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24 de Agosto: Fiesta de san Bartolomé, apóstol

 

San Bartolomé, el sexto de los doce apóstoles que siguieron a Cristo, no es otro que Natanael, presentado a Nuestro Señor por el apóstol Felipe.

Su nombre proviene del hebreo bar-Tôlmay, que significa hijo de Tolomeo. Es originario de Caná de Galilea.

Cristo elogia su inocencia y la sencillez de su corazón: "He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño” (Jn. 1, 47).

San Teodoro relata que después de sus viajes apostólicos en India, fue desollado vivo en Armenia por odio a la fe. Las representaciones de su tortura a veces son impresionantes, como el famoso mármol blanco de la Catedral de Milán.

Se le suele representar con una daga, atributo que lo identifica, aunque fue desollado con cuchillos y piedras afiladas.

En Roma, sus reliquias son veneradas en la isla del Tíber.

"Dios Todopoderoso, de quien viene a nosotros la alegría religiosa y santa de celebrar hoy la fiesta de tu bendito Apóstol Bartolomé, concede a tu Iglesia que ame lo que fue el objeto de su fe y predique lo que él enseñó. Por Jesucristo nuestro Señor ". 


Parece que Bartolomé es un sobrenombre o segundo nombre que le fue añadido a su antiguo nombre que era Natanael (que significa "regalo de Dios") Muchos autores creen que el personaje que el evangelista San Juan llama Natanael, es el mismo que otros evangelistas llaman Bartolomé. Porque San Mateo, San Lucas y San Marcos cuando nombran al apóstol Felipe, le colocan como compañero de Felipe a Natanael.

El encuentro más grande de su vida.

El día en que Natanael o Bartolomé se encontró por primera vez a Jesús fue para toda su vida una fecha memorable, totalmente inolvidable. El evangelio de San Juan la narra de la siguiente manera: "Jesús se encontró a Felipe y le Bartholomew.jpg (24186 bytes) dijo: "Sígueme". Felipe se encontró a Natanael y le dijo: "Hemos encontrado a aquél a quien anunciaron Moisés y los profetas. Es Jesús de Nazaret". Natanael le respondió: " ¿Es que de Nazaret puede salir algo bueno?" Felipe le dijo: "Ven y verás". Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: "Ahí tienen a un israelita de verdad, en quien no hay engaño" Natanael le preguntó: "¿Desde cuándo me conoces?" Le respondió Jesús: "antes de que Felipe te llamara, cuando tú estabas allá debajo del árbol, yo te vi". Le respondió Natanael: "Maestro, Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el Rey de Israel". Jesús le contestó: "Por haber dicho que te vi debajo del árbol, ¿crees? Te aseguró que verás a los ángeles del cielo bajar y subir alrededor del Hijo del Hombre." (Jn. 1,43).

Felipe, lo primero que hizo al experimentar el enorme gozo de ser discípulo de Jesús fue ir a invitar a un gran amigo a que se hiciera también seguidor de tan excelente maestro. Era una antorcha que encendía a otra antorcha. Pero nuestro santo al oír que Jesús era de Nazaret (aunque no era de ese pueblo sino de Belén, pero la gente creía que había nacido allí) se extrañó, porque aquél era uno de los más pequeños e ignorados pueblecitos del país, que ni siquiera aparecía en los mapas. Felipe no le discutió a su pregunta pesimista sino solamente le hizo una propuesta: "¡Ven y verás que gran profeta es!"

Una revelación que lo convenció.

Y tan pronto como Jesús vio que nuestro santo se le acercaba, dijo de él un elogio que cualquiera de nosotros envidiaría: "Este sí que es un verdadero israelita, en el cual no hay engaño". El joven discípulo se admira y le pregunta desde cuándo lo conoce, y el Divino Maestro le añade algo que le va a conmover: "Allá, debajo de un árbol estabas pensando qué sería de tu vida futura. Pensabas: ¿Qué querrá Dios que yo sea y que yo haga? Cuando estabas allá en esos pensamientos, yo te estaba observando y viendo lo que pensabas". Aquélla revelación lo impresionó profundamente y lo convenció de que este sí era un verdadero profeta y un gran amigo de Dios y emocionado exclamó: "¡Maestro, Tú eres el hijo de Dios! ¡Tú eres el Rey de Israel! ¡Maravillosa proclamación! Probablemente estaba meditando muy seriamente allá abajo del árbol y pidiéndole a Dios que le iluminara lo que debía de hacer en el futuro, y ahora viene Jesús a decirle que El leyó sus pensamientos. Esto lo convenció de que se hallaba ante un verdadero profeta, un hombre de Dios que hasta leía los pensamientos. Y el Redentor le añadió una noticia muy halagadora. Los israelitas se sabían de memoria la historia de su antepasado Jacob, el cuál una noche, desterrado de su casa, se durmió junto a un árbol y vio una escalera que unía la tierra con el cielo y montones de ángeles que bajaban y subían por esa escalera misteriosa. Jesús explica a su nuevo amigo que un día verá a esos mismos ángeles rodear al Hijo del Hombre, a ese salvador del mundo, y acompañarlo, al subir glorioso a las alturas.

