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--------------------------------------------- San Martin de Tours y La Virgen de los Buenos Aires / La Inmaculada Concepción y San Ponciano | Patronos de la Ciudad de Buenos Aires / Patronos de la Ciudad de La Plata -----------------------

Oraciones a la Virgen del Carmen

ORACIÓN

¡Oh Virgen Santísima Inmaculada, belleza y esplendor del Carmen! Vos, que miráis con ojos de particular bondad al que viste vuestro bendito Escapulario, miradme benignamente y cubridme con el manto de vuestra maternal protección. Fortaleced mi flaqueza con vuestro poder, iluminad las tinieblas de mi entendimiento con vuestra sabiduría, aumentad en mí la fe, la esperanza y la caridad. Adornad mi alma con tales gracias y virtudes que sea siempre amada de vuestro divino Hijo y de Vos. Asistidme en vida, consoladme cuando muera con vuestra amabilísima presencia, y presentadme a la augustísima Trinidad como hijo y siervo devoto vuestro, para alabaros eternamente y bendeciros en el Paraíso. Amén.


SALUTACIONES

1ª. Madre mía del Carmen, bendita seáis; los serafines, los santos y los justos os llenen de alabanzas, porque me habéis dado vuestro Escapulario. Ave María.

2ª. Madre mía del Carmen, bendita seáis; los serafines, los santos y los justos os llenen de alabanzas, porque con vuestro Escapulario sois salud de mi alma. Ave María.

3ª. Madre mía del Carmen, bendita seáis; los tronos, los santos y los justos os llenen de alabanzas, porque con vuestro Escapulario me protegéis contra todos los peligros. Ave María.

4ª. Madre mía del Carmen, bendita seáis una y mil veces; las dominaciones, los santos y los justos os llenen de alabanzas, porque con vuestro Escapulario me defendéis de las tentaciones del enemigo. Ave María.

5ª. Madre mía del Carmen y Reina de mi corazón, bendita seáis; los querubines, los santos y los justos os llenen de alabanzas, porque con vuestro Escapulario sois la paz y la alegría de mi alma. Ave María.

6ª. Madre mía del Carmen, bendita seáis; los arcángeles, los justos y los santos os llenen de alabanzas, porque con vuestro Escapulario me habéis hecho especialísimo hijo vuestro. 
Ave María.

7ª. Madre mía, madre de mi corazón y Reina de mi amor, os doy mi alma, mi vida, mi corazón, y quiero que os alaben las Virtudes y todas las criaturas, porque con vuestro Escapulario me habéis infundido la esperanza de que os veré en el cielo... No me dejéis, Madre mía. Ave María.


POR LAS ALMAS DEL PURGATORIO

¡Virgen Santa! Durante toda mi vida habéis sido mi tierna Madre; Vos me habéis obtenido gracias sin número en todos los peligros y en todas mis penas, y Vos no me abandonaréis en la hora terrible de mi muerte. Mas hoy os pido una gracia especial, como bondadosa consoladora de los afligidos, y es la de que tengáis piedad de las desgraciadas almas que el reato de culpas retiene cautivas en el fuego del Purgatorio. Vos, amantísima Reina del Carmelo, me habéis permitido que os llame mi buena y dulce Madre: sedlo también de las infortunadas almas por las cuales yo suplico a vuestro corazón tan compasivo. Dejaos conmover por mis lágrimas y mis plegarias, para que los sufridos lamentos que parten de aquel lugar de tristeza y de miseria lleguen hasta Vos, y, cual piadosa medianera entre Dios y las almas que están allí detenidas, obtener su pronta liberación. Esta es la gracia que os solicito ¡oh Madre de Dios! y que os ruego concedáis á vuestros hijos.

No dejéis de utilizar el poder que se dignó concederos vuestro Unigénito Hijo, especialmente en el día vuestro del sábado. Amén.


ACTO DE CONSAGRACIÓN 

¡Oh Inmaculada Madre de Jesús y Madre mía, María! yo me consagro todo a Vos, como hijo y esclavo vuestro, sin reserva; aceptad la oferta y tomad posesión de mí, continuando en mí, como en vuestra vida mortal, amando a Dios y a los hombres y haciendo bien a todos. Bendecidme, oh Madre, y concededme morir un día, de amor, en vuestros brazos.

Rezar tres Avemarías, agregando después de cada una, la siguiente jaculatoria: 

Madre mía, mi corazón ya no es mío, sino tuyo, 
y tuyo para siempre. 

16 de Julio: Memoria Litúrgica de Nuestra Señora del Carmen



El 16 de Julio de 1251, mientras San Simón Stock rezaba fervorosamente en su convento de Cambridge (Inglaterra), se le apareció Nuestra Señora revestida del hábito carmelita, portando en Dus brazos al Niño Jesús y extendiéndole un escapulario le dijo estas palabras:

               "Recibe, queridísimo hijo, este Escapulario de tu Orden, señal de Mi confraternidad, privilegio para ti y para todos los Carmelitas. Todo aquel que muera con él revestido, no arderá en las llamas del infierno. Él es, pues, una señal de salvación, una seguridad de paz y de eterna alianza..."

Nuestra Señora del Monte Carmelo, llamada comúnmente Virgen del Carmen, es una de las advocaciones marianas más populares. Su denominación procede del llamado Monte Carmelo, en Israel, un nombre que deriva de la palabra Karmel que  podría traducir como 'jardín', donde el Profeta Elías vivía con una pequeña comunidad de discípulos. Una gran sequía asolaba la región y el Profeta subió a la montaña para pedir lluvia y divisó una nubecilla de luminosa blancura de la cual brotaba el agua en abundancia; comprendió que la visión era un símbolo de la llegada del Salvador esperado, que nacería de una doncella inmaculada para traer una lluvia de bendiciones. Desde entonces, aquella pequeña comunidad se dedicó a rezar por la que sería madre del Redentor.

Aquella comunidad siguió su existencia a lo largo de los siglos. Según la tradición, la Virgen María todavía en carne mortal se les apareció y los alentó a seguir en esa vida de oración. Más tarde se construyó un templo dedicado a Ella. La devoción se extendió a Europa por los ataques musulmanes en Tierra Santa.

