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--------------------------------------------- San Martin de Tours y La Virgen de los Buenos Aires / La Inmaculada Concepción y San Ponciano | Patronos de la Ciudad de Buenos Aires / Patronos de la Ciudad de La Plata -----------------------

Letanía de la Santa Cruz

Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad

Padre Santo, óyenos
Padre Justo, escúchanos

Dios Padre Celestial, ten piedad (en las invocaciones siguientes se responde de la misma manera)
Dios Hijo Redentor del mundo,
Dios Espíritu Santo,
Santa Trinidad, un solo Dios,

Anhelo de los patriarcas y profetas, defiéndenos
Pregón de los apóstoles,
Corona de los mártires,
Gozo de los sacerdotes,
Galardón de las vírgenes,

Poder de los reyes, protégenos
Ornamento de la Iglesia,
Esperanza de los cristianos,
Prenda de los que adoran a Cristo,
Gloria de todos los ortodoxos,

Corona nuestra, sálvanos
Paz del firmamento,
Puerta del Paraíso,
Leño de las maravillas de Dios,
Baluarte de la fe,

Vida de los justos, ayúdanos
Resurrección de los muertos,
Llave del Reino de los Cielos,
Socorro de los pobres,
Puerto de los que están en peligro,

Signo de pureza, ilumínanos
Documento de santidad,
Dispensadora de castidad,
Palma de inmortalidad,
Tesoro entre todos los bienes,

Consuelo de los atribulados, custódianos
Protectora de los desesperados,
Destructora de herejías,
Disipadora de tentaciones,
Vencedora de los enemigos,

Salud de los fieles, asístenos
Embellecida por los Miembros de Cristo,
Ennoblecida con la Sangre de Cristo,
Santificada por el contacto con el Cuerpo de Cristo,
Señal del Hijo de Dios que da vida,

Fuente de sanación, confórtanos
Contrato de libertad,
Altura de los cielos,
Profundidad de la tierra,
Latitud de todo el orbe,

Triunfadora contra los demonios, rescátanos
Extinción de los pecados,
Victoria del mundo,
Vencedora de la muerte,
Destrucción de los infiernos,

De todo mal, líbranos, santa Cruz,
De todo pecado,
Del poder del diablo,
De toda superstición y maleficio demoníacos,
De las insidias de todos los enemigos,
De la peste, el hambre y la guerra,
De toda enfermedad,
Del rayo y la tempestad,
Del temor a morir,
De la muerte súbita e imprevista,
De la eterna condenación,
En la hora de la muerte,

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, escúchanos, Señor
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, ten misericordia de nosotros.

Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad.

Padrenuestro...

V. Por el Madero hemos sido santificados.
R. Por el Madero hemos sido redimidos.

V. El fruto de un  árbol nos envenenó.
R. Pero el Hijo de Dios nos salvó.

V. De nuestros enemigos, por el Signo de la Cruz.
R. Líbranos, Dios nuestro.

V. Señor, escucha mi oración.
R. Y llegue a Ti mi clamor.

Oraciones
Mira con bondad, Señor, a esta familia tuya, por la que nuestro Señor Jesucristo no dudó en entregarse a sus verdugos y padecer el tormento de la Cruz.

Te rogamos, Señor, que nos custodies en paz duradera, a los que te has dignado redimir en el Leño de la santa Cruz.

Asiste, Señor y Dios nuestro,  a quienes has alegrado con el Misterio de la Cruz santa, y protégenos en todo momento.

Señor Dios, te rogamos que concedas la salvación a este pueblo suplicante, y lo instruyas en tus caminos, para que sea consolado en las tribulaciones presentes y siguiéndote, pueda alcanzar los bienes eternos.

Dios, que nos alegras con la continua conmemoración de la santa Cruz, concédenos, te rogamos, que los que hemos conocido su Misterio en la Tierra, merezcamos en el Cielo los premios de la eterna redención que en ella nos adquirió Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia divina, descansen en paz.
R. Amén.

14 de Septiembre: Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz

 


Dulce leño, dulces clavos que sostuvisteis tan dulce peso, que fuisteis solos dignos de llevar al Rey y Señor de los cielos. Aleluya. Debemos gloriarnos en la cruz de Nuestro Señor Jesucristo, en quien está la salud, la vida y nuestra redención, y por la que somos salvados y libertados.

Explicación de la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz

¿Qué es la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz?

Una fiesta de la Iglesia católica universal en la que se conmemora la Cruz en la que fue crucificado Jesucristo. Tradicionalmente, en esta fiesta se exponen las reliquias de la Santa Cruz, si existen en el templo, u otras cruces.

¿Cuál es el origen del nombre de esta fiesta?

