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28 de Agosto: Memoria Litúrgica de san Agustín, obispo y doctor de la Iglesia

 


San Agustín es uno de los doctores más importantes de la Iglesia. Su fiesta se celebra el 28 de agosto.

Nació en el año 354 en Tagaste, hoy la provincia de Souk Ahras en Argelia. Después de finalizar sus estudios en Cártago, se convirtió en profesor de gramática y retórica. Durante algún tiempo perteneció a la secta de los maniqueos, y vivió en el desorden moral.

Fue profesor en Roma y, posteriormente, en Milán, donde se convirtió gracias a las oraciones de su madre, Santa Mónica. El obispo de Milán, San Ambrosio, a cuyas homilías asistía San Agustín con frecuencia, lo bautizó en la noche de Pascua del año 387.

Fue bautizado a los treinta y tres años, y cinco años más tarde se convirtió en sacerdote. Finalmente, en el año 395, fue nombrado obispo de Hipona, hoy Annaba, en Argelia. Luchó contra los herejes donatistas, los maniqueos y los pelagianos, dando siempre el ejemplo de una vida santa, modesta y edificante.

Sus escritos - Las Confesiones (397), La Trinidad (416), La Ciudad de Dios (426) -, su gran sabiduría, sus sermones y sus tratados sobre los Libros Sagrados, sobre el libre albedrío, la gracia o la verdadera religión, le han ganado fama universal. Murió el 28 de agosto del año 430 en Hipona, que se encontraba en ese entonces bajo asedio por los Vándalos, luego de treinta y seis años de episcopado.

Sus restos mortales descansan en Pavía, en la basílica San Pietro in Ciel d'Oro, desde que el rey de los Lombardos, Liutprando, los mandó instalar en dicho lugar en el año 720. Doctor de la gracia, San Agustín fue canonizado por el Papa Bonifacio VIII.


“Tarde te amé, oh Belleza siempre antigua, siempre nueva. Tarde te amé”, dijo San Agustín. Este gran Santo es uno de los 36  doctores de la Iglesia y es patrón de "los que buscan a Dios”; también fue autor de varios libros de teología y filosofía, siendo sus obras más famosas las “Confesiones” y "La ciudad de Dios".

San Agustín de Hipona nació el 13 de noviembre en el año 354 en la ciuad de Tagaste, ubicada al norte de Africa. Fue hijo de Patricio y de Santa Mónica, que rezó durante varios años por la conversión de su esposo y de su hijo.

Durante su juventud, se entregó a una vida libertina y cometió varios pecados de impureza. Convivió con una mujer durante 14 años y ambos tuvieron un hijo llamado Adeodato, que murió siendo joven.

También perteneció durante nueve años a la secta de los Maniqueos hasta que conoció a San Ambrosio, cuyo testimonio le impresiona  y le motiva a acercarse a Dios.

Un día, cuando Agustín estaba en un jardín, sumido en una profunda crisis existencial, escuchó la voz de un niño que le decía : "Toma y lee ; toma y lee". El Santo abrió una biblia que tenía al lado y abrió una página al azar. Se encontró con el capítulo 13,13-14 de la carta de San Pablo a los romanos que decía :

"Nada de comilonas y borracheras; nada de lujurias y desenfrenos...revestíos más bien del Señor Jesucristo y no os preocupeís de la carne para satisfacer sus concupiscencias".

Esta lectura marcó su conversión y desde ese momento resolvió  permanecer casto y entregar su vida a Cristo.

En el año 387 es bautizado junto a su hijo. Su madre fallece ese mismo año. Regresó a África y quiso llevar un estilo de vida monástica. Sin embargo, Dios tenía otros planes para él.

Un día asistió a la Eucaristía en Hipona. El Obispo, Valerio, lo vió y se enteró de su conversión y santidad. Entonces le dijo que necesitaba con urgencia a un sacerdote que lo asistiera en su labor. A pesar de su resistencia y lágrimas, Agustín entendió el llamado del Señor. 

Es ordenado sacerdote y cinco años después fue ordenado obispo. Dirigió la diócesis de Hipona por 34 años. San Agustín utilizó sus dotes intelectuales y espirituales para atender a las necesidades de su rebaño.

Combatió las herejías del tiempo, debatió contra las corrientes contrarias a la fe, acudió a varios consejos de obispos en África y viajó constantemente para predicar el Evangelio. Su intenso trabajo pastoral le forjó un gran prestigio dentro de la Iglesia.

