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--------------------------------------------- San Martin de Tours y La Virgen de los Buenos Aires / La Inmaculada Concepción y San Ponciano | Patronos de la Ciudad de Buenos Aires / Patronos de la Ciudad de La Plata -----------------------

Novena a San Pantaleón, mártir y patrono de los médicos



Todos los días comenzamos con:

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Pedimos perdón a Dios por nuestros pecados. Rezamos Pésame Dios mío... 

Rezamos la Oración de cada día.

DÍA 1: POR UNA ENFERMEDAD FÍSICA

“Si estás enfermo, hijo mío, riega al Señor y Él te sanará” (Eclo 38, 9)

Señor Jesús, para Vos todas las cosas son posibles. La persona que quiero está enferma. Te doy gracias porque sé que estás haciendo lo mejor por ella. Dale el alivio, el consuelo y la fortaleza que necesita mientras dura su enfermedad. Jesús, que te compadecías de los enfermos y los que sufren, te pido, por la intercesión de San Pantaleón, que bendigas a (se dice el nombre de quien se pide), y que lo sanes. Dale, también, Señor, la seguridad de que no está solo en su dolor. Amén.

Rezamos la Oración a San Pantaleón, un Padre Nuestro, Avemaría y Gloria. 

Mes de Julio dedicado a la Virgen del Carmen - Día 11°



Día XI

Por la señal de la Santa Cruz. Señal de la Cruz. 

Oración inicial 

Madre mía amantísima  del Carmen, aquí vengo a vuestra presencia con el más profundo respeto y veneración a ofreceros el ejercicio de este día, que consagro a vos por haberme admitido, a mí, el más miserable de los hombres, entre vuestros hijos predilectos los Carmelitas, para favorecerme con vuestra especial protección y amor. Yo os doy miles de gracias por ello, Madre mía, y os suplico que iluminéis mi entendimiento e inflaméis los efectos de mi corazón, para hacer con verdadero fruto este ejercicio, a fin de que merezca ser recibido por vos como un obsequio de vuestro hijo. Amén.

¿Que significa el santo Escapulario?

I

Nunca se cansa el corazón de una madre de dar nuevas muestras de su entrañable amor a sus hijos, cómo lo vemos en María santísima respecto de los Carmelitas. Mil veces había manifestado ya su amor predilecto y especial protección con palabras, con obras y hasta con milagros estupendos, y ella había recibido también mil manifestaciones de recíproco amor de sus hijos, de su especial devoción, y estaba segura de que la veneraban los Carmelitas como a una madre del todo especial.  ¿A qué vino, pues, esta nueva prueba del santo escapulario? No fue ciertamente porque necesitarán los Carmelitas de nuevas pruebas para su convencimiento, ni porque María dudara del amor de sus hijos, sino porque algunos émulos del Carmelo le disputaban la gloria de ser hijos de María,y quería ella como buena madre responder por todos sus hijos y humillar a sus enemigos, obrando un tal prodigio a la faz del mundo. Y así como Dios, después del diluvio,no obstante de prometer a Noé con su palabra divina que no enviaría a otro diluvio sobre la tierra, pinto el arco en los cielos y le dijo:" será señal de alianza entre mí y la tierra, y le veré y me acordaré de la alianza sempiterna que contigo hecho;" de la misma manera la Virgen santísima queriendo hacer una solemne promulgación de la ley, a muchos desconocída, por la cual, ya antes, había adoptado por hijos a los Carmelitas,les trae el santo escapulario diciéndole las palabras de Dios a Noé: " será confederación de paz y de pacto sempiterno, y le veré y me acordaré que os lo he dado como señal de mi confraternidad" 
     Otras significaciones bellísimas suelen darle también los autores, diciéndolo algunos que en cuanto es un don y un vestido de María, significa el agrado particular qué tiene ella de ser nuestra madre, porque los dones, de vestido principalmente, son indicios de un tiernisimo amor,cómo lo vemos en Ana respecto de Samuel, el Jacobo respecto de José, y otros.
En cuanto Qué es alianza de paz y pacto sempiterno, significa la continua vigilancia Que la virgen tiene de sus religiosos, hermanos y cofrades para alcanzarles las gracias del cielo, a fin de que puedan unirse todos con ella en la patria de los santos. En cuanto que una de sus partes cuelga en la espalda, nos dice que debemos sujetarnos a la santísima voluntad de Dios, cuyo yugo es suave; y en cuanto que otra parte cuelga en el pecho, significa que nuestro corazón debe ser todo de María, y que quiere ella estar empresa en él, según la expresión de los cantares:" ponme como señal sobre tu corazón" y en cuanto cubre la espalda y el pecho significa que la Virgen del Carmen defenderá a sus religiosos y cofrades de los enemigos visibles e invisibles, y que le protegerá en sus necesidades, así del alma como del cuerpo. ¡Cuán grande es la misericordia de María! ¡Cuan llena de gracia y beneficios su protección!