El 16 de julio de 1251, la Virgen del Carmen se apareció a San Simón Stock, superior general de la Orden, al que le entregó sus hábitos y el escapulario, principal signo del culto mariano carmelita. Según es tradición la Virgen prometió liberar del Purgatorio a todas las almas que hayan vestido el escapulario durante su vida, el sábado siguiente a la muerte de la persona y llevarlos al cielo, creencia que ha sido respaldada por los Pontífices.

La devoción mariana hacia la Virgen del Carmen se extendió a muchos países de Europa y América, destacando entre ellos España.

El formulario de esta fiesta es un filial homenaje a la Madre de Dios y Madre nuestra, la Virgen María, por su constante protección e intercesión por sus hijos. Ella es la madre del amor puro que promete la vida eterna a quien le ama. En las tres oraciones, la Iglesia no cesa de reclamar su poderosa intercesión. Destaca por su hermosura textual y musical la secuencia compuesta en sus primeros versos por San Simón Stock.

Nuestra Señora se apareció al papa Juan XXII y le dijo: “Como una tierna madre, descenderé al purgatorio el sábado siguiente a la muerte de quienes hayan vestido el escapulario y los llevaré a las mansiones celestiales de la vida eterna”. Este privilegio fue promulgado y enseñado por dicho papa en la famosa bula Sacratissimo Uti Culmine, de 1322. Aun así, la Santa Sede no dio su ratificación definitiva hasta 1908, durante el pontificado de san Pío X.

San Alfonso dice: “Así como los hombres se enorgullecen de que otros lleven sus trajes distintivos, la Santísima Virgen María se complace cuando sus siervos visten su escapulario como una marca distintiva de consagración a su servicio y de su condición de miembros de la familia de la Madre de Dios”.

El papa Benedicto XV concedió 500 días de indulgencia cada vez que se besara el escapulario. La maternidad de María no se limita solo a los católicos, sino que se extiende a todos los hombres.

Se han obrado muchos milagros de conversión en acatólicos de buena voluntad que han llevado y practicado la devoción al escapulario.

En Lourdes, la Virgen escogió el 16 de julio de 1858, fiesta de Nuestra Señora del Carmen -en que la Iglesia conmemora su aparición a San Simón Stock- para aparecerse por decimoctava y última vez. En efecto, se apareció a Santa Bernardita en la fiesta de Nuestra Señora del Carmen.

Nuestra Señora de Fátima, el 13 de octubre de 1917, apareció con el escapulario carmelita en su mano, manifestando a los niños videntes -Lucía, Jacinta y Francisco- su intención de que todos los hombres vistan tal escapulario.

María nos enseñó el valor del escapulario. Cuando lo usamos como una oración, Nuestra Señora nos lleva al Sagrado Corazón de su Divino Hijo. Es bueno, por tanto, tomar el escapulario en la mano cuando nos dirigimos a Nuestra Señora. La oración dicha así, mientras se sostiene el escapulario místico, no puede ser más perfecta, sobre todo en los momentos de tentación en que más necesitamos la poderosa intercesión de la Madre de Dios. El maligno espíritu se ve completamente impotente cuando aquel que lleva el escapulario invoca a María con devoción.

El escapulario representa tres cosas: Es un signo de nuestra Fe católica, por la cual nos hacemos hijos y siervos de María. Es un signo de nuestro amor hacia la Madre de Cristo, quien es también nuestra propia madre espiritual. Es señal de la protección de Nuestra Señora, que cuida de sus hijos y servidores.


Disposiciones para recibir el Escapulario: 

- Haber recibido debidamente el Escapulario, es decir, impuesto por un sacerdote con poder para tal (actualmente cualquier sacerdote con uso legítimo de órdenes tiene ese poder). 

- Que el Escapulario sea como prescribe la Iglesia, es decir, hecho con dos pedazos de lana (y no de otro material) unidos entre sí por cordones, de forma cuadrangular o rectangular y de color marrón. 

- Que una parte caiga sobre el pecho y otra sobre la espalda. 

- Guardar la castidad cada uno según su estado (perfecta para los solteros y matrimonial para los casados). 

- Rezar las oraciones prescriptas por el sacerdote que lo impuso. 

Al vestir el Escapulario, y durante toda la vida, es muy importante que sepamos apreciar su profundo y rico significado, como pertenencia a una Orden, a la del Carmen, con obligación de vivir según su rica espiritualidad y su propio carisma. Quien viste el escapulario debe procurar tener siempre presente a la Santísima Virgen y tratar de copiar sus virtudes, su vida y obrar como Ella. María, obró, según sus palabras: "He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra". 


Significado del Escapulario

- El amor y la protección maternal de la Virgen. La madre siempre trata de cobijar a sus hijos. 

- Pertenencia a María. Llevamos una marca que nos distingue como sus hijos escogidos. El Escapulario se convierte en el símbolo de nuestra consagración a María. Consagrarse es "pertenecer a María"; es reconocer su misión maternal sobre nosotros y entregarnos a Ella para dejarnos guiar, enseñar, moldear por Ella y en su Inmaculado Corazón. Así podremos ser usados por Ella para la extensión del Reino de su Hijo. 

- El suave yugo de Cristo. El Escapulario simboliza ese yugo que Jesús nos invita a cargar, pero que María nos ayuda a llevar. 

El privilegio sabatino 

La predilección de María Santísima por el Carmen fue confirmada de modo aún más maternal en el siglo siguiente, cuando se apareció al futuro Papa Juan XXII, entonces cardenal, en Avignon, Francia. 
Allí le prometió una especial asistencia para los que llevasen el Escapulario del Carmen, diciendo que los libraría del Purgatorio el primer sábado después de su muerte. 

Mes de Julio dedicado a la Virgen del Carmen - Día 9°



Día IX

Por la señal de la santa cruz. Señal de la Cruz. 