El 28 de agosto del 430 enfermó y falleció. Su cuerpo fue enterrado Hipona, pero luego trasladado a Pavia, Italia. 

Para Benedicto XVI, San Agustín ha sido un “buen compañero de viaje” en su vida y ministerio. En enero del 2008 se refirió a él como “hombre de pasión y de fe, de altísima inteligencia y de incansable solicitud pastoral… dejó una huella profundísima en la vida cultural de Occidente y de todo el mundo”.

En agosto del 2013, el Papa Francisco, durante la Misa de apertura del Capítulo General de la Orden de San Agustín, se refirió al santo como un hombre que “comete errores, toma también caminos equivocados, peca, es un pecador; pero no pierde la inquietud de la búsqueda espiritual. Y de este modo descubre que Dios le esperaba; más aún, que jamás había dejado de buscarle Él primero”.

San Juan Pablo II  difundió la vida y obra de este Doctor de la Iglesia. En 1986, con ocasión del XVI Centerario de la Conversión de San Agustín, redactó la Carta Apostólica “Augustinum Hipponensem”.


Oración a san Agustín de Hipona

Amado santo, tu primeramente estuviste centrado en el hombre y te adheriste a las enseñanzas falsas. Finalmente te convertiste por la gracia de Dios y llegaste a ser un teólogo orante, centrado en Dios, en su amor y en su predicación. Ayuda a los teólogos en sus estudios de la verdad revelada. Ayúdales a seguir siempre el magisterio de la Iglesia en su esfuerzo por comunicar las enseñanzas de la tradición en una forma que resulte atractiva al mundo de hoy. Amén.

27 de Agosto: Memoria Litúrgica de santa Mónica de Hipona

 


“Cuántas lágrimas derramó esa santa mujer por la conversión del hijo! ¡Y cuántas mamás también hoy derraman lágrimas para que los propios hijos regresen a Cristo! ¡No perdáis la esperanza en la gracia de Dios!”, dijo el Papa Francisco durante la homilía de la misa de apertura del capítulo general de la Orden de San Agustín (28 de agosto de 2013). El Santo Padre aludía así a Santa Mónica (331-387) y la manera particular como se ganó el Cielo.

Mónica nació en Tagaste, norte de África (actual Túnez), el año 331. Siendo joven, por un arreglo de sus padres, se casó con Patricio, un hombre violento y mujeriego. Alguna vez le preguntaron por qué su marido nunca la golpeaba teniendo tan mal genio. Entonces ella respondió: "Es que, cuando mi esposo está de mal genio, yo me esfuerzo por estar de buen genio. Cuando él grita, yo me callo. Y como para pelear se necesitan dos y yo no acepto la pelea, pues.... no peleamos". Quizás, tal actitud podría pasar por simple sumisión o pasividad, pero, por el contrario, en ella denotaba humildad y prudencia. Mónica sabía muy bien que la violencia no conduce sino a más violencia. Por eso, es más lógico pensar que ella escogió el mejor camino: el de la perseverancia, la caridad comprometida, la paciencia y la inteligencia.

Mónica sin lugar a dudas jugó un rol muy activo dentro de su familia. Nunca dejó de rezar y ofrecer sacrificios por la conversión de su esposo, cosa que finalmente logró. El padre de Agustín se bautizó poco antes de morir y dejó este mundo como cristiano.

Lamentablemente, su dolor no terminaría ahí. Agustín, su hijo mayor, era un joven de actitudes egoístas e impetuosas, que llevaba una vida disoluta y no tenía ningún interés en la fe. Mónica sufría al ver a su hijo alejado de Dios aunque guardaba la esperanza en que se convirtiera como lo hizo su esposo. Ella siguió rezando y ofreciendo sacrificios espirituales por su hijo.

Ciertamente, la relación con Agustín pasó por periodos difíciles en los que hubo tensiones e incomprensiones que pusieron a prueba su paciencia y su fe. Más de una vez pensó que todo esfuerzo era inútil, especialmente cuando veía a su hijo comportarse de manera inmoral. Se dice que Mónica se apartó de él en varias oportunidades, incluso negándole que permaneciera en su casa. Desesperada llegó a pedirle al obispo de la ciudad que hable con Agustín y lo convenza. Fue entonces que recibió aquella célebre respuesta: “esté tranquila, es imposible que se pierda el hijo de tantas lágrimas”. Dios le dió, de esa manera, consuelo, la fuerza que le faltaba y la sabiduría para entender mejor que “nuestros tiempos” no son siempre los tiempos de Dios.

