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4 de Julio: Memoria Litúrgica de santa Isabel de Portugal



Isabel significa "Promesa de Dios" 
(Isab = promesa. El = Dios).

Nació en 1270. Era hija del rey Pedro III de Aragón, nieta del rey Jaime el Conquistador, biznieta del emperador Federico II de Alemania. Le pusieron este nombre en honor de su tía abuela Santa Isabel de Hungría.

Santa Isabel tuvo la dicha que su familia se esmerara extremadamente en formarla lo mejor posible en su niñez. Desde muy niña tenía una notable inclinación hacia la piedad, y un gusto especial por imitar los buenos ejemplos que leía en las vidas de los santos o que observaba en las vidas de las personas buenas. En su casa le enseñaron que si quería en verdad agradar a Dios debía unir a su oración, la mortificación de sus gustos y caprichos y esforzarse por evitar todo aquello que la pudiera inclinar hacia el pecado. Le repetían la frase antigua: "tanta mayor libertad de espíritu tendrás, cuanto menos deseos de cosas inútiles o dañosas tengas". Sus educadores le enseñaron que una mortificación muy formativa es acostumbrarse a no comer nada entre horas (o sea entre comida y comida), y soportar con paciencia que no se cumplan los propios deseos, y esmerarse cada día por no amargarle ni complicarle la vida a los demás. Dicen sus biógrafos que la formidable santidad que demostró más tarde se debe en gran parte a la esmerada educación que ella recibió en su niñez.

A los 15 años ya sus padres la habían casado con el rey de Portugal, Dionisio. Este hombre admiraba las cualidades de tan buena esposa, pero él por su parte tenía un genio violento y era bastante infiel en su matrimonio, llevaba una vida nada santa y bastante escandalosa, lo cual era una continua causa de sufrimientos para la joven reina, quien soportara todo con la más exquisita bondad y heroica paciencia.

El rey no era ningún santo, pero dejaba a Isabel plena libertad para dedicarse a la piedad y a obras de caridad. Ella se levantaba de madrugada y leía cada día seis salmos de la Santa Biblia. Luego asistía devotamente a la Santa Misa; enseguida se dedicaba a dirigir las labores del numeroso personal del palacio. En horas libres se reunía con otras damas a coser y bordar y fabricar vestidos para los pobres. Las tardes las dedicaba a visitar ancianos y enfermos y a socorrer cuanto necesitado encontraba.

Hizo construir albergues para indigentes, forasteros y peregrinos. En la capital fundó un hospital para pobres, un colegio gratuito para niñas, una casa para mujeres arrepentidas y un hospicio para niños abandonados. Conseguía ayudas para construir puentes en sitios peligrosos y repartía con gran generosidad toda clase de ayudas. Visitaba enfermos, conseguía médicos para los que no tenían con qué pagar la consulta; hacía construir conventos para religiosos, a las muchachas muy pobres les costeaba lo necesario para que pudieran entrar al convento, si así lo deseaban. Tenía guardada una linda corona de oro y unos adornos muy bellos y un hermoso vestido de bodas, que prestaba a las muchachas más pobres, para que pudieran lucir bien hermosas el día de su matrimonio.

Su marido el rey Dionisio era un buen gobernante pero vicioso y escandaloso. Ella rezaba por él, ofrecía sacrificios por su conversión y se esforzaba por convencerlo con palabras bondadosas para que cambiara su conducta. Llegó hasta el extremo de educarle los hijos naturales que él tenía con otras mujeres.

Tuvo dos hijos: Alfonso, que será rey de Portugal, sucesor de su padre, y Constancia (futura reina de Castilla). Pero Alfonso dio muestras desde muy joven de poseer un carácter violento y rebelde. Y en parte, esta rebeldía se debía a las preferencias que su padre demostraba por sus hijos naturales. En dos ocasiones Alfonso promovió la guerra civil en su país y se declaró contra su propio padre. Isabel trabajó hasta lo increíble, con su bondad, su amabilidad y su extraordinaria capacidad de sacrificio y su poder de convicción, hasta que obtuvo que el hijo y el papá hicieran las paces. Lo grave era que los partidos políticos hacían todo lo más posible para poder enemistar al rey Dionisio y su hijo Alfonso.

Algunas veces cuando los ejércitos de su esposo y de su hijo se preparaban para combatirse, ella vestida de sencilla campesina atravesaba los campos y se iba hacia donde estaban los guerreros y de rodillas ante el esposo o el hijo les hacía jurarse perdón y obtenía la paz. Son impresionantes las cartas que se conservan de esta reina pacificadora. Escribe a su esposo: "Como una loba enfurecida a la cual le van a matar a su hijito, lucharé por no dejar que las armas del rey se lancen contra nuestro propio hijo. Pero al mismo tiempo haré que primero me destrocen a mí las armas de los ejércitos de mi hijo, antes que ellos disparen contra los seguidores de su padre". Al hijo le escribe: "Por Santa María la Virgen, te pido que hagas las paces con tu padre. Mira que los guerreros queman casas, destruyen cultivos y destrozan todo. No con las armas, hijo, no con las armas, arreglaremos los problemas, sino dialogando, consiguiendo arbitrajes para arreglar los conflictos. Yo haré que las tropas del rey se alejen y que los reclamos del hijo sean atendidos, pero por favor, recuerda que tienes deberes gravísimos con tu padre como hijo y como súbdito con el rey". Y conseguía la paz una y otra vez.