II

     Levanta, alma mía,tubos hasta los cielos y entona un himno de Gloria a la madre de Dios por la Merced tan grande Qué te ha hecho al traer aquella vestidura cuyo aroma, como el de un campo lleno, y mejor que la de Esaú, recrea a tu padre celestial. Bendice a tu madre y alaba su misericordia, porque te ha vestido con vestidos de salud que, como escudo impenetrable, guardan tu alma y tu cuerpo de todas las asechanzas del enemigo. Ella ha querido ensalzarte a presencia de todo el mundo con la preciosa dádiva del santo escapulario, ¿Y no procuraras tu ensalzalsarla y alabar la delante de todas las gentes en reconocimiento por el honor y los privilegios que te da en el santo escapulario? Si no lo haces así, puede ella muy bien quejarse de ti diciendo "hijos crié y ensalce, y ellos de mí se han olvidado" pero no, madre mía del Carmen, no me olvidaré de vos, os alabaré en toda ocasión, os glorificaré delante de todas las gentes, no me avergonzaré de llevar vuestro Santo escapulario, él será el sello que marque mi corazón como cosa vuestra, el será mi arma de defensa en todos los combates con mis enemigos, nunca lo quitaré de mi pecho para que me inspiré santos pensamientos, obras buenas, y los encendidos efectos con que agrade a Jesús y a vos. Venga, madre mía, sobre mí vuestra virtud por medio del santo escapulario, para que forme mi corazón conforme al vuestro y el de Jesús, y así merezca vuestra ayuda y protección cuando os invoque en los peligros de mi vida, ya que el santo escapulario me dice la vigilancia y ayuda que ofreceis a los que le visten con devoción. 

Oración final

Gloriosísima Virgen, Reina de los Ángeles, Madre de baja Dios y de los Carmelitas, María Santísima, yo el más indigno de vuestros hijos acudo a vuestras plantas con el afecto que me inspira vuestro amante corazón y la confianza que me da en santo escapulario, prenda vuestra riquísima y señal de mi salvación, para presentaros las suplicas y afectos que mi corazón ha formado en este día en obsequio vuestro para más amaros y mejor serviros. Vos como Madre de Dios y dispensadora de todas las gracias del cielo, todo lo podéis, y como Madre amante y especial de los que visten vuestro santo escapulario, no os negareis a recibir mis pobres suplicas y alcanzarme el  remedio de mis necesidades, la gracia de que mi alma os ame y sirva cada día mas durante mi vida y después merezca ser ayudado de vos en la hora de mi muerte. 

Pídase  ahora con toda confianza la gracia que se desea alcanzar de la Virgen del Carmen

EJEMPLO

     Se ve claramente en el ejemplo siguiente la vigilancia que tiene María santísima del Carmen por los que visten su santo escapulario. 
  En una Baronia del Abruzo, mientras tres jóvenes trabajaban en el fondo de un pozo, se desplomó el terreno de arriba, y cayendo sobre ellos,los sepultó vivos en la que el estrecho lugar. Después de 3 días de trabajos y fatigas fueron sacados finalmente fuera, uno muerto y dos vivos. Preguntados que fueron estos dos cual había sido su amparo que les había librado de una muerte tan segura, respondieron haber sido la Virgen santísima del Carmen,de la cual eran devotos y llevaban su santo escapulario; porque al caer la tierra la invocaron, y ella con el hábito Carmelitano y capa blanca se puso sobre ellos para impedir que la tierra les hiciese daño en su caída, o les oprimiese, y además con suave y desconocido licor les había alimentado aquellos tres días. Quedaron sorprendidos todos los circunstantes al oír semejante narración, y observando después que el cadáver del compañero difunto no tenía el santo escapulario, quedaron enteramente convencidos que la Virgen del Carmen había sido la que había librado aquellos dos de la muerte.

Obsequio. No quitarse nunca del cuello el santo escapulario de María del Carmen, para estar siempre defendidos con su virtud.

Sentencia. Es tan grande la bondad, misericordia, fidelidad y calidad de esta madre, María santísima del Carmen, para con los hombres que es imposible explicarlo con palabras. (Blosio) 

Oremus.
Deus, qui Beatissimae semper virginis, et genitricis tuae Mariae singulari titulo Carmeli ordinem decorasti: concede propitius, ut cujus hodie commemorationem solemni celebramus officio, ejus muniti presidiis ad gaudia sempiterna pervenire mereamur. Qui vivis, et regnas in secula seculorum. Amen.