Después de muchos años de incertidumbre sobre la salvación de su hijo, finalmente sus oraciones dieron el fruto esperado. Agustín, quien había realizado un largo itinerario espiritual e intelectual que lo dejó sumido en el vacío, se bautizó en la Pascua del año 387. Mónica logró estar durante ese tiempo a su lado pues lo había seguido hasta Milán, ciudad en la que Agustín abrazó el cristianismo.

No mucho tiempo después, cuando ambos se encontraban de camino de regreso a Tagaste, Mónica cae enferma y muere en el puerto de Ostia (África). Tenía 55 años.

En el Ángelus del 27 de agosto del 2006, el Papa Emérito Benedicto XVI dijo: “Santa Mónica y San Agustín nos invitan a dirigirnos con confianza a María, trono de la Sabiduría. A ella encomendamos a los padres cristianos, para que, como Mónica, acompañen con el ejemplo y la oración el camino de sus hijos”.


Oración a santa Mónica por las madres 

Madre ejemplar del gran Agustín, durante 30 años perseguiste de modo perseverante a tu hijo rebelde con amor, afección, perdón, consejo y rezos que clamaban al cielo. Intercede por todas las madres en este nuestro día para que puedan aprender a conducir a sus hijos a Dios y su Santa Iglesia. Enséñales cómo permanecer cerca de sus hijos, incluso de aquellos hijos e hijas pródigos que tristemente se han extraviado. Amén.

Oración a santa Mónica para pedir por los hijos 

A ti recurro por ayuda e instrucciones, Santa Mónica, maravillosa ejemplo de firme oración por los niños. En tus amorosos brazos yo deposito mi hijo(a) 
(mencionar aquí los nombres), 
para que por medio de tu poderosa intercesión puedan alcanzar una genuina conversión a Cristo Nuestro Señor. A ti también apelo, madre de las madres, para que pidas a nuestro Señor me conceda el mismo espíritu de oración incesante que a ti te concedió. Todo esto te lo pido por medio del mismo Cristo Nuestro Señor. Amén.

26 de Agosto: Memoria Litúrgica del beato Ceferino Namuncurá

 


En la localidad de Chimpay, situada en pleno corazón del Valle Medio del Río Negro, nació, el 26 de agosto de 1886, Ceferino Namuncurá. Era hijo del cacique indígena Manuel Namuncurá (heredero de Calfucurá, el legendario jefe mapuche que resistió largamente a los blancos en su avanzada hacia las tierras del sur) y de una cautiva, Rosario Burgos.

En la Navidad de 1888 es bautizado por el Padre Domingo Milanesio y su acta de Bautismo se encuentra en la Parroquia de Patagones, a cuya jurisdicción pertenecía todo Río Negro.

En realidad, los misioneros pasan raramente por Chimpay, de modo que podemos presumir que Ceferino se nutre de la religión mapuche, durante sus primeros años. Sabemos que se manifiesta como un hijo cariñoso y fiel, capaz de ayudar a sus padres desde muy pequeño (acarrea leña desde el amanecer para ahorrar ese trabajo a su madre).

A los tres años cae accidentalmente en el río y es arrastrado violentamente por la corriente; progresivamente es devuelto a tierra cuando sus padres desesperaban de volverlo a ver.

A los 11 años, viendo como el pueblo Mapuche va siendo arrinconado en la miseria, decide ir a Buenos Aires "a estudiar para hacer bien a mi raza" (como solía decir), como alumno del Colegio Salesiano Pío IX. Allí descubrió su vocación: quería ser sacerdote para llevar a la gente de su raza el mensaje del Evangelio.

En febrero de 1903 entró al aspirantado salesiano en el Colegio San Francisco de Sales en Viedma. Allí su salud, minada desde unos años antes por la tuberculosis (la enfermedad contra la cual la raza mapuche no tenía defensas), se resintió en forma extrema.

Monseñor Cagliero decidió llevarlo a estudiar a Roma, creyendo que el cambio de clima lo beneficiaría.

