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Novena a san Juan Bautista



San Juan Bautista, junto con la Virgen Santísima y Nuestro Señor Jesucristo, es el único santo que se le celebra el nacimiento o Natividad. Ya que él cumple una misión muy importante en la vida de Cristo, ya que es el Precursor, él que le prepara el camino.

ORACIONES INICIALES PARA TODOS LOS DÍAS

Indicaciones importantes:

1. Ponerse en la presencia de Dios; 
2. tener al lado un recipiente con agua bendita 
para hacerse la Señal de la Cruz al inicio 
y final de la Oración;
3. tener al lado una Biblia para la reflexión
de cada día de la Novena.

Acto de contrición

Oh, Padre misericordioso, que desde el seno materno, predestinaste a San Juan Bautista, para que fuera Precursor del Mesías, preparando por medio de la austeridad, de su persona y la predicción de la palabra, el corazón de todos los hombres, llevándolos al arrepentimiento, a través del bautismo penitencial, para el encuentro con Jesucristo, Tu Hijo que vive y Reina por los siglos de los siglos. Amén

GOZOS

Oh, Glorioso Bautista alcánzanos Del Señor misericordia y perdón. Profeta de soledades. Labio hiciste de tus iras. Para fustigar mentiras Y para gritar verdades.
Oh, Glorioso Bautista alcánzanos Del Señor misericordia y perdón. El desierto encendido fue tu ardiente maestro para allanar montañas Y encender los senderos.
Oh Glorioso Bautista alcánzanos Del Señor misericordia y perdón. Vio como el cielo se abría Sobre el cordero de Dios Y su vos le anunciaría que por siempre unió a los dos.
Oh Glorioso Bautista alcánzanos Del Señor misericordia y perdón.Más aun en su presencia, Con humilde sumisión, Pide el que es Dios por esencia, Para empezar su misión.
Oh Glorioso Bautista alcánzanos Del Señor misericordia y perdón. Oh sin par doxología Voz del Padre en el Jordán, El Hijo que la acogía y la Paloma que ardía Sobre Jesús y San Juan. Oh Glorioso Bautista alcánzanos Del Señor misericordia y perdón. Por fin en un banquete Y en el placer de un ebrio, Y el vino de tu sangre santifico el desierto.
Oh Glorioso Bautista alcánzanos Del Señor misericordia y perdón. Profeta de soledades, Labio hiciste de tus iras. Para fustigar mentiras Y para gritar verdades. Amén.

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS

Oh, Glorioso San Juan Bautista, que durante toda tu vida diste testimonio del total desprendimiento de las cosas terrenas cumpliendo con humildad Y fidelidad la voluntad del Padre Celestial, como verdadero Precursor del Mesías y poco, con sencillez del deber cumplido, fuiste desapareciendo para que Cristo Salvador inaugurara el Reino de Dios entre los hombres. Ayúdanos a vivir, según el ejemplo admirable que Tú nos das, para que un día podamos contar contigo en las Mansiones Celestiales las glorias y alabanzas de nuestro Creador. Amén.

REFLEXIÓN PARA CADA DÍA 

DÍA PRIMERO
Anuncio del Nacimiento de Juan Bautista (Lc 1, 5-25)

DÍA SEGUNDO
Nacimiento y Circuncisión de Juan Bautista (Lc 1, 57-58)

DÍA TERCERO
Predicación de Juan Bautista (Lc 3, 1-18)

DÍA CUARTO
Juan Bautista Bautiza a Jesús (Mt 3, 13-17)

DÍA QUINTO
Este es el Cordero de Dios, que Quita el Pecado del Mundo (Jn 1, 19-37)

DÍA SEXTO
Ultimo Testimonio de Juan Bautista (Jn 3, 23-36)

DÍA SÉPTIMO
Prisión de Juan Bautista (Lc 3, 19-20)

DÍA OCTAVO
Muerte de Juan Bautista (Mc 6, 17-29)

DÍA NOVENO
Testimonio de Jesús sobre Juan Bautista (Lc 7, 24-30)

ORACIÓN PARA CADA DÍA DESPUÉS 
DE LA LECTURA 

Sagrado precursor de Cristo, que santificado en el vientre de vuestra madre, fuiste la admiración del mundo en el ejercicio de las virtudes y en los privilegios con que te enriqueció Dios. Ángel en la castidad, apóstol en el celo y predicación, y mártir en la constancia con que por reprender al incestuoso Herodes ofrecisteis la cabeza al cuchillo, y en las luces sobrenaturales de que te dotó el cielo, profeta del que llegó a decir el mismo Cristo: "Entre los nacidos de las mujeres ninguno mayor que Juan Bautista"; suplica al Señor que:

por tu penitencia me haga mortificado,
por tu soledad, recogido,
por tu silencio, callado,
casto por tu virginidad,
espiritual por tu contemplación,
e invencible a mis pasiones por la victoria que tu alcanzaste de tus enemigos, para que logre verte en la patria eterna. Amén.

