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--------------------------------------------- San Martin de Tours y La Virgen de los Buenos Aires / La Inmaculada Concepción y San Ponciano | Patronos de la Ciudad de Buenos Aires / Patronos de la Ciudad de La Plata -----------------------

Oración a san José



Oh san José, cuya protección es tan grande, tan fuerte y tan inmediata ante el trono de Dios, a ti confío todas mis intenciones y deseos.

Ayúdame, san José, con tu poderosa intercesión, a obtener todas las bendiciones espirituales por intercesión de tu Hijo adoptivo, Jesucristo Nuestro Señor, de modo que, al confiarme, aquí en la tierra, a tu poder celestial, Te tribute mi agradecimiento y homenaje.

Oh san José, yo nunca me canso de contemplarte con Jesús adormecido en tus brazos. No me atrevo a acercarme cuando Él descansa junto a tu corazón. Abrázale en mi nombre, besa por mí su delicado rostro y pídele que me devuelva ese beso cuando yo exhale mi último suspiro.

¡San José, patrono de las almas que parten, ruega por mi! Amén. 

Letanía en honor a san Juan Bautista



LETANÍAS DE SAN JUAN BAUTISTA (bíblicas)

Señor, ten piedad de nosotros 
Cristo, ten piedad de nosotros
Señor, ten piedad de nosotros

Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos

Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros
Dios Hijo Redentor del mundo, 
Dios Espíritu Santo, 
Santa Trinidad, un solo Dios, 

Santa María, Reina de los Profetas, ruega por nosotros
Nuestra Señora de la Visitación,

San Juan Bautista,                                                         
Profeta del Altísimo,                                                      
Precursor de Cristo,                                                     
Hijo de Zacarías e Isabel,
Juan, santificado en el seno materno,
Juan, de nacimiento admirable,                                              
Juan, de vida intachable,                                                
Juan, de muerte martirial,                                                
Juan, de gloria inefable,                                                    
Juan, el más grande de los nacidos de mujer,                  
Nuevo Elías,                                                                   
Voz que clama en el desierto,                                         
Llamado urgente a la penitencia y a la conversión,                    
Ejemplo de obediencia,                                                  
Modelo de vida contemplativa,                                         
Pregonero de la Verdad,                                                 
Heraldo del Mesías,                                                         
Primicia de la Buena Nueva,                                            
Amigo del Esposo,                                                             
Lámpara encendida,                                                         
Mensajero de esperanza,                                                   
Camino hacia el Cordero,                                                 
Palmera florida,                                                               
Grande como los cedros del Líbano,                                
Fuerte como el roble,                                                        
Duro como el mármol,                                                     
Noble como el oro de Ofir,
Puro como la miel silvestre,
Esplendor del Jordán,
Anticipo del nuevo Bautismo,
Ánfora de agua pura,
Justicia de los oprimidos,
Protector de los débiles,
Riqueza de los pobres,
Guía de los catecúmenos,
Fortaleza de los bautizados,
Testigo de la luz,
Antorcha de la Santa Iglesia,            
                          
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros.     
                  
Oración
Dios todopoderoso, concede a tu Pueblo la gracia de avanzar por el camino de la salvación, para que siguiendo las exhortaciones del santo Precursor Juan, llegue seguro a Aquel a Quien el gran Profeta señaló como el Cordero de Dios, nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

24 de Junio: Solemnidad de la Natividad de san Juan Bautista



San Juan Bautista, el Precursor del Mesías, es llamado en el Evangelio "el amigo del esposo" y Dios lo eligió para que preparase por medio de su predicación y de su bautismo de penitencia un pueblo perfecto. Bautizó a Cristo y oyó la voz del Padre que proclamó a Jesús como a su Hijo Predilecto. Vio también al Espíritu Santo bajar sobre Él en figura de paloma, y revelar que Jesucristo es el Cordero de Dios.