La conmemoración anual del levantamiento de la Santa Cruz, en Jerusalén, por Constantino el Grande, hijo de Santa Helena.

¿Cuándo empezó a celebrarse esta festividad con especial solemnidad?

Cuando la Cruz que Cosroes, rey de los persas, capturó con la conquista de Jerusalén, y mantuvo en su poder durante cuarenta años, fue recapturada por el emperador Heraclio, quien la cargó sobre sus propios hombros hasta el Monte Calvario, para depositarla en la Iglesia de la Santa Cruz.

¿Qué milagro ocurrió en esa ocasión?

Cuando el emperador quiso cargar la Cruz sobre sus propios hombros hasta Jerusalén, a la entrada de la ciudad se detuvo repentinamente, y le fue imposible seguir avanzando. El patriarca Zacarías le sugirió despojarse de sus vestimentas imperiales, que no iban de acuerdo con la apariencia humilde de Cristo cuando cargó su Cruz a través de las calles de la ciudad. Acto seguido, el emperador se quitó la túnica, la corona y los zapatos, y procedió devotamente cargando la Cruz.

Aprendamos de esto, cuánto le disgusta al divino Salvador la extravagancia en el vestido, y cómo deberíamos seguir con toda humildad y pobreza a quien fue pobre y humilde.


Homilía de San Andrés de Creta con motivo de la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.

La Cruz es la gloria y la exaltación de Cristo.

Por la cruz, cuya fiesta celebramos, fueron expulsadas las tinieblas y devuelta la luz. Celebramos hoy la fiesta de la cruz y, junto con el Crucificado, nos elevamos hacia lo alto, para, dejando abajo la tierra y el pecado, gozar de los bienes celestiales; tal y tan grande es la posesión de la cruz. Quien posee la cruz posee un tesoro. Y, al decir un tesoro, quiero significar con esta expresión a aquel que es, de nombre y de hecho, el más excelente de todos los bienes, en el cual, por el cual y para el cual culmina nuestra salvación y se nos restituye a nuestro estado de justicia original.

Porque, sin la cruz, Cristo no hubiera sido crucificado. Sin la cruz, aquel que es la vida no hubiera sido clavado en el leño. Si no hubiese sido clavado, las fuentes de la inmortalidad no hubiesen manado de su costado la sangre y el agua que purifican el mundo, no hubiese sido rasgado el documento en que constaba la deuda contraída por nuestros pecados, no hubiéramos sido declarados libres, no disfrutaríamos del árbol de la vida, el paraíso continuaría cerrado. Sin la cruz, no hubiera sido derrotada la muerte, ni despojado el infierno de sus armas.

Por esto, la cruz es cosa grande y preciosa. Grande, porque ella es el origen de innumerables bienes, tanto más numerosos, cuanto que los milagros y sufrimientos de Cristo juegan un papel decisivo en su obra de salvación. Preciosa, porque la cruz significa a la vez el sufrimiento y el trofeo del mismo Dios: el sufrimiento, porque en ella sufrió una muerte voluntaria; el trofeo, porque en ella quedó herido de muerte el demonio y, con él, fue vencida la muerte. En la cruz fueron demolidas las puertas de la región de los muertos, y la cruz se convirtió en salvación universal para todo el mundo.

La cruz es llamada también gloria y exaltación de Cristo. Ella es el cáliz rebosante, de que nos habla el salmo, y la culminación de todos los tormentos que padeció Cristo por nosotros. El mismo Cristo nos enseña que la cruz es su gloria, cuando dice: Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre, y Dios ha sido glorificado en Él, Dios también le glorificará a Él" (Jn. 13, 31-32). Y también: Ahora tú, Padre, glorifícame cerca de ti mismo con la gloria que tuve cerca de ti antes que el mundo existiese" (Jn. 17, 5).  Y asimismo dice: «Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Le glorifiqué y volveré a glorificarlo» (Jn. 12, 28). Palabras que se referían a la gloria que había de conseguir en la cruz.

También nos enseña Cristo que la cruz es su exaltación, cuando dice: "Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí" (Jn. 12, 32). Está claro, pues, que la cruz es la gloria y exaltación de Cristo.

Homilía 10 para la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz



Oración ante Cristo Crucificado 

Señor que eres grande porque no hay otro Dios fuera de ti, ni otro poder fuera del tuyo, creador de todo lo visible e invisible, cuyo Reino no tiene fin. 
Humildemente te pedimos: Por tu Cruz sálvanos Cristo Redentor, tú que muriendo destruiste nuestra muerte y resucitando restableciste la vida. 
Sálvame Cristo por el poder de tu Cruz + (hacerse una pequeña cruz en la frente) 
Líbrame Cristo del maligno por el poder de tu Cruz +
Ilumíname Cristo por el poder de tu Cruz +
Compadécete Cristo de mí por el poder de tu Cruz + 
Tu Cruz adoramos Señor tu gloriosa Pasión veneramos. Ten piedad de nosotros. Amén.