Oración inicial

Madre mía amantísima del Carmen, aquí vengo a vuestra presencia con el más profundo respeto y veneración a ofreceros el ejercicio de este día, que consagro a vos por haberme admitido, a mí, el más miserable de los hombres, entre vuestros hijos predilectos los Carmelitas, para favorecerme con vuestra especial protección y amor. Yo os doy miles de gracias por ello, Madre mía, y os suplico que iluminéis mi entendimiento e inflaméis los efectos de mi corazón, para hacer con verdadero fruto este ejercicio, a fin de que merezca ser recibido por vos como un obsequio de vuestro hijo. Amén

Entrega del santo Escapulario

I

Este es el diploma más auténtico y explícito que se acredita la filiación especial de los Carmelitas y el amor singularisimo de María a la orden y a cada uno de sus miembros: el santo Escapulario.
Vivía en Inglaterra el santo Simón Stock que, prevenido con las bendiciones del cielo, había dado, ya desde niño, muestras de la gran santidad a qué Dios le llamaba, manifestándose en él de una manera especial la grandísima devoción que profesaba a la virgen María. A la edad de 12 años se retiró, ejemplo del Bautista, a un desierto, y allí, en la concavidad del tronco de un árbol, retirado de todo trato humano, pasaba las noches y los días en altísima contemplación y austerisima penitencia.
Veinte años estuvo en esta soledad labrando su espíritu, como preciosa piedra que debía colocarse en la Jerusalén celeste. Avisado por la virgen, tomó el hábito de su orden del Carmen, qué hacía poco se había establecido en occidente. Su espíritu altísimo y su gran sabiduría, no menos que su prudencia superior, hicieron recaer sobre él el generalato de la órden, que gobernó por espacio de 20 años.
Viendo el santo general que su orden estaba muy perseguida de los enemigos más temibles, acudir constantemente a María para que salvase su religión y le suplicaba que le diese alguna muestra sensible y exterior de su especial amor y protección, porque con ella estaba seguro el santo que se humillarían sus enemigos.
Era el 16 de julio de mil 251 cuando el santo acudió como solía a la protección de María para que defendiera su orden, vio abrirse los cielos y aparecer en las nubes, radiante de Gloria y acompañada de los Ángeles y serafines, a la madre de Dios María santísima, qué vestido con el hábito del Carmen, traía en sus purisimas manos el santo Escapulario, y acercándose al santo, llena de Gloria e inspirando amor y confianza, le dijo:" recibe, hijo mío muy amado, este Escapulario de tu orden, señal de mi confraternidad, privilegio para ti y para todos los Carmelitas; el que muriere con él no se condenará. He aquí la señal de salud, salvación en los peligros, convención de paz y de pacto sempitero" . ¡Oh admirable misericordia y bondad de la madre de Dios! ¡Oh amor grandísimo e invencible para sus Carmelitas! bastaba haber confortado al santo con alguna palabra de consuelo; bastaba haberle dado el santo Escapulario; pero quiso añadir aquellas consoladoras e inolvidables palabras, dignas de grabarse en todos los corazones: señal de mi confraternidad, privilegio para ti y para todos los Carmelitas, y el que muriere con él no se condenará: <in quo quis pie moriens æternum non patietur incendium.> ¿No es esta una demostración nunca vista de la predilección qué tiene María a su orden?
¿No son estas palabras de María nacidas todas de lo más mínimo y afectuoso de su corazón?
Es cierto que también a San Ildefonso Arzobispo de Toledo le trajo María del cielo una casulla, a San franco Carmelita el hábito, y a otros tantos otras prendas; pero eran favores particulares que se concretaban a la persona a quien se hacían y no llevaban ninguna promesa, ni de su especial filiación, ni para la vida futura; más el don del santo Escapulario, además de que su virtud se extiende hasta la otra vida, apartandonos del infierno y liberándonos del purgatorio, es la prueba más clara y como un testimonio o un contrato con el cual María ratifica y manifiesta una vez más, que la orden del Carmen y cada uno de sus miembros militan bajo su filiación especial: " "Signum confraternitatis meæ"

II

¿Qué más podrías esperar tu de tu madre, alma mía, que recibir un don tan rico, un recuerdo tan grato, un beneficio tan singular que lleva en sí el amor más fino de una Madre, la protección más segura de una Reina, el amparo más continuo del cielo, la consolación más firme, la esperanza más fundada y la dicha más verdadera de tu corazón? Porque todo esto es María para ti: es Madre la más cariñosa, es Reina la más misericordiosa, es Cielo de alegría para el corazón, consolación la más pura, esperanza sin temor, dicha la masa inefable después de Dios, y todo esto te lo da en este día con el Don del Santo Escapulario, en el cual ha puesto ella su virtud y todas sus gracias.

Recíbelo, pues, con fe, con amor, con entusiasmo, llévatelo a lo más recóndito de tu corazón, porque él es la preciosa margarita en el Evangelio, qué para poseerla vendió el hombre todo lo que tenía; el será para ti la sal que te preservará de la corrupción; el será, en fin, la lámpara encendida que busca el esposo de las almas, y cuya luz alumbrará y dirigir a tus pasos hacia fijarlos en las playas de una eterna felicidad.
Recibe pues, este donde tú amorosa Madre como un presente riquísimo del cielo, estrella lo contra tu corazón y procura mover a este con los más ardientes afectos para agradecer a tu buena Madre está gracia, y dile: Madre mía amantísima del Carmen, agradezco en el alma este favor, aprecio vuestro santo Escapulario más que todas las riquezas del mundo, mi lengua no cesara de alabaros y mi corazón jamás se olvidará de Vos, y antes quiero que mi lengua se pegue al paladar que cese de alabaros, y antes quiero olvidarme de mí que a vos olvidaros. Pero no, no me olvidaré, porque vos habéis robado mi corazón y ya no es mío, sino vuestro; por eso ya sólo entiende en amaros, sólo entiende en serviros y está esperando de vos para cumplir vuestro agrado.
Vuestra misericordia ha hecho cosas grandes en mi, y en este día me habéis alcanzado la bendición del padre, habéis hecho recaer sobre mí la primogenitura, me habéis adornado con vestido de Gloria y me habéis introducido en vuestro Carmelo santo; por todo os bendigo y alabo, os doy millones de gracias, y en este día consagrado a vos recordaré vuestras misericordias y cantaré vuestras alabanzas aquí en la tierra, seguro de que vos me llevaréis después a cantároslas en el cielo.