Una vez en Roma es recibido por el Papa Pío X frente al cual pronuncia un breve discurso. Su salud continuaba desmejorando y finalmente, al año de encontrarse en Roma, fallece. Era el 11 de mayo de 1905 y todavía no había cumplido los 19 años. Se dice que el Papa, entristecido, dijo: "Era una bella esperanza para las misiones de la Patagonia, pero ahora será su más válido protector".

Años después sus restos fueron trasladados a la localidad de Pedro Luro, en la provincia de Buenos Aires.

En Chimpay, su lugar de nacimiento, se conmemoran muy especialmente las fechas de su muerte y nacimiento. Esta última, en particular, da lugar a toda una semana de festejos que culminan el domingo posterior al 26 de agosto con una tradicional procesión, que llega hasta el Monumento a Ceferino.

La vida del niño Ceferino transcurrió durante los años de la Campaña del Desierto, llevada a cabo por el General Roca para conquistar el inmenso territorio del sur argentino, hasta ese momento habitado casi exclusivamente por los indígenas.

Los salesianos, al contrario de lo que ocurría con otras corrientes dentro de la iglesia de esa época, no establecieron un sistema de dominio del indígena por la fuerza, obligándolos a trabajos forzados. Ellos consideraban que la mejor y única forma de lograr la integración de los indígenas al "nuevo mundo", esto es el mundo de la civilización del conquistador, era a través de la educación. Su obra consistió fundamentalmente en el establecimiento de colegios, tradicionales en la Patagonia por su concepción tanto normativa como arquitectónica, destinados a formar a los niños y jóvenes en las diversas ramas del conocimiento y también en la instrucción religiosa, por supuesto. A estos colegios concurrían tanto los hijos de los blancos como los de los indígenas.

Así, los salesianos demostraban en la práctica que consideraban a los indios como sus hermanos, que tanto unos como otros debían recibir el mismo tratamiento, y que, también, tanto unos como otros podían llegar a ser santos. Ceferino fue la muestra de esto.

25 de Agosto: Memoria Mensual de Ntra. Sra. del Rosario de San Nicolás e Inicio de su Mes.

 


Hoy nos unimos a todos los devotos de María en su advocación de Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás. 

Celebramos la Memoria Mensual y nos sumergimos junto a sus devotos a celebrar el Mes dedicado a honrar y de preparación para su gran Solemnidad el próximo 25 de septiembre. 

Hoy nos consagramos a su Inmaculado Corazón y le pedimos que nos lleve a ese Niño Jesús que sostiene en su brazo. 

ACTO DE CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

(25/08/1990; Mons. Domingo Salvador Castagna)

Madre de Dios y nuestra, que manifiestas la incomparable ternura del Padre y nos ofreces Su Misericordia. Hoy, convirtiendo este Santuario en el centro espiritual de los pueblos que representamos como peregrinos, deseamos pronunciar pública y solemnemente nuestra consagración a tu Inmaculado Corazón. Introducimos en él a todos nuestros hermanos, también a aquellos que no comparten nuestra fe en tu intercesión maternal.

Sabemos que esta oración de consagración pone bajo tu influjo de gracia, nuestras más hondas necesidades y nuestras esperanzas; nuestros propósitos de ser pueblo de Dios y de ordenar todos los asuntos de acuerdo con el Espíritu de Jesús. Tu presencia evangelizadora, que ha orientado el nacimiento de nuestros pueblos latinoamericanos, se manifiesta entrañable y activa en momentos como el actual, abrumado de conflictos y contradicciones. Nuestra consagración procede de una decisión, piadosamente madurada, de renovar la evangelización de toda la realidad humana en la que estamos inmersos.

Madre nuestra, estamos a tu lado, vigilantes y activos, serenos e inquietos, hambrientos de paz y combativos en la fe, fraternales y, al mismo tiempo, alertas para no desalentarnos ante la violencia y el odio que acechan la estabilidad de nuestra construcción social. Estamos a tu lado para que nos lleves por tus caminos, pero andando con las energías que tú misma nos obtienes de Dios.

Tu corazón de Madre es nuestro refugio, pero también el estímulo que necesitamos para purificar y transformar en el amor las culturas y estructuras de nuestros pueblos. Desde la Cruz, Jesús nos indicó, en Juan, que eras nuestra Madre y nos constituyó en tus fieles hijos. No salimos de nuestro asombro ante las pruebas innegables, esparcidas a lo largo de la historia, de que has aceptado tu misión singular. Hoy somos nosotros los herederos de tu solicitud materna y, por esta consagración, deseamos responderte con docilidad de hijos.

