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27 de Septiembre: Memoria Litúrgica de san Vicente de Paúl, presbítero

 


Nació en Aquitania el año 1581. Fue enviado a los 14 años al colegio de los franciscanos de Dax que está a 5 kilómetros de Pouy. Dax es una ciudad próspera, de amplias calles y bellas mansiones. Vicente toma gusto a sus estudios, desea abandonar la vida rural; se siente con vergüenza sus orígenes y de su mismo padre. "Siendo un muchacho, cuando mi padre me llevaba a la ciudad, me daba vergüenza ir con él y reconocerle como padre, porque iba mal trajeado y era un poco cojo". "Recuerdo que en una ocasión, en el colegio donde estudiaba me avisaron que había venido a verme mi padre, que era un pobre campesino. Yo me negué a salir a verle".

Después de cuatro años de estudios en Dax, marcha a la gran ciudad de Toulose. Su padre acaba de morir en 1598, mientras Vicente tenía 17 años, ha recibido ya la tonsura y las órdenes menores. Su padre le deja parte de la herencia para pagar sus estudios, pero él rechaza esta ayuda; prefiere valérselas por sí mismo.

Para subsistir, enseña humanidades en el colegio de Buñet y sigue a la vez con sus estudios de Teología. En 1598 recibe el subdiaconado y el diaconado, y el 23 de Septiembre de 1600, en Chateau-l'Eveque, es ordenado sacerdote por el anciano obispo de Périgueux. "Si yo hubiera sabido, como lo he sabido después, lo que era el sacerdocio cuando cometí la temeridad de aceptarlo, habría preferido dedicarme a trabajar la tierra antes de ingresar en un estado tan temible," escribirá más tarde.

El obispo de Dax le ofrece una parroquia, pero hay otro candidato. Vicente renuncia, prefiere proseguir con sus estudios y apuntar más alto: aspira a ser obispo.  

En 1604 obtiene el doctorado en Teología. Se dirige a Burdeos. Acude a Marsella a un viaje bastante interesado. Una anciana dama de Toulose le ha dejado una herencia de 400 escudos, pero la anciana tiene a un deudor, a quien Vicente persigue hasta Marsella, donde consigue recuperar 300 escudos, para regresar a continuación a Toulose por Narbona.

En Marsella Vicente embarca para Narbona. Se va en barco, el cual es atacado por los turcos y Vicente cae prisionero. Los años 1605-1607 son en realidad muy misteriosos. Se cuenta que vendido como esclavo en Túnez, estuvo sucesivamente al servicio de cuatro distintos señores: un pescador, un médico, el sobrino de éste y, por último, un cristiano renegado. Por fin, convirtió a su amo, se escapó llegando a Avignon y desde allí a Roma. Luego fue a París hacia el 1608.

En 1609, poco después de su llegada a París, Vicente encontró a Pierre de Bérulle, sin duda en el hospital de la Caridad, adonde ambos iban a visitar enfermos. Bérulle tenía una doble vocación: la cura de las almas y la fundación de un grupo de sacerdotes espirituales. El clero salía en un estado lamentable de las guerras de religión; los decretos del Concilio de Trento referentes a la formación de los sacerdotes no se cumplen (de lo contrario, Vicente no habría sido ordenado a los 19 años, ya que el Concilio exigía 25 años de edad mínima para la ordenación sacerdotal) Eran muchos los obispos que vivían como grandes señores, alejados de sus diócesis.

Se está abriendo paso un nuevo movimiento. En Italia, Felipe Neri ha fundado la congregación sacerdotal del Oratorio, que al igual que los oblatos fundados en Milán por Carlos Borromeo, desea vivir un sacerdocio fervoroso. Bérulle trata de convencer a Francisco de Sales para que funde el Oratorio en Francia, el cual rechaza la oferta. Entonces éste, a instancias del Arzobispo de París, Henri de Gondi, fundará en 1611 el Oratorio de París, "una congregación de eclesiásticos en la que se practicara la pobreza, en contra del lujo; se hiciera el voto de no pretender beneficio o dignidad alguna, en contra de la ambición, y se viviera igualmente el voto de dedicarse a las funciones eclesiásticas, en contra de la inútil inactividad.