Desde entonces nuestro santo fue un discípulo incondicional de este enviado de Dios, Cristo Jesús que tenía poderes y sabiduría del todo sobrenaturales. Con los otros 11 apóstoles presenció los admirables milagros de Jesús, oyó sus sublimes enseñanzas y recibió el Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego.

El libro muy antiguo, y muy venerado, llamado el Martirologio Romano, resume así la vida posterior del santo de hoy: "San Bartolomé predicó el evangelio en la India. Después pasó a Armenia y allí convirtió a muchas gentes. Los enemigos de nuestra religión lo martirizaron quitándole la piel, y después le cortaron la cabeza".

Para San Bartolomé, como para nosotros, la santidad no se basa en hacer milagros, ni en deslumbrar a otros con hazañas extraordinarias, sino en dedicar la vida a amar a Dios, a hacer conocer y amar más a Jesucristo, y a propagar su santa religión, y en tener una constante caridad con los demás y tratar de hacer a todos el mayor bien posible.

Domingo XXI° Per Annum: Evangelio y Reflexión Dominical

 


+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo 
según san Mateo     16, 13-20

    Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?»
    Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas».
    «Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?»
    Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».
    Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo».
    Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que Él era el Mesías.

Reflexión: 

Queridos hermanos: 

Este domingo Jesús nos confronta con esta pregunta: "¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dice que es?, y más aún: "Y ustedes, ¿quién dicen que soy?". 

Ciertamente que Jesucristo es el Señor, "el Mesías, el Hijo de Dios vivo", esto es lo que nos enseña nuestra Fe, y fue la confesión que hizo Pedro. 

Pero a esta confesión de Fe, ha de seguir un interrongante: "¿quién es Jesús para mí?. En efecto, es importante, luego de confesar que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero Hombre, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad hecha carne, el Hijo Eterno de Dios Padre, el Mesías prometido, nuestro Salvador, preguntarnos quién es Jesús para nosotros, qué lugar ocupa en nuestra vida. No se trata sólo de decir quién es Jesús sino de decir quién es Él para nosotros. 
Santa Teresa de Calculta responde a la pregunta: "¿Quién es Jesús para mí?, y sus palabras pueden ayudarnos a reflexionar: 

"Para mí Jesús es
El Verbo hecho carne.
El Pan de la vida.
La víctima sacrificada en la cruz por nuestros pecados.
El Sacrificio ofrecido en la Santa Misa por los pecados del mundo y por los míos propios. 
La Palabra, para ser dicha.
La Verdad, para ser proclamada.
El Camino, para ser recorrido.
La Luz, para ser encendida. 
La Vida, para ser vivida 
El Amor, para ser amado.
La Alegría, para ser compartida 
El sacrificio, para ser dado a otros. 
El Pan de Vida, para que sea mi sustento.
El Hambriento, para ser alimentado
El Sediento, para ser saciado
El Desnudo, para ser vestido.
El Desamparado, para ser recogido
El Enfermo, para ser curado
El Solitario, para ser amado
El Indeseado, para ser querido
El Leproso, para lavar sus heridas.
El Mendigo, para darle una sonrisa
El Alcoholizado, para escucharlo
El Deficiente Mental, para protegerlo
El Pequeñín, para abrazarlo 
El Ciego, para guiarlo
El Mudo, para hablar con él 
El Tullido, para caminar con él 
El Drogadicto, para ser comprendido en amistad
La Prostituta, para alejarla del peligro y ser su amiga
El Preso, para ser visitado
El Anciano, para ser atendido.
Para mí, Jesús es mi Dios
Jesús, es mi Esposo,
Jesús, es mi Vida
Jesús es mi único amor.
Jesús es mi Todo

Que María Santísima, que con tanto amor cuidó de Jesús, sabiendo quién era Él, nos alcance del Eterno la gracia de confesar a Jesucristo como a nuestro Dios, Señor y Redentor, recibirlo en nuestro corazón y que Él se transforme en el centro de nuestras vidas. Amén. 

Del 22 al 30 de Agosto: Novena en honor a san Ramón Nonato, religioso

 

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. 

Rezar la oración del día que corresponda:

DÍA PRIMERO

Dios y Señor mío, yo os doy infinitas gracias por todos los favores que hicisteis al glorioso San Ramón No-nacido; por cuyos méritos os suplico humildemente, que así como fuisteis tan liberal con el glorioso santo cardenal, lo seáis en esta ocasión conmigo, concediéndome el despacho de la petición que solicito en esta novena, para más serviros y amaros. Amén. Concluir con la oración final para todos los días.

Rezar la Oración final para todos los días.

DÍA SEGUNDO

Dulcísimo Jesús mío, mi Redentor, y Señor, yo os doy inmortales gracias por todas las mercedes que vuestra infinita benignidad concedió al glorioso Padre San Ramón No-nacido. Tantas maravillas obró vuestra Majestad en vuestro siervo San Ramón, que me dan motivo para valerme de su intercesión, para que Vos, Dios mío, por sus ruegos y merecimientos cumpláis esta mi petición, a mayor honra y gloria vuestra; espero en Vos, Jesús de mi alma, que pues a los que se han valido de tan grande Santo habéis socorrido en sus necesidades, me socorráis también las mías. Amén. Concluir con la oración final para todos los días.