Su esposo murió muy arrepentido, y entonces Isabel dedicó el resto de su vida a socorrer pobres, auxiliar enfermos, ayudar a religiosos y rezar y meditar.

Pero un día supo que entre su hijo Alfonso de Portugal y su nieto, el rey de Castilla, había estallado la guerra. Anciana y achacosa como estaba, emprendió un larguísimo viaje con calores horrendos y caminos peligrosos, para lograr la paz entre los dos contendores. Y este viaje fue mortal para ella. Sintió que le llegaba la muerte y se hizo llevar a un convento de hermanas Clarisas, y allí, invocando a la Virgen María murió santamente el 4 de julio del año 1336.

Dios bendijo su sepulcro con varios milagros y el Sumo Pontífice la declaró santa en 1626. Es abogada para los territorios y países donde hay guerras civiles, guerrillas y falta de paz. Que Santa Isabel ruegue por nuestros países y nos consiga la paz que tanto necesitamos.

Oración para pedir la intercesión de 
santa Isabel de Portugal 

Oh Dios todopoderoso, que has derramado por
toda la creación reflejos de tu infinita belleza y
bondad, haciendo el hombre a tu imagen y
semejanza, tanto amas a quienes se entregan
totalmente, que nos los pones como modelo,
quieres que les veneremos, y haces innumerables
beneficios y milagros por su intercesión.
Por ello y mediante tu sierva Santa Isabel te rogamos
nos concedas:

(hacer aquí la petición)

y que ello sea una mayor correspondencia a tu amor. Amén.

Primeros Cinco Sábados de Mes: ¿Cómo practicar esta devoción?


La historia de los primeros cinco sábados del mes

E13 de mayo de 1917, la Virgen María habla por primera vez en Fátima de la devoción a su Corazón Inmaculado, diciendo, “Han visto el infierno donde terminarán las almas de los pobres pecadores. Para salvarlos, el Señor quiere establecer en el mundo la devoción a mi Corazón Inmaculado. Si se hace lo que les diré, muchas animas se salvaran y habrá paz. Tú, al menos procura consolarme y anuncia en mi nombre”.

El 10 de diciembre de 1925, la Virgen se aparece a Lucia explicándole como deberá practicarse la devoción a su Corazón Inmaculado. Estas palabras son, por lo tanto, del informe de la aparición hecha a Lucia misma:

El 10-12-1925 se apareció la Santísima Virgen y, a Su lado, suspendido en una nube luminosa, un niño. La Santísima Virgen, poniéndome la mano en el hombro, me mostró también un corazón coronado de espinas que tenía en la otra mano. Al mismo tiempo el Niño dice:

«Ten compasión del Corazón Inmaculado de tu Santísima Madre, que está cubierto de espinas que los hombres ingratos que en todo momento Lo atraviesan, sin que sea quien haga un acto de reparación para arrebatarlo».

En seguida la Santísima Virgen dice:

«Mira, mi hija, mi Corazón coronado de espinas que los hombres ingratos en cada momento Me meten, con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, busca consolarme, y di que todos aquellos que por cinco meses, en el primer sábado, se confiesen recibiendo después la santa Comunión, recen un rosario, y Me hagan 15 minutos de compañía meditando sobre los 15 misterios del rosario, con la intención de darme alivio, yo prometo asistirles en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para la salvación de estas almas».

¿Cómo hacer la devoción de los cinco primeros sábados del mes?

1. Confesarse, dentro de los ocho días anteriores, con la intención de modificar las ofensas al Inmaculado Corazón de María. Si durante la confesión se olvida de hacer esta intención, se puede expresar en la siguiente confesión;

2. Recibir la Comunión, en gracia de Dios, con la misma intención de la Confesión;

3. La comunión debe ser recibido el primer sábado del mes;

4. La Confesión y la Comunión deben repetirse durante cinco meses consecutivos, sin interrupción, de lo contrario debe comenzar de nuevo;

5. Recitar el Rosario, al menos la tercera parte, con la misma intención de la confesión;

6. Hacer compañía a la Virgen por quince minutos, meditando los misterios del Rosario. Esto puede estar meditando un pasaje de la Escritura o los misterios del Santo Rosario. Sor Lucía de Fátima que solía meditar un misterio del rosario durante 15 minutos al final de su oración. Esta meditación es además del rezo diario del Santo Rosario.

7. Concluimos con la oración al Corazón Inmaculado de María para cada primer sábado del mes.

¿Por qué cinco sábados?