Cuida a nuestros pobres y desposeídos, a nuestros niños y jóvenes, a nuestros ancianos y enfermos, a cuantos sufren de la injusticia y el desorden causados por el egoísmo de unos pocos que se adueñan del destino de todos. Madre, “somos tuyos”, tu pueblo que procede de ciudades y naciones diversas. Queremos consagrarnos a ti con la sencillez de niños y confesar, ante todo el mundo, que confiamos en el éxito final de la Redención. “Somos tuyos” y anhelamos seguir peregrinando en la construcción del Reino de Dios por el camino que nuestros pecados a veces bloquean y que tu rápida y oportuna intervención vuelve a despejar. Recíbenos, Madre, abre para nosotros, en los signos de la fe de la Iglesia, los secretos que guardaste en tu Inmaculado Corazón. Amén.

Leemos y meditamos un mensaje de la Santísima Virgen María en San Nicolás de los Arroyos: 

Aquel día, decía la Santísima Virgen: 

"Hoy es un día de alegría para todos mis hijos. Desde Mi Santuario Bendigo a todos mis hijos. Desde Mi Santuario les doy el Amor que sólo la Madre de Cristo puede dar. Este es el Centro de oración para todos los que buscan la Paz para su espíritu. Glorificado sea el Nombre de Dios." (25/08/1990).

Ntra Sra del Rosario de San Nicolás, ruega por nosotros.

25 de Agosto: Aniversario de Acción de Gracias en la Arquidiócesis de Salta

 


El 25 de agosto el pueblo salteño, celebra un día de acción de gracias en el aniversario de la protección del Señor y la Virgen del Milagro en el terremoto de 1948.

Por tercera vez los santos patronos salvaron a su pueblo de Salta. La ciudad fue sacudida casi un minuto con tanta violencia que hasta llegaron a tocar solas algunas campanas de las altas torres de los templos. 

En aquella oportunidad el Gobierno y Curia Eclesiástica labraron un acta donde se dejaba constancia de la protección del Señor del Milagro. Dice la misma acta que la intensidad del terremoto producido en esa fecha fue similar a la que destruyó casi por completo la ciudad de San Juan, sin embargo no se registraron daños mayores ni víctimas personales en Salta.

Señor del Milagro, ten misericordia de nosotros.

Virgen del Milagro, gloria de este pueblo en quien siempre halla todo su remedio.

25 de Agosto: Memoria Litúrgica de la beata María del Tránsito Cabanillas del Jesús Sacramentado, virgen

 


Nace el 15 de agosto de 1821 en San Roque, Córdoba. Sus padres, Felipe Cabanillas y Francisca Antonia Sánchez, constituyeron una familia de once hijos bajo una educación cristiana, hijos de los cuales cuatro, incluyendo a la Madre María del Tránsito, consagraron sus vidas a Dios.
En su bautismo le pusieron el nombre María del Tránsito Eugenia de los Dolores, al que más adelante, le agregaría "de Jesús Sacramentado" por su gran devoción.
A los 12 años, su primera comunión la realizó en una capilla de campo. A los 15 años se confirmó. Los dones del Espíritu Santo intensificaron su sentido sobrenatural de la vida, la atenta escucha de la voz de Dios, el deseo de la imitación del Señor.
Durante su juventud tuvo dos grandes compañeras, sus hermanas Josefa y Nicasia. Para los demás hermanos, por la diferencia de edad, ella era la madrecita. A pesar de siempre tener un intenso llamado a la vida seria y recogida, nunca pudo evadir los deberes que tenía por ser la joven dueña de casa. Cosas como las galas, la música, la fama nunca le atrajo su mirada; más bien cuando cerraba los ojos veía en su alma la belleza del Señor Jesús que cautivaba su espíritu.
Perdió a su padre a los 29 años, quien era su gran amigo, por lo que la herida que sintió fue muy profunda. En ese momento Jesús empezaba a prepararle una nueva senda. Luego se sobrepuso de la muerte de su madre y de sus hermanos Eufemia, Isabel y Emiliano, que fallecieron en 1875.
En el año de 1878 la Madre María del Tránsito, acompañada por solo dos jóvenes, fundó la Congregación Hermanas Terciarias Misioneras Franciscanas. El lugar donde estaba lo denominaron Colegio de Santa Margarita de Cortona, en el que tenían como principales objetivos "promover las obras de caridad y misericordia y dar educación gratuita a las hijas de los pobres y desamparados". La nueva congregación tuvo una gran extensión y un rápido crecimiento vocacional.
En 1879 se le solicitó al Ministro General de la Orden el nombramiento del Padre Poreca como Director y la Madre Tránsito como Madre Superiora. Luego de siete meses se fundó en Concepción de Río Cuarto el Colegio Nuestra Señora del Carmen siendo designada Superiora Mayor.
En 1882 se fundó en Villa Nueva (Córdoba) la tercera casa, dedicada a la Inmaculada Concepción.
Para 1883, las casas de Villa Nueva y san Vicente ya tenían más de un centenar de alumnas y la de Río Cuarto, trescientas veinte.
Antes de que la Madre Tránsito entregara por completo su alma a Dios, sus últimas palabras fueron: "YO YA NO LES HAGO FALTA, PORQUE NO PUEDO HACER NADA. PERO, CUANDO MUERA, DESDE EL CIELO LES HARÉ MUCHO BIEN".
Así fue que el día 25 de Agosto de 1885, luego de una crónica enfermedad, partió hacia la Casa Paterna la Madre Tránsito Cabanillas de Jesús Sacramentado, quien recibió los santos sacramentos con devoción y piedad. Recibió la muerte como regalo del Señor, edificando a las hermanas con su gozosa esperanza. Fue sepultada en el terreno destinado a la Iglesia de Santa Margarita de Cortona en la ciudad de Córdoba.
Fue beatificada, por Juan Pablo II, el 14 de abril del 2002.