DÍA TERCERO

¡Oh, Reina Purísima de la Merced, Madre de los necesitados y afligidos! A Vos vengo como hijo indigno que soy de tan grande Madre, para rendiros mil veces las debidas gracias, de tantos y tan grandes favores con que favorecisteis a vuestro siervo San Ramón No-nacido, de cuya intercesión me valgo en la presente ocasión para obtener el favor que pido en esta Novena. Confío que vos, soberana Reina, así como no le negasteis cosa al glorioso Santo de cuanto os pidió en la tierra, no le negareis ahora vuestra intercesión para con vuestro Santísimo hijo Jesús, a fin de que me conceda la gracia que deseo, para gloria vuestra, de vuestro Unigénito Hijo y bien de mi alma. Amén. Concluir con la oración final para todos los días.


DÍA CUARTO

Dios y Señor mío, yo os ofrezco los méritos de la santa obediencia de vuestro grande siervo el glorioso Cardenal San Ramón No-nacido, y os suplico que por ellos me concedáis una perfecta y total obediencia, con la cual obedezca yo en todo y por todo a vuestras divinas inspiraciones, a los preceptos de la Santa Iglesia, y en particular os ruego que, por los mismos merecimientos me despachéis la petición que por mano del glorioso Santo os ofrezco. Amén. Concluir con la oración final para todos los días.


DÍA QUINTO

Señor y Dios mío, yo indigno hijo vuestro, me postro delante de vuestra presencia, y os presento aquella santa y suma pobreza con que vivió el glorioso San Ramón No-nacido, suplicándoos de todo mi corazón, que por los merecimientos que adquirió vuestro Santo con el ejercicio de tan grande virtud, queráis purificar este mi corazón, comunicándome una verdadera pobreza y desnudez de espíritu, con la cual esté mi alma totalmente despegada de todo lo transitorio, y unida con el amor Divino. Y en particular os ruego, os dignéis favorecerme con la gracia que pido, a mayor honra y gloria vuestra. Amén. Concluir con la oración final para todos los días.


DÍA SEXTO

Dios y Señor mío, pues que os habéis mostrado tan amante de la pureza, queriendo que el eterno Verbo tomase carne de una purísima Virgen desposada, yo os presento, Señor, la angélica pureza de vuestro castísimo siervo San Ramón No-nacido. Y por los méritos que correspondieron a la virginidad de tan gran Santo, os suplico queráis quitar todas las manchas de mi alma, para que así sea digna de unirse con Jesucristo, y quede dispuesta para recibir el favor que pido en esta Novena. Amén. Concluir con la oración final para todos los días.

DÍA SÉPTIMO

Dios y Señor mío, Vos sólo sabéis aquel ardor soberano, con que siempre os estuvo amando, y deseando amaros más y más vuestro gran siervo y amigo San Ramón No-nacido, ansioso siempre de que todos los humanos corazones se abrasasen en divinos amores. Yo, confiado en vuestra misericordia infinita, os suplico humildemente, que por aquel corazón del Serafín San Ramón, os dignéis de abrasar el mío con llamas de vuestro amor y favorecerme con el despacho de la merced que os pido, por los merecimientos de la ardiente caridad de este gran Santo, mi abogado. Amén. Concluir con la oración final para todos los días.

DÍA OCTAVO

Dios y Señor mío, con toda la humildad en mí posible, vengo a pediros un favor, valiéndome de los grandes merecimientos que tuvo San Ramón No-nacido: por el ejercicio heroico de su humildad profunda, alcanzaba de Vos lo que os suplicaba; la misma humildad de vuestro Santo os ofrezco, para que por ella me hagáis de tal manera humilde, que por vuestro amor deje mi propia estimación. Asimismo os ruego os dignáis concederme, para gloria vuestra y salvación mía, la merced que os pido. Amén. Concluir con la oración final para todos los días.

DÍA NOVENO

Eterno y Omnipotente Dios y Señor mío, hoy es el último día de esta mi Novena, y si hasta ahora no he sabido disponerme para alcanzar el favor que deseo, os suplico me deis luz para debidamente disponer mi alma; y para que lo hagas te presento los martirios, trabajos, aflicciones, azotes y demás penas que tuvo el glorioso San Ramón No-nacido. Así, por tan grandes méritos que alcanzó por estas penas, concededme, Señor, un deseo fervoroso de padecer por Vos, y un cumplimiento a mi petición que todos estos nueve días ha pedido y pido, para honra vuestra y de mi glorioso Santo. Amén. Concluir con la oración final para todos los días.

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS

¡Oh Gloriosísimo San Ramón No-nacido! De todo corazón me gozo de que la majestad soberana de nuestro Dios y Señor os haya hecho tan grande Santo, adornándoos con tantas prerrogativas y mercedes; de todas las cuales doy a la Santísima Trinidad infinitas e inmortales gracias, y a Vos, Santo mío, mil parabienes.