Esta Novena puede ser rezada tanto para la 
Solemnidad de la Natividad de san Juan Bautista (24 de Junio), como para la Memoria Litúrgica del Martirio de san Juan Bautista (29 de agosto). 

San Miguel Arcángel




El nombre de Miguel (en hebreo, "¿quién es como Dios?") recuerda la batalla que se libró en el cielo entre el arcángel "príncipe de la milicia celestial" y el demonio. En la gigantesca lucha entre el bien y el mal, que continúa en la tierra, le corresponde a San Miguel ayudarnos y librarnos. La Iglesia invoca a San Miguel como su defensor. 

Dios a veces usa como Mensajeros a aquellos que siempre están con Él como espíritus. Los que anuncian noticias de menor importancia se llaman ángeles; los encargados de entregar mensajes más importantes se llaman arcángeles.

Por eso es que a la Virgen María no se le envió un ángel común, sino al arcángel Gabriel. Pues para la entrega de este mensaje, el más sublime de todos, era apropiado que se enviara al ángel más alto. Sus nombres individuales también se dan para indicar el tipo de ministerio en el que cada uno es poderoso.

Siempre que se debe realizar alguna misión que requiere de un gran poder, aparece San Miguel. A partir de sus acciones y su nombre, debemos entender que nadie puede hacer lo que solo Dios tiene el poder de hacer. De ahí que el viejo enemigo, que por orgullo aspiraba a ser como Dios diciendo: "Al cielo subiré; sobre las estrellas de Dios levantaré mi trono; subiré a las alturas de las nubes; seré como el Altísimo" (Is. 14: 13-14), en la consumación del mundo, cuando será dejado como presa de su propia vanidad en el castigo eterno, se nos presenta como a punto de entrar en combate con Miguel el Arcángel, según las palabras de San Juan: "Y se hizo guerra en el cielo: Miguel y sus ángeles pelearon contra el dragón" (Apoc. 12: 7). De manera similar, Gabriel, cuyo nombre significa Fuerza de Dios, fue enviado a la Virgen María para anunciar la venida de Aquel que, aunque se dignó asumir la apariencia de humildad, llegaría para vencer a los espíritus etéreos. El nombre de Rafael se interpreta como Medicina de Dios, porque tocó los ojos de Tobías para sanarlos y disipó la oscuridad de su ceguera.


San Miguel es uno de los principales ángeles; su nombre se encuentra cuatro veces en la Escritura:

(1) Daniel 10,13-21: Gabriel le dice a Daniel, cuando él le pide a Dios que le permita a los judíos volver a Jerusalén: "El Ángel (B.D., príncipe) del Reino de Persia me ha hecho resistencia… pero Miguel, uno de los Primeros Príncipes, ha venido en mi ayuda… Nadie me presta ayuda para esto, excepto Miguel, vuestro Príncipe.”

(2) Daniel 12: el Ángel, hablando del fin del mundo y del Anticristo dice: “En aquel tiempo surgirá Miguel, el gran Príncipe que defiende a los hijos de tu pueblo."

(3) En la epístola católica de San Judas 1,9: “En cambio el arcángel Miguel, cuando altercaba con el diablo disputándose el cuerpo de Moisés, etc.” San Judas alude a la antigua tradición judía de una disputa entre San Miguel y Satanás sobre el cuerpo de Moisés, un relato de lo cual también se puede encontrar en el libro apócrifo de la asunción de Moisés (Orígenes, "De principiis", III.2.2). San Miguel escondió la tumba de Moisés; sin embargo Satanás al destaparla, trató de seducir al pueblo judío al pecado del culto a los héroes. San Miguel también custodia el cuerpo de Eva, de acuerdo a la “Revelación de Moisés” (“Evangelios Apócrifos”, etc., ed. A. Walker, Edimburgo, p.647).

