que por ti me reciba el que por ti se dignó redimirme, que es mi Señor Jesucristo, que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina  por todos los siglos. Amén.

Tres Ave María a Nuestra Señora de los dolores

Oración a la Virgen Dolorosa

Soberana Emperatriz de los cielos, que al pie de la Santísima Cruz padeciste tan agudos dolores, y por dignación suprema quedaste constituida en Madre de todas las criaturas, dígnate afligidísima Señora de patrocinar mis peticiones y socorrer las necesidades de mi alma, que yo te prometo no apartarme  ya de la Santísima Cruz  y acompañarte siempre en tus dolores, sintiendo tantas penas por la ingratitud que te causaron mis pecados, para que así consiga con tu amparo y por el santo madero de la Santísima Cruz, los frutos de la redención que en ella nos otorgó vuestro Hijo Jesús. Amén.

Aquí se dicen las peticiones

Oración final para todos los días

Señor mío Jesucristo, que te dignaste redimir al mundo eligiendo el instrumento de la Santa Cruz, concédenos  por la virtud que comunicaste a este sagrado leño, que merezcamos cargar la Cruz de nuestro estado con resignación y perseverancia y que merezcamos ver gloriosamente en el cielo tan lucido estandarte. Amén.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

5 de Septiembre: Memoria Litúrgica de santa Teresa de Calcuta, religiosa

 

“De sangre soy albanesa. De ciudadanía, India. En lo referente a la fe, soy una monja Católica. Por mi vocación, pertenezco al mundo. En lo que se refiere a mi corazón, pertenezco totalmente al Corazón de Jesús”. De pequeña estatura, firme como una roca en su fe, a Madre Teresa de Calcuta le fue confiada la misión de proclamar la sed de amor de Dios por la humanidad, especialmente por los más pobres entre los pobres. “Dios ama todavía al mundo y nos envía a ti y a mi para que seamos su amor y su compasión por los pobres”. Fue un alma llena de la luz de Cristo, inflamada de amor por Él y ardiendo con un único deseo:“saciar su sed de amor y de almas”.

Esta mensajera luminosa del amor de Dios nació el 26 de agosto de 1910 en Skopje, una ciudad situada en el cruce de la historia de los Balcanes. Era la menor de los hijos de Nikola y Drane Bojaxhiu, recibió en el bautismo el nombre de Gonxha Agnes, hizo su Primera Comunión a la edad de cinco años y medio y recibió la Confirmación en noviembre de 1916. Desde el día de su Primera Comunión, llevaba en su interior el amor por las almas. La repentina muerte de su padre, cuando Gonxha tenía unos ocho años de edad, dejó a la familia en una gran estrechez financiera. Drane crió a sus hijos con firmeza y amor, influyendo grandemente en el carácter y la vocación de si hija. En su formación religiosa, Gonxha fue asistida además por la vibrante Parroquia Jesuita del Sagrado Corazón, en la que ella estaba muy integrada.

Cuando tenía dieciocho años, animada por el deseo de hacerse misionera, Gonxha dejó su casa en septiembre de 1928 para ingresar en el Instituto de la Bienaventurada Virgen María, conocido como Hermanas de Loreto, en Irlanda. Allí recibió el nombre de Hermana María Teresa (por Santa Teresa de Lisieux). En el mes de diciembre inició su viaje hacia India, llegando a Calcuta el 6 de enero de 1929. Después de profesar sus primeros votos en mayo de 1931, la Hermana Teresa fue destinada a la comunidad de Loreto Entally en Calcuta, donde enseñó en la Escuela para chicas St. Mary. El 24 de mayo de 1937, la Hermana Teresa hizo su profesión perpétua convirtiéndose entonces, como ella misma dijo, en “esposa de Jesús” para “toda la eternidad”. Desde ese momento se la llamó Madre Teresa. Continuó a enseñar en St. Mary convirtiéndose en directora del centro en 1944. Al ser una persona de profunda oración y de arraigado amor por sus hermanas religiosas y por sus estudiantes, los veinte años que Madre Teresa transcurrió en Loreto estuvieron impregnados de profunda alegría. Caracterizada por su caridad, altruismo y coraje, por su capacidad para el trabajo duro y por un talento natural de organizadora, vivió su consagración a Jesús entre sus compañeras con fidelidad y alegría.

El 10 de septiembre de 1946, durante un viaje de Calcuta a Darjeeling para realizar su retiro anual, Madre Teresa recibió su “inspiración,” su “llamada dentro de la llamada”. Ese día, de una manera que nunca explicaría, la sed de amor y de almas se apoderó de su corazón y el deseo de saciar la sed de Jesús se convirtió en la fuerza motriz de toda su vida. Durante las sucesivas semanas y meses, mediante locuciones interiores y visiones, Jesús le reveló el deseo de su corazón de encontrar “víctimas de amor” que “irradiasen a las almas su amor”.“Ven y sé mi luz”, Jesús le suplicó. “No puedo ir solo”. Le reveló su dolor por el olvido de los pobres, su pena por la ignorancia que tenían de Él y el deseo de ser amado por ellos. Le pidió a Madre Teresa que fundase una congregación religiosa, Misioneras de la Caridad, dedicadas al servicio de los más pobres entre los pobres. Pasaron casi dos años de pruebas y discernimiento antes de que Madre Teresa recibiese el permiso para comenzar. El 17 de agosto de 1948 se vistió por primera vez con el sari blanco orlado de azul y atravesó las puertas de su amado convento de Loreto para entrar en el mundo de los pobres.


