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25 de Julio: Fiesta de Santiago, apóstol



El 25 de julio la Iglesia celebra la fiesta de Santiago el Mayor, uno de los doce apóstoles elegidos por el Señor y que se le representa vestido de peregrino o como un soldado montado en un caballo blanco en actitud de lucha.

San Crisóstomo dirá que él fue el apóstol más atrevido y valiente.

El “hijo del trueno” como le puso Jesús a él y a su hermano San Juan el Evangelista, es patrono de España y de su caballería, así como de los curtidores, veterinarios, equitadores y de varias ciudades en el mundo. Otras ciudades incluso llevan su nombre en países como Chile, República Dominicana, Cuba entre otros.

El nombre Santiago, proviene de dos palabras Sant Iacob. Porque su nombre en hebreo era Jacob. Los españoles en sus batallas gritaban: "Sant Iacob, ayúdenos". Y de tanto repetir estas dos palabras, las unieron formando una sola: Santiago.
 
Fue uno de los 12 apóstoles del Señor.
 
Era hermano de San Juan evangelista. Se le llamaba el Mayor, para distinguirlo del otro apóstol, Santiago el Menor, que era más joven que él. Con sus padres Zebedeo y Salomé vivía en la ciudad de Betsaida, junto al Mar de Galilea, donde tenían una pequeña empresa de pesca. Tenían obreros a su servicio, y su situación económica era bastante buena pues podían ausentarse del trabajo por varias semanas, como lo hizo su hermano Juan cuando se fue a estarse una temporada en el Jordán escuchando a Juan Bautista.
 
Santiago formó parte del grupo de los tres preferidos de Jesús, junto con su hermano Juan y con Simón Pedro. Después de presenciar la pesca milagrosa, al oír que Jesús les decía: "Desde ahora seréis pescadores de hombres", dejó sus redes y a su padre y a su empresa pesquera y se fue con Jesucristo a colaborarle en su apostolado. Presenció todos los grandes milagros de Cristo, y con Pedro y Juan fueron los únicos que estuvieron presentes en la Transfiguración del Señor y en su Oración en el Huerto de Getsemaní. ¿Por qué lo prefería tanto Jesús? Quizás porque (como dice San Juan Crisóstomo) era el más atrevido y valiente para declararse amigo y seguidor del Redentor, o porque iba a ser el primero que derramaría su sangre por proclamar su fe en Jesucristo. Que Jesús nos tenga también a nosotros en el grupo de sus preferidos.
 
Cuenta el santo Evangelio que una vez al pasar por un pueblo de Samaria, la gente no quiso proporcionarles ningún alimento y que Santiago y Juan le pidieron a Jesús que hiciera llover fuego del cielo y quemara a esos maleducados. Cristo tuvo que regañarlos por ese espíritu vengativo, y les recordó que El no había venido a hacer daño a nadie sino a salvar al mayor número posible de personas. Santiago no era santo cuando se hizo discípulo del Señor. La santidad le irá llegando poquito a poco.
 
Otro día Santiago y Juan comisionaron a Salomé, su madre, para que fuera a pedirle a Jesús que en el día de su gloria los colocara a ellos dos en los primeros puestos: uno a la derecha y otro a la izquierda. Jesús les dijo: "¿Serán capaces de beber el cáliz de amargura que yo voy a beber?" Ellos le dijeron: "Sí somos capaces". Cristo añadió: "El cáliz de amargura sí lo beberán, pero el ocupar los primeros puestos no me corresponde a Mí el concederlo, sino que esos puestos son para aquellos para quienes los tiene reservado mi Padre Celestial". Los otros apóstoles se disgustaron por esta petición tan vanidosa de los dos hijos de Zebedeo, pero Jesús les dijo a todos: "El que quiera ser el primero, que se haga el servidor de todos, a imitación del Hijo del hombre que no ha venido a ser servido sino a servir". Seguramente que con esta lección de Jesús, habrá aprendido Santiago a ser más humilde.
 
Después de la Ascención de Jesús, Santiago el Mayor se distinguió como una de las principales figuras entre el grupo de los Apóstoles. Por eso cuando el rey Herodes Agripa se propuso acabar con los seguidores de Cristo, lo primero que hizo fue mandar cortarle la cabeza a Santiago, y encarcelar a Pedro. Así el hijo de Zebedeo tuvo el honor de ser el primero de los apóstoles que derramó su sangre por proclamar la religión de Jesús Resucitado.
 
Antiguas tradiciones (del siglo VI) dicen que Santiago alcanzó a ir hasta España a evangelizar. Y desde el siglo IX se cree que su cuerpo se encuentra en la catedral de Compostela (norte de España) y a ese santuario han ido miles y miles de peregrinos por siglos y siglos y han conseguido maravillosos favores del cielo. El historiador Pérez de Urbel dice que lo que hay en Santiago de Compostela son unas reliquias, o sea restos del Apóstol, que fueron llevados allí desde Palestina.
 
Es Patrono de España y de su caballería. Los españoles lo han invocado en momentos de grandes peligros y han sentido su poderosa protección. También nosotros si pedimos su intercesión conseguiremos sus favores.

El 9 de noviembre de 1982, cuando San Juan Pablo II visitaba esta Catedral española, hizo un llamado a Europa a reavivar “aquellos valores auténticos”, porque los otros continentes “te miran y esperan también de ti la misma respuesta que Santiago dio a Cristo: ‘lo puedo’”.

“Yo, Sucesor de Pedro en la Sede de Roma, una Sede que Cristo quiso colocar en Europa y que ama por su esfuerzo en la difusión del cristianismo en todo el mundo. Yo, Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal, desde Santiago, te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: Vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces”, expresó el santo polaco.

El apóstol Santiago es conocido también por haber preparado el camino para que la Virgen María sea reconocida como "Pilar" de la Iglesia.

El Papa Francisco, en febrero de 2014, al reflexionar sobre los conflictos armados, señaló que Santiago nos da un consejo sencillo: “Acérquense a Dios y Él se acercará a ustedes”.

