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13 de Octubre: Última Aparición de Nuestra Señora en Fátima

 


13 DE OCTUBRE DE 1917— LA SEXTA APARICIÓN

Desde el 12 de octubre ya habían llegado unas 50 000 personas  a Fátima para estar cerca del lugar de las apariciones. “Toda la noche y la mañana cayó una lluvia delgada y persistente, que mojaba los campos, embarrando el tierra y penetrando con su humedad fría   a las mujeres y niños, hombres y animales, que estaban avanzando apresuradamente a lo largo de los caminos enlodados hacia el lugar del milagro (testimonio de Maria Madelana del Martel Patricio).

Mientras tanto, en Aljustrel, la madre de Lucía estaba muy perturbada con el pensamiento de la tragedia que seguiría, si el milagro predicho no sucediera. Lucía no logró calmarla. Finalmente, Maria Rosa y su esposo decidieron acompañar a su hija diciendo   “si nuestra hija se muriera, entonces querrían morir a su lado” (Sor Lucía). Al contrario, los padres de Francisco y Jacinta no tenían miedo para nada, porque creían en las apariciones de Nuestra Señora.
“Llegando a Cova da Iria, junto a la encina” Lucía recuerda, “llevada de un movimiento interior, pedí al pueblo que cerrasen los paraguas para rezar el Santo Rosario”. Arriba en la carretera, protegidos por sus automóviles, estaban aquellos que no tuvieron el valor de aventurarse al lodazal arcilloso de Cova. Ellos presenciaron un espectáculo que los dejó estupefactos: “En determinado momento”, escribe uno de ellos, “esta masa confusa y compacta cierra los paraguas y se descubre a sí misma en un gesto sea de humildad o de respeto, pero dejándome sorprendido y lleno de admiración, porque la lluvia continuaba insistentemente, humedeciendo las cabezas de todos, empapando e inundándolo todo”.
Alrededor de la una y media de la tarde, Lucía miró en dirección del este y le dijo a Jacinta: “¡Oh Jacinta! ¡Arrodíllate, que Nuestra Señora viene! ¡Ya vi el relámpago!” Esta vez Lucía parecía caer en un éxtasis: “El rostro de la niña”, recuerda una testigo, “se hizo cada vez más bello, tomó un tinte rosado y sus labios se hicieron delgados”. Jacinta codeó a Lucía y le dijo: “¡Habla, Lucía, Nuestra Señora ya está aquí!” Entonces Lucía despertó, tomó dos veces un profundo aliento como alguien sin aliento, y comenzó la conversación con Nuestra Señora.

—¿Qué es lo que Su Gracia quiere?
—Quiero decirte que hagan aquí una capilla en honor mío, que soy la Señora del Santo Rosario, que continúen rezando el Santo Rosario todos los días. La guerra está acabándose y los soldados volverán pronto a sus casas.
—Tengo muchas cosas que pedirle: si cura a los enfermos, si convierte a unos pecadores, etc.
—Unos, sí; otros, no. Es preciso que se enmienden; que pidan perdón por sus pecados. Que no ofendan más a Dios Nuestro Señor, que ya está muy ofendido.
—¿Usted desea algo más?
—Nada más.
—Entonces tampoco voy a pedirle nada más.

Durante  la  aparición   la   multitud   pudo   ver   tal   como   el 13 de septiembre, la misma nube formada alrededor de la encina, elevándose en el aire antes de desparecer. Entonces Lucía gritó: “¡Miren el sol!”. En ese preciso momento toda la multitud pudo contemplar el espectáculo  extraordinario  de  la  “danza  del  sol”. La lluvia paró de repente, las nubes se dispersaron rápidamente y el Cielo estaba claro. “Miramos sin dificultad hacia el sol que no nos enceguecía… Todo estaba en silencio y quietud, todos estaban mirando hacia arriba. En un cierto momento el sol pareció detenerse, y entonces comenzó a moverse y a danzar hasta que parecía soltarse del firmamento y caerse sobre nosotros. Fue un momento terrible.” (Testimonio de Ti Sarto, el padre de Francisco y Jacinta). La promesa de Nuestra Señora había sido cumplida a la letra: todos lo han visto.

Durante los diez minutos en que la multitud presenciaba el espectacular milagro cósmico, los tres niños disfrutaron un espectáculo aún más bello. La Santísima Virgen les cumplió las promesas del 19 de agosto y del 13 de septiembre Les fue dado que admiraran en el firmamento, tres imágenes sucesivas:
La visión de la Sagrada Familia: “Desaparecida Nuestra Señora en la inmensidad del firmamento, vimos al lado del sol a San José con el Niño Jesús y a Nuestra Señora vestida de blanco con un manto azul. San José con el Niño Jesús parecían bendecir al mundo, pues hacían con las manos unos gestos en forma de Cruz ”.

La visión de la Virgen de los Dolores: “Poco después, pasada esta aparición, vi a Nuestro Señor y a Nuestra Señora, que me daba la sensación de ser la Virgen de los Dolores Nuestro Señor parecía bendecir al mundo de la misma forma que San José ”.

La visión de Nuestra Señora del Carmen: “Se disipó esta aparición y me pareció ver a Nuestra Señora en forma semejante a Nuestra Señora del Carmen ”.

COMENTARIO

Importancia del mensaje

Si consideramos las apariciones de Nuestra Señora en la Cova da Iría, observamos que el Gran Milagro, que Nuestra Señora había prometido hace tres meses, es el evento esencial y la cuestión importante de la última aparición. Esto parece ser confirmado por el hecho que el mensaje de por sí es muy breve en comparación con los tres primeros, y parece ser solamente una repetición de lo que ya había sido hablado varias veces. Es verdad que esta última aparición es ciertamente un resumen solemne de todo el mensaje de Fátima, como si Nuestra Señora resumiera Su gran mensaje en algunas frases cortas fáciles de memorizar. El mensaje aparenta ser semejante al método de pregunta y respuesta en nuestros catecismos. De esta manera, aún una simple alma es capaz de recordar lo que dijo la Madre Celestial.
No obstante, el mensaje es mucho más importante de lo que parece a primera vista, porque es la propia declaración de Nuestra Señora en este día: “quien soy y lo que quiero” En realidad Ella  ya había expresado muchas veces lo que quiere, y Ella hará muchas más precisiones sobre Sus deseos hasta después del 1917, en las apariciones de Pontevedra y Tuy.
Si ella anuncia solemnemente ahora, el 13 de octubre, “lo que quiere”, Ella misma está poniendo en claro que el mensaje de este día tiene un significado especial, sobresaliente y excepcional. Para enfatizar su importancia, Ella anuncia a los niños dos veces, en agosto y septiembre, las visiones que tendrán el privilegio de contemplar Como una regla general, podemos considerar que si Nuestra Señora anuncia algo de antemano (y no sólo una vez), entonces será excepcionalmente importante No podemos olvidar que ésta será la última aparición, como la culminación de las anteriores, y que la misma está íntimamente relacionada con el gran Milagro del Sol: las anunciadas tres visiones de los niños tienen lugar al mismo tiempo que la gente contempla el Gran Milagro, que fue predicho tres veces.
Meditemos en las diferentes partes del mensaje, no en su orden cronológico, pero para comprender en la manera más profunda, quién es Ella y lo que quiere.
¿Qué es lo que quiere Nuestra Señora?
Comencemos con la solicitud de Nuestra Señora que hizo la mayor impresión en los niños. 
Lucía escribe: “De todas las palabras habladas en esta aparición, las palabras que más profundamente quedaron grabadas en mi corazón eran aquellas sobre la solicitud que hizo Nuestra Madre Celestial: ’Que no ofendan más a Dios Nuestro Señor, que ya está muy ofendido’” ¡Cuánto amor en esa queja, cuánta ternura en su solicitud! ¿Quién me permite hacer resonar esto a través de todo el mundo, de manera que todos los hijos de Nuestra Madre Celestial puedan escuchar el sonido de su voz?