Después de un breve curso con las Hermanas Médicas Misioneras en Patna, Madre Teresa volvió a Calcuta donde encontró alojamiento temporal con las Hermanitas de los Pobres. El 21 de diciembre va por vez primera a los barrios pobres. Visitó a las familias, lavó las heridas de algunos niños, se ocupó de un anciano enfermo que estaba extendido en la calle y cuidó a una mujer que se estaba muriendo de hambre y de tuberculosis. Comenzaba cada día entrando en comunión con Jesús en la Eucaristía y salía de casa, con el rosario en la mano, para encontrar y servir a Jesús en “los no deseados, los no amados, aquellos de los que nadie se ocupaba”. Después de algunos meses comenzaron a unirse a ella, una a una, sus antiguas alumnas.

El 7 de octubre de 1950 fue establecida oficialmente en la Archidiócesis de Calcuta la nueva congregación de las Misioneras de la Caridad. Al inicio de los años sesenta, Madre Teresa comenzó a enviar a sus Hermanas a otras partes de India. El Decreto de Alabanza, concedido por el Papa Pablo VI a la Congregación en febrero de 1965, animó a Madre Teresa a abrir una casa en Venezuela. Ésta fue seguida rápidamente por las fundaciones de Roma, Tanzania y, sucesivamente, en todos los continentes. Comenzando en 1980 y continuando durante la década de los años noventa, Madre Teresa abrió casas en casi todos los países comunistas, incluyendo la antigua Unión Soviética, Albania y Cuba.

Para mejor responder a las necesidades físicas y espirituales de los pobres, Madre Teresa fundó los Hermanos Misioneros de la Caridad en 1963, en 1976 la rama contemplativa de las Hermanas, en 1979 los Hermanos Contemplativos y en 1984 los Padres Misioneros de la Caridad. Sin embargo, su inspiración no se limitò solamente a aquellos que sentían la vocación a la vida religiosa. Creó los Colaboradores de Madre Teresa y los Colaboradores Enfermos y Sufrientes, personas de distintas creencias y nacionalidades con los cuales compartió su espíritu de oración, sencillez, sacrificio y su apostolado basado en humildes obras de amor. Este espíritu inspiró posteriormente a los Misioneros de la Caridad Laicos. En respuesta a las peticiones de muchos sacerdotes, Madre Teresa inició también en 1981 elMovimiento Sacerdotal Corpus Christi como un“pequeño camino de santidad” para aquellos sacerdotes que deseasen compartir su carisma y espíritu.

Durante estos años de rápido desarrollo, el mundo comenzó a fijarse en Madre Teresa y en la obra que ella había iniciado. Numerosos premios, comenzando por el Premio Indio Padmashri en 1962 y de modo mucho más notorio el Premio Nobel de la Paz en 1979, hicieron honra a su obra. Al mismo tiempo, los medios de comunicación comenzaron a seguir sus actividades con un interés cada vez mayor. Ella recibió, tanto los premios como la creciente atención “para gloria de Dios y en nombre de los pobres”.

Toda la vida y el trabajo de Madre Teresa fue un testimonio de la alegría de amar, de la grandeza y de la dignidad de cada persona humana, del valor de las cosas pequeñas hechas con fidelidad y amor, y del valor incomparable de la amistad con Dios. Pero, existía otro lado heroico de esta mujer que salió a la luz solo después de su muerte. Oculta a todas las miradas, oculta incluso a los más cercanos a ella, su vida interior estuvo marcada por la experiencia de un profundo, doloroso y constante sentimiento de separación de Dios, incluso de sentirse rechazada por Él, unido a un deseo cada vez mayor de su amor. Ella misma llamó“oscuridad” a su experiencia interior. La “dolorosa noche” de su alma, que comenzó más o menos cuando dio inicio a su trabajo con los pobres y continuó hasta el final de su vida, condujo a Madre Teresa a una siempre más profunda unión con Dios. Mediante la oscuridad, ella participó de la sed de Jesús (el doloroso y ardiente deseo de amor de Jesús) y compartió la desolación interior de los pobres.