24 de Julio: Memoria Litúrgica de san Francisco Solano, religioso



Francisco Solano, llamado "el Taumaturgo del nuevo mundo", por la cantidad de prodigios y milagros que obtuvo en Sudamérica, nació en 1549, en Montilla, Andalucía, España.

Su padre era alcalde de la ciudad, y el jovencito desde muy pequeño se caracterizó por su habilidad en poner paz entre los que se peleaban. Cuando había algún duelo a espada, bastaba que Francisco corriera a donde los combatientes a suplicarles que no se pelearan más, para que hicieran las paces.

Estudió con los Jesuitas, pero entró a la comunidad Franciscana porque le atraían mucho la pobreza y la vida tan sacrificada de los religiosos de San Francisco. Los primero años de sacerdocio los dedicó a predicar con gran provecho en el sur de España. Sus sermones no tenían nada de rebuscado ni de elegante, pero llegaban hasta el fondo del corazón de los pecadores y conseguían grandes conversiones. Es que rezaba mucho antes de cada predicación.

Primer contagio. Llegó a Andalucía la peste del tifo negro y Francisco y su compañero Fray Buenaventura se dedicaron a atender a los enfermos más abandonados. Buenaventura se contagió y murió (y ahora es santo también) luego se contagió también Francisco y creyó que ya le había llegado la hora de partir para la eternidad, pero luego, de la manera más inesperada, quedó curado. Con eso se dio cuenta de que Dios lo tenía para obras apostólicas todavía más difíciles.

Pidió a sus superiores que lo enviaran de misionero al África, y no le fue aceptada su petición. Pero poco después el rey Felipe II pidió a los franciscanos que enviaran misioneros a Sudamérica y entonces sí fue enviado Francisco a extender la religión por estas tierras. Fue una gran alegría para su corazón.

Y sucedió que una terrible tempestad lanzó el barco contra unas rocas frente a Panamá y se partió en dos. No había sino una embarcación para volver a tierra firme, y el misionero prefirió aguardar allá en esos escollos con los esclavos negros que él había venido instruyendo durante el viaje y acompañarlos hasta que llegara otra barca a salvarlos. Y aprovechó esos tres días de terror y peligro, para acabar de instruirlos y bautizarlos allí mismo. Varios de ellos perecieron luego entre aquellas olas pero ya habían sido bautizados.

La pequeña embarcación los llevó a unas costas inhospitalarias y allá pasaron días terribles de hambre y peligros. Cuando los marineros se desesperaban lo único que podía calmarlos era la intervención del Padre Francisco. Cuando había peleas, al único que le hacían caso para dejar de pelear, era el Padre Solano. Al fin lograron que un barco los recogiera y los llevara a la ciudad de Lima.

Fray Francisco Solano recorrió el continente americano durante 20 años predicando, especialmente a los indios. Pero su viaje más largo fue el que tuvo que hacer a pie, con incontables peligros y sufrimientos, desde Lima hasta Tucumán (Argentina) y hasta las pampas y el Chaco Paraguayo. Más de 3,000 kilómetros y sin ninguna comodidad. Sólo confiando en Dios y movido por el deseo de salvar almas.

Y le sucedió en aquel gran viaje misionero, que lograba aprender con extraordinaria facilidad los dialectos de aquellos indios a las dos semanas de estar con ellos. Y le entendían todos admirablemente sus sermones. Sus compañeros misioneros se admiraban grandemente de este prodigio y lo consideraban un verdadero milagro de Dios. Pero lo más admirable es que las tribus de indios, aun las más belicosas, y opuestas a los blancos, recibían los sermones del santo con una docilidad y un provecho que parecían increíbles. Dios le había concedido la eficacia de la palabra y la gracia de conseguir la simpatía y buena voluntad de sus oyentes.

Fray Francisco llegaba a las tribus más guerreras e indómitas y aunque al principio lo recibían al son de batalla, después de predicarles por unos minutos con un crucifijo en la mano, conseguía que todos empezaran a escucharle con un corazón dócil y que se hicieran bautizar por centenares y miles.

Un Jueves Santo estando el santo predicando en La Rioja (Argentina) llegó la voz de que se acercaban millares de indios salvajes a atacar la población. El peligro era sumamente grande, todos se dispusieron a la defensa, pero Fray Francisco salió con su crucifijo en la mano y se colocó frente a los guerreros atacantes y de tal manera les habló (logrando que lo entendieran muy bien en su propio idioma) que los indígenas desistieron del ataque y poco después aceptaron ser evangelizados y bautizados en la religión católica.

El Padre Solano tenía una hermosa voz y sabía tocar muy bien el violín y la guitarra. Y en los sitios que visitaba divertía muy alegremente a sus oyentes con sus alegres canciones. Un día llegó a un convento donde los religiosos eran demasiado serios y recordando el espíritu de San Francisco de Asís que era vivir siempre interior y exteriormente alegres, se puso a cantarles y hasta a danzar tan jocosamente que aquellos frailes terminaron todos cantando, riendo y hasta bailando en honor del Señor Dios.

San Francisco Solano misionó por más de 14 años por el Chaco Paraguayo, por Uruguay, el Río de la Plata, Santa Fe y Córdoba de Argentina, siempre a pie, convirtiendo innumerables indígenas y también muchísimos colonos españoles. Su paso por cada ciudad o campo, era un renacer del fervor religioso. Un día en el pueblo llamado San Miguel, estaban en un toreo, y el toro feroz se salió del corral y empezó a cornear sin compasión por las calles. Llamaron al santo y éste se le enfrentó calmadamente al terrible animal. Y la gente vio con admiración que el bravísimo toro se le acercaba a Fray Francisco y le lamía las manos y se dejaba llevar por él otra vez al corral.

A imitación de su patrono San Francisco de Asís, el padre solano sentía gran cariño por los animalillos de Dios. Las aves lo rodeaban muy frecuentemente, y luego a una voz suya, salían por los aires revoloteando, cantando alegremente como si estuvieran alabando a Dios.