Oración Medieval a la Virgen María pidiendo el Fin de la Peste: Stella Caeli



María, tú que eres la Estrella del Cielo,
que concebiste, diste a luz y amamantaste al Señor,
y así, con tu divina maternidad destruiste la peste de la muerte,
que los primeros paddres habían introducido en el mundo
por el pecado original. 
Recibe Señora, nuestras oraciones,
y pídele a Jesús por el mundo entero,
porque tu Hijo, que nada te niega, te lo concederá.

Señor, escúchanos,
para que se apague el mal que hace sufrir a toda la tierra.
Jesús, sálvanos de esta peste
para lo cual reza por nosotros la Virgen, tu Madre.

- En nuestros momentos de tribulación y angustia
- socorrénos, purísima Virgen María 

Oremos. Dios de la misericordia, Dios de la piedad, Dios del perdón, que te conmueves siempre por la aflicción de tu pueblo. Ven en nuestra ayuda con tu gracia divina para que, por intercesión de la Santísima Virgen María y de todos los santos, nos liberemos de cualquier contagio y nos salvemos de todo peligro. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Salud de los enfermos, ruega por nosotros
Consuelo de los afligidos, ruega por nosotros

Mes de Julio dedicado a la Virgen del Carmen - Día 10°



DIA X

Por la señal de la santa cruz. Señal de la Cruz.

Oración inicial

Madre mía amantísima del Carmen, aquí vengo a vuestra presencia con el más profundo respeto y veneración a ofreceros el ejercicio de este día, que consagro a vos por haberme admitido, a mí, el más miserable de los hombres, entre vuestros hijos predilectos los Carmelitas, para favorecerme con vuestra especial protección y amor. Yo os doy miles de gracias por ello, Madre mía, y os suplico que iluminéis mi entendimiento e inflaméis los efectos de mi corazón, para hacer con verdadero fruto este ejercicio, a fin de que merezca ser recibido por vos como un obsequio de vuestro hijo. Amén.

Aparición y promesa de la Virgen del Carmen a San Pedro Tomás

I

Una de las gracias más grandes y menos conocida que la Virgen Santísima ha hecho a su predilecta Orden carmelitana, es la revelación y promesa que la misma hizo a San Pedro Tomás.
Este santo Carmelita, Patriarca de Constantinopla y Legado de los Pontifices y Emperadores, tenia un amor grande a su religión y una devoción ardentisima a su Patrona y Madre especial, la Virgen María del Carmen.
Pasaba las noches en oración y con fervorosos suspiros pedía a su amantísima Madre por la conservación y aumento de aquella Orden que tan graciosamente había querido distinguir con su especial protección y amparo. Una noche, que era la de Pentecostés, encendido con nuevos fervores y rogando con más instancia y más suspiros a la Virgen del Carmen Madre, a quien confiaba todas sus penas, se le apareció la Santísima Virgen y le consoló con estas dulces palabras: Confia, Pedro, que la religión de los Carmelitas durará hasta el fin del mundo, pues ya lo alcanzó de mi Hijo, Elías su institutor en el monte Tabor. ¡Qué consuelo tan grande para aquel Carmelita tan amante de su religión! iY qué gracia tan singular hecha a esta Orden de María!
Esta gracia, aunque dice María que Elías, fundador de la Orden, la alcanzó de su Hijo en el Tabor, cuando la Transfiguración del Señor, no cabe duda de que fué concedida por los méritos y para gloria de María, pues no quiso Dios que siendo esta orden obra de su Madre, concluyese como las demás, y concediéndole la gracia de su duración perpetua, le daba a su Madre una gloria perenne en la tierra, haciendo que haya siempre Carmelitas que le den gloria y honor. De suerte que es gracia de María, aunque procediese de Dios, porque sus méritos y su amor a la Orden movieron a la Misericordia Divina; por eso se encarga ella misma de anunciarla a los Carmelitas,como privilegio alcanzado por ella para su familia.
¿ No es esta una como gloria bien singular y extraordinaria de la Orden Carmelitana? ¿No es este un nuevo prodigio del amor entrañable que María tiene á los Carmelitas? ,¿Quién puede gloriarse con semejante favor? Sólo la Orden del Carmen, que tiene la especial protección y amor de María unirá en los últimos días las alabanzas y le tributa en la tierra las eternas misericordias que le cantará en el cielo.