13 de Septiembre: Quinta Aparición de la Virgen Santísima en Fátima

 



13 de septiembre de 1917. Los caminos estaban apiñados de gente. Numerosas personas, y hasta señoras y caballeros iban a postrarse de rodillas delante de los pastorcitos, pidiendo que presentasen a la Santísima Virgen sus necesidades. Como relata la Hermana Lucía, "allí aparecían todas las miserias de la pobre humanidad."

Una vez comenzado el rezo del rosario con el pueblo, Nuestra Señora se aparece sobre la encina y dice: "Continuad rezando el Rosario, para alcanzar el fin de la guerra. En octubre vendrá también Nuestro Señor, Nuestra Señora de los Dolores y del Carmen y S. José con el Niño Jesús para bendecir al mundo. Dios está contento con vuestros sacrificios pero no quiere que durmáis con la cuerda; llevadla sólo durante el día."

Ante la petición de Lucía de la curación de algunos enfermos, Nuestra Señora responde: "Sí, a algunos los curaré; a otros no. En octubre haré el milagro para que todos crean." Y comenzando a elevarse, desapareció como de costumbre.

La Virgen María insiste en que se rece el Rosario para alcanzar el fin de la guerra. Hoy el mundo vive tiempos de zozobra, violencia, enfermedades y pestes que asolan la humanidad.

Sin embargo hay un camino de luz. Respondamos a la urgente súplica de Nuestra Señora. Recemos el Rosario todos los días.

13 de Septiembre: Solemnidad de la Virgen del Milagro de Salta

 


En el año 1692 la imagen de Inmaculada Concepción de María, que luego se llamaría Virgen del Milagro, se encontraba en Iglesia Matriz para la Fiesta de la Natividad de la Virgen, pero providencialmente ese año quedó unos días más en el templo, y ese trece de septiembre se encontraba a tres metros de altura en un nicho del retablo del Altar Mayor. Cuenta la historia que aquel 13 de septiembre, después de los fuertes y reiterados temblores que destruyeron la ciudad de Esteco y fueron percibidos con singular intensidad en la ciudad de Salta,, se encontró la imagen de la Inmaculada en el suelo sin que sufrieran daño su rostro y manos y según la tradición perdió los colores del rostro que quedó pardo y macilento. La imagen fue llevada a la casa del alcalde Bernardo Diez Zambrano donde se oró toda la noche. Al día siguiente, 14 de septiembre, se colocó la imagen, que todos querían venerar, en el exterior de la Iglesia Matriz donde continuaron los cambios de colores del rostro y fue entonces cuando muchos fieles comenzaron a llamarla “del Milagro”. Una nueva historia empezaba para esta sencilla imagen y para los salteños., que jamás abandonarían su culto y su devoción.

La Imagen 

La imagen de la Virgen del Milagro representa a María de pie sobre la luna en cuarto creciente aplastando el dragón que enrosca por delante su cabeza y cola aseteada (con forma de flecha).

La procedencia de la imagen no está determinada, pero su análisis muestra que la cabeza y las manos son de distinto origen al cuerpo tallado, al que fueron añadidas.

Inicialmente la Virgen del Milagro fue una Inmaculada de bulto completo con manto, todo tallado en madera. Esta imagen fue labrada nuevamente para hacerla articulada y poder vestirla con indumentarias de tela. Al respecto, Monseñor Toscano escribió: “La novedad que todo lo invade, comenzó por ponerle vestidos de tela, costumbre que se ha perpetuado hasta hoy, desperfeccionándosele, con este motivo, algo de la cabeza para acomodarle pelo postizo, y los brazos para hacerlos susceptibles de ser cubiertos de ropa”.
El ajuste a la nueva moda fue realizado por Tomás Cabrera, como consta en la tarjeta orlada sobre el pecho que dice: “Tomás Cabrera, la encarnó. Año 1795”. (Encarnar significa darle color carne a las esculturas, y nada tiene que ver con el tallado del cuerpo completo). La túnica tallada está ornamentada con finas líneas de oro sobre pintura que simulan brocato y una ancha faja de pan de oro en su borde inferior.

La Corona de la Virgen 

La corona de la Virgen del Milagro es una corona inperial de oro, constituida por cerco y diademas formados por dos rebordes en perilla y circunferencia de turquesas, con un espacio tachonado de esmeraldas y amatistas, un orbe de Lapislázuli, y coronamiento de la cruz con brillantes y esmeraldas.