Por esos admirables favores, y por la sangre que vertieron vuestros santos labios con el penoso martirio del candado, os suplico humildemente intercedáis ante la Divina Majestad por el aumento de la Santa Fe católica, la extirpación de las herejías, la quietud y sosiego de los reinos cristianos, la conversión de los infieles, y libertad de los pobres cautivos cristianos. También, Santo mío, os pido seáis mi intercesor, para que así como perseverasteis muchas horas vivo dentro del cuerpo de vuestra madre difunta, así esta mi pobre alma persevere viva en la vida de la gracia, dentro de la cárcel de este corruptible cuerpo, y salga de él a su tiempo en paz, para alabar a Dios en compañía de los Ángeles y Santos, por toda la eternidad; y para que mejor lo pueda conseguir, os suplico me alcancéis el favor que ahora os voy a pedir:

Hágase aquí la petición

Así confío lo haréis, amantísimo Padre mío, pues de Vos se dice alcanzáis de Dios todo cuanto vuestros devotos os piden, estando ellos afligidos; pero si acaso ha de ser para mayor gloria de Dios, y bien de mi alma el que se dilate, o no consiga la gracia que deseo, alcanzadme, Santo mío, perfecta resignación en la voluntad de mi Dios y Señor, para que así quede mi alma en paz, mientras el Señor me conserve la vida, y después, por medio de una dichosa muerte llegue a gozar las delicias de la eterna Patria. Amén.

ANTÍFONA. Oh, Bienaventurado Ramón, que con todo su corazón amó a Cristo, y para ejemplo de su caridad no dudó en quedarse cautivo por librar a los cautivos. Oh dichosa vida, que aunque no la quitó la espada de los perseguidores, no por eso perdió el mérito del martirio.

- Mi corazón y mi carne,
- Se alegran por el Dios vivo.

ORACIÓN. Oh Dios, que hiciste admirable a San Ramón No-nacido, tu confesor, en librar a tus fieles del cautiverio de los impíos: concédenos por su intercesión, que nos libres de las cadenas de los pecados, practiquemos con libre voluntad las cosas que te son agradables. Por Cristo, Nuestro Señor. Amén

¿Cómo puedo amar más a la Virgen María?

 


Quien haya reconocido y contemplado profundamente el amor indecible de la Virgen María, quiere responder a este amor con el mayor amor posible de un niño. 

Solemos mirar con reverencia, y tal vez un poco de envidia, la devoción de los grandes santos que han hecho y sufrido tanto por María, y desearíamos convertirnos al menos en una miniatura de San Bernardo, Grignion de Montfort, Maximiliano Kolbe. No podemos imaginar que exista alguna posibilidad de amar a la Virgen María aún más.

Ahora sabemos que nadie amaba a María más que su propio Hijo. La amaba con toda la perfección de su naturaleza humana y divina. Hizo más por ella que por todas las demás criaturas juntas, como lo demuestran los privilegios más extraordinarios que Dios haya concedido a cualquier criatura: la Concepción Inmaculada, la Plenitud de Gracias, la Virginidad Perpetua, la Maternidad Divina, la Maternidad Espiritual como Corredentora y Medianera de todas las Gracias, y finalmente su Asunción en cuerpo y alma al cielo, etc.

Ahora hemos recibido la gracia inconmensurable de estar completamente unidos a Cristo por medio de la gracia santificante, así como los miembros del cuerpo están unidos a la cabeza y forman un todo único con Él. Así poseemos con Cristo la misma vida, es decir, la vida divina, en la cual podemos participar verdaderamente. La plenitud de esta vida está en la cabeza, y desde la cabeza fluye hacia cada uno de los miembros a través de la acción del Espíritu Santo, que es el alma de este cuerpo místico.

Por medio de esta vida sobrenatural vivimos la vida del mismo Cristo, como los sarmientos viven la vida de la vid, como el miembro vive la vida de todo el Cuerpo. Así, cuando sufrimos, oramos, trabajamos, amamos, etc., unidos a la vida de Cristo, entonces es Cristo quien continúa en nosotros su sufrimiento, su oración, su trabajo, su propio amor, etc.

Por lo tanto, nuestro amor por María es más que una imitación lejana de la devoción de Jesús a su Madre Celestial. Así como nuestra vida sobrenatural es una participación, continuación y, en cierto sentido, prolongación de la vida de Cristo, así también nuestro amor a María debe ser una participación, continuación y prolongación del amor de Cristo a María. Por eso, si amamos a María, no somos nosotros quienes la amamos, sino es Cristo "nuestra vida", quien ama a María ¡en nosotros, a través de nosotros, con nosotros!

Este es el más sublime amor y devoción que se puede tener por María, que contiene en sí mismo la devoción de todos los ángeles y santos.

Por eso, cuando Cristo nos dice que nos ha dado un ejemplo y nos pidió que hiciéramos lo mismo que Él, entonces no sólo tenemos que imitarla, sino que debemos honrar, glorificar y amar a María unida a Él.

¡Qué gozo inconmensurable para un hijo de María poder "amarla tanto" y darle así la mayor alegría!

¡Solo por esta razón el "Mihi vivere Christus est" debe ser la realidad completa de nuestra vida!

"¡Amar a María es mi sentir en todo momento!"