Normalmente, la Iglesia celebra el día de la muerte de un santo como su fiesta, llamándola su dies natalis, o el día de su nacimiento al cielo. Existen dos excepciones notables a esta regla, los nacimientos de la Santísima Virgen María y el de San Juan Bautista. Todas las demás personas estuvieron manchadas con el pecado original al momento de su nacimiento, por tanto, no eran agradables a Dios. Pero la Virgen María, desde el primer instante de su existencia, estuvo libre del pecado original, y Juan quedó limpió del pecado original en el vientre de su madre. Esta es la justificación dogmática para esta fiesta.

En su breviario, San Agustín explica que la razón por la que el nacimiento de San Juan Bautista es sagrada, mientras que en el caso de otros santos, sólo se honra el último día de sus vidas, es que el Señor deseaba anunciar a los hombres su propia venida a través del Bautista, pues si hubiera aparecido repentinamente, no lo hubieran reconocido. Juan representaba el Antiguo Testamento y la Ley. Por lo tanto, él precedió al Redentor, aun cuando la Ley precedió y anunció la nueva dispensación de la gracia.

El nacimiento de Jesús se celebra el 25 de diciembre, en el solsticio de invierno, mientras que el nacimiento de su predecesor se celebra seis meses antes en el solsticio de verano. La navidad es una fiesta "ligera"; lo mismo sigue siendo el día de hoy. La costumbre popular alrededor del "Fuego de San Juan" (fogatas encendidas en la vigilia de la fiesta) se deriva del dogma cristiano más sólido. El Fuego de San Juan simboliza a Cristo la Luz; Juan era una lámpara que brillaba y ardía. Nosotros los cristianos deberíamos ser la luz del mundo.


La misión de San Juan Bautista
 
En primer lugar, San Juan Bautista es importante por su misión en el plan de Dios para nuestra Redención. En realidad, esto es lo importante con San Juan: su papel. Si entendemos su labor, su tarea para Dios, entendemos a San Juan. No había nada en su vida, sino cumplir su tarea, al mostrar al Mesías a la gente. Vemos esto en sus propias palabras a los Fariseos. ¿Quién eres tu? . . . Yo no soy el Cristo. . . ¿Entonces qué? ¿Eres tu Elías, o el Profeta? . . . No lo soy. . . ¿Quién eres tu?...

Para que demos una respuesta a los que nos han enviado. ¿Qué dices de ti mismo? . . . Yo soy la voz San juan Bautista, de uno que clama en el desierto; Enderezad el camino del Señor, como dijo Isaías. . . . En medio de vosotros está uno que vosotros no conocéis, que viene después de mi, y al cual yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia. Es decir, San Juan no es alguien importante de las profecías antiguas. San Juan no ni persona, sino sólo una voz, y la voz es importante sólo para las palabras, el mensaje que habla. Y la misión de San Juan es preparar el camino a Cristo, al cual no es digno de desatar la correa de su sandalia.

Vemos esta misión desde el primer momento de su vida, cuando su padre Zacarías dice: Tu, pequeñuelo, serás llamado profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor para preparar sus caminos, para dar a su pueblo el conocimiento de la salvación en la remisión de los pecados . . . Vemos esta misión en su primera acción, cuando muestra a su madre la presencia de Cristo. Y sucedió cuando Isabel oyó el saludo de la Virgen María, que el niño dio saltos en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo. Y vemos esta misión en las conocidas palabras del Evangelio de San Juan Apóstol, en que describe la Misión Eterna del Hijo de Dios. Apareció un hombre, enviado de Dios, que se llamaba Juan. Él vino como testigo, para dar testimonio acerca de la luz.

Entonces, San Juan es poco más que un papel, cumplido en el plan de Dios. No oímos mucho del carácter de San Juan, porque lo que importa es su papel. No sabemos nada de San Juan que no sea en relación a su misión, su relación con el plan de la Redención.

La culminación del Antiguo Testamento
 
San Juan fue el último profeta. Cada profeta del Antiguo Testamento habló de Cristo, diciendo muchas cosas, como su nacimiento de la Virgen, sus sufrimientos, su rechazo por parte de la gente, su muerte. Pero San Juan fue el único profeta que podía apuntar a Cristo con su dedo, y decir: Allí está, este es el Mesías. He aquí el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. . . Este es aquel de quien yo hablé. . . He visto, y testifico que Él es el Hijo de Dios.