Durante los últimos años de su vida, a pesar de los cada vez más graves problemas de salud, Madre Teresa continuó dirigiendo su Instituto y respondiendo a las necesidades de los pobres y de la Iglesia. En 1997 las Hermanas de Madre Teresa contaban casi con 4.000 miembros y se habían establecido en 610 fundaciones en 123 países del mundo. En marzo de 1997, Madre Teresa bendijo a su recién elegida sucesora como Superiora General de las Misioneras de la Caridad, llevando a cabo sucesivamente un nuevo viaje al extranjero. Después de encontrarse por última vez con el Papa Juan Pablo II, volvió a Calcuta donde transcurrió las últimas semanas de su vida recibiendo a las personas que acudían a visitarla e instruyendo a sus Hermanas. El 5 de septiembre, la vida terrena de Madre Teresa llegó a su fin. El Gobierno de India le concedió el honor de celebrar un funeral de estado y su cuerpo fue enterrado en la Casa Madre de las Misioneras de la Caridad. Su tumba se convirtió rápidamente en un lugar de peregrinación y oración para gente de fe y de extracción social diversa (ricos y pobres indistintamente). Madre Teresa nos dejó el ejemplo de una fe sólida, de una esperanza invencible y de una caridad extraordinaria. Su respuesta a la llamada de Jesús, “Ven y sé mi luz”, hizo de ella una Misionera de la Caridad, una “madre para los pobres”, un símbolo de compasión para el mundo y un testigo viviente de la sed de amor de Dios.

Menos de dos años después de su muerte, a causa de lo extendido de la fama de santidad de Madre Teresa y de los favores que se le atribuían, el Papa Juan Pablo II permitió la apertura de su Causa de Canonización. El 20 de diciembre del 2002 el mismo Papa aprobó los decretos sobre la heroicidad de las virtudes y sobre el milagro obtenido por intercesión de Madre Teresa.

Fue beatificada por San Juan Pablo II el 19 de octubre del 2003. Y canonizada 13 años después por el Papa Francisco en la Plaza de San Pedro el 04 de septiembre del 2016 dentro de la celebración del Jubileo de los voluntarios y operarios de la misericordia.


Oración para Sonreír de la Madre Teresa de Calcuta 

Señor, renueva mi espíritu y dibuja en mi rostro
sonrisas de gozo por la riqueza de tu bendición.

Que mis ojos sonrían diariamente
por el cuidado y compañerismo
de mi familia y de mi comunidad.

Que mi corazón sonría diariamente
por las alegrías y dolores que compartimos.

Que mi boca sonría diariamente
con la alegría y regocijo de tus trabajos.

Que mi rostro dé testimonio diariamente
de la alegría que tú me brindas.

Gracias por este regalo de mi sonrisa, Señor. Amén.

MES DE SEPTIEMBRE: 4° Día de la Mes de la Virgen de los Dolores

 


MES DE SEPTIEMBRE CONSAGRADO A LOS SIETE DOLORES DE MARÍA SANTÍSIMA

ORACIÓN DE PREPARACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Dios y Señor mío, que por el hombre ingrato os hicisteis también hombre, sin dejar por eso la divinidad, y os sujetasteis a las miserias que consigo lleva tal condición; a vuestros pies se postran la más inferior de todas vuestras criaturas y la más ingrata a vuestras misericordias, trayendo sujetas las potencias del alma con las cadenas fuertes del amor, y los sentidos del cuerpo con las prisiones estrechísimas de la más pronta voluntad, para rendirlos y consagrarlos desde hoy a vuestro santo servicio. Bien conozco, dueño mío, que merezco sin duda alguna ser arrojado de vuestra soberana presencia por mis repetidas culpas y continuos pecados, sepultándome vuestra justicia en lo profundo del abismo en castigo de ellos; más la rectitud de mi intención, y el noble objeto que me coloca ante vos en este afortunado momento, estoy seguro, mi buen Dios, Dios de mi alma, suavizará el rigor de vuestra indignación, y me hará digno de llamaros sin rubor.... Padre de misericordia.

No es esta otra más que el implorar los auxilios de vuestra gracia y los dones de vuestra bondad para que, derramados sobre el corazón del más indigno siervo de vuestra Madre, que atraído por su amor y dulcemente enajenado por su fineza viene a pedir esta merced, reflexione y contemple debidamente sus amargos dolores, y causarla de esta manera algún alivio en cuanto sea susceptible con esta ocupación y la seria meditación de mis culpas. Concededme, Señor, lo que os pido por la intercesión de vuestra Madre, a quien tanto amáis. Y vos, purísima Virgen y afligidísima Reina mía, interponed vuestra mediación para que vuestro siervo consiga lo que pide. Yo, amantísima Madre de mi corazón, lo tengo por seguro de vuestra clemencia; porque sé que todo el que os venera alcanzará lo que suplica, y. aunque este en la tribulación se librará de ella, pues no tenéis corazón para deleitaros en nuestras desgracias, y disfrutáis de tanto poder en el cielo que tenéis el primado en toda nación y pueblo ¡Feliz mil veces acierto a conseguir vuestras gracias para emplearme en tan laudable ejercicio! Derramad, Señora, sobre mí vuestras soberanas bendiciones; muévase mi alma a sentimiento en la consideración de vuestros santísimos dolores; inflamese mi voluntad para amaros cada vez más. Entonces sí que os podré decir: "Oh Señora, yo soy tu siervo" Consiga yo, en fin, cuanto os pido, siendo para mayor honra de Dios y gloria vuestra, como lo espero, consiguiendo seguro la salvación de mi alma. Amén.