Por orden de sus superiores, los últimos años los pasó Fray Francisco en la ciudad de Lima predicando y convirtiendo pecadores. Entraba a las casas de juegos y hacía suspender aquellos vicios y llevaba a los jugadores a los templos. En los teatros, en plena función inmoral hacía suspender la representación y echaba un fogoso sermón desde el escenario, haciendo llorar y arrepentirse a muchos pecadores. En plena plaza predicaba al pueblo anunciando terribles castigos de Dios si seguían cometiendo tantos pecados y esto conseguía muchas conversiones.

Un día estando predicando en una misa empezó a temblar. Las gentes quisieron salir huyendo, pero él les dijo: "Si piden perdón a Dios, no les sucederá nada malo". Todos pidieron perdón y nada malo sucedió aquel día allí. Otro día en pleno sermón exclamó: "Por las maldades de estas gentes, todo lo que está a mi alrededor será destruido y no quedará sino el sitio desde donde estoy predicando". Y así sucedió años después. Llegó un terremoto y destruyó el templo y todos los alrededores, y el único sitio que quedó sin que le pasara nada, fue aquel desde donde el santo había predicado.

En mayo de 1610 empezó a sentirse muy débil. Los médicos que lo atendían se admiraban de su paciencia y santidad. El 14 de julio, una bandada de pajaritos entró cantando a su habitación y el Padre Francisco exclamó: "Que Dios sea glorificado", y expiró. Desde lejos las gentes vieron una rara iluminación en esa habitación durante toda la noche. San Francisco Solano: pídele a Dios muchas bendiciones para América.

Mes de Julio dedicado a la Virgen del Carmen - Día 17°



DIA XVII 

Por la señal de la santa cruz. Señal de la Cruz. 

Oración inicial 

Madre mía amantísima  del Carmen, aquí vengo a vuestra presencia con el más profundo respeto y veneración a ofreceros el ejercicio de este día, que consagro a vos por haberme admitido, a mí, el más miserable de los hombres, entre vuestros hijos predilectos los Carmelitas, para favorecerme con vuestra especial protección y amor. Yo os doy miles de gracias por ello, Madre mía, y os suplico que iluminéis mi entendimiento e inflaméis los efectos de mi corazón, para hacer con verdadero fruto este ejercicio, a fin de que merezca ser recibido por vos como un obsequio de vuestro hijo. Amén

El Santo escapulario es señal de salud en vida

I

Otro de los privilegios que la madre de Dios ha puesto en su santo escapulario del Carmen para los religiosos y cofrades que lo vistieron es señal de salud espiritual en esta vida, como ella misma le llamó: Signum salutis. No porque el santo escapulario confiera la gracia como los sacramentos, sino porque la madre de Dios y del Carmelo ha prometido una protección especial a quién devotamente los quiere por su amor, por medio de la cual procurará con su poder y alcanzar a los religiosos y cofrades del Carmen ciertos medios, inspiraciones y ayuda particular para que atiendan más a la piedad, observen con exactitud los divinos preceptos, consigan o perseveren en la gracia, caminen más seguros por la senda de la virtud y se aparten de los peligros de pecar, para que así consigan más fácilmente su último fin, qué es el cielo. Así lo dejó escrito el eruditísimo y piadoso Silveira, que dice: " El sagrado escapulario es como prueba y señal de mayor gracia y especial auxilio para qué, si estás en pecado, te mueva el dolor, y sí en gracia, perseveres en ella removiendo todas las cosas qué de ella te pueden apartar" 
    ¿Y qué tiene de extraño si la madre de la divina gracia promete está a los que vistieron sus santo escapulario, ayudándoles ella con una protección especial y medios que sólo concede por el santo escapulario y que no tendrían si no lo vistieran?  ¿Qué tiene de extraño que la poderosa reina del cielo haga este favor a los que se consagran por hijos suyos?  
Ella misma le asegura a San Simon Stock, y en su persona a todos los Carmelitas, qué su santo escapulario es "privilegio de su orden y señal de salud," que por el sentirán la eficacia de su protección, y es bien seguro que aquél por quién se interesa María, alcanzará la gracia en esta vida y después la salvación eterna, porque, como dice San Bernardo, ella abre los abismos de la divina piedad y misericordia a quién quiere, cuando quiere y como quiere.
     Si, pues, María tanto se interesa por los Carmelitas, ella les abrirá los senos de su piedad y misericordia derramando mil gracias sobre ellos, para que mientras vistan sushant escapulario perseveren en la gracia, o la alcancen si la han perdido, para que el escapulario no forme alianza con el corazón enemigo de Dios y sea siempre señal de la salud de su alma.

II 

Si puedes apreciar lo que vale la divina gracia, apreciarás entonces debidamente este privilegio qué María te concede en el santo escapulario. Piensa que la gracia es la que nos une a Dios, nos hace sus amigos y herederos del cielo; en ella se apoyan todas las virtudes que santifica nuestra alma; ella es la que hace de una Magdalena pecadora una Santa incomparable, de un ladrón clavado en una cruz un santo, de un perseguidor de la iglesia un príncipe de la misma y vaso de elección, y de un impúdico hereje un ministro santo de Dios y padre de la iglesia. Todos estos efectos produce la gracia, y está gracia te conseguirá María, sí vistes con devoción su santo escapulario, que ella te ha dado como señal de su protección, que guardara la salud de tu alma, la gracia que la a de santificar. ¿Qué darías tu por saber si estás en gracia de Dios? Pues a cógete el santo escapulario del Carmen acude a María, y descansa, porque ella, que te ha prometido que su santo escapulario será salud de tu alma en la vida no te faltará si tú primero no le faltas a ella, pues tiene voluntad y poder para conseguirte lo que te promete. Es la madre de la divina gracia, y así dispone de ella como quiere y por eso le dice a un piadoso autor : "Prosigue, María, prosigue con seguridad disponiendo de los bienes de tu hijo y distribuyendolos con toda confianza, como reina y como madre y como esposa del rey, pues en cualidad de reina os pertenece el reino y la dominación."
Corresponde, pues, agradecido a tu madre, dale gracias todos los días por esté tan grande beneficio, venera su santo escapulario, qué es el que guarda la vida de tu alma, y como árbol misterioso qué te cobija bajo su protección, tenle un aprecio grandísimo, y no seas como animal inmundo, qué alimentándose del fruto no se acuerda de levantar una mirada de agradecimiento al árbol que se lo da. Persuádete que el que venera el escapulario venera a María, y el alma que venera a esta madre comienza a disfrutar ya aquí la dicha y la paz de la bienaventuranza que espera. Dile, pues, con todo el afecto del corazón: madre mía amorosísima del Carmen, yo acojo, venero y amo vuestro escapulario como prenda que guardara la salud de mi alma y me asegura vuestra amistad; él adornará siempre mi pecho y mi corazón, cómo gloriosa señal que manifieste siempre vuestro dominio sobre mí, y así viviré y moriré en paz hasta alcanzar la dicha de gozar de vuestra compañía en la gloria. 