25 de Agosto: Memoria Litúrgica de san José de Calasanz, presbítero

San José de Calasanz (1557-1648) fue un sacerdote y educador español. Calasanctius, como también se le conoce, fue un gran defensor y propulsor de la educación en una época en la que estudiar era un privilegio. Precisamente, el santo fundó la primera escuela pública gratuita de Europa, propuesta educativa que replicó dando lugar a las denominadas ‘Escuelas Pías’. Fue además fundador de la Orden de los Clérigos Regulares Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías, cuyos miembros son conocidos como escolapios.

José nació en Peralta de la Sal, Aragón, España, el 11 de septiembre de 1557. Sus padres fueron don Pedro de Calasanz -quien llegó a ser alcalde de Peralta- y doña María Gastón. De ellos recibió una educación esmerada, gracias a la que adquirió una amplia cultura -propia de alguien mayor- y una sólida formación cristiana. Luego asistió a la escuela local de Peralta, donde continuó sus estudios.

A los dieciséis años expresó su deseo de ser sacerdote. Inicialmente su padre no estuvo de acuerdo: la muerte de su madre y después la de su hermano mayor hizo pensar a don Pedro que José tenía que encargarse de la administración de los bienes familiares. Providencialmente el tiempo haría cambiar de opinión a don Pedro, de manera que José logró estudiar filosofía y derecho canónico en la Universidad de Lérida, y teología en las universidades de Valencia y Alcalá de Henares.

En 1583, con 25 años, José sería ordenado sacerdote. Se le envió a la Seu d'Urgell (Seo de Urgel), en la provincia de Lérida, cerca a los Pirineos catalanes. Por aquel entonces Urgel era una región convulsionada especialmente a causa del bandolerismo. José pasó algunos años allí, en los que tuvo que enfrentar un periodo sin obispo, por sede vacante. Fueron años difíciles en los que se desempeñó como secretario del capítulo catedralicio, y en los que también tuvo la oportunidad de conocer las necesidades y carencias de mucha gente. 

En 1591, se trasladó a Roma, en busca de un horizonte pastoral distinto, alentado por la idea de hacer carrera eclesiástica allí. 

En Roma no encontró aquello que esperaba. Sin embargo, no perdió la esperanza y siguió pensando en hacer algo por la Iglesia y la gente necesitada. José siempre había sido un hombre piadoso, dado a la oración, y las circunstancias hicieron que ponga aún más su confianza en Dios y la Virgen Santísima. Cuando comenzó a recorrer las calles y barrios de la Ciudad Eterna, vio como muchos niños estaban abandonados a su suerte, sin recibir aquello que él sí había recibido: educación, un trato amable y una fe. Ése fue el germen de la creación de las Escuelas Pías, abiertas a todos, gratuitas, concebidas a la luz del Evangelio; las que serían las primeras escuelas públicas cristianas de Europa. 