Vicente pone manos a la obra y muy pronto, el 23 de agosto, lee ante unas cuantas mujeres cuyo corazón se ha visto afectado igual que el suyo por aquella miseria, un texto que constituye todo un programa de ayuda a los enfermos. Dicho texto servirá de modelo, en adelante, a todos los posteriores textos fundacionales de las "Confréries de Charité" (Hermandades de Caridad). Las Cofradías se multiplicaron; hoy en algunos países se les llama "equipos de San Vicente". La Fundación de la Compañía de las Hijas de la Caridad siguió unos años más tarde (1633). La co-fundadora fue Santa Luisa de Marillac.

Vicente no quiere permanecer por más tiempo con los Gondi y así se lo hace saber a Bérulle en mayo de 1617. Se traslada el 1 de agosto de aquel mismo año a una pequeña parroquia entre Lyon y Ginebra, en la región de Bresse: Chatillon-des-Dombes, donde ejerce como párroco.

Los Gondi, y con ellos Bérulle, desean que Vicente se reintegre a su puesto y resuma sus funciones de capellán y preceptor. Le llaman a París. Vicente llega a casa de los Gondi la víspera de Navidad de 1617, tras un año decisivo en el que ha encontrado su camino, el camino de la compasión y la ternura para con quienes se hallan sumidos en el abandono. Utilizando su puesto como base de operaciones, empieza a establecer sus pequeñas asociaciones de caridad.

En noviembre de 1618 se encuentra en París Francisco de Sales. El Obispo de Annecy, que tiene ya cincuenta y un años, ha publicado dos años antes su Tratado del Amor de Dios. Francisco de Sales es célebre por la inmensa dulzura en sus discusiones con los protestantes y por su bondad para con los pobres y enfermos a quienes les daba todo, incluso lo que no era suyo y lo tomaba prestado. En 1610, el Obispo de Sales funda la Visitación, congregación religiosa femenina y desea que se consagren al cuidado de los enfermos. Las primeras Visitandinas se ocupan de los enfermos de Annecy.

A su llegada a París, Francisco de Sales es objeto de una entusiasta acogida; con su palabra evangélica y sencilla, conoce a la Madre Angélica Arnauld, a Bérulle y a Vicente, que queda impresionado por su dulzura: "Tan suave era su bondad, que las personas favorecidas por sus conversaciones la sentían cuando ésta penetraba dulcemente en sus corazones. Yo mismo he soñado tales delicias".

No es posible entender el entusiasmo que despierta Francisco de Sales en París y en todas partes si no se tiene en cuenta la situación de Europa en estos comienzos del siglo XVII. Las poblaciones no han dejado de verse afligidas por grandes males, lo cual ha provocado en ellas un enorme trauma; la angustia y la desesperación se generalizan, y la Iglesia señala con el dedo los diversos chivos expiatorios: los turcos, las brujas, los judíos, los herejes...; e insiste además continuamente en ese otro peligro, distinto del que aflige al cuerpo: el peligro de perder el alma. Francisco de Sales, rebosante de bondad, es un mensaje que, para liberar; los temores, no apela al iluminismo ni a remedios vanos, sino al realismo y al sentido común del hombre; para los hombres de comienños del siglo XVII se trata de una inmensa convocatoria a la esperanza. Este mensaje y su eficañ puesta en práctica muestran al hombre que la verdadera bondad humana procede de Dios y que, a la veñ, la bondad de Dios es muy superior a toda bondad humana: ahí radica el secreto de la vida de Vicente y de Francisco. Su Dios es un Dios de ternura y de bondad; y al haberlo experimentado así, desean expresarlo por medio de su propia vida. Francisco de Sales será para Vicente un punto de referencia constante. Por su parte, Francisco de Sales, que ha reconocido en Vicente, le pide que se haga cargo de la capellanía de las Visitandinas de París y de la dirección espiritual de Juana de Chantal.