(4) Apocalipsis 12,7: “Entonces se entabló una batalla en el cielo: Miguel y sus Ángeles combatieron con el Dragón.” San Juan habla del gran conflicto al final de los tiempos, que refleja también la batalla en el cielo al principio de los tiempos. De acuerdo a los Padres a menudo hay controversia sobre San Miguel en la Escritura donde no se menciona su nombre. Dicen que él era el querubín que estuvo en la puerta delparaíso, “para guardar el camino del árbol de la vida” (Gén. 3,24), el ángel a través de quien Dios publicó el Decálogo para su pueblo escogido, el ángel que se puso en el camino para estorbarle a Balaam (Núm. 22,22 ss.), el ángel que puso en fuga al ejército de Senaquerib (2 Ry. 19,35).

Según estos pasajes bíblicos, la tradición cristiana le da a San Miguel cuatro oficios:

• Pelear contra Satanás.

• Rescatar las almas de los fieles del poder del enemigo, especialmente a la hora de la muerte.

• Ser el campeón del pueblo de Dios: los judíos en la antigua Ley, los cristianos en el Nuevo Testamento; por lo tanto él era el patrón de la Iglesia, y de la orden de caballeros durante la Edad Media.

• Llamar de la tierra y traer las almas de los hombres a juicio (signifer S. Michael repraesent et eas in lucam sanctam, Offert. Miss Defunct. "Constituit eum principem super animas suscipiendas", Antiph. off. Cf. El Pastor de Hermas, III, Simil. 7, 3).

Letanías a San Miguel Arcángel



Se repite 

Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad

Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos

Ten misericordia de nosotros

Dios, Padre Celestial, 
Dios Hijo, Redentor del mundo,
Dios, Espíritu Santo,
Santísima Trinidad, un solo Dios,

Ruega por nosotros

San Miguel,
Tú, cuyo nombre es un relámpago,
Tú, cuyo nombre es un himno a Dios,
Serafín del incensario de oro,
Elevada llama de amor divino,
Perfecto adorador de Dios,
Modelo de sumisión amorosa,
Modelo de pronta obediencia,
Leal servidor de Dios,
Primer heraldo de la verdad,
Primer defensor de la fe,
Primer testigo de Dios,
Instigador de la lucha contra Satanás,
Ángel apóstol de los ángeles,
Celador del Reino de Dios,
Primer defensor de la justicia,
Primer vengador del buen derecho,
Abogado nuestro,
Portador de las llaves del abismo,
Tú que encadenas a Satanás,
Justiciero de Dios,
Portaestandarte de la Trinidad,
Guerrero de armas de luz,
Espada de Dios,
Terror de los traidores y de los perjuros,
Terror de los orgullosos demonios,
Centella de Dios,
Tú que llevas las siete estrellas,
Vencedor de la primera guerra,
Virrey de los ejércitos de Dios,
Inspirador de valentía,
Tú que guerreas por el mundo,
Defensor de los hijos de Dios,
Ángel que vale por mil ejércitos,
Esperanza de los combatientes,
Intrépido soldado de Dios,
Refuerzo dado a las justas causas,
Liberador de los oprimidos,
Caballero de Dios,
Ángel de los pastores de Navidad,
Ángel de Cristo en agonía,
Ángel de la aurora pascual,
Consejero de Constantino,
Guerrero del castillo del Santo Ángel,
Protector de la unidad católica de España y de las Naciones Hispanoamericanas,
Cantor de los gozos marianos,
Espejo del Altísimo,
Ángel vicario del Verbo,
Protector de la Iglesia militante,
Consolador de la Iglesia purgante,
Honor de la Iglesia triunfante,
Tú, que recibes la confesión de nuestros pecados,
Tú, a quien la Iglesia implora en nuestra última hora,
Tú, cuya potente voz despertará a los muertos,
Introductor de las almas al cielo,
Asiste de Cristo en el Gran Día,
Heraldo de las sentencias eternas,
Precantor de las alabanzas divinas,
El más elevado de los serafines,
Príncipe de los nueve coros de Ángeles,

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
ten misericordia de nosotros.

- Ruega por nosotros, glorioso san Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo,
- para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. 

Oremos. 
Señor, te rogamos que la gloriosa intercesión de san Miguel Arcángel nos proteja siempre y en todo lugar, y nos conduzca a la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Martes devoción a los Santos Ángeles de Dios


El martes está generalmente consagrado al culto de los Santos Ángeles y en especial al Ángel custodio. 

Muchos de los santos tenían una gran devoción a los ángeles en general, y a su ángel de la guarda en particular, del mismo modo no debemos olvidar que cada uno tiene su propio ángel a quien acudir. 