Oración a la Virgen del Milagro

Virgen del Milagro, dulce y compasiva Reina mía,
vengo lleno de confianza
a pedirte tu amparo de amorosa Madre
y tu ayuda sin igual de Señora de misericordia.

Como fuisteis protectora en las horas de aflicción
del pueblo de Salta,
que encontró en tu intercesión poderosa 
el remedio de sus males,
te ruego me asistas en mis necesidades
y protejas desde el trono de tu poder. 

Madre de bondad, Señora del Milagro, 
bajo tu singular patrocinio me acojo
y te ruego hagas uso de tu valiosa intercesión
para que mi solicitud llegue hasta el Señor
y pueda conseguir lo que tanto preciso
en estos difíciles momentos de adversidad
en el que los problemas me agobian
y no encuentro solución por mi mismo,
Madre de Corazón compasivo haz un milagro
y ruega por mi para que obtenga:

(Se pide lo que se desea conseguir).

Dame esperanza para que no me sienta solo,
dame tu cariño para que pueda salir victorioso,
auxíliame en mis dificultades para que pueda continuar. 

Alienta mi fe, Virgen Fidelísima,
para que la doctrina de tu divino Hijo
ilumine siempre mi vida y pueda,
con el testimonio de mis buenas obras,
hacer triunfar en el mundo 
el Reino de Cristo crucificado. 

Te pido además me guíes y enseñes
a hacer siempre el bien a mis hermanos
en este mundo de odios, males y rencores. 

Sé siempre mi amparo en las luchas diarias
y condúceme por el sendero luminoso  
que lleva hacia la patria del Cielo,
y que por tu cariñosa protección de madre
pueda recibir el premio a mi lealtad de hijo de Dios
en la feliz morada en la que tu eres Reina y Soberana. Amén. 

Rezar la Salve.

13 de Septiembre: Memoria Litúrgica de san Juan Crisóstomo, Obispo y doctor de la Iglesia

 


Cada 13 de septiembre celebramos la fiesta de San Juan Crisóstomo (347-407), llamado así por su elocuencia al predicar, la belleza y profundidad de sus homilías, y la fuerza de sus escritos. “Crisóstomo” quiere decir “Boca de oro” (yuxtaposición de dos términos griegos: chrysós, 'oro', y stoma, 'boca'). Juan de Antioquía -como también se le conoce- fue obispo de Constantinopla. Es considerado uno de los cuatro grandes Padres de la Iglesia y uno de los más grandes oradores de todos los tiempos.

San Juan Crisóstomo nació en Antioquía en el 347, se bautizó a los 23 años. Después de haber vivido como monje eremita en su casa y en el desierto, fue ordenado sacerdote y empezó a hacerse conocido por sus sermones. Más adelante, Arcadio -emperador romano de Oriente- solicitó a Teófilo, patriarca de Alejandría, que lo nombre obispo de Constantinopla.

Como obispo se consagró a enseñar la recta doctrina, con celo y cuidado, al tiempo que criticó las formas judaizantes del cristianismo y los lujos e indiferencia de los emperadores frente a los necesitados. Se deshizo de bienes superfluos de la Iglesia y con las riquezas obtenidas atendía las necesidades de los pobres. Le exigió a sacerdotes y monjes vestir con sencillez, y comer con moderación; pidió recato a las mujeres y piedad dentro de los templos. Se preocupó también por la formación catequética de los fieles.

La firmeza de su actitud le causó roces e incomprensiones. Vivió sus últimos días en el destierro y murió el 14 de septiembre de 407. Quienes lo acompañaron en su agonía testificaron sus últimas palabras: “sea dada gloria a Dios por todo”.

“Si te encuentras en el camino con un sacerdote y un ángel, ve a besar la mano del sacerdote, ya que los ángeles, aunque quieren ser capaces de administrar el Sacramento de la Eucaristía, no pueden; ya que esto es propio sólo de seres humanos”, San Juan Crisóstomo.