Un confesor de Lucía le preguntó el por qué el número cinco. Ella le preguntó a Jesús, quien le respondió: “Se trata de reparar las cinco ofensas dirigidas al Inmaculado Corazón de María.

• Las blasfemias contra su Inmaculada Concepción.

•Contra su virginidad.

• Contra de su maternidad divina y la negativa a reconocerla como la Madre de los hombres.

• La obra de los que públicamente infunden en los corazones de los niños indiferencia, el desprecio y hasta el odio contra esta Madre Inmaculada.

• La obra de los que la ofenden directamente en sus imágenes sagradas.  (Mayo 29,1930)


Confesión

Sor Lucía explica lo que puede hacer si la confesión no puede tener lugar el primer sábado del mes. Ella misma hizo presente a Jesús la dificultad que algunas almas tenían de confesar el sábado, y pide que sea válida la confesión de ocho días. Jesús respondió: “«Sí, pueden ser también más largo, porque, cuando me reciben, están en gracia y tienen la intención de reparar el Inmaculado Corazón de María».

Ella preguntó: « ¿Mi Jesús, y aquellos que se olvidan de hacer esa intención?»

Jesús respondió: «Pueden formarla en la confesión siguiente, aprovechando la primera oportunidad que tendrá para confesarse». (15 de febrero 1926).

Comunión

Durante una Revelación de nuestro Señor a Lucy de Fátima, el 29 de mayo de 1930, Él le explicó qué se debe hacer si todas las condiciones de la devoción, como recibir la Comunión, no podrían llevarse a cabo el primer sábado.

El Señor dio la respuesta a Sor Lucía durante la noche entre el 29 y 30 de mayo 1930:

“La práctica de esta devoción será igualmente aceptable durante el domingo siguiente al primer sábado, cuando Mis sacerdotes, por una causa justa, permiten a las personas.”

Para ello no sólo la Comunión, sino también la recitación del Rosario y la meditación de los misterios se pueden transferir al domingo, por razones justas, que los sacerdotes juzguen.

Actitud espiritual hacia la devoción

Para las almas que cultivan esta devoción la Virgen María dice: “Prometo asistirles, en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para la salvación de estas almas.” Sin embargo, la razón principal de esta devoción debe ser el deseo de consolar al Corazón Inmaculado de María a través de la reparación y el crecimiento en la santidad personal. Para enfatizar esto, el Señor le dice a Lucía:

“Es verdad hija mía, que muchas almas comenzarán, pero pocas terminarán; y aquellas que terminen con con el fin de recibir las gracias que se prometen, y Me gustan más los que hacen 5 con fervor y con el objetivo de consolar el Corazón de su Madre del cielo, no los que hicieron 15, tibieza e indiferencia. “(15 de febrero, 1926). 

Sábado 4 de Julio: Festividad de Nuestra Señora del Refugio de los pecadores



Esta advocación de la Santísima Virgen ha infundido un gran fervor en el pueblo cristiano ocasionando la conversión de muchos pecadores. Es la razón de llamarla “Refugio de los pecadores”. En ella expresa la Virgen María su protección maternal. Se asegura que el modelo de representación de Nuestra Señora del Refugio se tomó por el Beato Antonio Baldenucci, S. I. de la Virgen de la Encina venerada en Italia. Se trata de un bajo relieve encontrado en un pajar y colocado en el hueco de un árbol de un bosque cercano al monte Pulciano.

El padre Baldenucci buscaba una imagen mariana “que fuera su compañera, guía y maestra en las misiones” que consiguiera reformar las costumbres, suscitara la devoción y atrajera los favores de María sobre sus devotos. La Virgen del Refugio se representa sentada y con el Niño de pie sobre su regazo es una Virgen llena de ternura que inclina su rostro hacia su hijo.

Las sienes de María al igual que las de su Hijo se coronan con una diadema real engastada en pedrería. Sus vestimentas consisten en una túnica rosada y un manto azul además del paño de color avellana que le rodea el cuello y le cruza el pecho. El Niño Jesús por su parte, viste un ligero “paño de pudor” o una túnica larga de tela translúcida y vaporosa. Entrelaza sus manos con las de María que lo sostiene y así puede posar sus pies sobre ella o encima de un banco de nubes

Algunos ramilletes o guías florales trazan un arco festivo y ocupan la parte superior de las imágenes. Tanto en vida del Padre Baldenucci como después de su muerte, la del Refugio fue una imagen de misión en tierra de relajados o gentiles y de vocación peregrina, esas propiedades las conservó en el mundo americano sobre todo en algunas regiones como Zacatecas, el Bajío y Puebla donde es de notar que más de setenta nichos esquineros fueron eregidos durante las últimas décadas del siglo XVIII. Su devoción llegó hasta la Alta California y por el sur hasta Guatemala.