Con San Juan terminó la revelación progresiva del Antiguo Testamento. Por siglos la gente andaba en tinieblas, y tenía solamente símbolos, figuras, señales de el Mesías, solamente esperanza para el futuro. Pero San Juan fue el fin de esto; el hizo el primer reconocimiento público de Cristo. En el momento de su Bautismo, Cristo fue revelado a toda la gente. He aquí que se le abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios, en figura de paloma, que descendía y venía sobre Él, y una voz del cielo decía: Este es mi Hijo, el Amado, en quien me complazco. Por eso, San Juan tenía una misión como el equivalente de Nuestra Señora, pero entre los hombres. María también fue la culminación de siglos de preparación entre la Gente Elegida. María también vivía solamente para su misión, su papel en el plan de Dios; ser Madre de Dios. De María es el cuerpo y la vida de Nuestro Señor; de San Juan es su reconocimiento público como el Mesías y Redentor.

El ejemplo de San Juan
 
San Juan debe ser uno de los ejemplos más importantes de todos los Santos para nosotros. Ningún hombre en la historia del mundo ha tenido palabras de elogio de la boca de Nuestro Señor como San Juan. ¿Un profeta? Si, os digo, y más que profeta. . . En verdad, os digo, no se ha levantado entre los hijos de mujer, uno mayor que Juan el Bautista. También, San Juan fue amigo de Nuestro Señor. Vemos esto en su dolor cuando San Juan murió en los manos de Herodes. Los discípulos de Juan se llevaron el cuerpo y lo sepultaron; luego fueron a informar a Jesús, quien habiendo oído esto, se retiró de allí en barca, a un lugar desierto, a solas.

Por eso, San Juan puede ser nuestro patrón, nuestro ejemplo de preparación para Cristo. San Juan cumple con su trabajo, preparar a la gente para Cristo, y no tomaba nada de su gloria para si mismo. Es necesario que Él crezca, y que Yo disminuya. Después de cumplir su tarea, San Juan tenía una felicidad muy grande, quizás única entre los hombres. El que tiene la esposa es el esposo. El amigo del esposo que está a su lado y le oye, experimenta una gran alegría con la voz del esposo. Esta alegría, que es la mía, está, pues, cumplida. . .

Si queremos estar preparados para la venida de Nuestro Señor, si queremos tener la felicidad, ¿qué mejor patrón podemos tener?

Conclusión: San Juan para nosotros
 
Entonces, entendemos la respuesta a nuestra pregunta; ¿por qué la importancia de San Juan? Entendemos que la importancia de San Juan es el resultado de su misión, que está relacionada con la misión de Nuestro Señor. Por esto, San Juan fue la culminación del Antiguo Testamento, el más importante de los profetas, y tenía un papel muy similar al de Nuestra Señora. Y si San Juan hizo la última preparación para Nuestro Señor, debe ser un ejemplo para nosotros, para preparar su venida.

San Juan Bautista, ruega por nosotros.

EVANGELIO Y REFLEXIÓN DE LA SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA



+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo 
según san Lucas     1, 57-66. 80

Cuando llegó el tiempo en que Isabel debía ser madre, dio a luz un hijo. Al enterarse sus vecinos y parientes de la gran misericordia con que Dios la había tratado, se alegraban con ella.
A los ocho días, se reunieron para circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre dijo: «No, debe llamarse Juan.»
Ellos le decían: «No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre.»
Entonces preguntaron por señas al padre qué nombre quería que le pusieran. Este pidió una pizarra y escribió: «Su nombre es Juan.»
Todos quedaron admirados. Y en ese mismo momento, Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios.
Este acontecimiento produjo una gran impresión entre la gente de los alrededores, y se lo comentaba en toda la región montañosa de Judea. Todos los que se enteraron guardaban este recuerdo en su corazón y se decían: «¿Qué llegará a ser este niño?» Porque la mano del Señor estaba con él.
El niño iba creciendo y se fortalecía en su espíritu; y vivió en lugares desiertos hasta el día en que se manifestó a Israel.