Oración a san Juan Crisóstomo 

¡Oh doctor insigne, san Juan Crisóstomo!,
tú que siempre alentaste con sabiduría
la práctica de la justicia y de la caridad
y que con tus elocuentes sermones
predicaste con brillantez la Palabra Divina,
ilumínanos con tu obras y palabras
y fortalécenos en los momentos difíciles
con el ejemplo de tu invencible constancia.
Obispo San Juan Crisóstomo
tú que demostraste enorme fortaleza y valor
ante las más duras pruebas a que fuiste sometido,
que fuiste difamado, injustamente acusado,
perseguido, agredido brutalmente y desterrado,
concédenos le energía y el ánimo necesario
para sobrellevar estos momentos difíciles
llenos de amargura y desconsuelo,
haz que no nos abandonen la fe y la esperanza,
para que podamos continuar la lucha
a pesar de las injusticias que nos rodean,
para que, fortalecidos y ayudados
con tu benéfica intercesión
podamos salir victoriosos en:

(hacer la petición)

San Juan Crisóstomo,
tú que fuiste sal de la tierra y luz del mundo,
tú que difundiste con claridad las Enseñanzas,
y con santa paciencia resististe en los infortunios
defiéndenos a todos de la injusticia y el error,
lleva nuestras suplicas a Dios Padre Todopoderoso
y ruégale nos conceda lo que confiadamente solicitamos.
San Juan Crisóstomo,
pídele también que nos ayude a amar al prójimo,
que nos de la gracia de asumir el Evangelio
como camino, regla y vida en nuestro ser y actuar,
y que nos bendiga con los dones y talentos necesarios
para alcanzar la Gloria Celestial.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Rezar con gran fervor el Credo, tres Padrenuestros, tres Avemarías y tres Glorias.

MES DE SEPTIEMBRE: 13° Día de la Mes de la Virgen de los Dolores

 



MES DE SEPTIEMBRE CONSAGRADO A LOS SIETE DOLORES DE MARÍA SANTÍSIMA

ORACIÓN DE PREPARACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Dios y Señor mío, que por el hombre ingrato os hicisteis también hombre, sin dejar por eso la divinidad, y os sujetasteis a las miserias que consigo lleva tal condición; a vuestros pies se postran la más inferior de todas vuestras criaturas y la más ingrata a vuestras misericordias, trayendo sujetas las potencias del alma con las cadenas fuertes del amor, y los sentidos del cuerpo con las prisiones estrechísimas de la más pronta voluntad, para rendirlos y consagrarlos desde hoy a vuestro santo servicio. Bien conozco, dueño mío, que merezco sin duda alguna ser arrojado de vuestra soberana presencia por mis repetidas culpas y continuos pecados, sepultándome vuestra justicia en lo profundo del abismo en castigo de ellos; más la rectitud de mi intención, y el noble objeto que me coloca ante vos en este afortunado momento, estoy seguro, mi buen Dios, Dios de mi alma, suavizará el rigor de vuestra indignación, y me hará digno de llamaros sin rubor.... Padre de misericordia.

No es esta otra más que el implorar los auxilios de vuestra gracia y los dones de vuestra bondad para que, derramados sobre el corazón del más indigno siervo de vuestra Madre, que atraído por su amor y dulcemente enajenado por su fineza viene a pedir esta merced, reflexione y contemple debidamente sus amargos dolores, y causarla de esta manera algún alivio en cuanto sea susceptible con esta ocupación y la seria meditación de mis culpas. Concededme, Señor, lo que os pido por la intercesión de vuestra Madre, a quien tanto amáis. Y vos, purísima Virgen y afligidísima Reina mía, interponed vuestra mediación para que vuestro siervo consiga lo que pide. Yo, amantísima Madre de mi corazón, lo tengo por seguro de vuestra clemencia; porque sé que todo el que os venera alcanzará lo que suplica, y. aunque este en la tribulación se librará de ella, pues no tenéis corazón para deleitaros en nuestras desgracias, y disfrutáis de tanto poder en el cielo que tenéis el primado en toda nación y pueblo ¡Feliz mil veces acierto a conseguir vuestras gracias para emplearme en tan laudable ejercicio! Derramad, Señora, sobre mí vuestras soberanas bendiciones; muévase mi alma a sentimiento en la consideración de vuestros santísimos dolores; inflamese mi voluntad para amaros cada vez más. Entonces sí que os podré decir: "Oh Señora, yo soy tu siervo" Consiga yo, en fin, cuanto os pido, siendo para mayor honra de Dios y gloria vuestra, como lo espero, consiguiendo seguro la salvación de mi alma. Amén.