Una vez que San José de Calasanz tuvo maduras sus ideas, comenzó a buscar apoyo y financiamiento para su proyecto de escolarización. Lamentablemente nadie pudo apoyarlo. Por eso en 1597 pidió utilizar la sacristía de la parroquia de Santa Dorotea en Roma -ubicada en una zona pobre de la ciudad- y allí empezó a dar clases. 

Con el correr de los meses, las ‘Escuelas Pías’ fueron aumentando y con ello también creció el número de estudiantes. A quienes trabajaban en ellas se les empezó a llamar ‘escolapios’. Sería ese el grupo de hombres con el que San José formaría la Orden de los Clérigos Regulares de las Escuelas Pías, consagrados exclusivamente a la educación. 

Tras comprobar los buenos resultados y la magnífica gestión de las escuelas, los escolapios recibieron el apoyo de la Santa Sede, así como el apoyo de muchas familias acomodadas que deseaban participar de la iniciativa. 

"En Roma he encontrado la manera definitiva de servir a Dios, haciendo el bien a los pequeños, y no lo dejaré por nada del mundo", decía San José Calasanz. 

"Pues si desde la infancia el niño es imbuido diligentemente en la piedad y en las letras, ha de preverse, con fundamento, un feliz transcurso de su vida entera" - Constituciones de las Escuelas Pías, escritas por San José de Calasanz (1622).

San José de Calasanz murió el 25 de agosto de 1648 en Roma, a los 90 años. Su gran obra, las Escuelas Pías se encuentran hoy repartidas en los cinco continentes.


Oración a san José de Calasanz 

Bienaventurado san José de Calasanz 
elegido por el Señor para cuidar a los niños y jóvenes
para darles amor, refugio, educación y oración,
elegido por tus virtudes para formar y educar su espíritu
en la sabiduría, el amor y la piedad,
y prepararlos en ante la vida y sus durezas.

San José de Calasanz, tú que lleno de bondad y entrega
contribuiste grandemente a la reforma de la sociedad
y con infatigable actividad e invencible paciencia
animaste a todos los que llamabas tus hijos a la perseverancia,
hoy acudo ante ti para rogar por mi hijo(a)

Decir aquí su petición

Enséñale a ser una buena persona
y que tu ejemplo le sirva para ser mejor.
Aléjale de falsos amigos, de malas compañías,
de quien quiera dañarle o busque su perdición,
aléjale de cualquier vicio o dependencia
y de todo enemigo peligro, accidente y mal. 

Tú que con amor y devoción te entregaste a Dios Padre
y a nuestra Madre, la Santísima Virgen María,
tú que nunca dejaste de confiar en su protección, 
te ruego lleves hasta Ellos mis suplicas, 
ruega por mi hijo(a) ....... que necesita ayuda:
diles que en su bendita misericordia siempre estén a su lado,
pídeles que pongan en su camino gente honesta
y que dirijan sus pasos por las sendas correctas.
Suplícales llenen su corazón de fortaleza y sabiduría
y goce de buena salud de cuerpo y espíritu.

Tu que a tantos niños y jóvenes diste alivio y consuelo
haz que no sufra por carencias ni por necesidades,
que sus anhelos y metas se cumplan
y su vida esté llena de amor, paz y bendiciones
para que alcance la felicidad y la prosperidad.
Por tu humildad, caridad, paz y alegría con los necesitados
ahora quiero solicitar tu especial asistencia 
en estos momentos que mi hijo(a) ....... pasa por dificultades,
ruega a los Cielos que envíen ayuda para remediar 
este problema que tanto me intranquiliza y causa angustia:

(exponer la necesidad o problema
y pedir confiadamente lo que se desea conseguir).

Glorioso san José de Calasanz,
por el amor que diste y sigues dando a los niños y jóvenes
no dejes que mi hijo(a) pase por esta mala situación,
intercede para que mis deseos se hagan realidad
y vea en breve solucionado mi sufrimiento y aflicción,
que de tu inmensa caridad venga tu auxilio
al concederme los favores que a ti pido y de ti espero. 
Protege, cuida y ampara a mi hijo(a) hoy y siempre,
te lo imploro por la Virgen María,
por su Hijo nuestro Señor Jesucristo,
por el Padre Eterno y por el Espíritu Santo. Así sea.