Oración final

Gloriosísima Virgen, Reina de los Ángeles, Madre de Dios y de los Carmelitas, María Santísima, yo el más indigno de vuestros hijos acudo a vuestras plantas con el afecto que me inspira vuestro amante corazón y la confianza que me da en santo escapulario, prenda vuestra riquísima y señal de mi salvación, para presentaros las suplicas y afectos que mi corazón ha formado en este día en obsequio vuestro para más amaros y mejor serviros. Vos como Madre de Dios y dispensadora de todas las gracias del cielo, todo lo podéis, y como Madre amante y especial de los que visten vuestro santo escapulario, no os negareis a recibir mis pobres suplicas y alcanzarme el  remedio de mis necesidades, la gracia de que mi alma os ame y sirva cada día mas durante mi vida y después merezca ser ayudado de vos en la hora de mi muerte. 

Pídase  ahora con toda confianza la gracia que se desea alcanzar de la Virgen del Carmen

EJEMPLO

Había en Lile, ciudad de Francia, un hombre ya nonagenario, antiguo oficial, que hacia muchos años estaba apartado de toda práctica de religión. Un sacerdote que por su antigua amistad podía comunicar con él, cuando le vio enfermo empleo todos los medios para despertar en aquel corazón algún sentimiento de religión y piedad; pero sus esfuerzos fueron siempre inútiles, estrellándose ante el escepticismo y la risa del incrédulo, que el enfermo había aprendido con la lectura de los libros de Voltaire. No sólo el sacerdote, sino también otras personas hacían pruebas para reducir al enfermo a buen camino; pero siempre en vano. En fin, después de algunos meses un amigo le envió un escapulario suplicando al enfermo que lo aceptara, al menos por hacerle placer. El enfermo tomó el escapulario por no contristar al amigo, y pocos días después, la Virgen del Carmen con su poder y bondad maternal había vencido a que el corazón, pues el mismo pidió que se quería confesar y recibió después la santa comunión con las mejores. Sin duda para darle tiempo de hacer penitencia Dios le concedió también la salud del cuerpo: el persevero después en la práctica de la virtud, agradecido sobre manera a nuestra Señora del Carmen. 
     Debía cumplirse la palabra de María, Jesús Santo escapulario es señal de salud para el alma del que lo recibe.

Obsequio. Cuando corra peligro la gracia, pedir ayuda a la Virgen del Carmen por medio de la escapulario.

Sentencia. Ninguna criatura alcanza de Dios gracia o virtud sino según la disposición de su madre María. (San Bernardino)

Oremus. 
Deus, qui Beatissimae semper virginis, et genitricis tuae Mariae singulari titulo Carmeli ordinem decorasti: concede propitius, ut cujus hodie commemorationem solemni celebramus officio, ejus muniti presidiis ad gaudia sempiterna pervenire mereamur. Qui vivis, et regnas in secula seculorum. Amen.

23 de Julio: Memoria Litúrgica de san Charbel Makhlüf, presbítero



Breve historia

Nació en el pueblo de Beqakafra, a 140km. del Líbano, capital libanesa, el 8 de mayo, de 1828.  Era el quinto hijo de Antun Makhlouf y Brigitte Chidiac, una piadosa familia campesina. Fue bautizado a los ocho días en la Iglesia de Ntra. Señora en su pueblo natal, recibiendo por nombre Yusef (José). A los tres años el padre de Yusef fue inscrito en el ejército turco en la guerra contra los egipcios y muere cuando regresaba a casa. Su madre cuida de la familia siendo gran ejemplo de virtud y fe. Pasado un tiempo, ella se casa de nuevo con un hombre devoto quien eventualmente será ordenado sacerdote (en el rito maronita, hombres casados son elegibles al sacerdocio).

Yusef ayudó a su padrastro en el ministerio sacerdotal.  Ya desde joven era ascético y de profunda oración. Yusef estudió en la pequeña escuela parroquial del pueblo.  A la edad de 14 años fue pastor de ovejas y aumenta su oración. Se retiraba con frecuencia a una cueva que descubrió cerca de los pastizales para adentrarse en horas de oración.  Por ello recibió muchas burlas de otros jóvenes pastores. Dos de sus tíos maternos eran ermitaños pertenecientes a la Orden Libanesa Maronita. Yusef acudía a ellos con frecuencia para aprender sobre la vida religiosa y el monacato en especial.

Vocación

A los 20 años de edad, Yusef es el sostén de su casa. Es el tiempo de contraer matrimonio pero el se siente llamado a otra vida.  Después de tres años de espera, escuchó la voz del Señor: "Deja todo, ven y sígueme".  Así, una mañana del año 1851 se dirige al convento de Ntra. Señora de Mayfouq, donde fue recibido como postulante. Al entrar en el noviciado renuncia a su nombre bautismal y escoge como nombre de consagración : Chárbel. 