DÍA XIII

No encuentra, Virgen tristísima, mi consideración un momento de desconsuelo y aflicción comparable con este, en el cual veis en tan funesta situación a vuestro muy querido hijo Jesús... ¿Qué esperanzas concebiríais Madre mía, sabiendo era conducido de un tribunal a otro en manos de tan perversa canalla, y en poder de hombres tan desalmados? En la meditación anterior vimos como apenas os quedaba alguna, más en la presente le lloráis con justa razón perdido ¡Ah! ¡Qué tormento os causarían las pruebas que os daban de ser muy próxima su muerte! ¡Cuánto la sentiríais! ¿Pero no me será lícito, Reina de mi corazón, exclamar lleno de júbilo, Oh muerte dichosa, que librándole de la venganza de sus enemigos y poniendo fin a sus padecimientos, le vas a resucitar más glorioso, ¿y a abrirnos las puertas del cielo que nuestra culpa había cerrado? ¡Ojalá que en nuestra muerte permaneciéramos en el estado en que la del Señor nos constituyó! Quiero decir ¡ojalá que en aquel trance nos hallásemos dignos de tal

herencia por haber conservado con una vida justa la gracia que nos mereció Jesucristo! Mas los sentimientos únicos que hoy me animan , son solo los de tener siempre presente la importancia de una buena muerte No, cristiano, no debes ignorar que en aquella hora, cuando ya se acabó el tiempo de merecer, si te hayas acreedora del infierno , has de convencerte con claridad del desprecio de los pasos tan costosos que hoy ves dar a tu Dios humanado por tu bien, y de los tormentos y aflicciones que por esta causa oprimen al corazón de su bendita Madre ¡Cuánto te importa por esta razón el recordar siempre el momento de tu muerte!

¡Ah! ¡Nótalo muy bien, y repara las muchas dificultades que se oponen respecto de sus circunstancias! ¡Qué avisos serán estos para tu bien! Si reflexionas su incertidumbre en cuanto al tiempo, ¡o Dios mío! y cómo puede suceder en acabando de cometer un pecado me sorprenda y traslade al tribunal del Eterno o bien sea por la mañana o por la tarde, o por el día o por la noche, o a los veinte, a los cuarenta, o a los setenta Si consideras el cómo y adónde ¿quién te ha asegurado que no morirás o de un accidente, o de una puñalada, o cayéndote un porrazo, o ahogándote, o en la cama, en la calle, en el paseo, en la iglesia, en la visita, según todos los días lo estás presenciando? Si recuerdas, por fin, lo que sirven entonces las riquezas, los honores, las comodidades y la fortuna, hallarás que todo se queda por acá, y que de nada te aprovechan entonces ¿Qué les ha quedado, si no, a tantos generales poderosos y hombres del siglo, si aunque por mucho tiempo hayan sido afamados y célebres, el mismo tiempo, que es el padre del olvido, ha depositado en su tenebroso seno las victorias, los aplausos y las conquistas? ¿Qué utilidad le ha resultado al rico orgulloso de sus bienes y cuantiosas sumas, si ahora se quedan por aquí para que los disfruten otros, sin que les fuera posible llevarlos en su compañía? ¿Qué ventajas le han resultado al voluptuoso, al rencoroso, al murmurador, al envidioso y al que tanto aborreció la religión de Jesucristo y sus máximas, de sus vicios y locuras?

 ¡Oh! ¡Cuántos en aquella hora desearían no haber cometido tales culpas, y haber dado oído a tantas verdades como les anunciaron los predicadores y libros santos! Con que de aquí, alma mía, la consecuencia es muy natural Con que solo en aquella hora te aprovecharán las obras buenas y santas Con que si yerras el golpe, entonces tu error es para siempre inevitable Con que según es la vida así es la muerte Pues desde ahora, Virgen dolorosísima, he de vivir empleado en tan santo pensamiento A mí no me asustará, Madre mía, porque estoy seguro de que si vivo bien es el principio de mi felicidad A mí no me causará pavor como a los que viven olvidados de que ha de llegar, antes por el contrario me estimulará para obrar bien, y así después reinar en vuestra compañía para siempre.

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS.

¿Por qué, o Dios mío, no he de daros las más humildes gracias, cuando en esta breve consideración os habéis dignado comunicar a mi alma los importantísimos conocimientos de unas verdades que tan olvidadas y menospreciadas tenía por mi abandono y necedad? ¿Por qué no he de concluir este saludable ejercicio rindiéndoos las más profundas alabanzas, cuando en él siento haberse encendido en mi corazón la llama del amor divino, que tan amortiguada es taba por un necio desvarío y por una fatal corrupción de mi entendimiento? Y pues que vos, que sois la verdad infalible y el verdadero camino que conduce a la patria celestial, habéis tenido a bien de comunicar a mi alma los efectos propios de vuestro amor, con los que puedo distinguir lo cierto é indudable que me sea útil a la salvación, y lo falso y mentiroso que me precipitará a mi perdición, por tanto, Señor, quiero aprovecharme desde este momento de tan divinas instrucciones, para caminar con libertad y seguridad entre tantos estorbos y peligros como me presenta este mundo miserable, y de este modo llegar más pronto a unirme con vos. Consígalo así, Virgen Santísima, para vivir compadeciéndome de vuestros dolores y aflicciones, y cumpliendo la promesa que os hice de ser siervo vuestro. Esta sea mi ocupación, estos mis desvelos y cuidados en este valle de lágrimas, porque así después disfrute en la celestial Jerusalén de vuestra compañía, en unión de tantos fieles Servitas que recibieron ya el premio de vuestros servicios, reinando a vuestro lado por los siglos de los siglos. Amén.