DÍA IV.

El ejemplo de humildad y obediencia que nos dais, tristísima Virgen, en el acto de vuestra purificación en el templo, estoy por decir que fue ocasión para que el Cielo en cambio os regalara con la aflicción que sorprendió a vuestra alma en las palabras de Simeón. Por qué, aunque os reconoce como a su Reina y Señora, pero trata de añadiros el singular título de reina también de los laureados mártires, consagrándoos desde hoy la esmaltada corona. ¡Qué examinada y probada es vuestra constancia! Pero con todo, hoy más que nunca puedo aprender de vos una de las más importantes lecciones. Porque si vos que sois la pureza por gracia, la inmaculada desde ab eterno, toda pulcra por naturaleza, más pulcra por la gracia y pulquérrima por la gloria, pura en lo interior por la misma pureza y en lo exterior por la virginidad os presentáis hoy en el templo a cumplir la ley de la purificación, ¿qué haré yo, que desde mi primer instante fui concebido en el pecado? ¡Yo, que llevó siempre conmigo el instigador enemigo, y que soy de un barro el más frágil y quebradizo! ¡Y yo, en fin, que nada puedo reconocer si no, como el Apóstol, una rebelión de mis pasiones que cautiva la ley de mi razón inclinada y propensa siempre al mal! ¿Cómo es posible que, hallándome en tal esfera no cuide de purificar mi conciencia de las inmundicias de la culpa, y limpiarla de la escoria del pecado?

¡Solo mi ignorancia maliciosa puede ser la autora de semejante delito! ¡Tan solícito como soy en la limpieza de mi cuerpo, y en la de mi alma tan abandonado! ¡Me pediréis cuenta Dios mío, de si he vivido según la política mundana o según vuestra ley y soberanos preceptos! ¡Cuándo me he de convencer de verdades tan eternas! ¡O malicia y ceguedad de mi corazón! ¡Bien cuidadoso soy, Madre mía, cuando estoy enfermo de buscar medicinas, que sanen mi cuerpo miserable, que al fin se ha de arruinar, y para el bien de mi alma, que ha de vivir para siempre, ¡tan vergonzosamente descuidado! ¡Ah! ¡Si me confieso lo hago de tarde en tarde, de prisa y como una simple ceremonia, sin advertir que, por este santo Sacramento, recibido con la debida preparación, de enemigo que era de Dios por el pecado me reconcilio con él por la gracia; de hijo desconocido é infiel siervo de María me convierto en su más querido siervo y compasivo devoto! ¡Qué error! ¡Qué desgracia! No desea el Señor más que un he pecado para perdonarme como a David y yo ni aun esto practico ¡Hasta cuándo alma mía, hasta cuándo! ¡Pero ya no más! ¡Ahora Dios mío ahora Reina de mi corazón, llegó ya el instante de mi reconocimiento! Ya sé el camino, pues que hoy me lo demostráis.

 ¡Iré al templo, yo que tanta necesidad tengo de purificarme! Allí ¡o felicidad! confesaré mis iniquidades, porque sé que si así lo hago sois justo y fiel para perdonármelas ¿Cómo he de poder ser vuestro siervo, Virgen santísima, si vos sois tan limpio y yo tan sucio y abominable si vos amáis tanto la pureza del corazón, ¿y yo permanezco tan tranquilo en el hediondo muladar de mis pasiones? Mas no persistiré ni un instante en tal estado seré más solícito por la integridad de mi conciencia me dispondré mejor cuando llegue a esta saludable fuente a lavar mi alma, sin omitir el debido examen. ¡O confusión la mía! Infinitas veces he asistido a esta probática piscina, y por mi culpa he salido más inmundo de ella Yo he callado por una maldita vergüenza o mal entendido pundonor las circunstancias que más acriminaban mi culpa; yo he reparado tan poco en la enmienda desde una confesión a otra, que por mi habitual descuido no hacía reparo de las culpas graves que cometía presentándome al confesor con una misma relación, y convirtiendo esta celestial medicina en ruina y perdición de mi alma Pero no ya así, Madre mía; os lo prometo con las mayores veras de mi corazón y convencimiento de mi entendimiento, para que así sea efectivamente vuestro siervo.

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS.