1°) "No ofendan mas a Dios porque ya esta muy ofendido"
Ya ha sido dicho muchas veces cuánto ofende el pecado a Dios,  y cuán importante es que no permanezcamos en nuestro pecado, sino que nos convirtamos. Fátima es el aviso solemne a todos los pecadores, sobre las consecuencias desastrosas del pecado. Especialmente en nuestros tiempos, cuando la gente ofende a Dios (hasta católicos), y lo consideran como “algo normal”, cuando casi nadie sabe cuánto hiere el pecado al corazón de Dios; este aviso es de gran actualidad: “¡Basta ahora, ya es demasiado!”
Sin embargo, en esta aparición, Nuestra Señora enfatiza con palabras fuertes “¡es demasiado!” ¿Qué es lo que significa? Sabemos que cada pecado, aún el más pequeño, ya “es demasiado”, y que   es una imposibilidad, si consideramos la infinita majestad y misericordia de Dios, sumado al hecho que el pecado es de alguna manera
la negación de Dios y el esfuerzo de eliminarlo y destruirlo. Desde el primer pecado de Adán y Eva y a lo largo de todos los tiempos, Dios es ofendido en demasía.
Pero hoy, la “mujer envuelta en el sol” obra un milagro increíble de manera que cada uno pueda creer; se acerca a “cada uno” de  Sus hijos con una delicadeza indescriptible  Sus ojos brillan como  el sol, Ella arde de amor como el sol, Ella permanece ante mí en    su majestad y Su corazón habla más que sus labios: “¡Hijo mío, mi querido hijo! Por favor, no ofendas más a Dios, ¡porque ya lo has ofendido DEMASIADO! Innumerables veces tus pensamientos, tus deseos, tus palabras y tus acciones han merecido la condenación eterna ¿Cuánto más tiempo vas a continuar provocando la Santidad infinita de Dios? Yo, tu Madre Celestial, vengo ahora a ti para decirte lo que yo quiero: salvarlos, mis hijos, a cualquier precio, de los fuegos del infierno. El infierno existe, y como ya has ofendido a Dios demasiado, te encuentras a un metro del abismo eterno. Yo, tu amada Madre, ¡no puedo soportar más esto! ¡Yo lloro y agonizo por ti! Por favor no sigas por este camino, sino será demasiado tarde Para tantos que no han dejado de pecar, ¡fue demasiado tarde!
Pero esto no es todo. Tenemos que apreciar más profundamente el sentido de este llamado ansioso: un corazón noble nunca puede decir “suficiente” en su amor, siempre quiere amar más y sin límites. Por el contrario, el mínimo daño, la más pequeña ofensa hacia el amado es siempre “demasiado”, el corazón amante  no  soporta nada que hiera al amado. Y aquí Nuestra Señora lamenta de nuevo: “¿No ves el amor infinito de mi Hijo, toda Su Sangre derramada  por ti, como Él mismo se aniquiló en la pequeña Hostia por ti, para que estés cerca de Él en el Santísimo Sacramento? Él quien es casi siempre olvidado, abandonado y despreciado por ti, ¡no te olvida ni te abandona! Además: ¿no ves que mi amor maternal es mayor que aquél de todas las madres del mundo reunidas?” De esta manera, Ella me conduce hacia la intimidad de Su Inmaculado Corazón para
despertar mi corazón, ponerle fuego y encender en él el amor hacia Dios. Sin embargo, el primer y fundamental acto de amor es evitar todo lo que pone triste y hace llorar al amado; y todo lo que podría herirlo es siempre ¡DEMASIADO!
Entremos otro paso más profundo en el Corazón de Nuestra Madre y preguntémosle sobre este “demasiado” Seguramente me abrirá Su Corazón para que pueda verlo para mi salvación. Ya hemos considerado esto antes. Pero más allá de Su infinito amor hacia nosotros, Sus hijos perdidos, Ella nos ama aún de otra manera: No nos olvidemos nunca que la Inmaculada contempla incesantemente en el Cielo la misma esencia de Dios. Más que ninguna otra criatura, y más que todas las otras criaturas (almas y ángeles reunidos), Ella LO conoce y lo ama Ella comprende que toda la creación, incluyendo Ella misma, es estrictamente nada delante de Dios, menos que lo es una pequeña gota en comparación con el océano infinito. Pero Ella no sólo comprende Su infinita MAJESTAD, Ella comprende LA MISMA ESENCIA DE LA SANTISIMA TRINIDAD: “¡DIOS ES AMOR!” Su único amor es una fiel copia del amor eterno del Hijo al Padre, del amor del Padre al Hijo y del amor de ambos en sí mismos: EL ESPIRITU SANTO. 
Como la Esposa Inmaculada del Espíritu Santo, Ella recibe SU AMOR total y completamente en Su Corazón: las llamas de Su Corazón son la presencia de DIOS–AMOR en medio de las criaturas.
Ahora este amor es “luz, ¡y no hay oscuridad en Él!” Esto significa que el amor de Dios no puede tolerar ninguna oscuridad. En Fátima, ELLA viene a la oscuridad pecaminosa de este mundo, y en este día, como conclusión de sus peticiones, Ella nos dice lo que realmente quiere.  En la luz de la majestad y el amor inagotable de Dios grita  y expele de Su Corazón que ES AMOR: “¡Ya no ofendan más a Dios, que ya está muy ofendido! Te suplico, déjate invadir por este océano brillante e infinito. ¡Él lo desea con una ansia ilimitada! ¡Ven a mi Inmaculado Corazón para aprender de mí cómo recobrar <tu primer amor que has perdido>!” Quienquiera que permita  ser  tocado  por estas palabras y por el CORAZON del que proceden, debe responder inmediatamente: “¡Oh sí! Te he descuidado y ofendido ya demasiado. ¡Te he insultado demasiadas veces! Dame la gracia para cambiar y no ofenderte más, mi divino Amor ”.

No es difícil descubrir en esta frase los temas centrales del mensaje de Fátima: “conversión y reparación”. “No ofenderlo más” significa conversión. Este es también el comentario de Sor Lucía: “Considero entonces, que es la voluntad de Dios hacer uso de mí para recordar al mundo que es necesario evitar el pecado, y hacer reparación al Dios ofendido, por medio de la oración y la penitencia”. 

2°) "Recitar el Santo Rosario cada día"
Nada ha sido repetido por Nuestra Señora en Fátima tan frecuentemente, como esta petición. Si dejar de ofender a Dios y por ende, agradarle y de esta manera salvar almas, son consideradas las metas de las apariciones en Fátima, entonces presento el Santo Rosario como el medio universal para alcanzar la meta.
Por consiguiente, podemos considerar la aparición de este 13 de octubre como una solemne conclusión de lo que Nuestra Señora comenzó a revelar ya en el siglo XII a San Domingo, cuando le dio el Santo Rosario como un medio para convertir a los herejes. Dos siglos más tarde, el Venerado Alanus de Rupe recibe las famosas 15 gracias especiales prometidas a aquellos que rezan el Santo Rosario con devoción. De nuevo, dos siglos más tarde, la primera Cruzada del Rosario, iniciada por San Pio V, que provocó la victoria milagrosa en Lepanto (1571) de una pequeña armada católica contra la inmensa armada de los turcos islámicos. A esto le siguieron victorias milagrosas similares en Manila (1646), Viena (1683), Peterwardein (1716), etc. Otra vez, dos siglos más tarde, Nuestra Señora misma le muestra al mundo la importancia del Santo Rosario cuando aparece en Francia Lourdes es la manifestación grandiosa del poder extraordinario del Santo Rosario ¡Pero en ninguna parte pide por su recitación con tanta insistencia como en Fátima!

Antes del 1917, el Santo Rosario era rezado durante el mes de octubre y en algunas ocasiones importantes. Solamente cuando Nuestra Madre Celestial insistió seis veces que se rezara diariamente, se estableció esta costumbre en todo el mundo. Nos damos cuenta de la extrema importancia del Santo Rosario cuando consideramos sus innumerables frutos y efectos. Pero el testigo más sorprendente de su importancia es Nuestra Señora misma, cuando, en este día, revela quién es Ella: “Yo soy Nuestra Señora del Santo Rosario”. Meditaremos sobre este título más abajo, y también daremos una breve respuesta por qué el Santo Rosario es tan único y tan absolutamente grande. Después de la Santa Misa y la Divina Liturgia, es la oración más importante de la Iglesia. 
En Fátima, Nuestra Señora también nos muestra uno de los efectos o frutos más importantes del Rosario:
Primero, el 13 de mayo, declara a Francisco que él iría al Cielo, pero que tendría que recitar muchos Rosarios Ahora, esta intimidación no sólo toca a Francisco, sino a todos. En otras palabras, nuestra salvación y particularmente nuestra santidad está íntimamente relacionada con el Santo Rosario. 
Segundo, cuando Lucía pregunta por la sanación de gente enferma, o por ayuda en otras dificultades, Nuestra Señora repite muy frecuentemente, que “ellos deben recitar el Rosario diariamente para recibir estas gracias”. 

Tercero, Sor Lucía explicó al Padre Fuentes que ahora (para los últimos tiempos) Dios nos da los dos últimos medios de salvación: la devoción al Santo Rosario y al Inmaculado Corazón de María.     

Y si Ella dice que son los últimos, entonces no habrán más. Esto nos muestra la gran importancia del Santo Rosario en nuestros tiempos apocalípticos, tanto que únicamente estas dos devociones garantizan nuestra fidelidad y perseverancia durante las luchas finales. 

Finalmente, en este 13 de octubre, Nuestra Señora revela otro gran efecto del Santo Rosario: obtiene el fin de la guerra Consideremos este último punto detalladamente:
Estamos en el año 1917, la Primera Guerra Mundial entra en su fase más horrible y mortal. Casi no hay una familia en Europa que no haya tenido que enviar a sus hijos a la guerra, y todos estaban preocupados con la cuestión. Con esa perspectiva, podemos comprender por qué Nuestra Señora se refiere varias veces a esa Guerra Mundial y promete su fin.

Sin embargo, el mensaje de Nuestra Señora no sólo concierne     a la gente que vivía en 1917, sino que por medio de ellos, concierne a todas las gentes de todos los tiempos.  Similarmente, vemos en      el Evangelio que Nuestro Señor mismo anuncia proféticamente la destrucción de Jerusalén (que sucederá en el año 70), y entrelaza este evento histórico con el fin del mundo. Podemos aplicar este lenguaje profético de Nuestra Señora en Fátima: directa e inmediatamente, habla del fin de la Primera Guerra Mundial y del retorno a casa de los soldados Pero estas mismas palabras deben ser comprendidas por todas las gentes en todos los tiempos. Todo el que viene a Fátima, recibe la promesa de Nuestra Señora: ¡La guerra terminará y los soldados retornarán a sus casas! ¿Como podemos entender esto? Debemos preguntarnos, ¿qué significa “guerra” y particularmente “fin de la guerra” para nosotros?