22 de Agosto: Memoria Litúrgica de Santa María, Reina

 

“Es una Reina que da todo lo que posee compartiendo, sobre todo, la vida y el amor de Cristo”, dijo San Juan Pablo II al referirse a la Virgen como Reina del Universo. La Fiesta fue instituida por el Papa Pío XII en 1954.

En la Encíclica “Ad Caeli Reginam” (punto 15), que trata sobre la dignidad y realeza de María, se lee que “Cristo, el nuevo Adán, es nuestro Rey no sólo por ser Hijo de Dios, sino también por ser nuestro Redentor”.

“Así, según una cierta analogía, puede igualmente afirmarse que la Beatísima Virgen es Reina, no sólo por ser Madre de Dios, sino también por haber sido asociada cual nueva Eva al nuevo Adán”.

Por su parte, el Papa Benedicto XVI mientras celebraba esta Fiesta en el 2012 dijo que María “es Reina precisamente amándonos y ayudándonos en todas nuestras necesidades, es nuestra hermana y sierva humilde".

He aquí una de las tantas razones por las cuales el Papa Francisco ha twiteado este mes pequeñas oraciones de súplica a la Madre de Dios por la paz en el mundo y en especial por los cristianos en Medio Oriente.

Como la del 14 de agosto que dice: “María, Reina de la paz, ayúdanos a erradicar el odio y a vivir en armonía”. O la del día siguiente, en la que pide a María, Reina del Cielo, que nos ayude a transformar el mundo según el designio de Dios.


María, como Madre del Hombre-Dios, Rey del universo por derecho de naturaleza y por mérito de conquista, es Reina Madre. La dignidad real de María ha recibido el tributo de homenaje más insigne y la justificación teológica más amplia y convincente por boca de los Sumos Pontífices.

León XIII veneró a María, con todo el pueblo cristiano, "elevada sobre la gloría de todos los santos, coronada de estrellas por su divino Hijo, sentada junto a Él, Reina y Señora del universo". (Encíclica lucunda semper, 8 de septiembre 1894) . Indagando, a continuación, en su vida los títulos y méritos de tan universal soberanía, que une a Madre e Hijo en el imperio espiritual del mundo, escribió el Papa: "Mientras que es elegida para Madre, sin dudar un momento se proclama y se confiesa esclava del Señor. Y, como ha prometido santamente, y santa y prontamente establece, desde este momento, una perpetua comunidad de vida con su Hijo Jesús, ya sea en la alegría o en el llanto. De esta manera, llega a tales alturas de gloria como ningún ángel podrá jamás alcanzar, porque ninguno podrá parangonarse con Ella, ni en virtud, ni en méritos. Por esto Ie pertenece a Ella la corona del cielo y, porque se convertirá en la Reina de los mártires, la corona de la tierra. Así, en la celestial ciudad de Dios estará sentada en el trono, coronada por toda la eternidad, junto a su Hijo, porque constantemente, durante toda su vida, pero de manera especial en el Calvario, beberá con Él el cáliz rebosante de amargura". (Encíclica Magnae Dei Matris, 8 de septiembre 1892).

Pío XII no es menos generoso en las alabanzas a la celestial Señora cuando afirma: "Jesús es Rey de los siglos, por naturaleza y por conquista; por Él, subordinadamente a Él, María es Reina, por gracia, por parentesco divino, por conquista, por singular elección. Su reino es vasto como el reino de su Hijo Dios, porque nada se halla excluido de su dominio. Por lo cual, la Iglesia saluda a María como Señora y Reina de los ángeles y de los santos, de los patriarcas y de los profetas, de los apóstoles y de los mártires, de los confesores y de las vírgenes; por idéntico motivo, la aclama como Reina del cielo y de la tierra, gloriosa y dignísima Reina del universo y nos invita a invocarla, de día y de noche, entre los gemidos y lágrimas en que abunda tanto este destierro: Salve Regina, Mater misericordiae, vita, dulcedo, spes nostra, salve (Mensaje radiofónico del 13 de mayo 1946).

Esta certeza recibió un nuevo sello, cuando el Romano Pontífice Pío XII, como digna coronación del Congreso Internacional Mariológico-Mariano y, para perpetuo y más vivo recuerdo del primer centenario de la definición de la Inmaculada Concepción, proclamó en la Encíclica Ad Coeli Reginam (11 octubre 1954), la festividad litúrgica de la realeza de María.

En la Santa Misa Tridentina, la fiesta de la Realeza de María se celebraba el 31 de mayo de 2020.

La Naturaleza de la Realeza de María Santísima


El reino de Santa María, a semejanza y en perfecta coincidencia con el reino de Jesucristo, no es un reino temporal y terreno, sino más bien un reino eterno y universal: -"Reino de verdad y de vida, de santidad, de gracia, de amor y de paz" (cfr. Prefacio de la Misa de Cristo Rey).
 
a) Es un reino eterno porque existirá siempre y no tendrá fin (cfr. Lc. 1,33) y, es universal porque se extiende al Cielo, a la tierra y a los abismos (cfr. Fil. 2,10-11).
 
b) Es un reino de verdad y de vida. Para esto vino Jesús al mundo, para dar testimonio de la verdad (cfr. Jn. 18,37) y para dar la vida sobrenatural a los hombres.
 
c) Es un reino de santidad y justicia porque María, la llena de gracia, nos alcanza las gracias de su Hijo para que seamos santos (cfr. Jn. 1,12-14); y de justicia porque premia las buenas obras de todos (cfr. Rom. 2,5-6).
 
d) Es un reino de amor porque de su eximia caridad nos ama con corazón maternal como hijos suyos y hermanos de su Hijo (cfr. 1 Cor. 13,8).
 
e) Es un reino de paz, nunca de odios y rencores; de la paz con que se llenan los corazones que reciben las gracias de Dios (cfr. Is. 9,6).
 