II

Aqui tienes, alma mia, un nuevo motivo que te obliga a dar gracias a tu amantisima Madre, que no cesa de conceder privilegios y favores a su amada religión del Carmen; aprende aqui, a ejemplo de este Santo Carmelita, a acudir con fervor y constancia a la Virgen del Carmen en todas tus necesidades con el afecto de un verdadero hijo, a depositar en ella todas las penas de tu corazón, y a pedirle que conserve y aumente esta sagrada religión del Carmen, de la que eres miembro, que tanta gloria le da en la tierra; que toque los corazones de los fieles para que vistan su santo Escapulario, entren en su hermandad y filiación, y se aumente asi el número de sus hijos. Y si alcanzó para su Orden la gracia de su duración perpetua, también alcanzará para ti de su Hijo, esta buena Madre, si acudes a Ella con fervor, la posesión eterna de la gloria, que es nuestro fin principal y el último al que deben dirigirse todas nuestras acciones; porque una cosa sola es necesaria, la salvación del alma; y esta salvación, esta posesión eterna de la gloria nadie te la alcanzará mejor que María, porque ninguna gracia, dice San Bernardo, viene del Cielo, si no pasa por las manos de María: de aquí que nadie puede entrar en la gloria, según San Buenaventura, si no es por la ayuda de María, porque ella dispensa con propias manos todos los dones, virtudes y gracias a quienes quiere, cuando quiere y como quiere.
Acude, pues, a esta santísima Madre, y no te olvides de pedirle por el aumento y conservación de esta religión, de cuya gloria y de cuyos méritos participas, para que perpetuamente sea Ella glorificada en la tierra por sus hijos los Carmelitas, en quienes halla su corazón todas sus complacencias. Pero no basta la oración; debes trabajar cuanto esté de tu parte para que otros gocen de tanto bien como es la filiación de María, y con ello será tu Madre más glorificada.

Oración final

Gloriosísima Virgen, Reina de los Ángeles, Madre de Dios y de los Carmelitas, María Santísima, yo el más indigno de vuestros hijos acudo a vuestras plantas con el afecto que me inspira vuestro amante corazón y la confianza que me da en santo escapulario, prenda vuestra riquísima y señal de mi salvación, para presentaros las suplicas y afectos que mi corazón ha formado en este día en obsequio vuestro para más amaros y mejor serviros. Vos como Madre de Dios y dispensadora de todas las gracias del cielo, todo lo podéis, y como Madre amante y especial de los que visten vuestro santo escapulario, no os negareis a recibir mis pobres suplicas y alcanzarme el remedio de mis necesidades, la gracia de que mi alma os ame y sirva cada día mas durante mi vida y después merezca ser ayudado de vos en la hora de mi muerte.

Pídase ahora con toda confianza la gracia que se desea alcanzar de la Virgen del Carmen.

EJEMPLO

Vivia en Medina del Campo el Venerable Francisco Yepes, hermano de Nuestro Padre San Juan de la Cruz y terciario de Nuestra Señora del Carmen, y habiendo sido llamado con mucha prisa en una ocasión, al salir se olvidó del santo Escapulario. Estaba cerca de Olmedo, cuando al ir a acostarse advirtio que le faltaba el Escapulario, y afligido grandemente, pidió perdón a la Virgen de su inadvertencia.
Cansado del viaje se durmió, al despertar la mañana siguiente, halló cerca de si el santo Escapulario, y admirado y dirigiendose a la Virgen la dijo: "¿Qué es es esto, Señora, que en lugar del castigo que merece mi negligencia me habéis hecho un tal favor? Yo, hijo, le respondió amorosamente la Virgen, lo he traído de Medina donde sin acordarte lo has dejado.

En otra ocasión, al despojarse el mismo Venerable Francisco Yepes, se le rasgó el Escapulario de tal manera, que quedó hecho dos pedazos. Afligido, por no tener entonces con qué componerlo, asi roto se lo colgó en cuello y se durmió. Al despertar el día siguiente, encontró el Escapulario cosido y arreglado, y para que no dudase que era María su Madre quien habia hecho un oficio tan caritativo con él, le dijo la misma Virgen: " Yo, hijo, lo he cosido y arreglado. Procura que muchos le vistan, que por el placer que me dan los que le visten y guardan con devoción, yo a estos tales les premiaré a su tiempo." Sirvieron estas palabras para enseñarle y enfervorizarle para nunca dejar esta Insignia de María y para enseñarnos a nosotros el placer que tiene la Madre de Dios de que vistan su santo Escapulario del Carmen, y se aumente por nuestra solicitud y trabajo el número de sus devotos.

Obsequio. Procurar inducir A algunos a que vistan el santo Escapulario del Carmen, conforme a los deseos de María nuestra buena Madre.