Oración final

Gloriosísima Virgen, Reina de los Ángeles, Madre de Dios y de los Carmelitas, María Santísima, yo el más indigno de vuestros hijos acudo a vuestras plantas con el afecto que me inspira vuestro amante corazón y la confianza que me da en santo escapulario, prenda vuestra riquísima y señal de mi salvación, para presentaros las suplicas y afectos que mi corazón ha formado en este día en obsequio vuestro para más amaros y mejor serviros. Vos como Madre de Dios y dispensadora de todas las gracias del cielo, todo lo podéis, y como Madre amante y especial de los que visten vuestro santo escapulario, no os negareis a recibir mis pobres suplicas y alcanzarme el remedio de mis necesidades, la gracia de que mi alma os ame y sirva cada día mas durante mi vida y después merezca ser ayudado de vos en la hora de mi muerte.

Pídase ahora con toda confianza la gracia que se desea alcanzar de la Virgen del Carmen.

Ejemplo

El P. Svanington, secretario de San Simón Stok, refiere el siguiente hecho, del que por otra parte fue testigo una población entera, ocurrido, según varios autores, el mismo día en el qué el santo general recibiera el sagrado Escapulario, y según otros un año después.
Iba el santo padre Simón a Winchester con el fin de obtener del diocesano cartas de recomendación para el Sumo Pontífice Inocencio IV, cuando ve venir apresuradamente a su encuentro al deán de la iglesia de Santa Elena, de la propia ciudad, D. Pedro de Lintonia."Venid a socorrer a mi hermano Waltero, qué, herido mortalmente en un duelo, se está muriendo impenitente y desesperado." Penetra el bendito padre en el aposento del desdichado waltero, y lo encuentra Blasmefando y encomendando al demonio su alma y en el cuidado de vengarlo de su enemigo. El santo general hizo sobre el moribundo la señal de la cruz y colocó sobre el ensangrentado cuerpo el mismo sagrado vestido que recibiera de María. en el mismo instante Waltero cambia la feroz expresión de su semblante en la de un arrepentido penitente, derrama abundantes lágrimas, confiesa a San Simón sus enormes crímenes, y apoco muere en el oscuro del señor. Refirió D. Pedro de Lintonia al P. Svanington que, estando orando ferozmente por su desesperado hermano, oyó una voz, sin duda celestial, qué le decía: levántate, Pedro: ve en busca de mi amado siervo Simón, y haz que venga aquí.
Este es el primer milagro, qué, visiblemente a lo menos, obró la santísima virgen por medio del santo Escapulario.

Obsequio. todas las noches antes de acostarse besar el santo escapulario diciendo: "Virgen del Carmen, vuestro esclavo soy, con vuestro permiso a dormir me voy."

Sentencia. El que llevaré la insignia de María será escrito su nombre en el libro de la vida.
(San Buenaventura)

Oremus. 
Deus, qui Beatissimae semper virginis, et genitricis tuae Mariae singulari titulo Carmeli ordinem decorasti: concede propitius, ut cujus hodie commemorationem solemni celebramus officio, ejus muniti presidiis ad gaudia sempiterna pervenire mereamur. Qui vivis, et regnas in secula seculorum. Amen.

Letanías a San José, Esposo de la Virgen María



Se repite
-Señor, ten piedad de nosotros.
-Cristo, ten piedad de nosotros.
-Señor, ten piedad de nosotros.

-Cristo, óyenos.
-Cristo, escúchanos.
Ten misericordia de nosotros.
-Dios, Padre celestial
-Dios Hijo, Redentor del mundo
-Dios Espíritu Santo
-Santa Trinidad, un solo Dios

Ruega por nosotros.
-Santa Maria,
-San José
-Ilustre descendiente de David
-Luz de los patriarcas
-Esposo de la Madre de Dios
-Custodio purísimo de la Virgen,
-Nutricio del Hijo de Dios
-Diligente defensor de Cristo
-Jefe de la Sagrada Familia

-José justo
-José casto
-José prudente
-José fuerte
-José obediente
-José fiel

-Espejo de paciencia
-Amante de la pobreza
-Modelo de obreros
-Gloria de la vida doméstica
-Custodio de vírgenes
-Sostén de las familias
-Consuelo de los desdichados
-Esperanza de los enfermos
-Patrono de los moribundos
-Terror de los demonios
-Protector de la santa Iglesia

-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
Perdónanos, Señor.
-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
Escúchanos, Señor.
-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
Ten misericordia de nosotros.

- Lo nombró administrador de su casa.
- Y señor de todas sus posesiones.

Oremos. 
¡Oh Dios, que con inefable providencia te dignaste elegir a San José para esposo de tu Santísima Madre!; te rogamos nos concedas tenerlo como intercesor en el cielo, ya que lo veneramos como protector en la tierra. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

15 de Julio: Memoria Litúrgica de san Buenaventura, obispo y doctor de la Iglesia



(1274 P. C.) - Por lo que se refiere a sus primeros años, lo único que sabemos acerca de este ilustre hijo de san Francisco de Asís es que nació en Bagnorea, cerca de Viterbo, en Italia, en 1221, y que sus padres fueron Juan Fidanza y María Ritella. 

Después de tomar el hábito en la orden seráfica, estudió en la Universidad de París, bajo la dirección del maestro inglés Alejandro de Hales. Buenaventura, a quien la historia debía conocer con el nombre de «Doctor seráfico», enseñó teología y Sagrada Escritura en la Universidad de París, de 1248 a 1257. 

A su genio penetrante unía un juicio muy equilibrado, que le permitía ir al fondo de las cuestiones y dejar de lado todo lo superfluo para discernir todo lo esencial y poner al descubierto los sofismas de las opiniones erróneas. Nada tiene, pues, de extraño que el santo se haya distinguido en la filosofía y teología escolásticas. 

Buenaventura ofrecía todos los estudios a la gloria de Dios y a su propia santificación, sin confundir el fin con los medios y sin dejar que degenerara su trabajo en disipación y vana curiosidad. No contento con transformar el estudio en una prolongación de la plegaria, consagraba gran parte de su tiempo a la oración propiamente dicha, convencido de que ésa era la clave de la vida espiritual. 