La espiritualidad de Vicente posee la solidez del corazón que la vive sin reservas. Podemos ver la expresión de esta espiritualidad en una conferencia que da el 19 de septiembre de 1649 a las Hijas de la Caridad, donde concreta y analiza "los dos amores": el amor afectivo y el amor eficaz. El primero es "la ternura hacia las cosas que se ama", "la ternura del amor". Este amor, dirá más tarde, hace que uno se vuelva hacia Cristo "tierna y afectuosamente, como un niño que no puede separarse de su madre y grita "¡mamá!", cuando la ve alejarse" (notemos que Vicente habla aquí de Cristo como una madre).

Pero este amor efectivo es para él el más pequeño de los dos, es el amor de los comienzos; y compara los dos amores con dos hijos de un mismo padre; pero resulta que el amor efectivo "es el hijo pequeño al que el padre acaricia, con quien se entretiene jugando y cuyos balbuceos le encanta oír"; pero el amor eficaz, es mucho mayor; es un hombre de veinticinco o treinta años, dueño de su voluntad, que va adonde le place y regresa cuando quiere, pero que a pesar de ello, se ocupa de los asuntos familiares".

Vicente insiste mucho en este segundo amor y en el "quehacer" que conlleva: "Si hay alguna dificultad, es el hijo quien la soporta; si el padre es labrador, el hijo cuidará de que estén en orden las tierras y arrimará el hombro". En este segundo amor apenas se siente que se es amado y se ama: "Parece como si el padre no sintiera por el hijo ninguna ternura y no le amará". Sin embargo -afirma Vicente-. a este hijo mayor el padre "le ama más que al pequeño". Y añade Vicente: "Hay entre vosotras algunas que no sienten a Dios en absoluto, que jamás le han sentido, que no saben lo que es sentir gusto en la oración, que no tienen la menor devoción, o al menos así lo creen... Hacen lo que hacen las demás, y lo hacen con un mayor que es tanto más fuerte cuanto menos lo sienten. Este es el amor eficaz que no deja de actuar, aun cuando no se deje ver".

Vicente quiere que se pase al amor eficaz, porque teme la nostalgia propia de las resoluciones demasiado generales y de las efusiones afectivas; a propósito de las resoluciones, puestas incluso por escrito por una determinada dama, escribe a Luisa de Marillac que tales resoluciones le parecen "buenas", pero que le "parecerían aún mejores si (la tal dama) descendiera un poco más a lo concreto", porque lo importante para él son los actos, mientras que "lo demás no es sino producto del espíritu, que habiendo hallado cierta facilidad y hasta cierta dulzura en la consideración de una virtud, se deleita con el pensamiento de ser virtuosos"; es preciso, pues, llegar a los "actos" porque, de lo contrario, se queda uno en la "imaginación".

Para Vicente, la oración es lo primero; era muy práctico pero esa práctica se fundamentaba en una profunda intimidad con Jesucristo, o sea, en la vida interior de oración.

Vicente encuentra en su camino a los jansenistas. Jansenio había comenzado a escribir su Augustinus en 1628; Roma lo condena en 1641; pero Vicente, antes incluso de esta condena, ya había tomado postura contra el jansenismo.

En lugar de ponerse en tensión y tratar de que Dios se adapte a unos determinados moldes para el alma, Vicente, en oposición a los jansenistas, no dejará de proponer abandonarse tranquilamente a Dios. La gracia tiene sus momentos. Abandonémonos a la Providencia de Dios y guardémonos muy mucho de anticiparnos a ella.