Un tiempo mas tarde lo envían al Convento de Annaya, en donde profesó los votos perpetuos como monje en 1853.  Lo enviaron inmediatamente al Monasterio de San Cypriano de Kfifen, donde realizó sus estudios de filosofía y teología, llevando una vida ejemplar de obediencia y observancia.  Fue ordenado sacerdote el 23 de julio, de 1859 por Mons. José al Marid, bajo el patriarcado de Paulo Massad. Al poco tiempo regresó al Monasterio de Annaya por orden de sus superiores. Ahí pasó muchos años de vida ejemplar de oración y apostolado.  Entre estos, el cuidado de los enfermos, el pastoreo de almas y el trabajo manual en cosas muy humildes.

Ermitaño

Chárbel recibió autorización para la vida ermitaña el 13 de febrero, de 1875 . Desde ese momento hasta su muerte, ocurrida en la ermita de los Santos Pedro y Pablo, la víspera de la Navidad del año 1898, se dedicó a la oración (rezaba 7 veces al día la Liturgia de las Horas), la ascesis, la penitencia y el trabajo manual.  Comía una vez al día y llevaba silicio.

Muerte y milagros

El padre Chárbel alcanzó la celebridad después de su muerte. Dios quiso señalar a este santo por numerosos prodigios: Su cuerpo se ha mantenido incorrupto, sin la rigidez habitual, con la temperatura de una persona viva. Suda sangre, ocurren prodigios de luz constatados por muchas personas. El pueblo lo veneraba como santo aunque la jerarquía y sus mismos superiores prohibieron su culto formal mientras la Iglesia no pronunciara su veredicto. 

En 1950, al pasarle un amito por la cara, quedó impresa en la prenda el rostro de Cristo como en el Sudario de Turín. 
(Ver "Leyendas Negras de la Iglesia" por Vittorio Messori pg. 210).

Beatificación y Canonización

Dado al constante culto del pueblo, el Padre Superior General Ignacio Dagher solicitó al Papa Pío XI en 1925, la apertura del proceso de beatificación del P. Chárbel.  Fue beatificado durante la clausura del Concilio Vaticano II, el 5 de diciembre, de 1965 por el Papa Pablo VI.  El Papa dijo: "Un ermitaño de la montaña libanesa está inscrito en el número de los Bienaventurados... Un nuevo miembro de santidad monástica enriquece con su ejemplo y con su intercesión a todo el pueblo cristiano. El puede hacernos entender, en un mundo fascinado por las comodidades y la riqueza, el gran valor de la pobreza, de la penitencia y del ascetismo, para liberar el alma en su ascensión a Dios".

El 9 de octubre de 1977, durante el Sínodo Mundial de Obispos, el Papa canonizó al P. Chárbel con la siguiente proclama: "En honor de la Santa e Individua Trinidad, para la exaltación de la fe católica y promoción de la vida cristiana, con la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y nuestra, después de madura deliberación y tras implorar intensamente la ayuda divina... decretamos y definimos que el beato Chárbel Majluf es SANTO, y lo inscribimos en el catálogo de los santos, estableciendo que sea venerado como santo con piadosa devoción en toda la Iglesia. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo."

Es el primer santo oriental desde el siglo XIII.

Gran amante de la Eucaristía y de la Virgen Santísima. Ejemplo de vida consagrada y de ermitaño.

Oraciones de Santa Brígida por 12 años



Promesas:

1. El alma que las reza no sufrirá ningún Purgatorio.
2. El alma que las reza será aceptada entre los mártires como si hubiera derramado su propia sangre por la fe.
3 El alma que las reza puede (debe) elegir a otros tres a quienes Jesús mantendrá luego en un estado de gracia suficiente para que se santifiquen. (*)
4. Ninguna de las cuatro generaciones siguientes al alma que las reza se perderá.
5. El alma que las reza será consciente de su muerte un mes antes de que ocurra.

(*) Escribir los tres nombres (personas vivas) en un papel y guardarlo. Los nombres no se pueden cambiar.

Oración inicial

Oh Jesús, ahora deseo rezar la oración del Señor siete veces junto con el amor con que Tú santificaste esta oración en Tu Corazón. Tómala de mis labios hasta Tu Sagrado Corazón. Mejórala y complétala para que le brinde tanto honor y felicidad a la Trinidad en la tierra como Tú lo garantizaste con esta oración. Que esta se derrame sobre Tu santa humanidad para la glorificación de Tus dolorosas heridas y la preciosísima Sangre que Tú derramaste de ellas. Amén

1. La circuncisión

Padre Nuestro, Avemaría, Gloria

Padre Eterno, por medio de las manos inmaculadas de María y el Sagrado Corazón de Jesús, Te ofrezco las primeras heridas, los primeros dolores y el primer derrame de Sangre como expiación de los pecados de mi infancia y de toda la humanidad, como protección contra el primer pecado mortal, especialmente entre mis parientes.

2. La agonía de Jesús en el Huerto de los Olivos

Padre Nuestro, Avemaría, Gloria

Padre Eterno, por medio de las manos inmaculadas de María y el Sagrado Corazón de Jesús, te ofrezco el intenso sufrimiento del Corazón de Jesús en el Huerto de los Olivos y cada gota de sudor de sangre como expiación de mis pecados del corazón y los de toda la humanidad, como protección contra tales pecados y para que se extienda el amor divino y fraterno.

3. La flagelación

Padre Nuestro, Avemaría, Gloria

Padre Eterno, por medio de las manos inmaculadas de María y el Sagrado Corazón de Jesús, te ofrezco las muchas miles de heridas, los terribles dolores y la preciosísima sangre de la flagelación como expiación de mis pecados de la carne y los de toda la humanidad, como protección contra tales pecados y la preservación de la inocencia, especialmente entre mis parientes.

4. La coronación de espinas

Padre Nuestro, Avemaría, Gloria

Padre Eterno, por medio de las manos inmaculadas de María y el Sagrado Corazón de Jesús, te ofrezco las heridas, los dolores y la preciosísima sangre de la sagrada cabeza de Jesús luego de la coronación de espinas, como expiación de mis pecados del espíritu y los de toda la humanidad, como protección contra tales pecados y para que se extienda el reino de Cristo aquí en la tierra.