¿Por qué, o Dios mío, no he de daros las más humildes gracias, cuando en esta breve consideración os habéis dignado comunicar a mi alma los importantísimos conocimientos de unas verdades que tan olvidadas y menospreciadas tenía por mi abandono y necedad? ¿Por qué no he de concluir este saludable ejercicio rindiéndoos las más profundas alabanzas, cuando en él siento haberse encendido en mi corazón la llama del amor divino, que tan amortiguada es taba por un necio desvarío y por una fatal corrupción de mi entendimiento? Y pues que vos, que sois la verdad infalible y el verdadero camino que conduce a la patria celestial, habéis tenido a bien de comunicar a mi alma los efectos propios de vuestro amor, con los que puedo distinguir lo cierto é indudable que me sea útil a la salvación, y lo falso y mentiroso que me precipitará a mi perdición, por tanto, Señor, quiero aprovecharme desde este momento de tan divinas instrucciones, para caminar con libertad y seguridad entre tantos estorbos y peligros como me presenta este mundo miserable, y de este modo llegar más pronto a unirme con vos. Consígalo así, Virgen Santísima, para vivir compadeciéndome de vuestros dolores y aflicciones, y cumpliendo la promesa que os hice de ser siervo vuestro. Esta sea mi ocupación, estos mis desvelos y cuidados en este valle de lágrimas, porque así después disfrute en la celestial Jerusalén de vuestra compañía, en unión de tantos fieles Servitas que recibieron ya el premio de vuestros servicios, reinando a vuestro lado por los siglos de los siglos. Amen.

4 de Septiembre: Fiesta de Nuestra Señora de la Consolación - Orden de San Agustín (OSA)

La Bienaventurada Virgen María es venerada como Madre de Consolación, porque a través de ella «Dios mandó al mundo al Consolador», Cristo Jesús. La participación en los dolores del pasión de su Hijo y en las alegría de su resurrección la ponen en condición de consolar a sus hijos en cualquier aflicción en que se encuentren. Después de la ascensión de Jesucristo, en unión con los Apóstoles imploró con ardor y esperó con confianza al Espíritu Consolador. Ahora, elevada al cielo, «brilla ante el pueblo peregrino de Dios como signo de segura esperanza y consolación» (LG 69).

Al menos desde el siglo XVII, «Madre de Consolación» o «Madre de la Correa» es el título principal con que la Orden agustiniana honra a la Virgen. En 1439 obtuvo la facultad de erigir para los laicos la «cofradía de la cintura». Una antigua leyenda, nacida en el seno de la Orden, narraba que la Virgen se había aparecido a santa Mónica, afligida por la suerte de Agustín, consolándola y dándole una correa, la misma con que después se habrían de ceñir Agustín y sus frailes. De ordinario, la iconografía representa a la Virgen y al Niño en el acto de entregar sendas correas, respectivamente, a santa Mónica y a san Agustín. En 1495 surgió en la iglesia agustiniana de Bolonia la cofradía de «Santa María de la Consolación». En 1575 ambas cofradías se fusionaron en una única archicofradía de la Correa, a la que los papas enriquecieron con abundancia de indulgencias. En los últimos calendarios litúrgicos aprobados se la declara Patrona de la Orden. 

La protección de la Madre de la Consolación nos da serenidad y consuelo en las pruebas para que también nosotros podamos consolar a nuestros hermanos.

La Orden celebra en su liturgia propia la festividad de la Virgen bajo su advocación de Nuestra Señora de la Consolación el día 4 de septiembre.


CORONILLA A NUESTRA SEÑORA

Ofrecimiento: Ofrezcamos esta Coronilla pidiendo la intercesión de nuestra Madre de la Consolación, por las siguientes intenciones... Señor y Dios mio, escucha mi oración y atiende a mis deseos. No pido sólo para mí, sino también para mis hermanos; purifica mi interior de toda mentira y mi exterior de toda temeridad. ¡Oh Señor, hazme mejor cada día! Te lo suplico por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Después de cada Artículo de Fe se reza: Dios te salve María.

1. Creo en Dios Padre Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra.

2. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor.

3. Creo que fue concebido por obra del Espíritu Santo y nació de María Virgen.

4. Creo que padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado.

5. Creo que bajó a los infiernos y al tercer día resucitó de entre los muertos.

6. Creo que subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre Todopoderoso.

7. Creo que desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.

8. Creo en el Espíritu Santo.

9. Creo en la Santa Iglesia Católica, la comunión de los Santos.

10. Creo en el perdón de los pecados.

11. Creo en la resurrección de la carne.

12. Creo en la vida eterna.

- Ruega por nosotros santa Madre de Dios
- para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.

Oración. 
Te suplicamos, Señor, que, por la intercesión de la Bienaventurada Virgen María protejas de todo mal a mi familia y la santifiques.Señor, escucha la oración de tus hijos para que libres de todo mal y sin error te sirvamos con alegría y libertad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.


El entonces Prior general, Vicente Soler, firmó el documento que consagraba la Orden a la advocación mariana

Fue un 7 de agosto de 1926. El entonces Prior general de la Orden de Agustinos Recoletos, el Beato Vicente Soler -quien posteriormente sería uno de los mártires de Motril-, anunció que «habiendo dado cuenta a nuestro Venerable Defintorio General de este nuestro propósito de consagrar la Orden a la Santísima Virgen María, lo aprobó por unanimidad». Así fue como la Orden de Agustinos Recoletos proclamó a la Madre de la Consolación y Sagrada Correa como su Patrona.