Porque, como lo enseña san Pablo, sólo el Espíritu de Dios puede hacernos penetrar sus secretos designios y grabar sus palabras en nuestros corazones. Tan grande era la pureza e inocencia del santo, que su maestro, Alejandro de Hales, afirmaba que «parecía que no había pecado en Adán». 
El rostro de Buenaventura reflejaba el gozo, fruto de la paz en que su alma vivía. Como el mismo santo escribió, «el gozo espiritual es la mejor señal de que la gracia habita en un alma».

El santo no veía en sí más que faltas e imperfecciones y, por humildad, se abstenía algunas veces de recibir la comunión, por más que su alma ansiaba unirse al objeto de su amor y acercarse a la fuente de la gracia. Pero un milagro de Dios permitió a san Buenaventura superar tales escrúpulos. 
Las actas de canonización lo narran así: «Desde hacía varios días no se atrevía a acercarse al banquete celestial. Pero, cierta vez en que asistía a la misa y meditaba sobre la Pasión del Señor, nuestro Salvador, para premiar su humildad y su amor, hizo que un ángel tomara de las manos del sacerdote una parte de la hostia consagrada y la depositara en su boca». 

A partir de entonces, Buenaventura comulgó sin ningún escrúpulo y encontró en la comunión una fuente de gozo y de gracias. San Buenaventura se preparó a recibir el sacerdocio con severos ayunos y largas horas de oración, pues su gran humildad le hacía acercarse con temor y temblor a esa altísima dignidad.

Buenaventura se entregó con entusiasmo a la tarea de cooperar a la salvación de sus prójimos, como lo exigía la gracia del sacerdocio. La energía con que predicaba la palabra de Dios encendía los corazones de sus oyentes; cada una de sus palabras estaba dictada por un ardiente amor. 
Durante los años que pasó en París, compuso una de sus obras más conocidas, el «Comentario sobre las Sentencias de Pedro Lombardo», que constituye una verdadera suma de teología escolástica. El papa Sixto IV, refiriéndose a esa obra, dijo que «la manera como se expresa sobre la teología, indica que el Espíritu Santo hablaba por su boca». 

Los violentos ataques de algunos de los profesores de la Universidad de París contra los franciscanos perturbaron la paz de los años que Buenaventura pasó en esa ciudad. Tales ataques se debían, en gran parte, a la envidia que provocaban los éxitos pastorales y académicos de los hijos de san Francisco y a que la santa vida de los frailes resultaba un reproche constante a la mundana existencia de otros profesores. 

El jefe del partido que se oponía a los franciscanos era Guillermo de Saint Amour, quien atacó violentamente a san Buenaventura en una obra titulada «Los peligros de los últimos tiempos». Éste tuvo que suspender sus clases durante algún tiempo y contestó a los ataques con un tratado sobre la pobreza evangélica, con el título de «Sobre la pobreza de Cristo». 

El Papa Alejandro IV nombró a una comisión de cardenales para que examinasen el asunto en Anagni, con el resultado de que fue quemado públicamente el Iibro de Guillermo de Saint Amour, fueron devueltas sus cátedras a los hijos de san Francisco y fue ordenado el silencio a sus enemigos. Un año más tarde, en 1257, san Buenaventura y santo Tomás de Aquino recibieron juntos el título de doctores.
San Buenaventura escribió un tratado «Sobre la vida de perfección», destinado a la beata Isabel, hermana de san Luis de Francia y a las Clarisas Pobres del convento de Longchamps. Otras de sus principales obras místicas son el «Soliloquio» y el tratado «Sobre el triple camino». 

Es conmovedor el amor que respira cada una de las palabras de san Buenaventura. Gerson, el erudito y devoto canciller de la Universidad de París, escribe a propósito de sus obras: «A mi modo de ver, entre todos los doctores católicos, Eustaquio (porque así podemos traducir el nombre de Buenaventura) es el que más ilustra la inteligencia y enciende al mismo tiempo el corazón.
 
En particular, el Breviloquium y el Itinerarium mentis in Deum están compuestos con tanto arte, fuerza y concisión, que ningún otro escrito puede aventajarlos». Y en otro libro, comenta: «Me parece que las obras de Buenaventura son las más aptas para la instrucción de los fieles, por su solidez, ortodoxia y espíritu de devoción. Buenaventura se guarda cuanto puede de los vanos adornos y no trata de cuestiones de lógica o física ajenas a la materia. 
No existe doctrina más sublime, más divina y más religiosa que la suya». Estas palabras se aplican sobre todo, a los tratados espirituales que reproducen sus meditaciones frecuentes sobre las delicias del cielo y sus esfuerzos por despertar en los cristianos el mismo deseo de la gloria que a él le animaba. 

Como dice en su escrito, «Dios, todos los espíritus gloriosos y toda la familia del Rey Celestial nos esperan y desean que vayamos a reunirnos con ellos. ¡Es imposible que no se anhele ser admitido en tan dulce compañía! Pero quien en este valle de lágrimas no haya tratado de vivir con el deseo del cielo, elevándose constantemente sobre las cosas visibles, tendrá vergüenza al comparecer a la presencia de la corte celestial». 
Según el santo, la perfección cristiana, más que en el heroísmo de la vida religiosa, consiste en hacer bien las acciones más ordinarias. He aquí sus propias palabras: «La perfección del cristiano consiste en hacer perfectamente las cosas ordinarias. La fidelidad en las cosas pequeñas es una virtud heroica». 
En efecto, tal fidelidad constituye una constante crucifixión del amor propio, un sacrificio total de la libertad, del tiempo y de los afectos y, por ello mismo, establece el reino de la gracia en el alma.

En 1257, Buenaventura fue elegido superior general de los Frailes Menores. No había cumplido aún los treinta y seis años y la Orden estaba desgarrada por la división entre los que predicaban una severidad inflexible y los que pedían que se mitigase la regla original; naturalmente, entre esos dos extremos, se situaban todas las otras interpretaciones. 
Los más rigoristas, a los que se conocía con el nombre de «los espirituales», habían caído en el error y en la desobediencia, con lo cual habían dado armas a los enemigos de la orden en la Universidad de París. El joven superior general escribió una carta a todos los provinciales para exigirles la perfecta observancia de la regla y la reforma de los relajados, pero sin caer en los excesos de los espirituales.
El primero de los cinco capítulos generales que presidió san Buenaventura, se reunió en Narbona en 1260. Ahí presentó una serie de declaraciones de las reglas que fueron adoptadas y ejercieron gran influencia sobre la vida de la Orden, pero no lograron aplacar a los rigoristas. A instancias de los miembros del capítulo, san Buenaventura empezó a escribir la vida de san Francisco de Asís.
 