Hoy, celebramos solemnemente el nacimiento del Bautista. San Juan es un hombre de grandes contrastes: vive el silencio del desierto, pero desde allí mueve las masas y las invita con voz convincente a la conversión; es humilde para reconocer que él tan sólo es la voz, no la Palabra, pero no tiene pelos en la lengua y es capaz de acusar y denunciar las injusticias incluso a los mismos reyes; invita a sus discípulos a ir hacia Jesús, pero no rechaza conversar con el rey Herodes mientras está en prisión. Silencioso y humilde, es también valiente y decidido hasta derramar su sangre. ¡Juan Bautista es un gran hombre!, el mayor de los nacidos de mujer, así lo elogiará Jesús; pero solamente es el precursor de Cristo.

Quizás el secreto de su grandeza está en su conciencia de saberse elegido por Dios; así lo expresa el evangelista: «El niño crecía y su espíritu se fortalecía; vivió en los desiertos hasta el día de su manifestación a Israel» (Lc 1,80). Toda su niñez y juventud estuvo marcada por la conciencia de su misión: dar testimonio; y lo hace bautizando a Cristo en el Jordán, preparando para el Señor un pueblo bien dispuesto y, al final de su vida, derramando su sangre en favor de la verdad. Con nuestro conocimiento de Juan, podemos responder a la pregunta de sus contemporáneos: «¿Qué será este niño?» (Lc 1,66).

Todos nosotros, por el bautismo, hemos sido elegidos y enviados a dar testimonio del Señor. En un ambiente de indiferencia, san Juan es modelo y ayuda para nosotros; san Agustín nos dice: «Admira a Juan cuanto te sea posible, pues lo que admiras aprovecha a Cristo. Aprovecha a Cristo, repito, no porqué tú le ofrezcas algo a Él, sino para progresar tú en Él». En Juan, sus actitudes de Precursor, manifestadas en su oración atenta al Espíritu, en su fortaleza y su humildad, nos ayudan a abrir horizontes nuevos de santidad para nosotros y para nuestros hermanos.

Devoción a los Ángeles Custodios #Martes #Devociones #Iglesia #Católica



Se Repite 

Señor, ten piedad 
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad 

Cristo, óyenos 
Cristo, escúchanos 

Ten misericordia de nosotros

Dios, Padre Celestial
Dios Hijo, Redentor del mundo 
Dios, Espíritu Santo 
Santísima Trinidad, un solo Dios 

Ruega por nosotros

Santa María, Reina de los Ángeles 
Santo Ángel, que eres mi custodio
Santo Ángel, a quien yo venero como a mi rey
Santo Ángel, que me hablas con tanta caridad 
Santo Ángel. que me das prudentes consejos 
Santo Ángel, celoso protector mío 
Santo Ángel, que me socorres en mis necesidades
Santo Ángel, que me amas tiernamente
Santo Ángel, mi consolador 
Santo Ángel, que me enseñas mis deberes 
Santo Ángel, mi buen pastor 
Santo Ángel, testigo de todas mis acciones 
Santo Ángel, que me defiendes en todo combate
Santo Ángel, que atiendes continuamente mi custodia
Santo Ángel, que me ayudas en todas mis empresas
Santo Ángel, que intercedes por mí 
Santo Ángel, que me llevas de tu mano 
Santo Ángel, que me diriges en todos mis caminos
Santo Ángel, que presides todas mis acciones
Santo Ángel, mi caritativo defensor 
Santo Ángel, que me guías con sabiduría
Santo Ángel, que me defiendes de los peligros 
Santo Ángel, que me enseñas las verdades de la salvación 

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, Perdónanos, Señor. 

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, Escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, Ten misericordia de nosotros 

- Rueguen por nosotros, Santos Ángeles Custodios
- para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo 

Oremos. 
Oh Dios todopoderoso y eterno, que por un efecto de tu inefable bondad nos has dado a todos un Ángel Custodio, haz que yo sienta hacia aquél que Tú me has dado en tu gran misericordia tanto respeto y amor que, ayudado por los dones de tu gracia y por su auxilio, merezca ir a la patria celestial para contemplarte, juntamente con él, en los resplandores de tu gloria. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén. 