La Virgen, que según la leyenda se le apareció a Santa Mónica para consolarla por su hijo Agustín y le entregó un hábito negro con una correa, pasó a ser en 1926 la Patrona de los Agustinos Recoletos, quienes pusieron en sus manos el carisma y la labor de la Recolección.
Se nombró en el texto de la Consagración de la Orden de Agustinos Recoletos a Nuestra Señora de la Consolación, firmado por el Prior general Vicente Soler y que se reproduce íntegramente a continuación:

En honor y gloria de la Santísima Trinidad.
Padre, Hijo y Espíritu Santo.

¡Amantísima Madre de Dios y Madre nuestra!: Aquí tenéis humildemente postrada a vuestros pies a esta Hija de vuestra predilección, nuestra amada Orden de ermitaños recoletos de San Agustín, que hoy se consagra a vuestro servicio y a vuestro santo amor, y por vuestra mediación, a vuestro Santísimo Hijo Jesús.

Vos sabéis, ¡oh Madre amadísima! que desde los primeros días de nuestra existencia, desde la cuna misma de la recolección hemos sido siempre vuestros, y vuestros queremos ser perpetuamente. Animados por el espíritu de nuestros santos fundadores queremos en este día renovar en vuestra presencia aquellos sentimientos de amor y gratitud, de devoción ardiente que ellos os profesaron, haciendoos total entrega de cuanto somos y tenemos, para que de ahora en adelante dispongáis de nosotros como mejor os plazca; pues sólo anhelamos cumplir vuestra santa voluntad. Vos, Señora nuestra, habéis dirigido nuestros pasos. Vos habéis iluminado nuestras inteligencias para seguir sin vacilar las enseñanzas de la santa Iglesia, y habéis inflamado nuestros corazones en vuestro amor y en el vuestro divino Jesús para realizar grandes cosas por vuestros honor. Deseando caminar por esta senda de luz y amor que nos han trazado nuestros antepasados, venimos hoy, ¡oh Madre querida! a consagraros no sólo nuestras personas y nuestros actos, sino también esta Corporación Agustiniana Recoleta de la que somos hijos.

Os consagramos, pues, ahora y os dedicamos solemnemente, y ponemos en vuestras divinas manos, nuestra amada Orden con todos y cada uno de los religiosos que la forman, y con todas las Provincias, Conventos, Colegios y Casa que lo integran. Os consagramos la ciencia de nuestros sabios, la virtud de nuestros santos, el celo de nuestros misioneros y el heroísmo de nuestros apóstoles y mártires; os hacemos perpetua entrega de los Superiores y súbditos, de los jóvenes y ancianos, y de todos los hijos de la Recolección Agustiniana. En vuestras manos virginales ponemos, oh Madre amadísima nuestras almas con todas sus aspiraciones, nuestro corazón con sus afectos, nuestras potencias y sentidos, nuestros proyectos y necesidades, todo nuestro ser, toda nuestra vida, todo cuanto somos y poseemos, para que todo conspire siempre a honraros y glorificaros y amaros a Vos y en Vos a vuestro divino Hijo Jesús.

Reinad, Señora y querida Madre nuestra, reinad en nuestra Orden como en cosa y posesión vuestra; reinad en todos sus hijos para que todos sean esclavos de vuestro amor, y dignáos ratificar ante vuestro amantísimo Hijo Jesús esta consagración que acabamos de hacer para que cumpliéndola como Vos deseáis, vivamos siempre entregados a vuestro santo amor y muramos en el ósculo del Señor y cobijados bajo el manto de vuestra maternal protección.

4 de Septiembre: Memoria Litúrgica de santa Rosalía, virgen y mártir

 

La patrona de Palermo (Italia), que goza de una gran devoción en Sicilia lo mismo que las mártires Agueda de Catama y Lucía de Siracusa, no tiene una historia igualmente rica de testimonios y tradiciones. Un estudio dice que murió en 1620. Octavio Gaietani, lamentaba no haber encontrado huellas dejadas por los antepasados sobre esta santa, a pesar de haberlas buscado en todas partes con mucho cuidado. Parece que la santa, a los tres años de su muerte, pensó en colmar esta laguna apareciéndose en octubre de 1623 a una mujer enferma, y ordenándole que fuera en peregrinación a la iglecita sobre el monte Pellegrino, un áspero promontorio que cierra el golfo de Palermo. La mujer esperó el mes de mayo siguiente para satisfacer el deseo de Santa Rosalia, que se le volvió a aparecer y le dijo el lugar en donde se encontraban sus restos.

El 15 de julio las búsquedas terminaron exitosamente, pero los huesos hallados en una gruta excavada entre las piedras no tenían ninguna inscripción que señalara su pertenencia. Al principio se pensó que no se trataba de restos humanos. El arzobispo de Palermo, Giannettino Doria, nombró una comisión de expertos, médicos y teólogos, que el 11 de febrero de 1625 se pronunció por la autenticidad de las reliquias. Esto suscitó la devoción popular, y el Papa Urbano VIII, en 1630, incluyó el nombre de la santa en el Martirologio Romano para el 15 de julio y el 4 de septiembre.