La manera como llevó a cabo esa tarea, muestra que estaba empapado de las virtudes del santo sobre el cual escribía. Santo Tomás de Aquino, que fue a visitar un día a Buenaventura cuando éste se ocupaba de escribir la biografía del «Pobrecito de Asís», le encontró en su celda sumido en la contemplación. 

En vez de interrumpirle, santo Tomás se retiró, diciendo: «Dejemos a un santo trabajar por otro santo». La vida escrita por san Buenaventura, titulada «La Leyenda Mayor», es una obra de gran importancia acerca de la vida de san Francisco, aunque el autor manifiesta en ella cierta tendencia a forzar la verdad histórica para emplearla como testimonio contra los que pedían la mitigación de la regla. 
San Buenaventura gobernó la orden de San Francisco durante diecisiete años y se le llama, con razón, el segundo fundador.

En 1265, el papa Clemente IV trató de nombrar a san Buenaventura arzobispo de York, a la muerte de Godofredo de Ludham, pero el santo consiguió disuadir de ello al Pontífice. Sin embargo, al año siguiente, el beato Gregorio X le nombró cardenal obispo de Albano, le ordenó aceptar el cargo por obediencia y le llamó inmediatamente a Roma. 
Los legados pontificios le esperaban con el capelo y las otras insignias de su dignidad; según se cuenta, fueron a su encuentro hasta cerca de Florencia y le hallaron en el convento franciscano de Mugello, lavando los platos. 
Como Buenaventura tenía la manos sucias, rogó a los legados que colgasen el capelo en la rama de un árbol y que se paseasen un poco por el huerto hasta que terminase su tarea. Sólo entonces san Buenaventura tomó el capelo y fue a presentar a los legados los honores debidos.


Gregorio X encomendó a san Buenaventura la preparación de los temas que se iban a tratar en el Concilio ecuménico de Lyon, acerca de la unión con los griegos ortodoxos, pues el emperador Miguel Paleólogo había propuesto la unión a Clemente IV. Los más distinguidos teólogos de la Iglesia asistieron a dicho Concilio. Como se sabe, santo Tomás de Aquino murió cuando se dirigía a él. 
San Buenaventura fue, sin duda, el personaje más notable de la asamblea. Llegó a Lyon con el Papa, varios meses antes de la apertura del Concilio. Entre la segunda y la tercera sesión reunió el capítulo general de su orden y renunció al cargo de superior general. 

Cuando llegaron los delegados griegos, el santo inició las conversaciones con ellos y la unión con Roma se llevó a cabo. En acción de gracias, el Papa cantó la misa el día de la fiesta de San Pedro y San Pablo. La epístola, el evangelio y el credo, se cantaron en latín y en griego y san Buenaventura predicó en la ceremonia. 
El Seráfico Doctor murió durante las celebraciones, la noche del 14 al 15 de julio. Ello le ahorró la pena de ver a Constantinopla rechazar la unión por la que tanto había trabajado. Pedro de Tarantaise, el dominico que ciñó más tarde la tiara pontificia con el nombre de Inocencio V, predicó el panegírico de san Buenaventura y dijo en él: «Cuantos conocieron a Buenaventura le respetaron y le amaron. 
Bastaba simplemente con oírle predicar para sentirse movido a tomarle por consejero, porque era un hombre afable, cortés, humilde, cariñoso, compasivo, prudente, casto y adornado de todas las virtudes».

Se cuenta que, como superior general, fue un día a visitar el convento de Foligno. Cierto frailecillo tenía muchas ganas de hablar con él, pero era demasiado humilde y tímido para atreverse. Pero, en cuanto partió san Buenaventura, el frailecillo cayó en la cuenta de la oportunidad que había perdido y echó a correr tras él y le rogó que le escuchase un instante. 
El santo accedió inmediatamente y tuvo una larga conversación con él, a la vera del camino. Cuando el frailecillo partió de vuelta al convento, lleno de consuelo, san Buenaventura observó ciertas muestras de impaciencia entre los miembros de su comitiva y les dijo sonriendo: «Hermanos míos, perdonadme, pero tenía que cumplir con mi deber, porque soy a la vez superior y siervo y ese frailecillo es, a la vez, mi hermano y mi amo. La regla nos dice: `Los superiores deben recibir a los hermanos con caridad y bondad y portarse con ellos como si fuesen sus siervos, porque los superiores, son, en verdad, los siervos de todos los hermanos'. Así pues, como superior y siervo, estaba yo obligado a ponerme a la disposición de ese frailecillo, que es mi amo, y a tratar de ayudarle lo mejor posible en sus necesidades». 

Tal era el espíritu con que el santo gobernaba su orden. Cuando se le había confiado el cargo de superior general, pronunció estas palabras: «Conozco perfectamente mi incapacidad, pero también sé cuán duro es dar coces contra el aguijón. Así pues, a pesar de mi poca inteligencia, de mi falta de experiencia en los negocios y de la repugnancia que siento por el cargo, no quiero seguir opuesto al deseo de mi familia religiosa y a la orden del Sumo Pontífice, porque temo oponerme con ello a la voluntad de Dios. Por consiguiente, tomaré sobre mis débiles hombros esa carga pesada, demasiado pesada para mí. Confío en que el cielo me ayudará y cuento con la ayuda que todos vosotros podéis prestarme». 

Estas dos citas revelan la sencillez, la humildad y la caridad que caracterizaban a san Buenaventura. Y, aunque no hubiese pertenecido a la orden seráfica, habría merecido el título de «Doctor Seráfico» por las virtudes angélicas que realzaban su saber. Fue canonizado en 1482 y declarado Doctor de la Iglesia en 1588.