ORACIÓN AL ÁNGEL DE LA GUARDA 
PARA TODOS LOS DÍAS
(Santa Gertrudis)

Oh santo Ángel de Dios a cuya guarda he sido confiado por una providencia misericordiosa, te doy gracias por la protección con que  habéis rodeado mi vida temporal y la vida, aún más preciosa de mi alma. Te doy gracias por lo fielmente que me ayudas, por tu protección constante, por tus defensas del los ataques del ángel de las tinieblas. Bendita sea la hora desde la cual trabajas en mi salvación; que el corazón de Jesús lleno de amor por sus hermanos, te recompense. ¡Oh! mi Ángel tutelar; cuánto me arrepiento de mis resistencias a vuestras inspiraciones, de mi poco respeto por vuestra santa presencia, de tantas faltas con las cuales os he contristado. Tú, mi mejor y más fiel amigo, perdóname, no dejes de iluminarme, de guiarme y de reprenderme. No me abandones un solo instante hasta aquel que sea el último de mi vida y que entonces mi alma llevada sobre vuestras alas, encuentre misericordia ante su Juez y la eterna paz entre los elegidos por Dios. Así sea.


¿Porqué el Lunes también se reza por las Ánimas del Purgatorio?


A principios de la Edad Media, el lunes estaba dedicado al Espíritu Santo, para implorar su asistencia al principiar las tareas de la semana. También ese día se pide por el alivio de las almas del Purgatorio, pero es una devoción libre y voluntaria que la Iglesia aprueba sin prescribirla.

Oraciones por las Ánimas del Purgatorio

   Dios omnipotente, Padre de bondad y de misericordia, apiadaos de las benditas almas del Purgatorio y ayudad a mis queridos padres y antepasados.

A cada invocación se contesta: ¡Jesús mío, misericordia!

Ayudad a mis hermanos y parientes.
Ayudad a todos mis bienhechores espirituales y temporales.
Ayudad a los que han sido mis amigos y súbditos.
Ayudad a cuantos debo amor y oración.
Ayudad a cuantos he perjudicado y dañado.
Ayudad a los que han faltado contra mí.
Ayudad a aquellos a quienes profesáis predilección.
Ayudad a los que están más próximos a la unión con Vos.
Ayudad a los que os desean más ardientemente.
Ayudad a los que sufren más.
Ayudad a los que están más lejos de su liberación.
Ayudad a los que menos auxilio reciben.
Ayudad a los que más méritos tienen por la Iglesia.
Ayudad a los que fueron ricos aquí, y allí son los más pobres.
Ayudad a los poderosos, que ahora son como viles siervos.
Ayudad a los ciegos que ahora reconocen su ceguera.
Ayudad a los vanidosos que malgastaron su tiempo.
Ayudad a los pobres que no buscaron las riquezas divinas.
Ayudad a los tibios que muy poca oración han hecho.
Ayudad a los perezosos que han descuidado tantas obras buenas.
Ayudad a los de poca fe que descuidaron los santos Sacramentos.
Ayudad a los reincidentes que sólo por un milagro de la gracia se han salvado.
Ayudad a los padres que no vigilaron bien a sus hijos.
Ayudad a los superiores poco atentos a la salvación de sus súbditos.
Ayudad a los pobres hombres, que casi sólo se preocuparon del dinero y del placer.
Ayudad a los de espíritu mundano que no aprovecharon sus riquezas o talentos para el cielo.
Ayudad a los necios, que vieron morir a tantos no acordándose de su propia muerte.
Ayudad a los que no dispusieron a tiempo de su casa, estando completamente desprevenidos para el viaje más importante.
Ayudad a los que juzgaréis tanto más severamente, cuánto más les fue confiado.
Ayudad a los pontífices, reyes y príncipes.
Ayudad a los obispos y sus consejeros. Ayudad a mis maestros y pastores de almas.
Ayudad a los finados sacerdotes de esta diócesis.
Ayudad a los sacerdotes y religiosos de la Iglesia católica.
Ayudad a los defensores de la santa fe.
Ayudad a los caídos en los campos de batalla.
Ayudad a los sepultados en los mares.
Ayudad a los muertos repentinamente.
Ayudad a los fallecidos sin recibir los santos sacramentos.

- Dales, Señor, a todas las almas el descanso eterno.
- Y brille para ellas la luz que no tiene fin.
- Que en paz descansen. Amén.