En 1719 llegó a la Nueva España la primera estampa traída por el jesuita Juan José Giuca, quien había presenciado la coronación pontificia en Frascati. Un poco más tarde, procedente de Italia, arribó la primera imagen pintada. La imagen fue coronada por manos del Cardenal Albani merced a una concesión del Papa Clemente XI, el 4 de julio de 1717 y se conserva actualmente en Frascati.

En el mismo siglo XVIII (1719) se trajeron a México varias copias de esa imagen que influyeron en las labores apostólicas de los misioneros para la conversión de innumerables pecadores, al parecer en la misma fecha de la coronación se fijó su advocación que coincide con una de las advocaciones de la Letanía Lauretana: Refugium Peccatorum.

En el año de 1793 la comunidad de la hoy H. Matamoros, Tamaulipas, pudo recibir con gran alegría a dos franciscanos de Zacatecas, los hermanos Manuel Julio de Silva y Francisco Puelles, quienes yendo o viniendo de Texas empezaron a hacer escalas en el paraje para ofrecerles a sus habitantes, auxilios espirituales. Erigieron entonces lo que fue la primera capilla, en las hoy calles Matamoros entre la calle quinta y sexta.

Que además dejaran allí una imagen de Nuestra Señora del Refugio despertó tal devoción entre los colonos que los llevó a reconstituir su ranchería como misión y congregación. La llamaron de Nuestra Señora del Refugio de los Esteros, en honor a quien reconocieron su patrona y sigue siendo patrona de la hoy Diócesis. (Cfr. Zárate, A., Matamoros: textos y pretextos de identidad, Coatlicue, H.Matamoros 2005, p. 32).

La advocación de Nuestra Señora del Refugio es celebrada por la Iglesia el día 4 de julio. La imagen que conserva la Catedral, está entronizada en el retablo mayor de la Catedral, en la ciudad de Matamoros. Una pieza única, que nos recuerda el gran amor de María, la Madre de Dios, por nuestras tierras e intercesora ante situaciones difíciles.


Oración a Ntra. Sra. del Refugio 

Oh dulce Virgen del Refugio,
Madre de Jesús y amada madre mía,
concédeme, oh Reina del Cielo,
 que nunca se aparten de mi corazón
 el temor y el amor de tu Hijo Santísimo;
 que por tantos beneficios recibidos y por recibir,
 no por mis méritos,
 sino por la largueza de su piedad,
 no cese de alabarte
 con humildes acciones de gracias;

 que a las innumerables culpas cometidas
 suceda una leal y sincera confesión
 y un firmísimo y doloroso arrepentimiento
 y finalmente,
 que logre merecer su gracia y su misericordia,
sobre todo en esta gran necesidad
que ahora me causa aflicción e intranquilidad:

(pedir lo que se desea conseguir).

Suplico también,
 ¡oh puerta del cielo y abogada de pecadores!,
 no consientas que jamás se aleje
 y desvíe este siervo tuyo de la fe,
 pero particularmente que,
 en la hora postrera,
 me mantenga con ella abrazado;
 si el enemigo esforzare sus astucias,
 no me abandone tu misericordia y tu gran piedad.

Por la confianza que tengo en ti puesta,
 alcánzame de tu Santísimo Hijo
 el perdón de todos mis pecados
 y que viva y muera gustando
 las delicias de tu santo amor. Amén.

Rezar la Salve,
 “Bendita sea tu Pureza” y tres Avemarías.

¿Qué pasó en Garabandal?

Las videntes de Garabandal dicen haber recibido de la Virgen María dos mensajes: El primero es el llamado a hacer “muchos sacrificios, mucha penitencia, visitar al Santísimo pero antes, ser muy buenos”, de lo contrario vendría un castigo.  En el segundo mensaje, aseguran que la Virgen les advirtió que “la copa se está rebosando” porque “muchos cardenales, obispos y sacerdotes van por el camino de la perdición y con ellos llevan a muchas almas” por ello, la Virgen -dicen- clama una enmienda de vida, pedir perdón de manera sincera y hacer más sacrificios. 

Cuatro presuntas videntes (Conchita, Mari Loli, Mari Cruz y Jacinta) dicen haber visto la Virgen en San Sebastián de Garabandal (Cantabria, España) por primera vez 18 de julio de 1961. Estaban tomando las manzanas de un árbol ajeno y escucharon un estruendo que las hizo arrepentirse. Primero, cuentan, era el arcángel San Miguel y luego dicen haber visto a la Virgen María. Las niñas, cuyas edades oscilaban entre 11 y 12 años en las primeras apariciones, dicen haber visto a la Virgen centenares de veces y por última vez el 13 de noviembre de 1965.  Muchas curaciones físicas y cambios radicales de vida se han documentado desde entonces en ese lugar.

“Llama la atención ese trato sencillo y confiado que las niñas tenían con su Madre del cielo que, en ocasiones, hasta jugó con ellas y que con frecuencia las despedía con un beso”.