Primero, significa que somos miembros de la Iglesia Militante    y nuestra vida es una Guerra Cristiana. Las guerras públicas de la gente y las naciones uno contra el otro son sólo una expresión y un símbolo de la guerra entre el bien y el mal, entre la gracia y el pecado, entre Nuestra Señora y el diablo, entre Cielo e infierno.
En una guerra necesitamos buenas armas, y no sólo eso. Los soldados tienen que ser hábiles y estar bien entrenados en el uso  de las armas  El arma por excelencia ofrecida por Nuestra Señora  es el Santo Rosario. Y si usamos ese arma conforme con el deseo de nuestra “comandante en jefe”, Ella nos anuncia solemnemente que esta guerra terminará y los soldados podrán ir a su hogar, que final- mente alcanzarán el hogar eterno. 

Segundo, esto significa que debe haber alguien que gana y alguien que pierde las batallas; debe haber una derrota y una victoria. La victoria: toda victoria verdadera en este mundo es obtenida por ELLA, y por medio de Ella por todos aquellos que meditan los misterios del Rosario. Esto es confirmado por la Iglesia, quien declara la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias como también la fiesta de Nuestra Señora del Santo Rosario. 

Tercero, el final de la guerra y el resultado de la victoria es PAZ. No hay victoria o paz sin Ella — esto ya lo ha demostrado con las victorias milagrosas del siglo XVI en adelante; este también será el mensaje en Tuy. En Fátima, Nuestra Señora vino a revelar que Ella es el único dispensario del don de la paz, y que quiere que obtengamos esa paz a través del Santo Rosario (véase también las apariciones del 13 de mayo, 13 de julio, 13 de septiembre).
En otras palabras, el Santo Rosario es el único pacificador en nuestra vida. La paz de las armas no puede ser sino una condición externa de la verdadera paz que San Agustín y Santo Tomás definen como la “tranquilidad del orden” Ahora sabemos que nuestro corazón es un campo de batalla y que “el diablo gira incesantemente alrededor nuestro como un león rugiente tratando de devorarnos”.

Es difícil tener la paz en nuestras almas y muy frecuentemente estamos preocupados, inquietos y agitados. Los más pequeños eventos nos hacen perder la paz de nuestro corazón. Qué preciosa es entonces la promesa de Nuestra Señora, que el Santo Rosario nos da la atmósfera de orden y armonía. La más alta y verdadera paz, no obstante, es una vida en amistad con Dios, una vida en la gracia santificante. Y esta gracia es otorgada y conservada gracias al Santo Rosario. Asimismo, podemos extender esta promesa a todas las situaciones e instituciones que necesitan absolutamente la atmósfera de paz si quieren sobrevivir: las familias, las escuelas, las parroquias, conventos, pueblos, etc.
Efectivamente, el 13 de octubre Nuestra Señora nos dijo lo que quiere De manera sorprendente y original, les recuerda a sus hijos la meta de sus vidas y la necesidad de alejarse radicalmente (=conversión) de todo lo que ofenda a Dios, y también la importancia de consolar el amor infinito, que ya “ha sido muy ofendido”, haciendo actos de reparación por los pecados. Pero Ella no es sólo una maestra que nos recuerda y enseña sobre la única necesidad   de la gran verdad en nuestra vida. Como la mejor de las madres, nos da los medios necesarios para ganar la batalla contra el diablo  y el pecado. Y aquí aparece el tercer gran tema de Fátima: la consa- gración. Ciertamente en este día Ella no habla directamente del acto de consagración, pero explica el sentido interior y la vida de consagración, sin la que los más solemnes actos y oraciones no tendrían ningún sentido.  El Rosario es la devoción que, de manera práctica  y simple, consagra nuestra vida diaria a Dios por medio de María. 

3°) "Yo soy la Señora del Santo Rosario"
Después de haber considerado lo que quiere Nuestra Señora, aprenderemos ahora quién es Ella Al igual que en Lourdes, aunque sus confidentes la habían reconocido desde el primer instante, Ella todavía no quiso revelar su nombre ¿Por qué este retraso, cuál es el misterio, si no es el de guiar nuestra atención aún más al nombre que es la expresión concreta del mismo misterio de su persona?

En Lourdes, Nuestra Señora no reveló Su nombre hasta el 25 de marzo: “Yo soy la Inmaculada Concepción”; y Bernardita observó: “éstas fueron las últimas palabras que Ella me dijo”.
En Fátima también, Ella no reveló Su nombre hasta la última de las apariciones en Cova da Iría: “Yo soy Nuestra Señora del Santo Rosario” A nuestro conocimiento, es la primera vez que Nuestra Señora pronunció tales palabras; y es de suma importancia explo- rarlas a fondo, dado que la Madre Celestial (similar a Lourdes), nos permite entrar dentro de la misma esencia de Su ser, de Su inefable misterio. 

“Yo soy…”
Estrictamente hablando, no hay criatura que pueda declarar tal cosa: “¡Yo soy!”, porque de nosotros mismos ¡somos nada! Toda criatura debería responder a la pregunta “quién eres tú” con las palabras de San Juan Bautista: “¡yo no soy!” Hemos recibido lo que somos y lo que tenemos; esto significa que recibimos nuestro ser, nuestras cualidades, nuestros talentos como una limitada parti- cipación del ser y de las perfecciones de Dios. Nunca podemos decir “yo soy sabiduría” sino solamente “yo recibí una parte de  la sabiduría de Dios”; ó “yo soy la vida” sino “yo recibí mi vida como una limitada participación en la vida de Dios” Sólo Dios puede decir “¡Yo soy!” Y Él dijo precisamente esto cuando reveló a Moisés por primera vez en la historia Su propio nombre “¡Yo soy quien Yo soy!” Luego, Nuestro Señor Jesucristo también aplicará a sí mismo la prerrogativa divina cuando dice: “¡Yo soy la Vida!
¡Yo soy la Verdad! ¡Yo soy la Resurrección! ¡Antes que Abraham fuese, yo soy!”
Aún así, ambas veces, en Lourdes y en Fátima, Nuestra Señora dice claramente “Yo soy” al definir su propia esencia y revelar su nombre profundo ¿No es una blasfemia atribuirse a sí mismo algo que sólo Dios puede decir? Esta objeción fue hecha en Lourdes en el proceso canónico en el cual se decidió sobre la autenticidad de la aparición. 
San Maximiliano nos da una explicación maravillosa Describe que el Espíritu Santo es de hecho la siempre santa, siempre “inmaculada” concepción del Padre y del Hijo, la unión del Padre y el Hijo, su Amor mutuo. Sólo Él puede decir estricta y debidamente: “¡Yo soy la eterna, purísima, santísima, Inmaculada Concepción!” Nuestra Señora fue creada como la Esposa del Espíritu Santo: “Si entre las criaturas la esposa toma el nombre del esposo porque pertenece a él, se une a él, se hace su igual y se convierte, en unión con él, en el instrumento por medio del cual se crea nueva vida, cuánto más verdadero es esto para el nombre del Espíritu Santo. Inmaculada Concepción es el nombre de la Mujer en la cuál Él vive en ese Amor que es fructífero para todo el orden sobrenatural.”

Por lo tanto, Nuestra Señora es la única criatura que puede decir “Yo soy”, porque está completamente unida a la Santísima Trinidad, pero más especialmente al Espíritu Santo. San Maximi- liano no puede encontrar palabras equivalentes para expresar cómo el Espíritu Santo y la Inmaculada son uno: “Ella es la pura presencia de El en el mundo; El está tan unido a Ella que uno puede hablar de una casi-encarnación: “¿Qué tipo de unión es ésta? Es sobre todo interior: es la unión de todo el ser de Ella con el ser del Espíritu Santo. El Espíritu Santo mora en ella, vive en Ella desde el primer instante de Su existencia, y Él va a hacerlo siempre y por toda la eternidad ”.

“Yo soy… Nossa Senhora“
La versión inglesa “I am Our Lady…” no es la traducción exacta de “Nossa Senhora”, que es la palabra femenina para “Senhor”, y significa “ama” o “dueña”. Uno podría traducir la frase completa: “Yo soy la Reina del Santo Rosario” La palabra “Senhora” denota autoridad, reino y gobierno. De hecho, Fátima es una manifestación extraordinaria del poder real de la Madre de Dios, de la OMNIPOTENTIA SUPPLEX (omnipotencia suplicante).

Esta frase, sin embargo, es un problema Gramaticalmente correcto se diría: “Yo soy vuestra Reina”, “Yo soy la Reina”, etc. Pero Ella dice: Yo soy… ¡Nuestra Señora!
Quizás adoptó la expresión común de “Nuestra Señora”, que la gente en todo el mundo Le ha dado. Ella ama tanto esta invocación que se la atribuyó a sí misma “Yo soy realmente aquella que vosotros llamáis <Nuestra Señora>  Vosotros me llamáis <Nuestra Señora>  y tenéis razón, ¡yo lo soy!”.
Por medio de esta expresión poco común, Ella trata de explicar que es realmente “Señora”, la Reina que recibió de Su Hijo divino la plena dignidad real y autoridad ejecutiva.  Pero esta autoridad    y poder es “nuestra”, nos pertenece María es “Nuestra Señora”, parte de nosotros: en otras palabras, Su autoridad y poder es sólo para nuestro bien, para nuestra causa, para nuestra felicidad. 
“Yo soy Nuestra Señora del Santo Rosario”
Su autoridad real se especifica en la palabra “Rosario”. Esto significa que el Santo Rosario es el lugar y la atmósfera en la cual Ella ejerce su ser como Reina, Dama y Señora.