5. Cargando la cruz

Padre Nuestro, Avemaría, Gloria

Padre Eterno, por medio de las manos inmaculadas de María y el Sagrado Corazón de Jesús, te ofrezco los sufrimientos en el camino a la cruz, especialmente la santa herida en su hombro y la preciosísima sangre como expiación de mi negación de la cruz y la de toda la humanidad, todas mis protestas contra tus planes divinos y todos los demás pecados de palabra, como protección contra tales pecados y para un verdadero amor a la cruz.

6. La crucifixión de Jesús

Padre Nuestro, Avemaría, Gloria

Padre Eterno, por medio de las manos inmaculadas de María y el Sagrado Corazón de Jesús, te ofrezco a Tu Hijo en la cruz, cuando lo clavaron y lo levantaron, las heridas en sus manos y en sus pies y los tres hilos de la preciosísima sangre que derramó allí por nosotros, las extremas torturas del cuerpo y del alma, su muerte preciosa y su renovación no sangrienta en todas las santas misas de la Tierra, como expiación de todas las heridas contra los votos y normas dentro de las Órdenes, como reparación de mis pecados y los de todo el mundo, por los enfermos y moribundos, por todos los santos sacerdotes y laicos, por las intenciones del Santo Padre por la restauración de las familias cristianas, para el fortalecimiento de la Fe, por nuestro país y por la unión de todas las naciones en Cristo y su Iglesia, así como también por la diáspora.

7. La llaga del costado de Jesús

Padre Nuestro, Avemaría, Gloria

Padre Eterno, acepta como dignas, por las necesidades de la Santa Iglesia y como expiación de los pecados de toda la humanidad, la preciosísima sangre y el agua que manó de la herida del Sagrado Corazón de Jesús. Sé misericordioso para con nosotros. ¡Sangre de Cristo, el último contenido precioso de su Sagrado Corazón, lávame de todas mis culpas de pecado y las de los demás! ¡Agua del costado de Cristo; lávame totalmente de las penitencias del pecado y extingue las llamas del Purgatorio para mí y para todas las almas del Purgatorio! Amén.

23 de Julio: Memoria Litúrgica de santa Brígida de Suecia, religiosa



Cada 23 de julio se recuerda a Santa Brígida, Patrona de Suecia, fundadora de la Orden del Santísimo Salvador, madre de Santa Catalina de Suecia y proclamada por San Juan Pablo II como Patrona de Europa.

ORIGEN Y NACIMIENTO

Nació Brígida hacia el año 1303, en el castillo de Finsta, cerca de Upsala, capital en aquel entonces de Suecia. Era su familia descendiente de los antiguos reyes del país, y unía a la nobleza de la sangre la pureza de vida, pudiéndose decir que la piedad era como hereditaria en ellos, ya que el abuelo, el bisabuelo y hasta el tatarabuelo de nuestra Santa fueron en peregrinación a Jerusalén y demás lugares santificados por la presencia de Nuestro Divino Redentor. Fueron los padres de Brígida, el príncipe Birgerio y la princesa Ingeburga, dignos de sus antepasados. Confesaban y comulgaban todos los viernes y empleaban sus cuantiosas riquezas en construir iglesias y monasterios para que Dios fuera honrado y servido. Tales virtudes fueron debidamente premiadas por el cielo, que les otorgó bendiciones sin cuento y les concedió cinco hijos, modelos de virtud. 

Brígida fue la última. Antes de su nacimiento, naufragó su madre en las costas de Suecia, y no pereció por milagro, según revelación de un ángel que le apareció la noche siguiente al grave percance y le dijo: «Dios te ha guardado la vida en consideración a tu hija; edúcala en el amor de Dios y cuídala como preciosa joya que el cielo te envía». El nacimiento de esta privilegiada niña fue revelado al santo sacerdote Benito, cura de Rasbo, iglesia próxima a Finsta. Hallábase en fervorosa oración cuando se le apareció la Santísima Virgen en hermosa nube y le dijo: «Ha nacido a Birgerio una niña cuya voz se oirá en el mundo entero». Sin embargo, y a pesar de tal predicción, la niña permaneció muda durante los tres primeros años; pero pasado este tiempo comenzó a hablar con la fluidez y soltura de una persona mayor.

PRIMERAS APARICIONES

Apenas contaba siete años cuando en el altarcito que adornaba la cabecera de su cama, vio una mañana a la Santísima Virgen que llevaba una corona en la mano y le decía: «Vente conmigo». La niña obedeció al instante. "¿Ves esta corona?", le preguntó la Virgen. En señal afirmativa, la niña inclinó su cabecita, momento y ademán que aprovechó la Virgen para coronarla. En esta mística diadema, hemos de ver el símbolo de las virtudes que debían brillar desde aquel instante en la Santa, y que alcanzarían todo su brillo y esplendor en el Paraíso.

Corría la cuaresma del año 1314, cuando un religioso llegó a Finsta para predicar la Pasión de Cristo; los sermones del misionero fueron para Brígida una revelación del místico significado del dolor que, por amor a Jesús, deseaba abrazar desde aquel momento; así mereció ver en revelación al Divino Maestro padecer el suplicio de la Cruz. "Mira -le dijo- cómo me han tratado". "¡Oh dulce Dueño mío! -exclamó la Santa-; ¿quién os ha causado tanto mal?" "Los que desprecian y olvidan mi amor", fuéle respondido.

Otro día se encontraba Brígida bordando unos ornamentos para la iglesia parroquial y, sintiéndose incapaz de reproducir con la aguja lo que en su imaginación concebía, imploró la ayuda del cielo, y he aquí que una bella y desconocida joven se acercó a la bordadora, y dio fin al bordado con flores y frutos de perfectísima labor. La tía de Brígida, que atónita y admirada presenciaba el hecho, se apoderó del bordado y lo guardó como preciosa reliquia.

MARTIRIO DE BRÍGIDA

Brígida y su hermana Catalina habían sido prometidas por su padre a los dos hermanos Ulfo y Magno, príncipes de Nericia, de quienes había recibido hospitalidad en el castillo de Ulfasa. Pareciéronle ambos jóvenes tan valientes caballeros como fervorosos cristianos. 