Santa María como Reina y Madre del Rey es coronada en sus imágenes -según costumbre de la Iglesia- para simbo­lizar por este modo el dominio y poder que tiene sobre todos los súbditos de su reino.
 
La oración Colecta de la Memoria de Santa María Reina dice: "Oh Dios, que nos han dado como Madre y como Reina, a la Madre de tu Unigénito; concédenos, por su intercesión, el poder llegar a participar en el Reino celestial de la gloria reservada a tus hijos".

La Virgen María, Reina de los Ángeles y de los hombres


En 1954 el Papa Pío XII, instituyó la fiesta Litúrgica del Reinado de María al coronar a la Virgen en Santa María la Mayor, Roma. En esta ocasión el Papa también promulgó el documento principal del Magisterio acerca de la dignidad y realeza de Maria, la Encíclica Ad coeli Reginam (Oct 11, 1954).
 
El pueblo cristiano siempre ha reconocido a María Reina por ser madre del Rey de reyes y Señor de Señores. Su poder y sus atributos los recibe del Todopoderoso: Su Hijo, Jesucristo. Es El quien la constituye Reina y Señora de todo lo creado, de los hombres y aún de los ángeles.
 
Juan Pablo II, el 23 de julio del 1997, habló sobre la Virgen como Reina del universo. Recordó que "a partir del siglo V, casi en el mismo período en que el Concilio de Efeso proclama a la Virgen 'Madre de Dios', se comienza a atribuir a María el título de Reina. El pueblo cristiano, con este ulterior reconocimiento de su dignidad excelsa, quiere situarla por encima de todas las criaturas, exaltando su papel y su importancia en la vida de cada persona y del mundo entero".
 
El Santo Padre explicó que "el título de Reina no sustituye al de Madre: su realeza sigue siendo un corolario de su peculiar misión materna, y expresa simplemente el poder que le ha sido conferido para llevar a cabo esta misión. (...) Los cristianos miran con confianza a María Reina, y esto aumenta su abandono filial en Aquella que es madre en el orden de la gracia".
 
"La Asunción favorece la plena comunión de María no sólo con Cristo, sino con cada uno de nosotros. Ella está junto a nosotros porque su estado glorioso le permite seguirnos en nuestro cotidiano itinerario terreno. (...). Ella conoce todo lo que sucede en nuestra existencia y nos sostiene con amor materno en las pruebas de la vida".

Del 21 al 29 de Agosto: Novena en honor a santa Rosa de Lima, virgen y patrona de América Latina


Acto de contrición

Señor mío, Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre, Redentor mío, por ser vos quien sois, bondad infinita y por que os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido, también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Animado con tu divina gracia, propongo firmemente nunca mas pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta, para el perdón de mis pecados. Amén

Oración preparatoria

Gloriosa Santa Rosa de Lima, tú que supiste lo que es amar a Jesús con un corazón tan fino y generoso. Que despreciaste las vanidades del mundo para abrazarte a su cruz desde tu más tierna infancia. Que profesaste una gran ternura y dedicación a los más desvalidos sirviéndolos como al mismo Jesús. Que amaste con filial devoción a la Virgen María. Enséñanos tus grandes virtudes para que, siguiendo tu ejemplo, podamos gozar de tu protección y de tu compañía en el cielo. Te rogamos también aceptes el obsequio de esta novena y nos obtengas del Señor las gracias que pedimos por tu intercesión, si son para su mayor gloria y bien de nuestras almas. Así sea.

Pídase las gracias que se deseen

Día Primero: Pidamos a Santa Rosa crecer en la confianza en la Providencia del Padre

Amantísimo Señor Dios, Trino y Uno, que como en la antigua ley, os complacíais en que os llamasen Dios de aquellos grandes Santos Patriarcas, hoy no menos os agradáis, en que os llamemos, Dios de la Rosa de Santa María: nos alegramos y gozamos  con el mismo gozo, con que ella se complacía en vuestras divinas perfecciones, en especial, de que seáis un Ser tan infinitamente perfecto, que de nadie depende, y todo depende de vuestro Ser, y os pedimos por vuestra soberana independencia, y por el asimiento, que tuvo siempre a Vos vuestra finísima Santa Rosa, nos concedáis un apartamiento total de cuanto es contra vuestra voluntad, a que vivamos y muramos asidos a Vos; y lo que en esta novena os pedimos a mayor honra y gloria vuestra.