La Iglesia nos llama a ofrecer oraciones o ‘sufragios’ por las Almas Santas que han muerto en la Gracia de Dios, pero que aún requieren de una purificación final antes de poder entrar en el Cielo. Incluso innumerables Santos, a lo largo de los siglos, han indicado a los fieles el rezar por estas almas como acto supremo de caridad; hacia nuestros seres queridos que han pasado de esta vida, y hacia aquella multitud de almas desconocidas que no tienen a nadie que interceda por ellos.

Al morir, las almas que no son perfectas escogen una purificación final antes de entrar al Cielo. Santa Catalina de Génova explicó que “el alma se presenta a Dios aún atada a los deseos y sufrimientos que se derivan del pecado y esto hace imposible que pueda disfrutar de la visión beatífica de Dios”. (Vita Mirabile, 177r) Por lo tanto, el alma emprende voluntariamente una purificación para que pueda alcanzar la visión beatífica en la Comunión de los Santos. El lugar de esta purificación se conoce como Purgatorio. Santa Catalina enseñó que en el purgatorio las almas tienen la inmensa alegría de saber que un día estarán con el Señor mientras que, al mismo tiempo, sufren los dolores de su purificación.


Las almas santas, incapaces de ayudarse a sí mismas, confían en las oraciones de la Iglesia – nuestras oraciones y sufrimientos – para acortar su tiempo de purificación y su camino hacia la bienaventuranza eterna. Santo Tomás de Aquino escribió que “las oraciones por los muertos son las más aceptables para Dios, porque los muertos tienen necesidad de ello y no pueden ayudarse a sí mismos como los vivos”.

Por un lado está la dependencia de las Almas del Purgatorio de nuestras oraciones. Las ‘‘llaves’’ del Reino están en manos de los miembros de la Iglesia que orando pueden abrir el paraíso por estas almas, lo cual construye el Reino de Dios en el cielo a medida que un mayor número de almas entran en la bienaventuranza eterna. Debemos continuar orando por ellos aunque no sepamos si todavía están en el purgatorio o si han ascendido al cielo sabiendo que, en la economía de la Salvación, el Señor distribuirá los beneficios de nuestras oraciones.

Por otro lado, Santo Tomás nos enseña que las Almas del Purgatorio pueden orar por sus seres queridos en la tierra mientras que, a menos que Dios lo permita, no conocen sus necesidades concretas. (cfr. Santo Tomás, Summa Theologiae, 1, q.89) De hecho, las almas del purgatorio son muy eficaces para ayudarnos en nuestras necesidades e intenciones. Santa Teresa de Ávila decía: “Nunca pedí gracias a las almas del purgatorio sin ser escuchada. De hecho, las gracias que no pude obtener de otros espíritus celestiales, las obtuve de las almas del purgatorio”. Hay un dulce intercambio de caridad entre el cielo y la tierra con cada parte ayudando a la otra a alcanzar la salvación. En efecto, pensando así, podemos ver que los miembros de la Iglesia están llamados a participar en la misión salvífica de Cristo, asumiendo sus sentimientos hacia estas almas santas.


Muchas son las lecciones que nos dan las almas del Purgatorio. No olvidemos que si ellas están en ese lugar de purificación, es por no haber cumplido obligaciones que también nos incumben a nosotros.

1. Así, la primera lección es corresponder al amor que Dios nos tiene a nosotros. Si tantas veces ofendemos a Dios, es porque no somos conscientes, por nuestra culpa, ni del amor que Dios nos tiene, ni de la majestad inmensa de Dios, a quien toda culpa ultraja.

2. Por eso, otra lección que nos dan las almas del Purgatorio es comprender la gravedad del pecado, incluso en sus manifestaciones más chicas, “veniales”, pues por esas faltas expían allí con tan terribles castigos: infidelidades a la gracia, descuidos y negligencias voluntarias, faltas cometidas por apego a las creaturas, ausencia de la debida vigilancia…

3. Una tercera lección: las almas del Purgatorio nos están estimulando a amar a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra mente, con todas nuestras fuerzas, como lo hacen ahora ellas que se dan cuenta que Dios lo es todo, y lo demás no es nada.

4. Cuarta lección: el amor de la cruz y de los sufrimientos, que nosotros evitamos tan cuidadosamente. ¡Qué gracia nos hará Dios aceptándonos en el Purgatorio, permitiéndonos en él sufrir algo por El, ya que tan cobardes habremos sido para sufrir algo en esta vida!