23 de Junio: Vigilia de la Solemnidad de San Juan Bautista



Pequeña celebración para rezar desde casa para todos los que no pueden unirse a ninguna transmisión de la Santa Misa Vespertina de esta solemnidad. 

- Dios mío ven en mi auxilio
- Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre... Aleluya.

HIMNO

Profeta de soledades,
labio hiciste de tus iras
para fustigar mentiras
y para gritar verdades.

Desde el vientre escogido
fuiste tú el pregonero,
para anunciar al mundo
la presencia del Verbo.

El desierto encendido
fue tu ardiente maestro,
para allanar montañas
y encender los senderos.

Cuerpo de duro roble,
alma azul de silencio;
miel silvestre de rocas
y un jubón de camello.

No fuiste, Juan, la caña
tronchada por el viento;
sí la palabra ardiente
tu palabra de acero.

En el Jordán lavaste
al más puro Cordero,
que apacienta entre lirios
y duerme en los almendros.

En tu figura hirsuta
se esperanzó tu pueblo:
para una raza nueva
abriste cielos nuevos.

Sacudiste el azote
ante el poder soberbio;
y ante el Sol que nacía
se apagó tu lucero.

Por fin, en un banquete
y en el placer de un ebrio,
el vino de tu sangre
santificó el desierto.

Profeta de soledades,
labio hiciste de tus iras
para fustigar mentiras
y para gritar verdades. Amén.

MEDITAMOS LAS LECTURAS PROPIAS DE LA 
SANTA MISA DE LA VIGILIA 

Lectura del libro del profeta Jeremías     1, 4-10

La palabra del Señor llegó a mí en estos términos:
«Antes de formarte en el vientre materno, yo te conocía; antes de que salieras del seno, yo te había consagrado, te había constituido profeta para las naciones.»
Yo respondí: «¡Ah, Señor! Mira que no sé hablar, porque soy demasiado joven.»
El Señor me dijo: «No digas: "Soy demasiado joven", porque tú irás adonde yo te envíe y dirás todo lo que yo te ordene. No temas delante de ellos, porque yo estoy contigo para librarte -oráculo del Señor-.»
El Señor extendió su mano, tocó mi boca y me dijo: «Yo pongo mis palabras en tu boca. Yo te establezco en este día sobre las naciones y sobre los reinos, para arrancar y derribar, para perder y demoler, para edificar y plantar.»

SALMO     Sal 70, 1-4a. 5-6b. 15ab.17 (R.: 6b)

R. Desde el seno materno fuiste mi protector.

Yo me refugio en ti, Señor,
¡que nunca tenga que avergonzarme!
Por tu justicia, líbrame y rescátame,
inclina tu oído hacia mí, y sálvame. R.

Sé para mí una roca protectora,
tú que decidiste venir siempre en mi ayuda,
porque tú eres mi Roca y mi fortaleza.
¡Líbrame, Dios mío, de las manos del impío. R.

Porque tú, Señor, eres mi esperanza
y mi seguridad desde mi juventud.
En ti me apoyé desde las entrañas de mi madre;
desde el seno materno fuiste mi protector. R.

Mi boca anunciará incesantemente
tus actos de justicia y salvación.
Dios mío, tú me enseñaste desde mi juventud,
y hasta hoy he narrado tus maravillas. R.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo 
según san Lucas     1, 5-17