En ese mismo tiempo, y precisamente el 25 de agosto 1624, cuarenta días después del hallazgo de los huesos, dos albañiles, mientras trabajaban en el convento dominico de San Esteban de Quisquina, encontraron en una gruta una inscripción latina, muy rudimental, que decía: "Ego Rosalia Sinibaldi Quisquinae et Rosarum Domini filia amore Domini mei Jesu Christi in hoc antro habitari decrevi", yo Rosalia Sinibaldi, hija de las rosas del Señor, por amor de mi Señor Jesucristo he decidido vivir en esta caverna de Quisquina. Esto confirmaba en parte las tradiciones orales, recogidas por el mismo Gaietani, que hablaban de Rosalia, que nació en Palermo y vivió durante algunos años en la corte de la reina Margarita, esposa del rey Guillermo I de Sicilia (1154-1166).

La reina le regaló el monte Pellegrino, y Rosalia fue a vivir allí por la soledad que ofrecía. Vivió haciendo penitencia, y allí murió después de haber peregrinado por otros lugares más desiertos, siguiendo el ejemplo de los antiguos anacoretas.

MES DE SEPTIEMBRE: 3° Día de la Mes de la Virgen de los Dolores

 


MES DE SEPTIEMBRE CONSAGRADO A LOS SIETE DOLORES DE MARÍA SANTÍSIMA

ORACIÓN DE PREPARACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Dios y Señor mío, que por el hombre ingrato os hicisteis también hombre, sin dejar por eso la divinidad, y os sujetasteis a las miserias que consigo lleva tal condición; a vuestros pies se postran la más inferior de todas vuestras criaturas y la más ingrata a vuestras misericordias, trayendo sujetas las potencias del alma con las cadenas fuertes del amor, y los sentidos del cuerpo con las prisiones estrechísimas de la más pronta voluntad, para rendirlos y consagrarlos desde hoy a vuestro santo servicio. Bien conozco, dueño mío, que merezco sin duda alguna ser arrojado de vuestra soberana presencia por mis repetidas culpas y continuos pecados, sepultándome vuestra justicia en lo profundo del abismo en castigo de ellos; más la rectitud de mi intención, y el noble objeto que me coloca ante vos en este afortunado momento, estoy seguro, mi buen Dios, Dios de mi alma, suavizará el rigor de vuestra indignación, y me hará digno de llamaros sin rubor.... Padre de misericordia.

No es esta otra más que el implorar los auxilios de vuestra gracia y los dones de vuestra bondad para que, derramados sobre el corazón del más indigno siervo de vuestra Madre, que atraído por su amor y dulcemente enajenado por su fineza viene a pedir esta merced, reflexione y contemple debidamente sus amargos dolores, y causarla de esta manera algún alivio en cuanto sea susceptible con esta ocupación y la seria meditación de mis culpas. Concededme, Señor, lo que os pido por la intercesión de vuestra Madre, a quien tanto amáis. Y vos, purísima Virgen y afligidísima Reina mía, interponed vuestra mediación para que vuestro siervo consiga lo que pide. Yo, amantísima Madre de mi corazón, lo tengo por seguro de vuestra clemencia; porque sé que todo el que os venera alcanzará lo que suplica, y. aunque este en la tribulación se librará de ella, pues no tenéis corazón para deleitaros en nuestras desgracias, y disfrutáis de tanto poder en el cielo que tenéis el primado en toda nación y pueblo ¡Feliz mil veces acierto a conseguir vuestras gracias para emplearme en tan laudable ejercicio! Derramad, Señora, sobre mí vuestras soberanas bendiciones; muévase mi alma a sentimiento en la consideración de vuestros santísimos dolores; inflamese mi voluntad para amaros cada vez más. Entonces sí que os podré decir: "Oh Señora, yo soy tu siervo" Consiga yo, en fin, cuanto os pido, siendo para mayor honra de Dios y gloria vuestra, como lo espero, consiguiendo seguro la salvación de mi alma. Amén.