Las videntes dicen que a ellas se les comunicó algunos hechos futuros.  Estos son tres: un aviso, un milagro y un castigo, este último el cual se podrá menguar dependiendo de cómo responda el mundo a las otras dos.   El aviso es que, según la vidente Conchita, habrá un momento en el que todo ser humano podrá ver, por unos minutos cuál es el estado de su alma, el bien y el mal que ha hecho.  También habrá un milagro que sucederá en Garabandal, del cual solo Conchita sabe la fecha, y donde quedará una señal que se sabrá viene de Dios.  Los enfermos que presencien el milagro serán sanados y los pecadores se convertirán.  Asimismo, habrá un castigo condicional que las videntes pudieron ver cuando tenían entre 12 y 13 años. Al ver de qué se trataban los castigos, las niñas dieron unos alaridos tan fuertes que al día siguiente todo el pueblo de Garabandal fue a confesarse.


Según el Catecismo de la Iglesia Católica, todo el contenido de la revelación traída por Jesucristo para nuestra salvación ya ha sido dicho y esta etapa culminó con la muerte de San Juan el último apóstol. Sin embargo, existen revelaciones privadas que cuentan con la aprobación de la Iglesia pero que no hacen parte del depósito de la fe ni completan lo que dijo Jesucristo, sino que ayudan a los fieles a vivir su fe de manera más concreta en una época determinada. Por ello no es obligatorio creer en ellas, aunque sí es recomendable.

Garabandal es, pues, una de numerosas apariciones que están actualmente en proceso de aprobación por la Iglesia, y por lo general la Santa Sede deja ese proceso en manos del obispo donde sucedieron las presuntas apariciones. El en ese entonces, obispo Eugenio Beitia de Santander con jurisdicción sobre Garabandal señaló que no se ha encontrado nada contrario a la fe, sino más bien, exhortación a la oración, al sacrificio, y la devoción eucarística, de tener temor de nuestros pecados y veneración mariana.  El 3 de febrero de 2018 la diócesis de Santander ratificó una nota enviada por la Congregación para la Doctrina de la fe que indica que “no constan hechos sobrenaturales”, después de un proceso meticuloso, lo cual indica que se debe seguir estudiando este fenómeno. El resultado final de las investigaciones puede ser “consta de sobrenaturalidad” o “consta de no sobrenaturalidad”. Mientras no se cierre el caso, los fieles pueden ir a orar allí como devoción privada. Los sacerdotes pueden celebrar misa y escuchar confesiones.

De las cuatro videntes, solo una (Mari Loli) ha muerto (2009). Las otras tres residen hoy en diferentes lugares. Mari Cruz vive en Asturias, España; Jacinta, en Los Ángeles y Conchita en Nueva York.  Las cuatro se casaron y aunque esto despierta preguntas en algunos fieles sobre por qué ninguna de ellas se consagró, quienes salen en defensa de estas apariciones aseguran que este hecho enfatiza el llamado a la vocación universal a la santidad desde los diferentes estados de vida, especialmente el matrimonio, puntualizando el mensaje del Concilio Vaticano II que se celebró de manera contemporánea a las presuntas apariciones.

En 1993, cuando se le presentó un libro sobre Garabandal de Albrecht Weber titulado “Garabandal, el dedo de Dios”, el Papa Juan Pablo II dictó una carta al autor en la que le dijo: “Que Dios recompense por todo. Especialmente por el profundo amor con el cual estás haciendo que los sucesos de Garabandal sean conocido más ampliamente.  Que el mensaje de la Madre de Dios encuentre una entrada en los corazones antes de que sea muy tarde”.  Otros santos que se han manifestado hacia las apariciones incluyen San Padre Pío, quien la tildó como una continuación de Fátima, San Pablo VI quien bendijo a Conchita privadamente, y Santa Teresa de Calcuta quien fue la madrina de una de las hijas de Conchita y consejera espiritual suya.

Oración al Santo Cristo de los Buenos Aires pidiendo por el fin de la Pandemia


Santo Cristo de Buenos Aires 
imagen venerada en la Catedral Primada de Buenos Aires

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. 

Hoy le rezamos a este Santo Cristo, patrono de la ciudad de Buenos Aires. 

Cristo que acompaña a esta ciudad desde 1670, y que milagrosamente hizo detener una inundación cuando el agua iba a destruir aquella insipiente aldea de Buenos Aires. Este Cristo que conoce la oración de los primeros mandatarios de la República Argentina, que se presentaron en cada día de la fiesta patria del 25 de mayo, que comenzó esa costumbre cuando los próceres de la Primera Junta de Mayo, se acercaron después de jurar en el Cabildo a rezar ante Él, pidiéndole la gracia de su asistencia. A este Jesús, le pedimos que como aquella vez que detuvo la inundación al tocar el suelo de Buenos Aires, detenga ahora el mal para que todos podamos salvarnos. 

Oración.