5. Quinta lección: obligación en que estamos de socorrer a estas pobres almas. Santo Tomás dice que la práctica de la caridad, y de las obras de misericordia, se regula en función de dos principios: el primero, la unión de un alma con Dios; el segundo, la necesidad a que esta alma se encuentra expuesta. Pues bien, las almas del Purgatorio, que reúnen las dos condiciones, son las más dignas de nuestra misericordia, de nuestra ayuda, de nuestros sufragios.

Recemos, pues, por las almas del Purgatorio: Santo y saludable es el pensamiento de rezar por los difuntos, a fin de que se vean liberados de sus pecados, nos enseña la Sagrada Escritura, en el segundo libro de los Macabeos (12, 46). Y pidámosles al mismo tiempo a dichas almas la gracia de aprender todas las lecciones que ellas nos dan, a fin de que, pensando frecuentemente en ellas en esta vida, y practicando con ellas una misericordia generosa, recibamos del Señor el mismo trato cuando nos toque estar en ese lugar de purificación.

¿Por qué el lunes se dedica al Espíritu Santo?



A principios de la Edad Media, el lunes estaba dedicado al Espíritu Santo, para implorar su asistencia al principiar las tareas de la semana. 

La devoción al Espíritu Santo, no es muy practicada por eso, muchas veces se lo llama el "gran desconocido". La Iglesia sólo le dedica un Domingo de Fiesta en el Año Litúrgico, que es en la Solemnidad de Pentecostés.

Oración del Cardenal Mercier 
al Espíritu Santo 

Os voy a revelar un Secreto para ser santo y dichoso. Si todos los días, durante cinco minutos sabéis hacer callar vuestra imaginación, cerráis los ojos a las cosas sensibles y los oídos a todos los rumores de la tierra, para penetrar en vosotros mismos, y allí, en el santuario de vuestra alma bautizada, que es Templo del Espíritu Santo, habláis a este Espíritu Divino, diciéndole: 

"Oh Espíritu Santo, alma de mi alma, te adoro! Ilumíname, guíame, fortaléceme, consuélame; dime qué debo hacer, dame tus órdenes; te prometo someterme a todo lo que desees de mí y aceptar todo lo que permitas que me suceda: hazme tan sólo conocer tu Voluntad". 

Si esto hacéis, vuestra vida se deslizará feliz, serena y llena de consuelo, aun en medio de las penas, porque la Gracia será en proporción a la prueba, dándoos la fuerza de sobrellevarla, y llegaréis así a la puerta del Paraíso cargados de méritos. Esta sumisión al Espíritu Santo es el secreto de la Santidad. 


Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles.
Y enciende en ellos el fuego de tu amor.

- Envía tu Espíritu y serán creadas todas las cosas.
- Y renovarás la faz de la tierra.

Oremos.

Oh Dios, que has instruido los corazones de tus fieles
con la luz del Espíritu Santo,
concédenos que sintamos rectamente con el mismo Espíritu
y gocemos siempre de su divino consuelo.
Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Lunes 15 de Junio: Memoria Litúrgica de santa María Magdalena del Santísimo Sacramento



Esta mujer heroica que nació en Madrid España en 1809, tuvo que pasar por situaciones verdaderamente amargas, antes de llegar a la santidad. Era todavía muy joven cuando murió su madre. Su padre murió también inesperadamente. Su hermano Luis pereció en un accidente al caerse de un caballo, y su hermanita Engracia fue llevada imprudentemente por una niñera a ver la escena del ahorcamiento de un criminal y la jovencita al ver esta escena se enloqueció. Le quedaba una hermana, Manuela, pero esta tuvo que salir al destierro porque los enemigos políticos de su esposo se apoderaron del gobierno. 

Recibió una educación muy seria. Empieza un noviazgo, y después de tres años de amistad muy armoniosa, y muy santa con su novio, este de un momento a otro se aleja, porque sus familiares se lo han ordenado así. Entonces las lenguas maledicientes se dedican a hablar mal de Magdalena. Ella en su autobiografía añade: "En vez de hablar de esto con mis amistades, lo que hacíamos era llevar cuenta de los rezos que hacíamos, y ver quién había rezado más".

Su hermano fue nombrado embajador en París, y después en Bruselas (Magdalena era de familia de alta clase social española). Ella tuvo que acompañarlo y entonces empezó una vida muy especial: madrugar muchísimo para alcanzar a hacer sus prácticas de piedad, ir a la Santa Misa, comulgar y aprovechar la mañana para hacer sus obras de caridad. De mediodía en adelante asistir a banquetes diplomáticos, bailes, funciones de teatro, salir de paseo a caballo, rodeada de gente de la aristocracia y mostrarse siempre alegre y sonriente a pesar de los dolores continuos de estómago a causa de una especie de cáncer que parecía devorarle el vientre.