¿Qué es el Santo Rosario?
“Rosarium“ es el ramo de las más bellas rosas de virtud, amor     y santidad ofrecidas al Altísimo para nuestra salvación. Es la cadena que une el Cielo con la tierra, el ancla que encadena el barco del alma con el puerto eterno. Es la corona de las más bellas joyas, el más precioso regalo para el Rey eterno “Yo soy Nuestra Señora del Rosario” significa: “Yo misma soy la conexión entre el Cielo y la tierra, la escalera con la cual Dios baja al mundo y por   la cual vosotros retornáis a Dios. Yo soy la <Señora>, la autoridad para ordenar y mandar a todas las “rosas”, todas las buenas obras e intenciones de mis hijos, que han de ser ofrecidas a Dios. Yo tomo todas las joyas de mis hijos y uno a ellas todas mis virtudes y mi inmenso amor para así hacer una corona inmaculada, digna para poner sobre la cabeza de mi Hijo divino como un acto supremo de honra, adoración y sumisión”.

Una vez más: ¿Qué es el Santo Rosario? Es la vida, la muerte      y la resurrección de Nuestro Señor revivida, meditada en nuestro corazón ¡con y en María! “Yo soy Nuestra Señora del Santo Rosario” significa que Ella es la “Señora” de la vida, muerte y resurrección de  Nuestro  Señor  recordada  y  revivida  en  nuestros  corazones  y presente en el altar de nuestra salvación. ¿Pero es que esto significa que el reavivamiento espiritual de los 33 años de Nuestro Señor está en nosotros? Simplemente significa que Jesucristo mismo entra en nuestras almas con Su Preciosa Sangre, para limpiarnos de nuestros pecados, para purificarnos de la lepra espiritual, para liberarnos de las cadenas del diablo y para convertirnos del camino que lleva al abismo eterno. Después de habernos purificado, Nuestro Señor llena nuestra alma con la vida de Dios, con Su luz y bondad eterna y final- mente, con Su gloria perpetua.
Ahora, Nuestra Señora es la Madre y Reina de este reavivamiento espiritual en Jesucristo: Ella lo hace venir una y otra vez dentro de las almas de Sus hijos con todas las gracias de conversión, purificación, santificación y glorificación.

Entonces, el título “Yo soy Nuestra Señora del Santo Rosario” significa: ¡Yo soy la Medianera de Todas las Gracias!
Su Mediación está perfectamente descrita en el Santo Rosario como ya lo hemos visto: Ella es la conexión, el lazo de Dios hacia nosotros (la teología nombra esto la mediación descendiente; mediatio descendens), pero también el lazo de nosotros hacia Dios (la teología nombra esto la mediación ascendente; mediatio ascendens). El Santo Rosario es en primer lugar la ilustración de la misericordia infinita de Dios, El viene de Su plenitud y luz eterna a nuestra oscuridad    y nuestra nada. Nuestra Señora es el canal a través del cual la luz,  la gracia y la misericordia infinita desciende a nuestros corazones. San Maximiliano Kolbe dice: “Gesta Dei per Immaculatam” — todos los “gestos” de Dios hacia nosotros por medio de la Inmaculada. Segundo,  el Santo  Rosario es la ilustración de  nuestra respuesta   a Dios, de nuestro retorno a Dios por medio de Ella, conforme con la antigua frase de los Padres “per Mariam ad Jesum” o conforme con sus propias palabras: “Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te lleva a Dios”.

Su Mediación universal es explicada por Nuestra Señora más concretamente en las tres visiones que tuvieron los niños, mientras los peregrinos contemplaban el Milagro del Sol.
“Primero tuvimos la visión de la Sagrada Familia: San José y el Niño Jesús bendiciendo al mundo, y a la izquierda, Nuestra Señora, tal como apareció sobre la encina ”.
“Yo soy la Señora del Santo Rosario, y primero, de los misterios gozosos ”. Como Medianera nos trae estos misterios a nuestro corazón y de este modo nos hace conocer a Nuestro Señor ¡en Su personalidad divina y humana! Él vino mediante Ella al mundo; mediante Ella nació en Belén, mediante Ella San Juan fue santificado, y es Ella quién lo trae a nuestras almas (mediatio descendens).
Asimismo, por la meditación del Santo Rosario, Ella nos lleva espiritualmente a Nazaret, a Belén, a Egipto, y de nuevo a Nazaret, para que imitemos la vida oculta de Nuestro Señor y copiemos en nuestra vida de familia, la vida de la Sagrada Familia (meditatio ascendens).  En la medida en que nos unamos a la Sagrada Familia   e imitemos su vida, recibiremos “la bendición de San José y del Niño Jesús”.
“Entonces la luz cambió y de repente apareció la Virgen como Nuestra Señora de los Dolores. Nuestro Señor, que bendecía la multitud, reemplazó a San José. Nuestro Señor apareció en Su adultez y estaba vestido de rojo, sin duda para recordarnos el manto púrpura, con el cual fue vestido en el pretorio, durante la escena de los ultrajes y la coronación con espinas”.

Nuestra Señora es la Señora de los misterios dolorosos: cuando se encontraba al pie de la Cruz, Nuestro Señor Le dió todos los frutos y gracias que emanaban de Sus miles de heridas y Su Corazón traspasado. Ella recogió en Su Corazón todos los frutos del trabajo de redención, de Su Santa Pasión y Su Muerte en la Cruz. Allí Nuestro Señor declaró que Ella será nuestra Madre para dar todas las gracias a Sus amados hijos (meditatio descendens).  Y por medio  de la meditación  de  estos misterios,  Ella  nos invita a permanecer y arrodillarnos al lado de Ella al pie de la Cruz, donde Nuestro Señor “atraerá a sí mismo y a Su Padre Celestial” todos aquellos que han perseverado fielmente en Su Fe y Su gracia, protegidos y guiados por Su Madre, la Madre de los Dolores (meditatio ascendens). 

“Esta aparición también desapareció y vi a Nuestra Señora una vez más, esta vez parecida a Nuestra Señora del Carmen”.
Finalmente, Ella es la Señora de los misterios gloriosos: Ella nos trae el triunfo sobre el diablo, el pecado, y la condenación; Ella    nos trae la vida eterna; Ella brinda todas las glorias de la Iglesia Triunfante a nuestro corazón. Ella nos ofrece el escapulario como símbolo del cuidado y la protección materna (meditatio descendens) Queremos llevar el escapulario fiel y devotamente, queremos reconocer y proclamar que somos Sus hijos y que Ella es “Nuestra 
Señora y Nuestra Reina” y así prepararnos para una muerte santa (véanse las promesas del escapulario). Este es el más bello tema de la meditatio ascendens, una ascensión espiritual en Ella y con Ella hasta la resurrección eterna y la vida en el Cielo. 

¿Cuál es el gran mensaje de Fátima? ¿Quién es ELLA que viene a nuestro rescate en las horas más oscuras de este mundo?
“YO SOY LA NUESTRA SEÑORA DEL SANTO ROSARIO”, dice.
Y esto significa: “YO SOY LA MEDIANERA DE TODAS LAS GRACIAS”.
¿Pero dónde está la sede de todas las gracias? ¿Dónde está el mismo centro de mi ser más íntimo (“yo soy”)?
¡ES MI INMACULADO CORAZON!

Llegamos a la conclusión de que en verdad, Nuestra Señora mediante Sus pocas palabras durante la última aparición en Cova da Iría, nos entregó en su sustancia el misterio completo de Fátima; y es exactamente este misterio que todos deben aceptar y creer. No es simplemente una opción para un cierto grupo de devotos de Nuestra Señora. Es para todos los hombres que viven en este mundo: para que los no creyentes se conviertan; para que los indiferentes sean celosos; para que los pecadores regresen al estado de gracia; para que los fervorosos sean santos; para que “todos los que están sentados en la oscuridad y en las sombras de muerte” encuentren la vida eterna y la paz perpetua. Encontramos todas estas categorías de personas presentes en este día en Fátima, siendo testigos de uno de los milagros más grandes jamás vistos en el mundo.


12 de Octubre: Memoria Litúrgica del beato Carlo Acutis


“Su vida es un modelo, particularmente para los jóvenes, para no encontrar justificaciones en los éxitos efímeros, sino en los valores perennes que Jesús sugiere en el Evangelio, es decir, para poner a Dios en primer lugar en las grandes y pequeñas circunstancias de la vida, y para servir a los hermanos, especialmente a los considerados últimos”, Cardenal Agostino Vallini, Homilía de beatificación de Carlo Acutis (10 de octubre de 2020).

Estas palabras, pronunciadas por el Cardenal Vallini, sintetizan algo esencial de la vida cristiana y que Carlo supo vivir muy bien: el centro de nuestras vidas debe ser Dios. Cuando hacemos de Cristo “la piedra angular”, la santidad se hace posible.
Carlo Acutis nació el 3 de mayo de 1991 en Londres (Inglaterra), donde trabajaban sus padres, Andrea Acutis y Antonia Salzano, ambos italianos. Meses después de su nacimiento, sus padres decidieron regresar a Italia y establecerse con él en Milán.