DÍA III

Ciertamente, Madre mía afligidísima, me causa suma edificación el ver la prontitud y diligencia tan admirable que mostráis en el cumplimiento de la divina ley. No ignoráis, bendita Virgen; no ignoráis que vuestro santísimo Hijo es el mismo legislador supremo; tampoco se os oculta lo riguroso y penal del decreto, y los sensibles efectos que causa en los tiernos infantes, y mucho menos lo que va a contristar su ejecución a vuestro pecho enamorado. Esto, no obstante, inocente paloma, queréis padecer y angustiaros primero que omitirle, y lo hacéis con tanta solicitud y presteza ¡O santidad envidiada aun por los mismos ángeles! ¡O prontitud y celo para las criaturas tibias é indevotas! ¿Qué te parece, alma mía? ¿No te mueves a desarraigar de ti tu negligencia tan culpable, tu criminal pereza, a vista de la lección que te da tu Señora y Reina, pues no rehúsa añadir penas a otras que antes ya la habían afligido? ¿No te resuelves a sacudir de ti esa pereza que tantos daños te causa esa pereza que no te deja caminar a tu patria, impidiéndote toda clase de virtud y de obra buena, que son los únicos recursos para tal jornada esa pereza que tantas y tantas veces por un poco de sueño, por un poco de hambre, por un poco de conversación o poltronería no te deja rezar el rosario y frecuentar tus antiguas devociones, ocurriéndote mil pretextos, y amortiguando cada vez un poquito más el importantísimo estado de la salud de tu alma esa pereza que busca tantos efugios para retirarte de la frecuencia de los santos Sacramentos, para hacerte odiosa la asistencia a los templos del Señor, o porque llueve, o porque hace frio, o por que conviene más ir a dar un paseo con la amiga, o con el conocido o pariente para tratar de vuestros negocios, porque según decís, para todo hay después tiempo, y el día de fiesta solo estáis desocupados.... esa pereza que de tal suerte ha cambiado vuestro corazón y vuestra piedad que apenas sois ya conocidos, pues que algún día solo hallabais placer en servir a Dios, en tributarle los debidos respetos , en llorar vuestros antiguos pecados, en estudiar vuestra conciencia para enmendaros, en huir las ocasiones, en pedir al Señor la gracia de la perseverancia final , y en interesar para ello a María Santísima, cuyo patrocinio tantas veces solicitaste con lágrimas en tus mejillas y ahora todo lo has olvidado , todo lo has dejado, todo lo tienes en poco, nada te turba, ancha conciencia, y gracias si no te ríes y mofas de tan divinos ejercicios, contentándote solo con masculladas, gruñidas y cercenadas oraciones por cumplir, que al mismo Dios hacen volver la espalda y taparse los oídos por no indignarse más?.... ¿Qué dices, alma mía? ¿Qué juzgas de este estado de trepides y frialdad? Resuélvete y acaba de salir de tu ignorancia culpable.... ¿Quiere permanecer en él? Pero ¡ay! reflexiona el peligro en que te hayas de tu perdición.

Nada menos te concitas que la reprobación del mismo Dios, que asegura que vomitará y arrojará de sí a los tibios/' Despierta de tu letargo, que ya es hora; no quieras llamarte siervo de María con solas las palabras, negando tu corazón a ser participante de sus sentimientos Imítala en la prontitud con que cumple los preceptos del Altísimo, aunque conoce que va a ser contristado su pecho…. Hazlo tú así también, aunque tengas que mortificar tu genio, tu inclinación, tus afectos y pasiones. Mira que una de las cosas de que más se queja esta Señora es que hay muy pocos que la aman en verdad, porque hay muy pocos que se compadecen y aprovechan de sus penas y dolores. No seré yo uno de estos, Virgen y Madre de mi corazón, porque circuncidaré mi voluntad y desecharé de mí la pereza, seré fervoroso y asistente a todas las prácticas de piedad, y he de amaros e imitaros toda mi vida sin intermisión alguna. Vayan con Dios y me despido de todos los que me traten de apartar de mi acostumbrada piedad; lejos de mí las distracciones y las comodidades que me han resfriado mi acostumbrada devoción, pues que desde ahora he de poner en ejecución todas las cosas que pertenecen a mi aprovechamiento espiritual con exactitud y cuidado. Así os lo prometo, Señora mía, y así lo cumpliré con la gracia de vuestro santísimo Hijo , y con vuestra mediación, para que así no tengáis de mí la menor queja, y conozcáis que os amo y amaré hasta el fin.

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS.

¿Por qué, o Dios mío, no he de daros las más humildes gracias, cuando en esta breve consideración os habéis dignado comunicar a mi alma los importantísimos conocimientos de unas verdades que tan olvidadas y menospreciadas tenía por mi abandono y necedad? ¿Por qué no he de concluir este saludable ejercicio rindiéndoos las más profundas alabanzas, cuando en él siento haberse encendido en mi corazón la llama del amor divino, que tan amortiguada es taba por un necio desvarío y por una fatal corrupción de mi entendimiento? Y pues que vos, que sois la verdad infalible y el verdadero camino que conduce a la patria celestial, habéis tenido a bien de comunicar a mi alma los efectos propios de vuestro amor, con los que puedo distinguir lo cierto é indudable que me sea útil a la salvación, y lo falso y mentiroso que me precipitará a mi perdición, por tanto, Señor, quiero aprovecharme desde este momento de tan divinas instrucciones, para caminar con libertad y seguridad entre tantos estorbos y peligros como me presenta este mundo miserable, y de este modo llegar más pronto a unirme con vos. Consígalo así, Virgen Santísima, para vivir compadeciéndome de vuestros dolores y aflicciones, y cumpliendo la promesa que os hice de ser siervo vuestro. Esta sea mi ocupación, estos mis desvelos y cuidados en este valle de lágrimas, porque así después disfrute en la celestial Jerusalén de vuestra compañía, en unión de tantos fieles Servitas que recibieron ya el premio de vuestros servicios, reinando a vuestro lado por los siglos de los siglos. Amen.