MES DE SEPTIEMBRE: 12° Día de la Mes de la Virgen de los Dolores

 


MES DE SEPTIEMBRE CONSAGRADO A LOS SIETE DOLORES DE MARÍA SANTÍSIMA

ORACIÓN DE PREPARACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Dios y Señor mío, que por el hombre ingrato os hicisteis también hombre, sin dejar por eso la divinidad, y os sujetasteis a las miserias que consigo lleva tal condición; a vuestros pies se postran la más inferior de todas vuestras criaturas y la más ingrata a vuestras misericordias, trayendo sujetas las potencias del alma con las cadenas fuertes del amor, y los sentidos del cuerpo con las prisiones estrechísimas de la más pronta voluntad, para rendirlos y consagrarlos desde hoy a vuestro santo servicio. Bien conozco, dueño mío, que merezco sin duda alguna ser arrojado de vuestra soberana presencia por mis repetidas culpas y continuos pecados, sepultándome vuestra justicia en lo profundo del abismo en castigo de ellos; más la rectitud de mi intención, y el noble objeto que me coloca ante vos en este afortunado momento, estoy seguro, mi buen Dios, Dios de mi alma, suavizará el rigor de vuestra indignación, y me hará digno de llamaros sin rubor.... Padre de misericordia.

No es esta otra más que el implorar los auxilios de vuestra gracia y los dones de vuestra bondad para que, derramados sobre el corazón del más indigno siervo de vuestra Madre, que atraído por su amor y dulcemente enajenado por su fineza viene a pedir esta merced, reflexione y contemple debidamente sus amargos dolores, y causarla de esta manera algún alivio en cuanto sea susceptible con esta ocupación y la seria meditación de mis culpas. Concededme, Señor, lo que os pido por la intercesión de vuestra Madre, a quien tanto amáis. Y vos, purísima Virgen y afligidísima Reina mía, interponed vuestra mediación para que vuestro siervo consiga lo que pide. Yo, amantísima Madre de mi corazón, lo tengo por seguro de vuestra clemencia; porque sé que todo el que os venera alcanzará lo que suplica, y. aunque este en la tribulación se librará de ella, pues no tenéis corazón para deleitaros en nuestras desgracias, y disfrutáis de tanto poder en el cielo que tenéis el primado en toda nación y pueblo ¡Feliz mil veces acierto a conseguir vuestras gracias para emplearme en tan laudable ejercicio! Derramad, Señora, sobre mí vuestras soberanas bendiciones; muévase mi alma a sentimiento en la consideración de vuestros santísimos dolores; inflamese mi voluntad para amaros cada vez más. Entonces sí que os podré decir: "Oh Señora, yo soy tu siervo" Consiga yo, en fin, cuanto os pido, siendo para mayor honra de Dios y gloria vuestra, como lo espero, consiguiendo seguro la salvación de mi alma. Amén.

DÍA XII

No es extraño, Virgen angustiadísima, que receléis mucho del porte y malos modos de los bárbaros judíos, pues los advertís preocupados y frenéticos por el odio contra vuestro amantísimo Hijo Jesús ¡Cuántos sustos y temores agitan a los corazones de las madres, cuando sus hijos que están en el servicio de las armas tienen que entrar en una cruel y sangrienta batalla, con unos enemigos cuya ferocidad ha llegado a distinguirlos con el dictado de bárbaros, en cuyas manos son acuchillados los contrarios sin atender a tratados, sin admitir distinciones y sin remisión alguna! Mas estas, sin embargo, tienen todavía alguna esperanza, y no desconfían totalmente por depender sus vidas de la fortuna o ventajas de la acción; pero con todo se angustian y sobrecogen sin consuelo.

Pues ¿qué habíais de hacer vos Madre la más amante del mundo, sabiendo de cierto que tenían la victoria por suya unos hombres sin comparación inhumanos, bárbaros y sanguinarios? ¿Qué confianza habíais de concebir? ¡Ah! Toda su barbarie y obstinación provenía de su orgullo y soberbia Este abominable monstruo, este principio y raíz de todo pecado, esta pasión horrorosa y vicio execrable que domina tanto a las criaturas, ¿en cuántas ocasiones Madre mía, nos hace semejantes a los obstinados judíos? ¿Cuántas veces, endureciendo nuestro corazón, nos abandona a un porte tan reprensible como el de aquellos?