Sentencia. El que sirve a esta Reina está seguro de conseguir el Paraíso, como si estuviera en él. (Guerrico Abad.)

Oremus.
Deus, qui Beatissimae semper virginis, et genitricis tuae Mariae singulari titulo Carmeli ordinem decorasti: concede propitius, ut cujus hodie commemorationem solemni celebramus officio, ejus muniti presidiis ad gaudia sempiterna pervenire mereamur. Qui vivis, et regnas in secula seculorum. Amen.

Novena a los santos Joaquín y Ana, padres de la Virgen María



Del 17 al 25 de Julio: se reza la Novena 
en honor a los santos padres de la 
Virgen Inmaculada. 

Señal de la Santa Cruz. Señal de la Cruz. 

Acto de contrición. Pésame Dios mío...

Oración Inicial 

¡Oh dignísimos abuelos de Cristo, Joaquín y Ana! 
Yo, miserable pecador, tengo grandísima confianza en vuestros méritos y seguro amparo, sabiendo que nada os negarán vuestro nieto e hija, Jesús y María. Y pues al presente me hallo con un singular anhelo y grave necesidad, he propuesto eficazmente implorar vuestro patrocinio, durante esta Novena, ofreciendo cada día alguna devoción a honra vuestra, para que por vuestra intercesión consiga yo el consuelo que deseo de la divina misericordia, siendo mi fin principal y lo que sinceramente pretendo, la mayor gloria de Dios y la salvación de mi alma. Quiera Su Divina Majestad, por vuestros altos merecimientos, escuchar piadosa mis ruegos, permitir que después de esta Novena logre yo lo que en ella fervorosamente le pido. Amén.

PRIMER DÍA 

Oración. ¡Os recuerdo, ¡oh dichosísimo par, Joaquín y Ana!, el jubilo que sentisteis cuando el arcángel Gabriel os reveló la cercanía del deseado Mesías y de vuestro casamiento; por esto os suplico me alcancéis de Dios lo que pido en esta Novena.

Petición. Tres Padrenuestros y Avemarías.

SEGUNDO DÍA 

Oración. Os recuerdo, ¡oh dichosísimo par, Joaquín y Ana!, el sumo gozo que tuvisteis cuando se cumplió vuestro santo casamiento; y por él os suplico me alcancéis de Dios paciencia en mis aflicciones y sosiego espiritual del alma, con lo que pido en esta Novena.

Petición. Tres Padrenuestros y Avemarías.

TERCER DÍA 

Oración. Os recuerdo, ¡oh dichosísimo par, Joaquín y Ana!, el consuelo con que oísteis del arcángel Gabriel el término de vuestra esterilidad y la elección para ser padres de María Santísima; por él os suplico alentéis mi triste corazón y me alcancéis piedad de vuestro dulcísimo nieto Jesús, con lo que pido en esta Novena.

Petición. Tres Padrenuestros y Avemarías.

CUARTO DÍA 

Oración. Os recuerdo, ¡oh dichosísimo par, Joaquín y Ana! el regocijo que os causó la Concepción Purísima de María; y por él os suplico me alcancéis de Dios gracias para servirle, según la obligación, de mi estado, y lo que pido en esta Novena.

Petición. Tres Padrenuestros y Avemarías.

QUINTO DÍA 

Oración. Os recuerdo, ¡oh dichosísimo par, Joaquín y Ana!, el contento con que visteis nacida a María Santísima, hija vuestra, y por él os suplico me alcancéis de Dios una perfecta resignación a su divina Providencia, y lo que pido en esta Novena.

Petición. Tres Padrenuestros y Avemarías.

SEXTO DÍA 

Oración. Os recuerdo, ¡oh dichosísimo par, Joaquín y Ana!, el alivio que recibisteis teniendo en vuestros brazos a, María Santísima; y por él os suplico me alcancéis de Dios un verdadero dolor de todas mis culpas, y lo que pido en esta Novena.

Petición. Tres Padrenuestros y Avemarías.

SÉPTIMO DÍA 

Oración. Os recuerdo, ¡oh dichosísimo par, Joaquín y Ana, el gusto con que ofrecisteis a vuestra hija en el Templo al servicio de Dios, y por él os suplico me alcancéis de su Divina. Majestad un sincero amor suyo, y lo que pido en esta Novena.

Petición. Tres Padrenuestros y Avemarías.

OCTAVO DÍA 

Oración. Os recuerdo, ¡oh dichosísimo par, Joaquín y Ana!, la gloria que os colmó cuando el arcángel Gabriel os reveló que de vuestra Hija Santísima nacería el deseado Mesías; por ella os suplico me alcancéis de él una ardiente caridad del prójimo y lo que pido en esta Novena.