Ante tantísimos peligros para su virtud, lo que conservaba en gracia de Dios a la joven y elegante Magdalena era su comunión diaria, las mortificaciones que hacía y el haber encontrado un santo director espiritual, el Padre Carasa. Una de sus mortificaciones consistía en que cuando iba a funciones de teatro (donde la gente se presenta muy deshonestamente vestida) ella se colocaba unos anteojos que por más que esforzara la vista no le dejaban ver lo que pasaba en el escenario.

Mientras por las tardes y noches tenía que estar en las labores mundanas de la diplomacia, por las mañanas estaba visitando pobres, enfermos e iglesias muy necesitadas y dejando en todas partes copiosas limosnas (su familia era muy adinerada). Nadie podía imaginar al verla tan elegante en las fiestas sociales, que esa mañana la había pasado visitando casuchas y ayudando a gentes abandonadas.

Al volver a España la invitaron en Burdeos a una reunión en la casa del Cónsul. Allí la esperaba el Sr. Arzobispo para pedirle que hiciera de mediadora frente a unas monjitas que engañadas por un jansenista (los jansenistas son herejes que dicen que quien no es santo no puede recibir ningún sacramento) se habían rebelado contra el arzobispo. Micaela, aprovechando su admirable simpatía que le hacía ganarse a las gentes, se fue al convento y obtuvo que las religiosas hicieran unos días de Ejercicios Espirituales, y al final de esos Retiros, las monjitas, presididas por nuestra santa, hicieron la paz con el Sr. Arzobispo.

El Padre Carasa le recomendó que al volver a Madrid se entrevistara con una dama muy santa llamada María Ignacia Rico. Así lo hizo y entonces aquella caritativa mujer la llevó al hospital San Juan de Dios, donde estaban las mujeres de mala vida que caían enfermas. La santa afirma que "allí sufren el olfato, la vista, el tacto, los oídos" y que "todos los sentimientos tienen allí ocasión para padecer". Micaela ni siquiera sabía que existía esa clase de mujeres y nunca se había imaginado que los hombres dieran un trato tan injusto y cruel a esas pobres criaturas, después de haberlas corrompido.

Aquel espectáculo del hospital fue para Magdalena como una revelación del cielo. Y cuando supo no sólo la situación horrorosa de esas pobres muchachas enfermas en el hospital, sino la espantosa vida que les esperaba cuando salieran de allí, pensó que era absolutamente necesario hacer algo concreto para ayudarlas. Y con su amiga María Ignacia consiguieron una casita para llevar allí las muchachas en peligro para preservarlas, y a las que ya habían sido víctimas, para redimirlas y salvarlas.

Y sucedió entonces que alrededor de Magdalena hubo una verdadera tormenta de incomprensiones y abandonos aun de sus mejores amistades. Ahora se cumplía la antigua frase de San Ignacio: "El mundo no tiene oídos para poder escuchar tan grande estruendo". ¿A quién se le iba a ocurrir que una mujer de la más alta clase social, emparentada con las familias más ricas y famosas de la capital, se fuera a dedicar a cuidar prostitutas o mujeres de mala vida? Todas sus antiguas amistades se negaron a ayudarle, y ya ni la reconocían como amiga.

Y luego sucedió lo que ninguno había esperado: Magdalena dejó su casa elegante en un barrio rico y se fue a vivir con unas pobres mujeres de mala vida en una casucha miserable, para poder transformarlas en personas honradas y santas.

Al Sr. Arzobispo le llevan cuentos y calumnias y entonces él envía a un sacerdote para que saque de la Casa de Micaela el Santísimo Sacramento. Cuando el sacerdote llega, la santa se dedica a orar por él, y éste, después de rezar unos minutos de rodillas, cambia de parecer y se va sin llevarse el Santísimo Sacramento.

Le llega un director espiritual demasiado rígido que el prohibe hacer caso a los mensajes interiores que Dios le da. Una voz le dice: "Micaela, se va a incendiar la sacristía", pero ella no puede hacer caso a esto, y tiene que dejar que suceda. Otra voz le dice: "Le echaron veneno a la comida", pero como el director le prohibió hacer caso a esas voces empieza a comer. Sólo que al sentir el sabor tan desagradable de aquel alimento, se dice: "Aunque fuera sin voces, yo no me comería esto por lo asqueroso", y se detiene. Pero alcanza a enfermarse bastante. Afortunadamente, en vez de ese equivocado director le llega un santo de primera clase, a dirigirla, es San Antonio María Claret, y bajo su dirección sí puede progresar grandemente en santidad.