Invitadas por su padre —según costumbre sueca— a "fabricar la cerveza de los desposorios", Catalina obedeció gustosa. Brígida, en cambio, "hubiera preferido cien veces la muerte"; mas no sabiendo todavía por entonces si estaba llamada a la vida religiosa, y aconsejada por su confesor, sometióse al deseo de su padre, a quien tendió su mano para que la enlazara con la del príncipe Ulfo; contaba a la sazón la Santa trece años (1316). El matrimonio, conforme a la costumbre de la época, debía celebrarse el año mismo en que se verificaban los esponsales, por lo que Brígida esperaba en Finsta que Ulfo viniese de un momento a otro a reclamarla. Llegado el caso montó con arrogancia en una jaca blanca de hermosa raza, domada en Gotia, y cabalgó al lado de su futuro esposo hasta el castillo de Ulfasa; en la capilla del castillo, los dos cándidos muchachos recibieron la bendición del sacerdote; y así quedaron unidos por los lazos indisolubles del matrimonio cristiano dos jóvenes corazones, unidos ya por un amor puro y ardiente a Jesús crucificado.

Brígida, tierna y amante esposa, ejerció benéfica influencia sobre el corazón y espíritu de Ulfo. Juntos socorrían a los pobres y, de común acuerdo, gastaron sus riquezas en construir escuelas, fundar hospitales y erigir iglesias.

Los viernes, confesábanse ambos con el mismo sacerdote, y juntos se acercaban los domingos a la Sagrada Mesa. Recíprocamente pedían en sus oraciones la gracia de ser cada día mejores y adelantar más en santidad. También se mostró Brígida experta y hábil ama de casa. A todos atendía, y procuraba que nadie careciese de lo necesario. Caritativa con los pobres, antes de sentarse a la mesa servía diariamente por sí misma la comida a doce de ellos, y los jueves les lavaba los pies para imitar el ejemplo de Jesucristo. De continuo cumplió, con gracia encantadora, las leyes de la hospitalidad: recibía contentísima a los parientes y amigos de su esposo Ulfo; con igual  esmero atendía a los miembros de la nobleza, al clero, a los viandantes y a los monjes mendicantes; presentábase a todos con semblante jovial y atrayente y a todos trataba con exquisita cortesía y cristiana caridad; sólo para consigo misma usaba maceraciones y penitencias.

Ocho hijos —cuatro varones y cuatro niñas— fueron el fruto de su matrimonio. Llamáronse los primeros: Carlos, Birgerio, Benito y Gudmaro; y las hijas: Marta, Catalina, Ingeburga y Cecilia. Encontramos entre ellos los más variados temperamentos, por lo que, a pesar de los cuidados de su santa madre, hubo algunos que imitaron poco las virtudes de su santa vida. Carlos, por naturaleza impulsivo y apasionado, llevó una vida agitada y borrascosa; pero las oraciones de la madre, desolada por la conducta del hijo más y mejor amado, le alcanzaron la gracia de morir reconciliado con Dios. Birgerio, de carácter dulce y de espíritu reflexivo, y por ende serio, vivió cristianamente en medio de la corrompida corte de Estocolmo. Viudo desde muy joven, ayudó más tarde a su hermana Catalina a trasladar las reliquias de su madre desde Roma al monasterio de Vadstena (Suecia), y Catalina, que llegó a ser abadesa de ese monasterio, le escogió como administrador de las fincas y bienes abaciales. Gudmaro y Benito murieron jóvenes siendo aún estudiantes: el uno en Estocolmo y el otro en el monasterio de Alvastra, donde había vestido el hábito cisterciense. Marta fue una joven veleidosa y testaruda, que no dio más que disgustos a su santa madre: su única afición eran las diversiones mundanas. Ingeburga murió piadosamente siendo religiosa claustrada. Cecilia, a quien Brígida anhelaba también consagrar a Dios, abandonó el claustro, y su hermano Carlos la casó con un joven de la corte; como tal acontecimiento la afligiera en exceso, el Señor se le apareció y le dijo: "Tú me la habías entregado; pues bien, yo la coloco donde me place". 

Pero a quien siempre amó la Santa con especial predilección fue a Catalina, la cual, casada con Edgardo de Eggartsnes, persuadió a su esposo a permanecer ambos vírgenes en el matrimonio. En el año 1350 se reunió con su madre en Roma; la acompañó después en sus peregrinaciones, y fue más tarde la primera abadesa del monasterio de Vadstena, fundado por Brígida. Murió en 1387 y fue canonizada hacia 1476. Hónrasela el 24 de marzo.

INFLUENCIA DE LA SANTA

Brígida fue encargada por Dios de comunicar a los Papas sus advertencias y deseos soberanos. Clemente VI, residente en Aviñón, aceptó en materia disciplinaria los consejos de esta mujer inspirada por Dios. Urbano V fue, en Roma primero y más tarde en Aviñón, el confidente principal de las revelaciones de la Santa, y, dócil a cuantas órdenes le dictaba en nombre del cielo, reprimió severamente los desórdenes de la corte pontificia. A Gregorio XI, sucesor de Urbano V, conjuró muchas veces de parte de Dios para que abandonase Aviñón y volviese a Roma; pero el Papa, de naturaleza indecisa, no se resolvió a ello en vida de la Santa, y fueron necesarias las apremiantes instancias de otra santa —Catalina de Sena— para que, cuatro años más tarde, obedeciese por fin. El 17 de abril del año 1371 entró solemnemente en la ciudad de los Apóstoles, y Roberto Orsino, sobrino del Pontífice, que gobernaba la Ciudad Eterna, pudo decirle: "Hoy comprendo, Santísimo Padre, la profecía que la bienaventurada Brígida me notificó hace cinco años al anunciarme que no solamente os vería entrar en Roma, sino que precisamente sería yo quien os acompañase en dicha entrada".