Señor Jesús, Santo Cristo de Buenos Aires, 
esperanza que nunca nos defrauda,
ten piedad de nosotros y líbranos de todo mal.
Te suplicamos que doblegues el flagelo de este virus
que difunde entre nosotros. Que cures a los enfermos,
preserves a los sanos, sostengas a quienes trabajan 
por la salud de todos. Muéstranos, tu rostro de misericordia,
y sálvanos por tu gran amor. 

Te lo pedimos, por la intercesión de María, Madre tuya y madre nuestra, que su amor fiel nos acompaña 
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén. 

Te adoramos Cristo, y te bendecimos 
porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo. 

3 de Julio: Fiesta de santo Tomás Apóstol



Cada 3 julio la Iglesia Católica celebra la fiesta de Santo Tomás Apóstol, el pescador de Galilea que hizo la confesión de fe: “Señor Mío y Dios Mío”, luego que Jesús, a los ocho días de haber resucitado, se apareció nuevamente ante sus discípulos y lo invita a meter su mano en la llaga de su costado.

El Evangelio de San Juan narra la incredulidad de Santo Tomás ante las palabras de los discípulos que decían: "Hemos visto al Señor", a lo que contestó: "si no veo en sus manos los agujeros de los clavos, y si no meto mis dedos en los agujeros sus clavos, y no meto mi mano en la herida de su costado, no creeré". Es por eso que frente a la invitación del Señor de acercarse, el Santo cae postrado ante él.

“Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído”, dijo el Señor luego que Tomás reconoce que es Dios.

También por este Apóstol Jesús revela “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí”, luego que este le preguntara: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?”

Santo Tomás predicó en Persia y otros lugares cercanos, así como en Etiopía e India donde la tradición cuenta que sufrió el martirio.

Al Santo se le atribuye el cinto de la Santísima Virgen María, con el que es a veces representado ya que una leyenda relata que él no creía en la Asunción, e hizo abrir la tumba de la Virgen encontrándola llena de flores.

La Tradición señala que la Madre de Dios, desde el cielo, desató su cinturón y lo dejó caer en las manos del Apóstol.

Santo Tomás es patrono de los arquitectos, constructores, jueces, teólogos y de las ciudades de Prato, Parma y Urbino en Italia.

El Papa Francisco, en la fiesta del Santo en 2013, recordó a los fieles que “el Señor sabe por qué hace las cosas. A cada uno de nosotros le da el tiempo que él piensa que es mejor para nosotros. A Tomás le ha concedido una semana. Jesús se presenta con sus llagas: todo su cuerpo estaba limpio, hermoso, lleno de luz, pero las llagas estaban y están todavía, y cuando el Señor vendrá, al final del mundo, nos enseñará sus llagas".

"Tomás, para creer, quería meter sus dedos en las llagas: era un testarudo. Pero el Señor quiso precisamente un testarudo para hacernos comprender algo más grande. Tomás vio al Señor, que le invitó a meter el dedo en la herida de los clavos, a poner su mano en el costado y no dijo: es verdad: el Señor ha resucitado. ¡No! Fue más allá. Dijo: ¡Dios! Es el primer discípulo que confiesa la la divinidad de Cristo después de la resurrección. Y que adora".

Oración a Santo Tomás Apóstol 

Dios todopoderoso, concédenos celebrar
con alegría la fiesta de tu apóstol santo Tomás;
que él nos ayude con su protección,
para que tengamos en nosotros vida abundante
por la fe en Jesucristo, tu Hijo, a quien tu apóstol
reconoció como su Señor y su Dios, exclamando:
¡"Señor mío y Dios mío"!.
Que vive y reina contigo,
por los siglos de los siglos. Amén.

Devoción de los Primeros Viernes de Mes



La Gran Promesa: Jesús promete la gracia de la penitencia final, es decir, la salvación eterna, si comulgas nueve primeros viernes de mes seguidos. Podrás estar seguro de su compañía y protección en esta vida y en la eternidad.

Te sugerimos registrar en la tarjeta adjunta a este manual las comuniones consecutivas en los viernes primeros para asegurarte que no te falte ninguno.

Condiciones para alcanzar esta gracia:

* Recibir la Sagrada Eucaristía, con la debida disposición (en estado de gracia), durante nueve primeros viernes de mes de forma consecutiva (sin ninguna interrupción).

* Tener la intención de honrar al Sagrado Corazón de Jesús y de alcanzar la perseverancia final.

* Ofrecer cada Sagrada Eucaristía como acto de expiación por las ofensas cometidas contra el Santísimo Sacramento.

PARA PREPARARSE A LA RECEPCIÓN DE LA EUCARISTÍA LOS VIERNES PRIMEROS SE PUEDEN REZAR LAS SIGUIENTES ORACIONES:

Oración de ofrecimiento

Corazón amoroso de Jesús Sacramentado, propongo con tu gracia, hacer la confesión y la comunión de los primeros viernes, para dar gloria, amor y reparación a tu Divino Corazón herido y lastimado por mis pecados. Pido a la Santísima Virgen María me acompañe cuando me acerque a recibirte.