Son las diez de la mañana y no hay con qué hacer desayuno para tantas jóvenes. Llega un misionero de Filipinas y la santa le cuenta su terrible situación. El misionero le entrega una moneda de oro que le han regalado. Corren a comprar alimentos, y las muchachas exclaman: - ¡La superiora nos estaba haciendo una broma diciendo que no había comida! ¡Miren qué abundante comida nos tenía por ahí guardada!.

Cuenta Micaela en su autobiografía: "N.N. es una muchacha que me ha hecho muchos robos y me ha inventado cuentos horrendos. Pero yo la sigo tratando con gran cariño, como si fuera mi mejor amiga". Más adelante añade: "Las gentes me viven inventando mil cosas malas que nunca he hecho y ni siquiera he pensado… pero bendito sea Dios que de lo malo que sí he hecho no saben nada!".

Un día va a una casa de citas a rescatar a una muchacha a la cual tiene allá obligada. La insultan, le lanzan piedras, le dicen todas las vulgaridades que nunca había escuchado, pero ella sigue sonriendo como si estuviera recibiendo honores, sale por entre esa multitud infernal, llevándose a la muchacha y salvándola para siempre.

La reina de España que la aprecia mucho la invita al palacio para pedirle unos consejos. Entonces Micaela que en otros tiempos era una de las mujeres más elegantemente vestidas de la capital, se va allá con vestidos viejos y desteñidos. Las damas de la corte se burlan de ella y ni siquiera le contestan el saludo, pero ella sale de aquel palacio muy contenta, porque pudo practicar la virtud de la humildad.

Una mujer mala le inventa tremendas calumnias. El obispo llama a nuestra santa y le lanza el regaño más espantoso. El Padre Director Espiritual, P. Carasa, le niega hasta el saludo. Micaela no se defiende. Ella recuerda lo que decía San Francisco de Sales: "Dios sabe qué tanta cantidad de buena fama necesito, y El me concederá la suficiente buena fama para que pueda seguir trabajando por las almas". Después saben que todo lo que habían dicho eran calumnias, y le piden excusas. Ella mientras tanto no había perdido la alegría ni la paz.

El 6 de enero de 1859, con siete compañeras funda la Comunidad de Hermanas Adoratrices del Santísimo Sacramento, dedicadas a adorar a Cristo Jesús en la Eucaristía y a trabajar por preservar a las muchachas en peligro, y a redimir a las pobres que ya cayeron en los vicios y en la impureza.

Su comunidad se extendió por Barcelona, Valencia y Burgos y ahora tiene 1,750 religiosas en el mundo en 178 casas.

Ella escribiendo a sus religiosas les decía: "Difícil encontrar otra fundadora de comunidad que haya sido más acusada, más calumniada y más regañada que yo. Mis acciones las juzgan de la peor manera posible". Pero también podía repetir las palabras de San Pablo: "Poco me interesa lo que las gentes están diciendo de mí. Mi juez es Dios".

En sus casas mandaba colocar esta bella frase, un mensaje de Dios a sus religiosas para que no se desanimaran en la pobreza y en las dificultades: "MI PROVIDENCIA Y TU FE, MANTENDRÁN LA CASA EN PIE".

La Madre Micaela había estado socorriendo a los enfermos en la peste de tifo negro en los años 1834, 1855 y 1856, y había logrado no contagiarse. Pero en el año 1856 al saber que en Valencia había estallado la terrible peste del tifo, se fue allí a socorrer a los apestados. Y se contagió de la mortal enfermedad.

Al padre confesor le dijo: "Padre, esta es mi última enfermedad". Y en verdad que fue la última y la más dolorosa. Calambres casi continuos. Dolores agudísimos. El médico declaró: "Nunca había visto a una persona sufrir tanto y con tan grande paciencia y heroísmo".

El 24 de agosto de 1856, a las 12, abrió los ojos, los elevó hacia el cielo y murió. La enterraron sin ninguna solemnidad en una fosa ordinaria en el cementerio.

Pero Dios la glorificó haciendo milagros por su intercesión y hoy sus religiosas siguen salvando del pecado y de la perdición a miles de jóvenes en todo el mundo.