Desde muy pequeño, Carlo evidenciaba un cariño especial por Dios y una sensibilidad singular para conocer la fe, a pesar de que sus padres no eran particularmente devotos en ese entonces. Ese amor por el Señor no pararía de crecer y se fortalecería en su adolescencia, cuando a Carlo le diagnosticaron leucemia. En ese momento, lejos de desesperar, Carlo manifestó su voluntad de ofrecer sus sufrimientos “por el Señor, el Papa y la Iglesia”. Ese deseo, que revelaba una profunda madurez espiritual a sus cortos 15 años, era expresión de un corazón que había ido tomando la forma del Corazón de Cristo desde su primera infancia.

Son abundantes los testimonios sobre la alegría de Carlo, su fortaleza, su preocupación por el bien de los que le rodeaban, su sensibilidad y empatía con sus compañeros de colegio -especialmente si eran maltratados- o con los pobres, a quienes asistió en numerosas ocasiones, solo o junto a sus amigos. A muchos les llamaba la atención la naturalidad con la que Carlo se acercaba a todo aquel que estuviese sufriendo; y es que él quería asegurarse siempre de que Dios estuviese en sus vidas y los alivie material y espiritualmente.

A Carlo lo han llamado “ciberapóstol de la Eucaristía”, “apóstol de los millennials” y, recientemente, “apóstol de la Internet”, y hay razones para ello. Carlo fue un promotor de los milagros eucarísticos en el ciberespacio. Diseñó un sitio web con ese fin. Allí escribió cosas tan hermosas como esta: “mientras más frecuente sea nuestra recepción de la Eucaristía, más seremos como Jesús. Y en esta tierra podremos pregustar el Cielo”. Sin duda, palabras que revelan la sana comprensión que tenía de las nuevas tecnologías y su utilidad en la evangelización. Se dice también que gustaba de los videojuegos y que incluso tuvo una consola PlayStation 2, la que por decisión propia usaba solo los domingos por una hora.

Todo santo es hijo de su tiempo pero, al mismo tiempo, es alguien que cuestiona las condiciones propias de su tiempo. Lo que pueda decirse de Carlo Acutis solo puede entenderse así. Vivió como un chico común de finales del siglo XX -paseaba, jugaba, estudiaba, ayudaba en casa, se divertía con amigos y familiares- pero se centró en lo eterno, la parte mejor, sin dejarse llevar por la corriente. Tuvo un trato frecuente con la Eucaristía -en la oración frente al Santísimo Sacramento y en la comunión frecuente- y una hermosa relación con la Virgen María. Carlo iba a misa varias veces por semana y amaba rezar el Rosario todos los días. Fue un joven forjado en la oración que no se perdió en el “bullicio” del mundo de hoy. Constantemente repetía: “La Eucaristía es mi autopista al Cielo”.
Carlo murió el 12 de octubre de 2006, día de la Virgen del Pilar. Fue sepultado en Asís, por pedido suyo, debido al gran amor que le tenía a San Francisco. Su causa de beatificación se abrió en 2013. Fue declarado “Venerable” en 2018 y desde el pasado 10 de octubre de 2020 se le cuenta entre los beatos.
El milagro que hizo posible la beatificación de Carlo sucedió en Brasil. Gracias a su intercesión, un niño resultó curado de una grave enfermedad. Su nombre es Matheus.

Matheus padecía una malformación congénita conocida como páncreas anular, condición que impide la correcta ingesta y digestión de los alimentos, entorpece la nutrición y atrofia el crecimiento de una persona, causándole además graves malestares. La madre de Matheus tuvo noticia de Carlo Acutis a través de un sacerdote amigo y se dedicó a pedir su intercesión por la curación de su hijo. El milagro tuvo lugar después de que Matheus venerara una de las reliquias del nuevo Beato que llegó a Brasil en 2013.


12 de Octubre: Fiesta de Nuestra Señora de Aparecida, Patrona de Brasil

 


Hoy, 12 de octubre, se celebra la advocación mariana de Nuestra Señora Aparecida, declarada Patrona de Brasil en 1929 por el Papa Pío XI y cuya imagen se resguarda en la Basílica que lleva su nombre, en el Estado brasilero de Sao Paulo (San Pablo).

La historia de esta advocación se inicia en 1717, cuando un grupo de pescadores encontraron en el río Paraiba una imagen de la Inmaculada Concepción hecha en terracota (arcilla modelada y endurecida al horno), de unos 36 centímetros de altura. La imagen presentaba un color oscuro, probablemente por el tipo de material del que estaba hecha y por haber pasado mucho tiempo expuesta a las aguas del río.

El hallazgo tuvo lugar después de que los pescadores pidieron la intercesión de la Virgen María para que no les falte el sustento necesario -la pesca había sido muy mala ese año y había hambre-. Por eso, cuando la imagen fue encontrada aquellos hombres pensaron que se trataba de una señal de que María los había escuchado y un tiempo mejor se avecinaba. Y así fue. Poco después, los pescadores volvían del mar con las redes llenas.

Uno de los pescadores llevó la imagen a su casa y le arregló un sencillo altar. Al tiempo, otro pescador trasladó la imagen a Itaguassú, donde le construyó un oratorio en su casa. Allí, los vecinos se reunían para rezar el Rosario y cantarle a la Virgen.

No hay certeza sobre el origen de la imagen de la Virgen o de cómo apareció flotando sobre las aguas del río, pero todo indica que su fabricación se remonta a los primeros tiempos de la colonización de Brasil.

El título de "Aparecida" alude a la manera como la imagen fue encontrada. Es la Virgen que “apareció” para ayudar a sus hijos.

El 5 de mayo de 1743 se comenzó a construir el templo de Nuestra Señora Aparecida, el cual fue inaugurado el 26 de julio de 1745.

En 1955 comenzó la construcción de la nueva Basílica de Nuestra Señora Aparecida en Sao Paulo; y el 4 de julio de 1980, San Juan Pablo II, durante su visita a Brasil, consagró la Basílica, constituyéndose como el santuario mariano más grande del mundo.

Oración a Ntra. Sra. de Aparecida 

Oh incomparable Señora de la Concepción Aparecida,
Madre de mi Dios, Reina de los ángeles,
abogada de los pecadores, refugio y
consuelo de los afligidos y perturbados, oh Virgen
santísíma, llena de poder y de voluntad,
lanza sobre nosotros tu mirada favorable, para
que seamos socorridos en todas las necesidades.

Recuérdate, clementísima Madre Aparecida, de
que no consta que entre todos los que han recurrido
a ti, invocando tu santísimo nombre e
implorado tu singular protección, alguno fuera
.abandonado por ti.

Animado con esta confianza, recurro a ti. Te
tomo hoy y para siempre como mi Madre y
protectora, mi consuelo y guía, mi esperanza
y luz en la hora de la muerte.

Así, pues, Señora, líbrame de todo lo que pueda
ofenderte a ti y a tu Hijo, mi Redentor y Señor
Jesucristo. Virgen bendita, preserva a éste tu
indigno siervo, esta casa y los que habitan en
ella, de la peste, del hambre, de la guerra, de
los rayos, de las tempestades y de otros peligros
y males que nos puedan asolar.

Señora Soberana, dígnate dirigirnos en todos
nuestros negocios, espirituales y temporales.
Líbranos de la tentación del demonio, para que
siguiendo el camino de la virtud, por los méritos
de tu purísima virginidad y de la preciosísima
Sangre de tu Hijo, te podamos ver, amar y gozar
en la gloria eterna, por todos los siglos de los
siglos. Amén.




12 de Octubre: Memoria Litúrgica de Nuestra Señora del Pilar. Patrona de la Hispanidad

 


En el 40 d.C. en la ciudad española de Zaragoza, la que antes de los tiempos de Cristo era la famosa y rica villa romana de César Augusto, de donde deriva su nombre actual, existe el monumento más sólido, antiguo, fidedigno y magnífico que tiene España como prueba de una piadosa tradición y de una antiquísima y profunda devoción por la Santísima Virgen María: el Santuario del Pilar. Esa gran basílica mariana con sus once cúpulas y sus cuatro campanarios es conocida y famosa, no sólo en España, sino en el mundo entero, puesto que, según la tradición, en tiempos inmemoriales se apareció ahí la Madre de Dios y, desde entonces, a través de los siglos, ha mostrado su protección especial con repetidas gracias, milagros y portentos, hasta ganarse la indefectible piedad de los españoles, que le tributan culto con devoción, constancia y magnificencia.


La tradición, tal como ha surgido de unos documentos del siglo XIII que se conservan como un tesoro en la catedral de Zaragoza, se remonta a la época inmediatamente posterior a la Ascensión de Jesucristo, cuando los apóstoles, fortalecidos con el Espíritu Santo, se disponían a emprender la predicación del Evangelio. El Apóstol Santiago el Mayor, hermano de Juan e hijo del Zebedeo, tuvo la inspiración de ir a predicar a España. Al tiempo de salir de Jerusalén, obtuvo la licencia y la bendición de la Santísima Virgen y se trasladó a aquella porción del mundo sumergida en la idolatría. Los documentos dicen textualmente que Santiago, "pasando por Asturias, llegó a la ciudad de Oviedo, en donde convirtió a varios a la fe. Continuó el viaje con sus nuevos discípulos a través de Galicia y de Castilla, hasta llegar a Aragón, el territorio que se llamaba Celtiberia, donde está situada la ciudad de Zaragoza, en las riberas del Ebro. Allí predicó Santiago muchos días y, entre los muchos convertidos eligió como acompañantes a ocho hombres, con los cuales trataba de día del reino de Dios y, por la noche, recorría las riberas para tomar algún descanso."