PRIMER VIERNES
«Yo te prometo, en el exceso de la misericordia de mi Corazón, que mi amor omnipotente concederá a todos los que comulguen los primeros viernes de mes, durante nueve meses consecutivos, la gracia de la penitencia final, y que no morirán en desgracia, ni sin recibir los santos sacramentos, asegurándoles mi asistencia en la hora postrera».

¡Oh buen Jesús, que prometiste asistir en vida, y especialmente en la hora de la muerte, a quien invoque con confianza tu Divino Corazón!, te ofrezco la comunión del presente día, a fin de obtener por intercesión de María Santísima, tu Madre, la gracia de poder hacer este año los nueve primeros viernes que deben ayudarme a merecer el cielo y alcanzar una santa muerte. Amén.

Oración final (para todos los viernes)

Jesús mío, te doy mi corazón, te consagro toda mi vida, en tus manos pongo la eterna suerte de mi alma y te pido la gracia especial de hacer mis nueve primeros viernes con todas las disposiciones necesarias para ser partícipe de la más grande de tus promesas, a fin de tener la dicha de verte y gozar en el cielo. Amén.

SEGUNDO VIERNES
«Les daré todas las gracias necesarias a su estado de vida».

Jesús misericordioso, que prometiste a cuantos invoquen confiados a tu Sagrado Corazón, darles las gracias necesarias a su estado, te ofrezco mi comunión del presente día para alcanzar, por los méritos e intercesión de tu Corazón Sacratísimo, la gracia de una tierna, profunda e inquebrantable devoción a la Virgen María. Siendo constante en invocar la valiosa providencia de María, ella me alcanzará el amor a Dios, el cumplimiento fiel de mis deberes y la perseverancia final. Amén.

Oración final

TERCER VIERNES
«Pondré paz en las familias. Bendeciré los lugares donde se venera la imagen de mi Corazón».

Jesús amantísimo, que prometiste bendecir la casa donde se venera la imagen de tu Sagrado Corazón, quiero que ella presida mi hogar, te ofrezco la comunión del presente día para alcanzar por tus méritos y por la intercesión de María, tu Madre, que todos y cada uno de los miembros de mi familia conozcan sus deberes, los cumplan fielmente y logren entrar en el cielo con las manos llenas de buenas obras.

¡Oh Jesús, que te complaces en alejar de nuestro hogar las contrariedades, las enfermedades y la miseria! Haz que, nuestra vida sea una acción de gracias por tantos beneficios. Amén.

Oración final

CUARTO VIERNES
«Seré su consuelo en todas las tribulaciones»

Jesús mío, que prometiste consuelo a cuantos a Ti acuden en sus tribulaciones, te ofrezco mi comunión del presente día para alcanzar de tu Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de tu Madre Santísima, la gracia de venir al Sagrario a pedir fuerza y consuelo cuantas veces me visiten las penas. ¡Oh Jesús, oh María, consuelen y salven a los que sufren! ¡Hagan que ninguno de sus dolores se pierda para el cielo! Amén.

Oración final

QUINTO VIERNES
«Derramaré copiosas bendiciones en todas sus empresas».

Jesús mío, que prometiste bendecir los trabajos de cuantos invoquen confiados tu Divino Corazón, te ofrezco la comunión del presente día para alcanzar por tu Santísima Madre la gracia de que bendigas mis estudios, mis exámenes, mi oficio, y todos los trabajos de mi vida. Renuevo el inquebrantable propósito de ofrecerte cada mañana al levantarme, y por mediación de la Santísima Virgen, las obras y trabajos del día, y de trabajar con empeño y constancia para complacerte y alcanzar la recompensa del cielo. Amén.

Oración final 

SEXTO VIERNES
«Los pecadores hallarán en mi Corazón un océano de misericordia».

Sagrado Corazón de Jesús, siempre abierto a los pecadores arrepentidos, te ofrezco la comunión del presente día para alcanzar por tus méritos infinitos y por los de tu Santísima Madre la conversión de cuantos obran mal. Te suplico, ¡buen Jesús!, inundes su corazón de un gran dolor por haberte ofendido. Haz que te conozcan y te amen. Dame la gracia de amarte más y más y en todos los instantes de mi vida, para consolarte y reparar la ingratitud de quienes te olvidan. Amén.

Oración final

 SÉPTIMO VIERNES
«Los tibios se harán fervorosos. Los fervorosos se elevarán rápidamente a gran perfección».

Sin tu auxilio, Jesús mío, no podemos avanzar en el camino del bien. Señor, por mediación de la Virgen María, te ofrezco la comunión de este día para que avives en mi alma el amor a tu Corazón Sagrado y concedas tu amor a cuantos no lo sienten. Ayudado de tu divina gracia lucharé, Señor, para que cada semana, cada mes, avance un poco en la virtud que más necesito. Amén.