Padre Nuestro que estás en el cielo

En todo momento, Rosa confiaba en que Dios la sostenía a ella y su familia y que atendería sus ruegos.Repetidas ocasiones Dios le hizo ver su cuidado amoroso, en lo espiritual y lo material.- Un día el Señor le presentó un gran número de rosas esparcidas por el suelo y le dijo:"Rosa, hazme una guirnalda de flores con estas rosas…"- Ella obedeció y luego de ello Cristo cogió una de ellas y le dijo:“Esta rosa eres tú, y de esta me encargo Yo para cuidar de ella con singular cuidado”.


Padrenuestro, avemaría y Gloria


Oración final para cada día


Os doy gracias, o Señor, de la asistencia especial que me habéis prestado en esta novena. Continuad siempre en vuestras misericordias sobre de mí, a satisfacción de mis pecados, en sufragio de las almas del purgatorio y por la conversión de los pecadores. Perdonadme todas las faltas que he cometido. Y juntando el poco bien que he hecho con los inconmensurables méritos de Jesucristo, concededme por Él todas aquellas gracias que son necesarias a mi eterna salud, especialmente una plenaria remisión de la pena debida a mis culpas, que nuevamente lloro y detesto, resuelto como estoy de conducir en lo futuro una vida toda en conformidad a vuestros Santos Mandamientos. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.



Día Segundo: Pidamos a Rosa, que aumente en nuestra vida el deseo de la gloria de Dios

¡Oh incomprensible Sabiduría! ¡Oh Dios Trino y Uno! tan infinitamente sabio, que os comprendéis a Vos, y con inefable claridad todo lo creado lo sabéis, y lo sobrecomprendéis: alegrámonos, y gozámonos con el mismo gozo, con que la ilustradísima Rosa de Santa María, se gozaba de vuestra Sabiduría, y por ella, y por lo que supo de vos nuestra Santa, os pedimos nos comuniquéis la ciencia de los Santos, vuestra Divina Luz, y lo que en esta novena os suplicamos, si es para honra y gloria vuestra.

Santificado sea tu Nombre

Rosa prefería morir antes que ver el santo Nombre de Dios ultrajado.Cuando llegaron noticias de la invasión de un pirata holandés a la ciudad de Lima (lo cual traería consigo grandes disturbios, robos y sacrilegios en los Templos) Rosa no dudó en correr hacia la Basílica de santo Domingo, su lugar de oración y aguardar la oportunidad de defender y ofrecer su vida en martirio antes que profanasen a Jesús Sacramentado. La gente quedó admirada al ver como esta humilde doncella se transformaba en valiente guerrera y arengaba a todos a ofrecer su vida en defensa del Santísimo Sacramento. Estas fueron sus palabras en la Basílica, al esperar el ataque de los enemigos de la fe.“Aquí pondré mi cuerpo para que lo hagan pedazos y se detengan en hacer las injurias que temo ¡ay de mí! , han de hacer después a mi dulce Jesús”.Sin embargo no dejó de rogar para que Dios librase de este peligro a su amada ciudad, como ocurrió efectivamente. Por eso sus imágenes también la presentan con un ancla en la mano.

Padrenuestro, avemaría y Gloria

21 de Agosto: Memoria Litúrgica de san Pío X, papa


Hoy más que nunca, la Iglesia encuentra en San Pío X, que ejerció su pontificado de 1903 a 1914, un verdadero santo del papado, un modelo y un guía. 

A través de San Pío X, Papa de 1903 a 1914, Pío XII quiso dar como ejemplo a toda la Iglesia la santidad de un Papa, una "santidad completamente papal" [1] capaz de guiar a las ovejas en tiempos difíciles. En el informe de beatificación (3 de junio de 1951), Pío XII enumera los principales rasgos dignos de la atención y admiración de todos:

1. La preocupación por la santidad del clero, clave esencial para renovar todas las cosas en Cristo, de acuerdo con su sublime lema [2]. Pío X quería un clero que se distinguiera por su piedad, su obediencia y su sabiduría.

2. La renovación de los estudios eclesiásticos. Pío X exhortó a los filósofos cristianos a defender la verdad bajo la bandera de Santo Tomás de Aquino. Fundó el Pontificio Instituto Bíblico en Roma, fomentó las ciencias teológicas, una exégesis inspirada y una cuidadosa predicación del clero.

3. La preocupación por la salvación eterna de las almas. Pío X quería un clero santo para la instrucción de los fieles, a quienes proporcionó un catecismo, destinado tanto a adultos como a niños. Con respecto a los niños, el Papa Pío X será siempre el Papa de la Eucaristía, pues promovió la comunión a una edad temprana, pero también, y para todos, la comunión frecuente e incluso diaria.

4. La defensa de la fe íntegra y pura. Las falsas doctrinas que renovaron todos los errores fueron desenmascaradas bajo el nombre de modernismo, y sabiamente reprimidas (encíclica Pascendi, 8 de septiembre de 1907). En estas circunstancias, como en su lucha contra las leyes anticlericales y la separación secular de los estados, San Pío X fue, según el Pastor Angélico, un "maestro infalible de la fe", el "intrépido vengador de la religión" y el "guardián de la libertad de la Iglesia".