Petición. Tres Padrenuestros y Avemarías.

NOVENO DÍA 

Oración. Os recuerdo, ¡ oh dichosísimo par, Joaquín y Ana!, el júbilo, gozo, consuelo, regocijo, contento, alivio, gusto y gloria inefable con que al presente estáis viendo para siempre a sus dulcísimos nieto e hija, Jesús y María; por esta dicha os suplico me alcancéis una muerte feliz en gracia suya, y lo que he pedido en esta Novena.

Petición. Tres Padrenuestros y Avemarías.

Con humilde y devoto corazón llego hoy por la primera (segunda, tercera etc.) vez a vuestra presencia, ¡oh gloriosísimos abuelos de Jesucristo, Joaquín y Ana: confiado os suplico seáis mis fieles intercesores para con Dios, a fin de que por vuestras heroicas virtudes me conceda lo que tanto deseo y vos no ignoráis. ¡Oh dichosísimo par, Joaquín y Ana, grandísima es la confianza que en vos tengo, creyendo que el clementísimo Dios no podrá negarse a mis instancias si os dignáis de patrocinarlas y recomendarlas con una sola palabra, pues a medida de la soberana honra con que el eterno Padre os ha ensalzado entre todos los demás santos para dignísimos abuelos de su Unigénito, será en el trono de su misericordia poderoso vuestro amparo, y dichosos vuestros devotos! Si el Hijo os aventajó, hasta admitiros por gloriosos padres de su Madre Santísima no puede dejar de escucharos ahora en el cielo, cumpliendo vuestras intercesiones; y si el Espíritu Santo os ha reconocido por tan rectos, que entre todos los justos de la ley antigua os escogió por manantiales de la gracia, ¿cómo os rehusará la que ahora pidiereis para mí, pobre pecador? Y finalmente, si la Santísima Trinidad os ha honrado en la tierra, más que a otros santos, sin duda ahora en el cielo querrá complaceros y acceder a vuestra súplica. Por esto vivo seguro, ¡oh santos protectores míos, Joaquín y Ana! de que rogando vos por mí infaliblemente, seré consolado en mi trabajo. Oidme, piadosos abogados míos, y rogad a Dios por mí. Llegad confiados al trono de la Santísima Trinidad, representando mi aflicción con palabras lastimosas, y lo que merecisteis en la tierra, y pedidle por su infinita bondad que tenga misericordia de mí. ¡Oh amantísimos, benignísimos y clementísimos patronos míos, Joaquín y Ana, oid mi oración, alcanzándome lo que pido; proponed mí necesidad! Os la encomiendo de lo más profundo de mi corazón y ruego que os acordéis piadosísimamente de ella. Hablad a vuestro dulcísimo Nieto una sola palabra cariñosa por mí, diciendo:
Amantísimo Jesús, en nuestra contemplación apiadáos de ese humilde pecador, y concededle lo que tan fielmente solicita. Escuchadle por la mucha confianza que en nosotros tiene puesta, sin permitir que se vaya desconsolado.

17 de Julio: Memoria Litúrgiica de las beatas mártires de Compiégne



La fiesta de Nuestra Señora del Carmen de 1794, celebrada en una horrible cárcel de París, tuvo augurios de sangre y de gloria para las monjas carmelitas descalzas del monasterio de Compiègne. Al día siguiente, las dieciséis hijas de Santa Teresa, novicia incluida, iban a ser conducidas a la guillotina por el crimen de ser católicas, “fanáticas” en el lenguaje revolucionario.

Hacía siglo y medio que las carmelitas descalzas de Amiens habían fundado en Compiègne, una ciudad de Oise. La fundación data de 1641, cuando hacía 37 años que había llegado a Francia para iniciar la reforma la Beata Ana de San Bartolomé con Ana de Jesús y otras cuatro monjas españolas.

Al estallar la revolución (1789), las monjas rehusaron despojarse de su hábito carmelita, y cuando los disturbios fueron aumentando, entre junio y septiembre de 1792, siguiendo una inspiración que tuvo la priora Beata Teresa de San Agustín, todas se ofrecieron al Señor en holocausto para aplacar la cólera de Dios y para que la paz divina, traída al mundo por su amado Hijo, fuese devuelta a la Iglesia y al Estado. El acto de consagración, emitido incluso por dos religiosas ancianas que al principio se habían asustado ante el solo pensamiento de la guillotina, se convirtió en ofrecimiento diario hasta el día del martirio, dos años después.
 