La noche del 2 de enero se encontraba Santiago con sus discípulos junto al Ebro, como afirman los códigos, cuando "oyó voces de ángeles que cantaban Ave, Maria, gratia plena y vio aparecer a la Virgen Madre de Cristo, de pie sobre un pilar de mármol". La Santísima Virgen, que aún vivía en carne mortal, habló con el Apóstol para pedirle que se le construyese ahí una iglesia, con el altar en torno al pilar donde estaba de pie y que "permanecerá en este sitio hasta el fin de los tiempos para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquéllos que en sus necesidades imploren mi patrocinio".

Desapareció la Virgen y quedó ahí el pilar. El Apóstol Santiago y los ocho testigos del prodigio comenzaron inmediatamente a edificar una iglesia en aquel sitio y, con el concurso de los conversos, la obra se puso en marcha con rapidez. Pero antes de que estuviese terminada la iglesia, Santiago ordenó presbítero a uno de sus discípulos para servicio de la misma, la consagró y le dio el título de Santa María del Pilar, antes de regresar a Judea. Esa fue la primera iglesia del mundo dedicada en honor de la Virgen.

Hasta aquí las palabras del referido código que conserva la catedral de Zaragoza y que dio origen a la acendrada devoción por la Virgen del Pilar, que se extendió por toda España y sobrepasó las fronteras. (...) Muchos historiadores e investigadores defienden esta tradición y aducen el argumento de que hay una serie de monumentos o testimonios que demuestran la existencia de una iglesia dedicada a la Virgen de Zaragoza. El más antiguo de estos testimonios es el famoso sarcófago de Santa Engracia, que se conserva en Zaragoza desde el siglo IV, cuando la santa fue martirizada y que representa en un bajo relieve, según parece, el descenso de la Virgen de los cielos para aparecerse al Apóstol Santiago. Asimismo, hacia el año 835, un monje de San Germán de París, llamado Almoino, redactó unos escritos en los que habla de la iglesia de la Virgen María de Zaragoza, "donde había servido en su tiempo (mediados del siglo III) el gran mártir San Vicente".

Por otra parte, la devoción del pueblo por la Virgen del Pilar se halla tan arraigada y desde épocas tan remotas entre los españoles, que las autoridades eclesiásticas de Roma, no obstante sus reiteradas negativas a conceder un oficio propio del Pilar, tuvieron que ceder a las repetidas instancias de los soberanos y los súbditos de España para autorizar el oficio definitivo en el que se consigna la aparición de la Virgen del Pilar como "una antigua y piadosa creencia". El Papa Clemente XII señaló la fecha del 12 de octubre para la festividad particular de la Virgen del Pilar, pero ya desde siglos antes, en todas las iglesias de España y entre todos los pueblos sujetos al rey católico, se celebraba la ventura de haber tenido a la Madre de Dios en su región, cuando todavía vivía en carne mortal. Es fama que el día 12 de octubre de 1492, precisamente cuando las tres carabelas de Cristóbal Colón avistaban las desconocidas tierras de América, al otro lado del Atlántico, los monjes de San Jerónimo cantaban alabanzas a la Madre de Dios en su santuario de Zaragoza, por lo cual, el 12 de octubre, día de la Virgen del Pilar, es también el "Día de la Raza" o "Día de la Hispanidad".


Cuenta una antigua y piadosa tradición que, estando el Apóstol Santiago el Mayor en oración a las orillas del río Ebro, se le apareció la Santísima Virgen María, en el año 40, viviendo aún en carne mortal, para consolarlo y esforzarlo a proseguir en España su obra de evangelización, y allí mismo le mandó construir un templo en honor suyo.

Según una venerada tradición, la Santísima Virgen María se manifestó en Zaragoza sobre una columna o pilar, signo visible de su presencia. Esta tradición encontró su expresión cultural en la misa y en el Oficio que, para toda España, decretó Clemente XII. Pío VII elevó la categoría litúrgica de la fiesta. Pío XII otorgó a todas las naciones sudamericanas la posibilidad de celebrar la misma misa que se celebraba en España.

La tradición se remonta al año 40, cuando el 2 de enero la Virgen María se apareció a Santiago el Mayor en Caesaraugusta. María llegó a Zaragoza «en carne mortal» —antes de su Asunción— y como testimonio de su visita dejó una columna de jaspe conocida popularmente como «el Pilar». Santiago y los siete primeros convertidos de la ciudad edificaron una primitiva capilla de adobe a orillas del Ebro. Este testimonio es recogido por un manuscrito de 1297 de los Moralia, que se custodia en el Archivo del Pilar. La devoción mariana inició en los albores del siglo XIII, cuando comenzaron las primeras peregrinaciones a Santa María la Mayor.

La imagen de la Virgen es una talla en madera dorada; mide treinta y seis centímetros y medio de altura y descansa sobre una columna de jaspe forrada de bronce y plata y cubierto, a su vez, por un manto desde los pies de la imagen de la virgen hasta la base vista de la columna o pilar, a excepción de los días dos, doce y veinte de cada mes en que aparece la columna visible en toda su superficie. En la fachada posterior de la capilla se abre el humilladero, donde los fieles pueden venerar la Santa Columna a través de un óculo abierto.

Simbolismo del pilar
El pilar o columna da la idea de la solidez del edificio-iglesia y la firmeza de la columna-confianza en la protección de la Virgen María.

La columna es símbolo del conducto que une el cielo y la tierra, "manifestación de la potencia de Dios en el hombre y la potencia del hombre bajo la influencia de Dios". Es soporte de lo sagrado, soporte de la vida cotidiana. Santa María, la puerta del cielo, la escala de Jacob, ha sido la mujer escogida por Dios para venir a nuestro mundo. En ella la tierra y el cielo se han unido en Jesucristo.

Las columnas garantizan la solidez del edificio, sea arquitectónico o social. Quebrantarlas es amenazar el edificio entero. La columna es la primera piedra del templo, que se desarrolla a su alrededor; es el eje de la construcción que liga entre si los diferentes niveles. La Virgen María es también la primera piedra de la Iglesia, el templo de Dios; en torno a ella, lo mismo que los apóstoles reunidos el día de Pentecostés, va creciendo el pueblo de Dios; la fe y la esperanza de la Virgen alientan a los cristianos en su esfuerzo por edificar el reino de Dios.

La Santa Columna está hecha de jaspe, tiene 1,77 metros de altura, un diámetro de 24 centímetros y un forro de bronce y plata. La tradición pilarista afirma que jamás ha variado su ubicación desde la visita de la Virgen María a Santiago.

Tres rasgos peculiares que caracterizan a la Virgen del Pilar:

1- Se trata de una venida extraordinaria de la Virgen durante su vida mortal. A diferencia de las otras apariciones, la Virgen vino cuando todavía vivía en Palestina.

2- La Columna o Pilar que la misma Señora trajo para que, sobre él se construyera la primera capilla que, de hecho, sería el primer Templo Mariano de toda la Cristiandad.

3- La vinculación de la tradición pilarista con la tradición jacobea (del Santuario de Santiago de Compostela). Por ello, Zaragoza y Compostela, el Pilar y Santiago, han constituido dos ejes fundamentales, en torno a los cuales ha girado durante siglos la espiritualidad de la patria española.


Virgen santa, Madre mía,
luz hermosa, claro día,
que la tierra aragonesa
te dignaste visitar(bis)

Este pueblo que te adora
de tu amor favor implora
y te aclama y te bendice
abrazado a tu Pilar.

Pilar sagrado, faro esplendente,
rico presente de caridad.
Pilar bendito, trono de gloria,
tú a la victoria nos llevarás.

Cantad, cantad
himnos de honor y de alabanza.
Cantad, cantad
a la Virgen del Pilar.

Oración a Nuestra Señora del Pilar 

Oh Virgen del Pilar, Reina y Madre, España y todas las naciones hispanas reconocen con gratitud tu protección constante y esperan seguir contando con ella.
Obtennos de tu Hijo fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor.
Queremos que en todos los instantes de nuestra vida sintamos que tu eres nuestra Madre.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.


Súplica y Oración del 
Santo Padre Juan Pablo II

Doy fervientes gracias a Dios por la presencia singular de María en esta tierra española donde tantos frutos ha producido. Y quiero encomendarte, Virgen santísima del Pilar, España entera, todos y cada uno de sus hijos y pueblos, la Iglesia en España, así como también los hijos de todas las naciones hispánicas. ¡Dios te salve, María, Madre de Cristo y de la Iglesia! ¡Dios te salve, vida, dulzura y esperanza nuestra! A tus cuidados confío esta tarde las necesidades de todas las familias de España, las alegrías de los niños, la ilusión de los jóvenes, los desvelos de los adultos, el dolor de los enfermos y el sereno atardecer de los ancianos. Te encomiendo la fidelidad y abnegación de los ministros de tu Hijo, la esperanza de quienes se preparan para ese ministerio, la gozosa entrega de las vírgenes del claustro, la oración y solicitud de los religiosos y religiosas, la vida y el empeño de cuantos trabajan por el reino de Cristo en estas tierras. En tus manos pongo la fatiga y él sudor de quienes trabajan con las suyas; la noble dedicación de los que transmiten su saber y el esfuerzo de los que aprenden; la hermosa vocación de quienes con su conciencia y servicio alivian el dolor ajeno; la tarea de quienes con su inteligencia buscan la verdad. En tu corazón dejo los anhelos de quienes, mediante los quehaceres económicos procuran honradamente la prosperidad de sus hermanos; de quienes, al servicio de la verdad, informan y forman rectamente la opinión pública; de cuantos, en la política, en la milicia, en las labores sindicales o en el servicio del orden ciudadano prestan su colaboración honesta en favor de una justa, pacífica y segura convivencia. Virgen Santa del Pilar: aumenta nuestra fe, consolida nuestra esperanza, aviva nuestra caridad. Socorre a los que padecen desgracias, a los que sufren soledad, ignorancia, hambre o falta de trabajo. Fortalece a los débiles en la fe. Fomenta en los jóvenes la disponibilidad para una entrega plena a Dios. Protege a España entera y a sus pueblos, a sus hombres y mujeres. Y asiste maternalmente, oh María, a cuantos te invocan como Patrona de la Hispanidad. Así sea.