No existe ninguna biografía propiamente dicha que date de la época del santo, pero en las crónicas de la Orden Franciscana y en otras fuentes antiguas se encuentran numerosos datos sobre él. En la monumental edición Quaracchi de las obras del Doctor Seráfico se han reunido los datos más importantes, tomados, por ejemplo, de Salimbene, Bernardo de Besse, Angelo Clareno, la Crónica de los XXIV Generales, etc. (vol. X). 

El texto del proceso de canonización que se llevó a cabo en Lyon en 1479-1480, se halla en Miscellanea Francescana di storia, di lettere, di arti, vols. XVII y XVIII (1916 y 1917); pero dicho documento sólo trata prácticamente de los milagros. La canonización, como se sabe, tuvo lugar en 1482, en tiempos de Sixto IV. 

Mes de Julio dedicado a la Virgen del Carmen - Día 8°



DIA VIII

Por la señal de la santa cruz. Señal de la Cruz. 
 
Oración inicial 

Madre mía amantísima  del Carmen, aquí vengo a vuestra presencia con el más profundo respeto y veneración a ofreceros el ejercicio de este día, que consagro a vos por haberme admitido, a mí, el más miserable de los hombres, entre vuestros hijos predilectos los Carmelitas, para favorecerme con vuestra especial protección y amor. Yo os doy miles de gracias por ello, Madre mía, y os suplico que iluminéis mi entendimiento e inflaméis los efectos de mi corazón, para hacer con verdadero fruto este ejercicio, a fin de que merezca ser recibido por vos como un obsequio de vuestro hijo. Amén

Muerte y testamento de María a favor de los Carmelitas 

I

Tan grande era el amor de María Santísima a los Carmelitas que moraban en aquel Monte de su elección, que no contenta con haberles dispensado mil y mil favores, ya antes de nacer inspirando a Elías, va cuando vivía visitándoles en el Carmelo, quiso darles la prueba más auténtica y solemne de su amor singularísimo y especial maternidad en la postrera hora de su vida mortal. Conociendo que se acercaba el fin de su vida y que pronto debía ser llevada al Cielo para ser coronada por Reina de los Ángeles, hizo llamar a los Carmelitas para despedirse de ellos, porque quería morir entre sus hijos. Porque es una pena muy amarga al corazón de una madre el partir de esta vida hallándose separada de sus hijos; y como María habia elegido y adoptado a los Carmelitas por tales, quería este consuelo para ellos, y por eso los quiso tenerlos presentes. Pero ¿no estaban allí los apóstoles, los discípulos del Señor y las santas mujeres fieles al Redentor? ¿No estaba San Juan, el discípulo amado, que le fue encomendado desde la Cruz por su Santisimo Hijo? No importa. Para el corazón de una Madre es poca cosa tener en torno suyo las personas más un queridas, si le faltan sus hijos, que son las prendas más caras de su corazón. Por eso María no se contenta con verse rodeada y adorada de los apóstoles y mujeres santas; quiere alli a sus hijos, porque quiere darles en esta vida mortal la última prueba de su amor singularísimo y de ser especial Madre suya. Antes, pues, de que su corazón comenzará con efectos ardentísimos de amor de Dios, que fué lo que la arrebató a la otra vida, recreó a sus caros hijos los Carmelitas, allí presentes, con dulces coloquios, abrasando sus corazones, con sus palabras y afectos tan encendidos, en amor a Dios y a la misma Madre tan cariñosa y adorada que así se despedía; y poco antes de expirar les dió por herencia, como a hijos predilectos, dos casas que ella poseía de sus padres, una en  Jerusalén, cerca de la Puerta de Oro, donde ella fué concebida, y la casa de Nazaret, llamada ahora de Loreto, donde nació la misma Señora y en la que recibió la visita del Ángel en la Anunciación. ¿Puede darse prueba más convincente del amor y Maternidad especial de María para con los Carmelitas? ¿Y qué extraño  es que María hiciera este acto si eran sus hijos y hermanos especiales? 

II

Si el amor se conoce en las obras, y cuanto mayores son éstas, mejor prueban la intensidad de aquél, ¿qué amor tan grande, tan intenso no habría en el corazón de María hacia los Carmelitas, para darles una muestra tan extraordinaria del afecto de su corazón? Pero ella conocía bien el grandísimo afecto que sus hijos los Carmelitas le tenían, y por eso se portó así con ellos. Si yo no recibo, pues, gracias y favores manifiestos, que me prueben el amor de María, es porque no la amo de veras, porque no le consagro todo el afecto de mi corazón, como aquellos fervorosos Carmelitas, pues Ella, que es toda amor y misericordia, está esperando un corazón dispuesto para concederle las gracias del Cielo. Yo digo que la amo, pero mi amor no llega a interesar su corazón; yo bien le repito muchas veces: Muestra que eres mi madre; pero si Ella quisiera hablar, también me diría: Muestra que eres mi hijo; yo pienso que mi corazón suspira por Ella, y mi corazón está frío y y acaso sucio y manchado, y un corazón manchado no puede atraer las miradas de aquellos ojos purísimos e inmaculados. Quiero, pues, con la ayuda de Dios arreglar mi corazón, para que siendo templo del Espíritu Santo, reciba las influencias de María, mi Madre amorosísima, para que arda cada día más y más en amor a Jesús y su Santísima Madre, y amándola de esta manera, con un corazón puro y limpio y espíritu fervoroso, mereceré recibir, si no su habitación de la tierra la habitación que ella me prepara en los cielos, porque entonces seré hijo suyo, y su amor y protección especial me llevarán a gozar  eternamente, en compañía de Ella y de todos sus hijos que visten el santo Escapulario, las delicias de la Patria celestial, que Dios prepara a sus escogidos.

Oración final

Gloriosísima Virgen, Reina de los Ángeles, Madre de Dios y de los Carmelitas, María Santísima, yo el más indigno de vuestros hijos acudo a vuestras plantas con el afecto que me inspira vuestro amante corazón y la confianza que me da en santo escapulario, prenda vuestra riquísima y señal de mi salvación, para presentaros las suplicas y afectos que mi corazón ha formado en este día en obsequio vuestro para más amaros y mejor serviros. Vos como Madre de Dios y dispensadora de todas las gracias del cielo, todo lo podéis, y como Madre amante y especial de los que visten vuestro santo escapulario, no os negareis a recibir mis pobres suplicas y alcanzarme el  remedio de mis necesidades, la gracia de que mi alma os ame y sirva cada día mas durante mi vida y después merezca ser ayudado de vos en la hora de mi muerte. 