5. El amor a la liturgia. Iniciador de un auténtico movimiento litúrgico, Pío X renovó la música sacra, pero también el Breviario, el calendario de las fiestas para orientar resueltamente a la Iglesia hacia una vida litúrgica impregnada de piedad tradicional, gracia sacramental y belleza inspirada. [3].

Tales son las principales características de la santidad de Pío X, santidad de un gobierno lleno de grandeza y riquezas sobrenaturales que constituyen el tesoro de la Iglesia. Pío XII también menciona el trabajo de reforma realizado en la Curia Romana, en las escuelas y parroquias, la labor formidable de reunir en un solo cuerpo, adaptado a las condiciones de la sociedad, las leyes de la Iglesia hasta ese momento dispersas (Código de Derecho Canónico, promulgado en 1917). Sin olvidar el interés hacia las misiones evangelizadoras e incluso los llamamientos a la unión hechos a los "orientales separados".

Pío XII canonizó esta santidad pontificia con un propósito muy específico: "disponer a los espíritus para enfrentar nuestras propias luchas y asegurar nuestras victorias y las de las generaciones futuras" [4]. Proclamado "santo y guía de los hombres de hoy" y "apóstol de la vida interior", San Pío X se presenta como un "ejemplo providencial para el mundo moderno en el que la sociedad terrenal, transformada cada vez más en una especie de enigma para sí misma, ¡busca ansiosamente una solución para recuperar su alma! Que sea, por lo tanto, un modelo para la Iglesia reunida alrededor de sus altares" [5]. Porque este Papa "despertó en todas partes un inmenso movimiento de retorno a los esplendores de la música y la liturgia sagrada, y desterró la fealdad del santo templo de Dios" [6].

Hoy más que nunca, como hace 66 años, la Iglesia encuentra en San Pío X, un verdadero santo del papado, un modelo y un guía.

Para el clero, a fin de que pueda recuperar el sentido de su dignidad eminente y su vocación de ser ante todo hombres de Dios, dedicados a su adoración y alabanza. Los ritos sacrosantos de la liturgia constituyen ante todo un culto público ofrecido a la Majestad divina, el acto mismo del sacrificio ofrecido por el único Salvador de los hombres. No se trata de una cena más o menos protestante, sin grandeza alguna ni sacerdocio claramente definido. Se trata de devolver a cada sacerdote su propia identidad: la de ser otro Cristo, mediador entre Dios y los hombres, encargado de perdonar los pecados, distribuir los bienes divinos a las almas y conducirlas al Cielo.

Para los fieles y todo el pueblo cristiano, a fin de que puedan comprender la ardiente necesidad de salvar sus almas, de santificar sus hogares, sus trabajos y sus ciudades. Para que, sabiamente instruidos en su santa religión, sepan cómo protegerse contra la corrupción del mundo, especialmente la corrupción moral e intelectual. San Pío X quería que la gente orara en la belleza y "reconocieran en la Eucaristía el poder de nutrir sustancialmente su vida íntima" [7]. San Pío X organizó sobre una base sólida la Acción Católica y promovió las actividades sociales y profesionales de los católicos en un entorno confesional.

Para los pueblos y todas las personas de buena voluntad, a fin de que encuentren en la Iglesia el acceso a Jesucristo. Esta fue su primera preocupación, explica Pío XII, porque Dios "es el origen y el fundamento de todo orden, de la justicia, de todos los derechos en el mundo. Donde Dios reina hay orden, justicia y derecho. De ahí se deriva la gran obra del pontificado de San Pío X para organizar la ley de la Iglesia. De ahí también la primacía de la fe y la sana doctrina que fue "un servicio de extrema caridad, obrado por un santo, como jefe de la Iglesia, a toda la humanidad" [8].

Finalmente, a los enemigos de la Iglesia, para que puedan conocer la intrepidez y la fuerza que solo Dios puede dar a su Vicario en la tierra y, a través de él, a sus hijos esparcidos por todo el universo. El valor con el que Pío X rechazó las leyes de separación de Iglesia y Estado fue emblemático; "dio a Francia, cruelmente perseguida, nuevos obispos, y resistió a los asaltos de los impíos" [9]. Una santidad papal digna de un verdadero sucesor de Pedro. Aceptó el honor del pontificado supremo "como una cruz", acepto en crucem, y se absolvió como un santo.


Oración a san Pío X 

Glorioso Papa de la Eucaristía, San Pío X, que te has empeñado en “restaurar todas las cosas en Cristo”. Obténme un verdadero amor a Jesucristo, de tal manera que sólo pueda vivir por y para Él. Ayúdame a alcanzar un ardiente fervor y un sincero deseo de luchar por la santidad, y a poder aprovechar todas las riquezas que brinda la Sagrada Eucaristía. Por tu gran amor a María, madre y reina de todo lo creado, inflama mi corazón con una tierna y gran devoción a ella.

Bienaventurado modelo del sacerdocio, intercede para que cada vez hayan más santos y dedicados sacerdotes, y se acrecienten las vocaciones religiosas. Disipa la confusión, el odio y la ansiedad, e inclina nuestros corazones a la paz y la concordia, a fin de que todas las naciones se coloquen bajo el dulce reinado de Jesucristo. Amén.