11 de Octubre: Memoria Litúrgica de san Juan XXIII, papa

 


Angelo Giuseppe Roncalli nació en Lombardía (Italia) el 25 de noviembre de 1881. Fue el cuarto hijo de un total de catorce del matrimonio formado por Giovanni Battista Roncalli (1854–1935) y Marianna Giulia Mazzolla (1854–1939) quienes trabajaban como aparceros. El ambiente religioso de su familia y la vida parroquial bajo la guía del padre Francesco Rebuzzini, le proporcionaron a Angelo formación cristiana.Ingresó en el seminario de Bérgamo en 1892. 

En 1896 fue admitido en la Orden Franciscana Seglar por el director espiritual del Seminario de Bérgamo , el Padre Luigi Isacchi. Hizo una profesión de esa Regla de vida el 23 de mayo de 1897. De 1901 a 1905 fue alumno en el Pontificio Seminario Romano. El 10 de agosto de 1904 fue ordenado sacerdote en la Basílica de Santa María de Monte Santo, en la Piazza del Popolo. En 1905, fue nombrado secretario del Obispo de Bérgamo, Giacomo Radini Tedeschi, y en el año siguiente fue el encargado de la enseñanza de Historia y Patrología en el seminario de Bérgamo. Ocupó estos puestos hasta la muerte de «su» obispo, como siempre recordaría a Radini Tedeschi, acaecida en 1914.


Durante la Primera Guerra Mundial, ejerció primero como sargento médico y más tarde como capellán militar. En 1921, fue llamado desde Roma por el Papa Benedicto XV para ocupar el cargo de Presidente para Italia del Consejo Central de la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe.

El papa Pío XI lo designó simultáneamente Arzobispo de Areopoli y enviado oficial para Bulgaria el 3 de marzo de 1925. El 19 de marzo de 1925 Angelo Giuseppe Roncalli fue consagrado Arzobispo titular de Areopoli. Eligió como su lema episcopal "Obedientia et Pax". En Bulgaria, realizó su labor apostólica visitando las comunidades católicas y estableciendo relaciones de respeto y estima con otras comunidades cristianas, en especial de la Iglesia Ortodoxa. En una ocasión en Bulgaria fue a visitar a unos heridos internados en un hospital católico que trataba gratuitamente a todas las personas, independientemente de su religión. Estos heridos fueron víctimas de un atentado contra el rey Boris III en una catedral ortodoxa de Sofía, siendo ortodoxos que frecuentaban su lugar de culto. El rey búlgaro quedó tan impresionado que lo recibió en audiencia privada, siendo un acto inédito porque los visitadores apostólicos no gozaban de ningún estatuto diplomático y las relaciones entre la minoría católica y la mayoría ortodoxa eran muy tensas. Hechos como este constituyeron las bases de la futura delegación apostólica. En efecto, su labor fue tan fructífera que se lo designó delegado apostólico para Bulgaria el 16 de octubre de 1931.

El 30 de noviembre de 1934 fue designado Arzobispo títular de Mesembria, y el 12 de enero de 1935 fue nombrado delegado apostólico para Turquía (vicario apostólico de Estambul, antigua Vicaría Apostólica de Constantinopla). El mismo día se lo designó Delegado Apostólico para Grecia, atendiendo desde Estambul los asuntos relativos a ambos países.

Su intervención para socorrer a miles de judíos de la persecución nazi mientras servía como Delegado Apostólico del Vaticano en Turquía durante la Segunda Guerra Mundial fue proverbial.

El 23 de diciembre de 1944, el Papa Pío XII lo nombró nuncio apostólico de Francia. Contribuyó a normalizar la organización eclesiástica en Francia, desestabilizada por los numerosos obispos que habían colaborado con los alemanes. Gracias a su cortesía, su sencillez, su buen humor y su amabilidad pudo resolver los problemas y conquistar el corazón de los franceses y de todo el Cuerpo Diplomático.

Pontificado de Juan XXIII 

El 28 de octubre de 1958, contando con casi 77 años, Roncalli fue elegido papa ante la sorpresa de todo el mundo. Escogió el nombre de Juan (nombre de su padre y del patrón de su pueblo natal, aunque escogió este nombre por el evangelista de nombre Juan). Fue entronizado el 4 de noviembre (21 días antes de su cumpleaños 77) por el cardenal Nicola Canali, protodiácono de San Nicola in Carcere Tulliano.

Después del largo pontificado de su predecesor, los cardenales parecieron escoger un papa de transición a causa de su avanzada edad y de su modestia personal.

Ni los cardenales ni el resto de la Iglesia esperaban que el temperamento alegre, la calidez y la generosidad del papa Juan XXIII cautivaran los afectos del mundo de una forma en que su predecesor no pudo. Al igual que Pío XI pensaba que el diálogo era la mejor forma para dar solución a un conflicto.

Enseguida empezó una nueva forma de ejercer el papado. Fue el primero desde 1870 que ejerció su ministerio de obispo de Roma visitando personalmente las parroquias de su diócesis. Al cabo de dos meses de haber sido elegido, dio ejemplo de obras de misericordia: por Navidad visitó los niños enfermos de los hospitales Espíritu Santo y Niño Jesús; al día siguiente fue a visitar los prisioneros de la cárcel Regina Coeli.

En su primera medida de gobierno vaticano, que le enfrentó con el resto de la curia, redujo los altos estipendios (y la vida de lujo que, en ocasiones, llevaban los obispos y cardenales). Asimismo, dignificó las condiciones laborales de los trabajadores del Vaticano, que hasta ese momento carecían de muchos de los derechos de los trabajadores de Europa, y además retribuidos con bajos salarios. Por primera vez en la historia nombra cardenales indios y africanos.

En una visita a Europa, el presidente de Argentina, Arturo Frondizi visitó El Vaticano y conoció al papa, quien le dio el apodo de "el estadista de América", también le dijo que en Italia hacían falta políticos como él.

Tres meses después de su elección, el 25 de enero de 1959, en la Basílica de San Pablo Extramuros y ante la sorpresa de todo el mundo anunció el XXI Concilio Ecuménico -que posteriormente fue llamado Concilio Vaticano II-, el I Sínodo de la Diócesis de Roma y la revisión del Código de Derecho Canónico. Este Concilio fue inspirado en la figura del papa Pío IX precursor del Concilio Vaticano I y quien, según el papa Juan XXIII, nadie en la historia de la Iglesia había sido tan amado y tan odiado a la vez.

El 2 de diciembre de 1960 se reunió en el Vaticano durante una hora con el arzobispo de Canterbury, Geoffrey Francis Fisher. Era la primera vez en más de 400 años, desde la excomunión de Isabel I, que la máxima autoridad de la Iglesia de Inglaterra se reunía con el papa. Durante su Pontificado nombró 37 nuevos cardenales, entre los cuales por primera vez un tanzano, un japonés, un filipino, un venezolano, un uruguayo y un mexicano.

El 3 de enero de 1962 excomulgó a Fidel Castro, iniciativa amparada en condenas expresadas por el papa Pío XII en 1949.


Juan XXIII escribió ocho encíclicas en total, 
según el siguiente orden cronológico:

Ad Petri Cathedram (29 de junio de 1959);
Sacerdotii Nostri Primordia (1 de agosto de 1959);
Grata Recordatio (26 de septiembre de 1959);
Princeps Pastorum (28 de noviembre de 1959);
Mater et Magistra (15 de mayo de 1961);
Aeterna Dei Sapientia (11 de noviembre de 1961);
Paenitentiam Agere (1 de julio de 1962);
Pacem in terris (11 de abril de 1963).

Su magisterio social en las encíclicas Mater et Magistra y Pacem in terris fue profundamente apreciado. En ambas pastorales se insiste sobre los derechos y deberes derivados de la dignidad del hombre como criatura de Dios.La encíclica Pacem in terris fue dirigida no solo a los católicos, sino «a todos los hombres de buena voluntad». Escrita en plena guerra fría luego de la crisis de los misiles en Cuba de octubre de 1962, la encíclica contiene un rechazo incondicional de la carrera de armamentos y de la guerra en sí misma. Sostiene que en la era atómica resulta impensable que la guerra se pueda utilizar como instrumento de justicia. Esto, a su vez, implicó una virtual abolición del concepto de guerra justa.