Pídase  ahora con toda confianza la gracia que se desea alcanzar de la Virgen del Carmen

EJEMPLO

Muchos son los milagros que la Virgen del Carmen ha obrado para manifestar el amor que tiene a los Carmelitas y lo que se interesa por ellos para que consigan la vida eterna.
       El año 1612 fué muerto en un campo vecino de Nápoles un hombre de la misma ciudad, y asi muerto fué llevado a su casa. Mientras los parientes con grande aflicción lloraban al difunto, abrió éste los ojos y con voz débil, pero clara, dijo que hicieran venir un confesor, porque la piadosa Madre de Dios, atendida la devoción que tenía á su Escapulario y que observaba siempre el miércoles en su obsequio, como cofrade, habia alcanzado de su Divino Hijo Jesucristo el que pudiera volver a la vida para confesar sus pecados, por los cuales debía ser condenado al infierno. Venido el sacerdote, confesó con gran dolor y arrepentimiento de todas sus culpas, recibió los Sacramentos, hizo su testamento, y después de poco murió alabando a Dios y la misericordia de su Madre Santísima, que por la devoción al Santo Escapulario le habia alcanzado la vida eterna.

Obsequio. Visitar alguna iglesia dedicada a la Virgen Santísima del Carmen.

Sentencia. Ninguno puede entrar en el Cielo si no pasa, como por la puerta, por María, profesándole un verdadero amor. 
(San Buenaventura.)

Oremus. 
Deus, qui Beatissimae semper virginis, et genitricis tuae Mariae singulari titulo Carmeli ordinem decorasti: concede propitius, ut cujus hodie commemorationem solemni celebramus officio, ejus muniti presidiis ad gaudia sempiterna pervenire mereamur. Qui vivis, et regnas in secula seculorum.  Amen. 

14 de Julio: Memoria Litúrgica de san Camilo de Lelis, presbítero



Nació en Abruzos (Italia) en 1550. Siguió la carrera militar, igual que su padre. Le apareció una llaga en un pie, que lo hizo dejar la carrera de las armas e irse al Hospital de Santiago en Roma para que lo curaran. En el hospital de Roma se dedicó a ayudar y atender a otros enfermos, mientras buscaba su propia curación. Pero en esa época adquirió el vicio del juego.

Fue expulsado del hospital y en Nápoles perdió todos los ahorros de su vida en el juego, quedando en la miseria.

Tiempo atrás, en un naufragio, había hecho a Dios la promesa de hacerse religioso franciscano, pero no lo había cumplido. Estando en la más completa pobreza se ofreció como obrero y mensajero en un convento de los Padres Capuchinos, donde escuchó una charla espiritual que el padre superior les hacía a los obreros, y sintió fuertemente la llamada de Dios a su conversión. Empezó a llorar y pidió perdón por sus pecados, con la firme resolución de cambiar su forma de actuar por completo. Tenía 25 años.

Pidió ser admitido como franciscano, pero en el convento se le abrió de nuevo la llaga en el pie, y fue despedido. Se fue al hospital y se curó, y logró que lo admitieran como aspirante a capuchino. Pero en el noviciado apareció de nuevo la llaga y tuvo que irse de allí también. De nuevo en el hospital de Santiago, se dedicó a atender a los demás enfermos, por lo que fue nombrado asistente general del hospital. Dirigido espiritualmente por San Felipe Neri, estudió teología y fue ordenado sacerdote. En 1575 se dio cuenta que ante la gran cantidad de peregrinos que llegaban a Roma, los hospitales eran incapaces de atender bien a los enfermos que llegaban. Fue entonces que decidió fundar una comunidad de religiosos que se dedicaran por completo a los hospitales.

San Camilo trataba a cada enfermo como trataría a Nuestro Señor Jesucristo en persona. Aunque tuvo que soportar durante 36 años la llaga de su pié, nadie lo veía triste o malhumorado. Con sus mejores colaboradores fundó la Comunidad Siervos de los Enfermos el 8 de diciembre de 1591. Ahora se llaman Padres Camilos. Murió el 14 de julio de 1614, a los 64 años.

Oración a san Camilo de Lelis 

Señor Jesús, que haciéndote hombre,
quisiste compartir el sufrimiento
de nuestra naturaleza humana,
te suplico por la intercesión de San Camilo, 
el santo protector de los enfermos,
que amó y se entregó a los demás,
que con caridad y compasión sirvió intensamente 
a los pobres y a los enfermos como si fueran sus hijos,
que ayudes a los que están pasando dolor, 
a los que necesitan alivio y sanación 
y viven el difícil momento del sufrimiento.

Sana al que está llagado en el cuerpo y en el espíritu,
sostén la fe de los que bajo la cruz vacilan por la fuerza del mal, abre horizontes de esperanza a los que están en la oscuridad.

Haznos, como San Camilo,
conscientes de que en el rostro del enfermo,
del que sufre y está agobiado
o del que padece grandes necesidades,
está tu mano acariciando a nuestro corazón.

¡San Camilo de Lellis, ruega por nosotros!
San Camilo glorioso, a ti clamamos en nuestra aflicción, 
tú que siempre viste a Jesús en los enfermos, 
que con ardiente caridad y ternura los serviste y cuidaste, 
y que tantas veces dijiste: 
"los enfermos son la pupila y el corazón de Dios", 
lleva nuestras suplicas al Señor 
y ruégale por la salud de...
pide que le conceda alivio y remedio en sus padecimientos, 
que sane su cuerpo y le llene de optimismo y vitalidad,
que fortalezca su alma y le de valor y energía,
y le colme de esperanza en medio de tanto dolor y angustia, 
porque solo Él puede guardarnos de todo mal 
y darnos salud en la enfermedad.  Así sea.

Rezar el Credo, Padrenuestro, Avemaría y Gloria.