En tiempos de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías, de la clase sacerdotal de Abías. Su mujer, llamada Isabel, era descendiente de Aarón. Ambos eran justos a los ojos de Dios y seguían en forma irreprochable todos los mandamientos y preceptos del Señor. Pero no tenían hijos, porque Isabel era estéril; y los dos eran de edad avanzada.
Un día en que su clase estaba de turno y Zacarías ejercía la función sacerdotal delante de Dios, le tocó en suerte, según la costumbre litúrgica, entrar en el Santuario del Señor para quemar el incienso. Toda la asamblea del pueblo permanecía afuera, en oración, mientras se ofrecía el incienso.
Entonces se le apareció el Angel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías quedó desconcertado y tuvo miedo. Pero el Angel le dijo: «No temas, Zacarías; tu súplica ha sido escuchada. Isabel, tu esposa, te dará un hijo al que llamarás Juan. El será para ti un motivo de gozo y de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento, porque será grande a los ojos del Señor. No beberá vino ni bebida alcohólica; estará lleno del Espíritu Santo desde el seno de su madre, y hará que muchos israelitas vuelvan al Señor, su Dios. Precederá al Señor con el espíritu y el poder de Elías, para reconciliar a los padres con sus hijos y atraer a los rebeldes a la sabiduría de los justos, preparando así al Señor un Pueblo bien dispuesto.»


EN SILENCIO MEDITAMOS LAS LECTURAS DE ESTA TARDE

RESPONSORIO BREVE

- Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas.
- Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas.

- El que viene después de mí ya existía antes que yo.
- Enderezad sus sendas

- Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
- Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant.: Cuando entró Zacarías en el santuario del Señor, se le apareció el ángel Gabriel, de pie a la derecha del altar del incienso.

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.: Cuando entró Zacarías en el santuario del Señor, se le apareció el ángel Gabriel, de pie a la derecha del altar del incienso.

Dirijamos nuestra oración al Padre que está en los cielos, diciendo: Padre nuestro...

Oración. Dios todopoderoso, concede que tu familia
progresar en el camino de la salvación, para que, siguiendo la voz de san Juan el Precursor, pueda llegar con seguridad al Salvador anunciado. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. 

- El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
- Amén. 

San Juan Bautista, ruega por nosotros (3 veces)

23 de Junio: Memoria Litúrgica de san José Cafasso, presbítero



“No será muerte sino un dulce sueño para ti, alma mía, si al morir te asiste Jesús, y te recibe la Virgen María”, escribió poco tiempo antes de morir San José Cafasso, patrono de las cárceles italianas y modelo de sacerdotes comprometidos en la confesión y dirección espiritual. Bajo su guía se formó San Juan Bosco.

San José Cafasso nació en Italia en 1811. Desde pequeño su familia y la gente del pueblo lo estimaban como un “santito”. Fue ordenado sacerdote en 1833 y meses después se estableció en el “Convictorio Eclesiástico” para perfeccionar su formación sacerdotal.

San José Cafasso acompañó a la horca a muchos condenados a muerte y todos murieron confesados, arrepentidos y asistidos por su paternal presencia porque le recordaban a Cristo prisionero.

San José Cafasso ayudó a San Juan Bosco en el seminario y más adelante en el Convictorio. En el apostolado de las cárceles, Bosco presenció los horrores que sufre la juventud al no tener quien los oriente en la fe y educación. Así fue surgiendo la inquietud de crear obras que prevengan a los jóvenes de caer en estos lugares.

A pesar de las críticas, San José siempre defendió el servicio juvenil de su discípulo y se volvió un bienhechor de la naciente comunidad salesiana.

Al despacho del P. Cafasso llegaba toda clase de personas necesitadas. Él se caracterizaba por su amabilidad y una alegría contagiosa. Solía inculcar en sus alumnos una gran devoción al Santísimo Sacramento y la Virgen María.

“Toda la santidad, la perfección y el provecho de una persona está en hacer perfectamente la voluntad de Dios… querer lo que Dios quiere, quererlo en el modo, en el tiempo y en las circunstancias que Él quiere, y querer todo eso únicamente porque Dios así lo quiere”, decía San José Caffaso.

Cierto día en un sermón expresó: “qué bello morir un día sábado, día de la Virgen, para ser llevados por Ella al cielo”. Así sucedió, partió a la casa del Padre el sábado 23 de junio de 1860.

San Juan Bosco, en la oración fúnebre, recordó a su director espiritual y confesor como maestro del clero, un seguro consejero, consuelo de los moribundos y gran amigo.