El 11 de octubre de 1962 el Papa Roncalli abrió el Concilio Vaticano II en San Pedro. Este Concilio cambiaría el rostro del catolicismo: una nueva forma de celebrar la liturgia (más cercana a los fieles), un nuevo acercamiento al mundo y un nuevo ecumenismo. Respecto de esto último, Juan XXIII había creado en 1960 el Secretariado para la promoción de la unidad de los cristianos, 12 una comisión preparatoria al Concilio que más tarde permanecería bajo el nombre de Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos. Era la primera vez que la Santa Sede creaba una estructura consagrada únicamente a temas ecuménicos. Para la presidencia de ese organismo el papa designó al cardenal Augustin Bea, quien luego se convertiría en una de las figuras determinantes del Concilio Vaticano II.

Desde la apertura del Concilio, el papa Juan XXIII enfatizó la naturaleza pastoral de sus objetivos: no se trataba de definir nuevas verdades ni condenar errores, sino que era necesario renovar la Iglesia para hacerla capaz de transmitir el Evangelio en los nuevos tiempos (un "aggiornamento"), buscar los caminos de unidad de las Iglesias cristianas, buscar lo bueno de los nuevos tiempos y establecer diálogo con el mundo moderno centrándose primero "en lo que nos une y no en lo que nos separa".

Al Concilio fueron invitados como observadores miembros de diversos credos, desde creyentes islámicos hasta indios americanos, al igual que miembros de todas las Iglesias cristianas: ortodoxos, anglicanos, cuáqueros, y protestantes en general, incluyendo, evangélicos, metodistas y calvinistas no presentes en Roma desde el tiempo de los cismas.


El 23 de mayo de 1963 se anunció públicamente la enfermedad del papa: cáncer de estómago que, según su secretario Loris F. Capovilla, le fue diagnosticado en septiembre de 1962. El papa no quiso dejarse operar temiendo que el rumbo del Concilio se desviara de lo estipulado. Así, el mismo Papa estaba firmando su sentencia de muerte. Al fin, después de sufrir esa grave enfermedad, el papa Juan XXIII murió en Roma el 3 de junio de 1963.

Finalizó sus días sin ver concluida su obra mayor, a la que él mismo consideró "la puesta al día de la Iglesia".

Fue sucedido por Pablo VI, quien en 1965 iniciaría el proceso de beatificación del propio Juan XXIII después de la clausura del Concilio Vaticano II. Juan XXIII fue beatificado por Juan Pablo II el 3 de septiembre de 2000, junto con el papa Pío IX. Su fiesta litúrgica quedó fijada el 11 de octubre, día de la apertura del Concilio Vaticano II.

La Congregación para las Causas de los Santos del Vaticano aprobó los milagros para la canonización del beato Juan Pablo II y del beato Juan XXIII. Los dos pontífices fueron canonizados en una misma celebración, el 27 de abril de 2014 por el Papa Francisco.


Oración a san Juan XXIII 

Dios, Padre amado, que nos diste como 
Santo Padre a San Juan XXIII, 
llamado por todos el Papa de la paz y el Papa bueno.

Te pedimos Padre por su intercesión ser portadores en esta tierra del don maravilloso de tu paz y ser por tanto hombres y mujeres de diálogo, comprensión y tolerancia.

Ayúdanos Señor a ver a todos los que nos rodean como hermanos e hijos de un mismo Dios y a buscar en todo momento el entendimiento sin desvirtuar tu luz y tu verdad.

Queremos, como San Juan XXIII, que nos reconozca el mundo entero porque, como discípulos tuyos, nos amamos unos a otros.

Gracias por este ejemplo de virtudes. Y unidos a todos los santos del cielo y en especial a este Papa bueno te suplico Padre Santo esta gracia particular que necesito 

(haga aquí su petición).

Gracias te doy de antemano, Señor, porque al ruego de tan gran intercesor estoy seguro de que me será concedida. Amén. 

10 de Octubre: Beatificación del Siervo de Dios Carlo Acutis

 


Carlo Acutis es un adolescente italiano que murió en 2006 y que será beatificado el próximo 10 de octubre en Asís, la tierra de San Francisco. La vida de Acutis, aficionado a los videojuegos y a la programación por computadora, que amaba el fútbol y la Eucaristía, ha generado gran interés en todo el mundo. Aquí te contamos lo que necesitas saber de él.

¿Quién es Carlo Acutis?

Carlo Acutis nació el 3 de mayo de 1991 en Londres (Inglaterra) donde trabajaban sus padres. Algunos meses después, sus papás Andrea Acutis y Antonia Salzano, se mudaron con él a Milán.

Siendo adolescente, a Carlo le diagnosticaron leucemia. Ofreció sus sufrimientos “por el Señor, el Papa y la Iglesia”.

Murió el 12 de octubre de 2006, día de la Virgen del Pilar. Fue sepultado en Asís a pedido suyo, debido al gran amor que le tenía a San Francisco.

Su causa de beatificación y canonización se abrió en 2013. Fue declarado venerable en 2018 y será beato desde el próximo 10 de octubre.

¿Y fue muy santo?

Desde muy pequeño Carlo mostró un especial amor a Dios, aunque sus padres no eran especialmente devotos. Su madre decía que antes de Carlo solo fue a Misa en su Primera Comunión, su Confirmación y su Matrimonio.

Carlo también amaba rezar el Rosario. Tras su Primera Comunión iba a Misa con frecuencia y se quedaba rezando en Hora Santa luego de la Eucaristía. Se confesaba una vez a la semana.

Le pedía a sus padres que lo llevaran en peregrinación a los lugares de los santos y a los sitios de los milagros eucarísticos.

Su testimonio de fe llevó a una profunda conversión a su madre porque, de acuerdo al sacerdote que promueve su causa, él “logró acercar a sus familiares, a sus padres a la Misa diariamente. No fue al revés, no fueron los padres los que llevaron al pequeño a Misa sino era él quien iba a Misa y que convenció a otros de recibir la Eucaristía todos los días”.

Era conocido por defender a los chicos de su escuela que sufrían bullying, especialmente niños con discapacidad. Cuando los padres de un amigo se estaban divorciando, Carlo hizo lo posible para incluirlo en la vida familiar de los Acutis.

Promovió los milagros eucarísticos, especialmente a través de un sitio web que diseñó con ese fin. Allí le decía a la gente que “mientras más frecuente sea nuestra recepción de la Eucaristía, más seremos como Jesús. Y en esta tierra podremos pregustar el Cielo”.

Cuando Carlo enfermó su vida de fe aumentó. Tenía toda la intención de ofrecer su sufrimiento por la Iglesia, el Papa y la gente enferma.

¿Fue un gamer?

Esto es lo que sabemos: Carlo amaba los videojuegos. La consola que usaba era un Playstation o posiblemente un PS2, que fue lanzado al mercado en el año 2000, cuando tenía nueve años. Sabemos que solo se permitía jugar una hora a la semana, como penitencia y disciplina espiritual, pero ciertamente sí quería jugar mucho más.

Lo que no sabemos es qué juegos solía jugar. ¿Tal vez Tony Hawk Pro Skater 2 o Gran Turismo 3? Si lo averiguamos, lo informaremos.

También era programador y, como ya hemos mencionado, hizo un sitio web sobre los milagros eucarísticos.

A Carlo también le gustaban los deportes en campo abierto. A muchos santos como a él les ha gustado el fútbol.

¿Y su cuerpo está incorrupto?

Inicialmente algunos dijeron que el cuerpo de Carlo Acutis fue encontrado incorrupto. Sin embargo, un vocero de la beatificación de Acutis dijo que el cuerpo está íntegro pero “no incorrupto”.

“Hoy lo vemos otra vez en su cuerpo mortal. Un cuerpo que ha pasado, en los años de sepultura en Asís, por el proceso normal de deterioro, que es el legado de la condición humana luego de que el pecado fuera removido por Dios, la fuente de la vida. Pero este cuerpo mortal está destinado a la resurrección”, dijo el Obispo de Asís, Mons. Domenico Sorrentino, en la Misa para la apertura de la tumba el 1 de octubre.

El cuerpo de Acutis reposa en una urna de vidrio donde podrá ser venerado por los peregrinos hasta el 17 de octubre. Está vestido con jeans y un par de tenis Nike, la ropa que solía usar.

El corazón de Carlo Acutis, que ahora puede ser considerado una reliquia, estará expuesto en un relicario en la Basílica de San Francisco en Asís. Su madre dijo que su familia quiso donar sus órganos cuando falleció, pero no pudieron hacerlo debido a la leucemia.


Oración al Siervo de Dios Carlo Acutis

Los promotores de su causa de beatificación han difundido esta oración es su sitio web para pedir su beatificación y canonización:

Oh Padre,
 que nos has dado el testimonio ardiente,
 del joven Siervo de Dios Carlo Acutis, 
 que convirtió la Eucaristía en el centro de su vida
 y la fuerza de su dedicación cotidiana 
para que los demás también Te amaran sobre todas las cosas,  haz que pueda formar parte de los Beatos y los Santos de tu Iglesia.

Confirma mi fe,
 alimenta mi esperanza,
 fortalece mi caridad,
 a imagen del joven Carlo,
 que, creciendo en estas virtudes,
 ahora vive a Ti.
 Concédeme la gracia que tanto necesito... 

Confío en Ti, Padre,
 y en tu amadísimo Hijo Jesús,
 en la Virgen María, nuestra dulcísima Madre,
 y en la intercesión de Tu Siervo Carlo Acutis.

 Rezar un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.