La Asamblea Nacional Constituyente había hecho público un decreto por el que se exigía que los religiosos fueran considerados como funcionarios del Estado. Deberían prestar juramento a la Constitución y sus bienes serían confiscados. Era el año 1790. Miembros del Directorio del distrito de Compiègne, cumpliendo órdenes, se presentaron el 4 de agosto de aquel año en el monasterio a hacer inventario de las posesiones de la comunidad. Las monjas tuvieron que dejar sus hábitos y abandonar su casa. Cinco días después, obedeciendo los consejos de las autoridades, firmaron el juramento de Libertad-Igualdad. Los religiosos que se negaban a firmarlo eran deportados.
 
Después fueron separadas. Hicieron cuatro grupos y vivían en distintos domicilios, pero continuaron practicando la oración y entregándose a la penitencia como antes.
 
La regularidad y el orden de su vida, que reproducía todo lo posible en tales circunstancias la vida y horario conventuales, fueron notados por los jacobinos de la ciudad. En ello encontraron motivo suficiente para denunciarlas al Comité de Salud Pública, cosa que hicieron sin pérdida de tiempo.
 
El régimen del terror estaba oficialmente establecido en Francia y había llegado en aquellos momentos al más alto nivel imaginable. El rey había sido ejecutado y el Tribunal Revolucionario trabajaba sin descanso enviando cientos de ciudadanos sospechosos a la muerte.
 
La denuncia de las carmelitas decía que, pese a la prohibición, seguían viviendo en comunidad, que celebraban reuniones sospechosas y mantenían correspondencia criminal con fanáticos de París.
 
Convenía presentar pruebas, y con ese objeto se efectuó un minucioso registro en los domicilios de los cuatro grupos. El Comité encontró diversos objetos que fueron considerados de gran interés y altamente comprometedores. A saber: cartas de sacerdotes en las que se trataba bien de novenas, de escapularios, bien de dirección espiritual. También se halló un retrato de Luis XVI e imágenes del Sagrado Corazón. Todo ello era suficiente para demostrar la culpabilidad de las monjas. El Comité, pues, redactó un informe en el que explicaba cómo, “considerando que las ciudadanas religiosas, burlando las leyes, vivían en comunidad”, que su correspondencia era testimonio de que tramaban en secreto el restablecimiento de la Monarquía y la desaparición de la República, las mandaba detener y encerrar en prisión.
 
El 22 de junio de 1794 eran recluidas en el monasterio de la Visitación, que se había convertido en cárcel. Allí esperaron la decisión final que sobre su suerte tomaría el Comité de Salud Pública asesorado por el Comité local. Entonces acordaron retractarse del juramento prestado antes, “prefiriendo mil veces la muerte mejor que ser culpables de un juramento así”. Esta resolución las llenó de serenidad. Cada día aumentaba el peligro, pero ellas se sentían más fuertes. Continuaban dedicadas a orar y, gracias a estar en prisión, podían hacerlo juntas, como cuando estaban en su convento. Ya no se veían obligadas a ocultarse y ello les procuraba un gran alivio.
 
Transcurridos unos días, justamente el 12 de julio, el Comité de Salud Pública dio órdenes para que fueran trasladadas a París. El cumplimiento de tales órdenes fue exigido en términos que no admitían demora. No hubo tiempo para que las hermanas tomaran su ligera colación ni cambiaran su ropa, que estaba mojada porque habían estado lavando. Las hicieron montar en dos carretas de paja y les ataron las manos a la espalda. Escoltadas por un grupo de soldados salieron para la capital. Su destino era la famosa prisión de la Conserjería, antesala de la guillotina y abarrotada de sacerdotes y laicos cristianos igualmente condenados.
 
Nadie ayudó a las monjas a descender de los carros al final del viaje. A pesar de sus ligaduras y de la fatiga causada por el incómodo transporte, fueron bajando solas. Una de las hermanas, sin embargo, enferma y octogenaria, Carlota de la Resurrección, impedida por las ataduras y la edad, no sabia cómo llegar al suelo. Los conductores de las carretas, impacientados, la cogieron y la arrojaron violentamente sobre el pavimento. Era una de las religiosas que dos años antes había sentido miedo ante el pensamiento de una muerte en el patíbulo y había dudado antes de ofrecerse en sacrificio. Pero en este momento era ya valiente y, levantándose maltrecha, como pudo, dijo a los que la habían maltratado:
 
“Créanme, no les guardo ningún rencor. Al contrario, les agradezco que no me hayan matado porque, si hubiera muerto, habría perdido la oportunidad de pasar la gloria y la dicha del martirio”.
 