Cuando la humilde sierva de Dios residía en la corte de Suecia, hablaba con santa audacia a los Ángeles de las siete Iglesias del reino, como San Juan lo había hecho a los Custodios de las siete Iglesias de Asia, y los obispos escucharon con respeto las severas amonestaciones de la santa viuda.

Recordaba a los sacerdotes y religiosos relajados que pagar las propias deudas es estricto deber de conciencia, y, por lo tanto, que los derechos de los acreedores son antes que los de los pobres. Repetíales también que la pureza es indispensable a los ministros del Señor. De este modo, nada de cuanto se relacionaba con el bien de la Iglesia escapaba a la solicitud de esta alma iluminada por el espíritu de Dios.

Santa Brígida fundó el monasterio de Vadstena y la Orden de San Salvador; la regla con la que se rigieron fue recibida por la Santa del mismo Jesucristo. Diríase que la Orden, esbozada tan sólo a la muerte de la Fundadora, esperaba para su desarrollo y prosperidad que las reliquias de la Santa fuesen depositadas cual fermento en la tierra de Vadstena; desde entonces se propagó rápidamente y fundáronse en poco tiempo cuarenta monasterios. Aun hoy día cuenta con once casas, repartidas entre España y México.

ÚLTIMOS DÍAS Y MUERTE DE LA SANTA

Brígida murió en Roma poco después de su peregrinación a Tierra Santa. Algún tiempo antes de morir, recibió la visita de Gerardo, Nuncio Apostólico de S. S. Gregorio XI, quien, desde Aviñón, le mandaba en busca de los consejos de la vidente. Ésta le respondió con las siguientes palabras, que no pueden ser ni más claras ni más precisas: "Una mirada imparcial al mundo cristiano dice claramente que, sólo por el retorno del Papa a Italia, volverá la paz y tranquilidad a esta tierra".

Los últimos días de la Santa se vieron turbados por fuertes tentaciones de orgullo y de molicie, tentaciones que no sintió en su juventud. Como Cristo en el Calvario, se creyó un momento abandonada de Dios; pero acudió, sin embargo, a la Comunión y recibió, junto con la gracia del sacramento, fuerza y voluntad para sufrir. Desde este momento, su vida fue un éxtasis no interrumpido; volvió en sí después de recibir la Extremaunción, instante que aprovechó para dar a sus hijos, familiares y amigos sus últimas y supremas recomendaciones. Murió un sábado, 23 de julio, a los 71 años de edad.

Fue enterrada en Roma en la iglesia de las Clarisas, del monasterio de San Lorenzo in Panisperna, en el Viminal; un año más tarde sus restos fueron trasladados al cementerio de San Salvador, en Vadstena (Suecia).

Venérase en Roma la casa que habitó y la mesa de madera sobre la que quiso morir; su recuerdo perdura aún en las Catacumbas de San Sebastián, adonde iba a orar con frecuencia, y en San Pablo extramuros, donde se conserva el Crucifijo que le habló repetidas veces. Santa Brígida fue canonizada en 1391 por Bonifacio IX, y su fiesta, elevada a rito doble, fue establecida por Benedicto XIII el 2 de septiembre de 1724.

El Sumo Pontífice Emérito Benedicto XVI señaló en el 2010, al hablar de la santa, que su vida muestra el papel y la dignidad de la mujer en la Iglesia y que se caracterizaba siempre por su “actitud de respeto y de fidelidad plena al Magisterio de la Iglesia, en particular al Sucesor del apóstol Pedro".

Jueves Eucarístico - Oraciones



ORACIÓN AL SANTÍSIMO SACRAMENTO
DE SANTO TOMAS DE AQUINO

¡Oh, Santísimo Jesús, que aquí sois verdaderamente Dios escondido; concededme desear ardientemente, buscar prudentemente, conocer verdaderamente y cumplir perfectamente en alabanza, y gloria de vuestro nombre todo lo que os agrada. Ordenad, ¡oh Dios mío!, el estado de mi vida; concededme que conozca lo que de mí queréis y que lo cumpla corno es menester y conviene a mi alma. Dadme, oh Señor Dios mío, que no desfallezca entre las prosperidades y adversidades, para que ni en aquellas me ensalce, ni en éstas me abata. De ninguna cosa tenga gozo ni pena, sino de lo que lleva a Vos o aparta de Vos. A nadie desee agradar o tema desagradar sino a Vos. Séanme viles, Señor, todas las cosas transitorias y preciosas todas las eternas. Disgústeme, Señor, todo gozo sin Vos, y no ambicione cosa ninguna fuera de Vos. Séame deleitoso, Señor, cualquier trabajo por Vos, y enojoso el descanso sin Vos. Dadme, oh Dios mío, levantar a Vos mi corazón frecuente y fervorosamente, hacerlo todo con amor, tener por muerto lo que no pertenece a vuestro servicio, hacer mis obras no por rutina, sino refiriéndolas a Vos con devoción. Hacedme, oh Jesús, amor mío y mi vida, obediente sin contradicción, pobre sin rebajamiento, casto sin corrupción, paciente sin disipación, maduro sin pesadumbre, diligente sin inconstancia, temeroso de Vos sin desesperación, veraz sin doblez; haced que practique el bien sin presunción que corrija al prójimo sin soberbia, que le edifique con palabras y obras sin fingimientos. Dadme, oh Señor Dios mío, un corazón vigilante que por ningún pensamiento curioso se aparte de Vos; dadme un corazón noble que por ninguna intención siniestra se desvíe; dadme un corazón firme que por ninguna tribulación se quebrante; dadme un corazón libre que ninguna pasión violenta le domine. Otorgadme, oh Señor Dios mío, entendimiento que os conozca, diligencia que os busque, sabiduría que os halle, comportamiento que os agrade, perseverancia que confiadamente os espere, y esperanza que, finalmente, os abrace. Dadme que me aflija con vuestras penas aquí por la penitencia, y en el camino de mi vida use de vuestros beneficios por gracia, y en la patria goce de vuestras alegrías por gloria. Señor que vivís y reináis, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.