¿Cuántas, posesionada de nuestra alma, de clara guerra descubierta a Jesucristo, a sus instrucciones y a la humildad que nos dejó enseñada? ¡Oh qué verdad tan funesta! Entronizada en algunas ocasiones la soberbia en nuestra alma, ¿cuáles son si no los efectos? ¡Dios mío! Si por vuestras soberanas disposiciones nos habéis constituido en el estado de la pobreza, o por vuestros incomprensibles juicios no se logran nuestras pretensiones o encargos ¿quién nos puede ver, ni oír ni aguantar? ¡Qué votos qué por vidas qué maldiciones qué desesperación! Si nos hacen alguna injuria u ofensa, ¡qué cólera tan furiosa se enciende en nosotros qué deseos de venganza! ¡Quisiéramos, como aquellos inconsiderados discípulos, que bajase fuego del cielo para devorarlos! ¡Qué discurrir qué cavilar qué buscar medios para saciar la soberbia! Si por vuestra inefable bondad nos constituisteis en alguna dignidad, o en la opulencia y riquezas, ¡qué vanidad qué orgullo qué desdén y menosprecio de los otros qué superioridad para con los subalternos qué imperio qué modales tan soeces para tratar á los pobres desvalidos! Si para nuestro bien del alma y utilidad de nuestros prójimos nos habéis dotado de algún talento o ingenio particular, ¡qué hinchazón qué gravedad... qué prurito porque todos lo sepan, lo conozcan y lo alaben qué rabia si vemos algo igual en otros qué empeño por desconceptuarle... qué si lo copió qué si se lo dijeron que si no es capaz.

En todas nuestras obras, por último, no respiramos más que soberbia y vanidad Queremos ser preferidos a los otros que nadie nos resuelle que todo se gobierne a nuestro antojo Si así sucede, es Dios un bendito y digno de alabanza; pero si no es un injusto un cruel un qué sé yo ¿Y qué resulta de esto? ¡Qué dolor causa solo el escribirlo! Lo que dice la sagrada Escritura: " Entre los soberbios siempre hay desazones se hacen odiosos de Dios y de los mismos hombres;" son castigados siempre por Dios como Lucifer y, por último, que es muy suficiente, "es un mal incurable" Alma mía, despierta alma mía, sal de tu sopor, y vigila para no dejarte sorprender... mira que has de estar tanto más avisada, cuanto es un vicio que se introduce con mucha sagacidad, y no se suele llegar a sentir sino de un pronto Advierte que tiene muchos pretextos para ocultar su veneno el honor el cuidar de su reputación el no mostrarse cobarde el no dejarlo pasar así el me toca de justicia la satisfacción son otros tantos pasos y pretextos para llegar a este formidable vicio Ea, alma mía, al cielo por los caminos de la humildad á consolar a nuestra Madre en sus dolores, que ningún soberbio puede llamarse con verdad siervo de María, sino un fiel imitador de los bárbaros judíos.

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS.

¿Por qué, o Dios mío, no he de daros las más humildes gracias, cuando en esta breve consideración os habéis dignado comunicar a mi alma los importantísimos conocimientos de unas verdades que tan olvidadas y menospreciadas tenía por mi abandono y necedad? ¿Por qué no he de concluir este saludable ejercicio rindiéndoos las más profundas alabanzas, cuando en él siento haberse encendido en mi corazón la llama del amor divino, que tan amortiguada es taba por un necio desvarío y por una fatal corrupción de mi entendimiento? Y pues que vos, que sois la verdad infalible y el verdadero camino que conduce a la patria celestial, habéis tenido a bien de comunicar a mi alma los efectos propios de vuestro amor, con los que puedo distinguir lo cierto é indudable que me sea útil a la salvación, y lo falso y mentiroso que me precipitará a mi perdición, por tanto, Señor, quiero aprovecharme desde este momento de tan divinas instrucciones, para caminar con libertad y seguridad entre tantos estorbos y peligros como me presenta este mundo miserable, y de este modo llegar más pronto a unirme con vos. Consígalo así, Virgen Santísima, para vivir compadeciéndome de vuestros dolores y aflicciones, y cumpliendo la promesa que os hice de ser siervo vuestro. Esta sea mi ocupación, estos mis desvelos y cuidados en este valle de lágrimas, porque así después disfrute en la celestial Jerusalén de vuestra compañía, en unión de tantos fieles Servitas que recibieron ya el premio de vuestros servicios, reinando a vuestro lado por los siglos de los siglos. Amén.