Oración final

 OCTAVO VIERNES
«Daré a cuantos trabajan por la salvación de las almas el don de ablandar los corazones más endurecidos».

Sagrado Corazón de Jesús, que prometiste inspirar a los que trabajan por la salvación de las almas aquellas palabras que consuelan, conmueven y conservan los corazones; te ofrezco mi comunión de hoy para alcanzar, mediante la intercesión de María Santísima, la gracia de saber consolar a los que sufren y la gracia de volver a Ti, Señor, a los que te han abandonado. ¡Dulce Salvador mío, concédeme y ayúdame a salvar almas! ¡Son tantos y tantos los desgraciados que empujan a los demás por el camino del vicio y del infierno! Haz, Señor, que emplee toda mi vida en hacer mejores a los que me rodean y en llevarlos conmigo al cielo. Amén.

Oración final 

NOVENO VIERNES
« Las personas que propaguen esta devoción tendrán su nombre escrito en mi Corazón y jamás será borrado de Él».

Te ofrezco, Jesús mío, la comunión del presente día para alcanzar la gracia de saber infundir en el alma de cuantos me rodean la ilimitada confianza en tu Corazón Divino. Dame cuanto necesito para llevar a Ti a los que luchan, a los que lloran, a los caídos, a los moribundos. Y dígnate, ¡oh Jesús! escribir hoy mi nombre en tu Corazón y di a los ángeles que rodean tu Tabernáculo: «Este nombre es el de un devoto que, amándome mucho, quiere consolarme del olvido e ingratitud de tantos hombres». Amén.

Oración final 

OFRECIMIENTO DE LA COMUNIÓN

Después de recibir la Sagrada Eucaristía, se puede rezar en silencio la siguiente oración:

Corazón de Jesús, que has dado la vida por mí, que desbordas amor infinito, concédeme la abundancia de tus dones y de tu amor. Concédeme amarte y hacerte amar con todo mi corazón, con toda mi alma, con todas mis fuerzas. Gracias por tu promesa de los primeros viernes. Con esta intención acabo de recibirte en la Santa Eucaristía. Concédeme morir con arrepentimiento sincero, esperando tu misericordia y amando la bondad inmensa de tu Corazón. ¡Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío!

CONSAGRACIÓN FAMILIAR 
(Viernes primeros, una vez al mes)


Señor Jesús, al contemplar en tu Corazón inflamado de amor por nosotros la expresión mas viva de tu amor personal por nosotros y por nuestros hermanos los hombres, nos consagramos a Ti como familia con toda nuestra persona y vida, acciones, penas  y sufrimientos, para que hagas uso de todo nuestro ser para honrarte, amarte y glorificarte.

De hoy en adelante, aceptamos gustosos el pacto que Tú nos propones de cuidar Tú de nosotros y de nuestras cosas y cuidar nosotros de Ti y de tu gloria.

Ponemos en tus manos todo lo nuestro: vida familiar, negocios y ocupaciones todas; nuestros cuerpos con todos sus sentidos, salud, vida; nuestras almas con todas sus potencias, virtudes, méritos; nuestra propia salvación  y santificación. Sé fortaleza en nuestra debilidad e inconstancia. Sé para nosotros el refugio en la hora de la muerte. Corazón de Amor, en Ti ponemos toda nuestra confianza. De tu amor todo lo esperamos. Erradica de nosotros, Señor, todo lo que te disguste o pueda apartarnos de Ti. Que tu amor se imprima tan profundamente en nuestros corazones que jamás te olvidemos nosotros y que jamás nos separemos de ti. Que bajo tu protección caminemos juntos hacia ti por el camino de tu Evangelio y al final de nuestras vidas gocemos para siempre de Ti en el cielo.

Cuida Tú de nosotros. Nosotros en cambio cuidaremos de Ti, te glorificaremos cuando podamos. Te prometemos contribuir con comuniones, misas, rosarios  y oraciones. Con la paciencia en sufrir las cruces ordinarias de la vida, con el cumplimiento de la obligaciones de nuestro estado, con las obras de misericordia, con las limosnas y sacrificios, con el apostolado y el compromiso personal para que tu amor divino llegue al corazón de los hombres, de las familias y de las sociedades, esforzándonos por vivir y hacer vivir el mensaje de tu Evangelio.

Asimismo, siendo el sacerdote la porción más amada por tu Corazón Santísimo, y la más comprometida en hacer llegar tu amor redentor a todos los hombres, nos comprometemos ante Ti a rezar por ellos, a promover las vocaciones sacerdotales y a aceptarla y apoyarla de buen grado cuando, en tu amor infinito, llames a tu servicio a uno de nuestros seres más queridos.

Queremos que tu reinado de amor se extienda por todo el mundo; que tu amor y tu paz alcancen al mundo entero y transformen el valle de lágrimas en el que vivimos en un pedazo de cielo. Haznos perfectísimos amantes y apóstoles de tu amantísimo Corazón. Amén.