Como si nada hubiese ocurrido, en la Conserjería prosiguieron su vida de oración prescrita por la regla. No se dejaban perturbar por los acontecimientos. Testigos dignos de crédito declararon que se las podía oír todos los días, a las dos de la mañana, recitar sus oficios.
 
Su última fiesta fue la del 16 de julio, Nuestra Señora del Carmen. La celebraron con el mayor entusiasmo, sin que por un instante su comportamiento denotase la menor preocupación. Por la tarde recibieron un aviso para que compareciesen al día siguiente ante el Tribunal Revolucionario. La noticia no les impidió cantar, sobre la música de La Marsellesa, unos versos improvisados en los que expresaban al mismo tiempo fe en su victoria, temor y confianza, y que se conservan en el convento de Compiègne.
 
Ante el Tribunal escucharon cómo el acusador público, Fouquier-Tinville, las atacaba durísimamente: “Aunque separadas en diferentes casas, formaban conciliábulos contrarrevolucionarios en los que intervenían ellas y otras personas. Vivían bajo la obediencia de una superiora y, en cuanto a sus principios y sus votos, sus cartas y sus escritos son suficiente testimonio”.
 
Fueron sometidas a un interrogatorio muy breve y, sin que se llamara a declarar a un solo testigo, el Tribunal condenó a muerte a las dieciséis carmelitas, culpables de organizar reuniones y conciliábulos contrarrevolucionarios, de sostener correspondencia con fanáticos y de guardar escritos que atentaban contra la libertad. Una de las monjas, sor Enriqueta de la Providencia, preguntó al presidente qué entendía por la palabra “fanático” que figuraba en el texto del juicio, y la respuesta fue:
 
“Entiendo por esa palabra su apego a esas creencias pueriles, sus tontas prácticas de religión”.
 
Era su amor a Dios , su fidelidad a los votos y a la religión lo que las hacía merecedoras de la pena capital.
 
Una hora después subían en las carretas que las conducirían a la plaza del Trono derrocado, hoy plaza de la Nación. En el trayecto la gente las miraba pasar demostrando diversidad de sentimientos, unos las injuriaban, otros las admiraban. Ellas iban tranquilas; todo lo que se movía a su alrededor les era indiferente. Cantaron el Miserere y luego el Salve, Regina. Al pie ya de la guillotina entonaron el Te Deum, canto de acción de gracias, y, terminado éste, el Veni Creator. Por último, hicieron renovación de sus promesas del bautismo y de sus votos de religión.
 
Una joven novicia, sor Constanza, se arrodilló delante de la priora, con la naturalidad con que lo hubiera hecho en el convento y le pidió su bendición y que le concediera permiso para morir. Luego, cantando el salmo Laudate Dominum omnes gentes, subió decidida los escalones de la guillotina. Una tras otra, todas las carmelitas repitieron la escena. Una a una recibieron la bendición de la madre Teresa de San Agustín antes de ser guillotinadas. Al final, después de haber visto caer a todas sus hijas, la madre priora entregó, con igual generosidad que ellas, su vida al Señor, poniendo su cabeza en las manos del verdugo. Así realizó lo que ella solía decir: “El amor saldrá siempre victorioso. Cuando se ama todo se puede”.
 
Era el día 17 de julio de 1.794 por la tarde.
 
Prevaleció un silencio absoluto durante todo el tiempo en que los ejecutores seguían el procedimiento. Las cabezas y los cuerpos de las mártires fueron enterrados en un pozo de arena profundo de casi nueve metros cuadrados en el cementerio parisino de Picpus. Como este pozo de arena fue el receptáculo de los cuerpos de 1298 víctimas de la Revolución, parece no haber muchas esperanzas de recuperar sus reliquias. Una placa de mármol con el nombre de las mártires y la fecha de su muerte figura sobre la fosa y en ella hay grabada una frase latina que dice: Beati qui in Domino moriuntur. Felices los que mueren en el Señor.

Bendición Solemne de la Solemnidad de Ntra. Sra. del Carmen



- El Señor esté con ustedes.
- Y con tu Espíritu. 

- Dios, Padre de bondad, llene de gozo
sus vidas al celebrar solemnemente la fiesta 
de la Santísima Virgen María del Monte Carmelo. Amén.

- Que El conceda a quienes llevan el Santo Escapulario
del Carmen la gracia de meditar y proclamar 
la Palabra a imitación de la Virgen María. Amén.

- Que El les haga sentir la protección materna de 
la Virgen María, en la hora de la muerte para que, 
purificados del pecado, gocen eternamente 
de su compañía. Amén.

- Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Amén. 

Bendición Solemne que puede ser utilizada en las Misa del 16 de Julio
Memoria Litúrgica de Ntra. Sra. del Carmen.