Vicente era enemigo de la actividad compulsiva. Si dio mucho fruto es porque utilizaba muy bien el tiempo guiado y movidas sus velas por la fuerza del Espíritu Santo. A partir de 1645 dicta o redacta personalmente unas diez cartas por día -tiene dos secretarios-, sigue de cerca la actividad de todas las casas de caridad y de todos los sacerdotes de la Misión; afluyen las vocaciones y se abren nuevas casas en Génova, Turín y Roma. En 1646 se funda una casa en Argel (donde estallará la peste en 1647) y se pide a la congregación que acuda a Marruecos; aquel mismo año se envían sacerdotes a Irlanda y Escocia. En 1648 va un grupo de misioneros a Madagascar. En 1651 parte un grupo para Polonia. En 1660, justamente antes de su muerte, Vicente concibe un proyecto de misiones en América y en China.

Entre 1650 y 1660 son particularmente tres regiones de Francia las que perciben mayor ayuda: la Ile-de-France, la Champagne y la Picardie cuyas provincias han sido saqueadas y devastadas por los soldados. A partir de 1652, las consecuencias de la guerra afectan a todas las familias de Francia. Pero Vicente prosigue su actividad sin descanso, entregando siempre toda su persona. Lo único que exigía a los suyos era bondad, constancia y dulzura.

El 18 de abril de 1659, un año antes de su muerte, Vicente escribe unas largas consideraciones sobre la humildad, que presenta como la primera cualidad de un sacerdote de la Misión.

En julio de 1660 se ve obligado a guardar cama. Toda su vida había sido una persona fuerte y robusta; el típico campesino de pequeña estatura - medía 1 metro y 62 centímetros-, poseía una enorme resistencia, como si estuviera hecho de cal y canto. Entre julio y septiembre de 1644 se teme por su vida, pero sale bien, aunque se le prohibe montar a caballo; tenía las piernas inflamadas y tenía que caminar con un bastón. En el invierno de 1658 y 1660 el frío vuelve a abrir las llagas de sus piernas y poco a poco, se ve forzado a permanecer inmóvil. Se queda en Saint-Lañare, en medio de los pobres.

Su corazón y su espíritu se mantienen totalmente despiertos, pero en septiembre las piernas vuelven a supurar y el estómago no admite ya el menor alimento. El 26 de septiembre, domingo, le llevan a la capilla, donde asiste a Misa y recibe comunión. Por la tarde se encuentra totalmente lúcido cuando se le administra la extremaunción; a la una de la mañana bendice por última vez a los sacerdotes de la Misión, a las Hijas de la Caridad, a los niños abandonados y a todos los pobres. Esta sentado en su silla, vestido y cerca del fuego. Así es como muere el 27 de septiembre de 1660, poco antes de las cuatro de la mañana, a la hora que solía levantarse para servir a Dios y a los pobres. Multitudes habían conocido los beneficios de su caridad.

San Vicente fue consejero de gobernantes y verdadero amigo de los pobres. "Monsieur Vincent", como se le llamaba, estimulaba y guiaba la actividad de Francia en favor de todas las pobrezas: envió misioneros a Italia, Irlanda, Escocia, Túnez, Argel, Madagascar, así como a Polonia donde luego fueron las Hijas de la Caridad. Se rodeó de numerosos colaboradores, sacerdotes y seglares y, en nombre de Jesucristo, los puso al servicio de los que sufren.

Fue proclamado santo por el Papa Clemente XII, el 16 de junio de 1737. Su fiesta se celebra el 27 de septiembre. En 1712, 52 años más tarde su cuerpo fue exhumado por el Arzobispo de París, dos obispos, dos promotores de la fe, un doctor, un cirujano y un número de sacerdotes de su orden, incluyendo al Superior General, Fr. Bonnet.

"Cuando abrieron la tumba todo estaba igual que cuando se depositó. Solamente en los ojos y nariz se veía algo de deterioro. Se le contaban 18 dientes. Su cuerpo no había sido movido, se veía que estaba entero y que la sotana no estaba nada dañada. No se sentía ningún olor y los doctores testificaron que el cuerpo no había podido ser preservado por tanto tiempo por medios naturales.


Oración a san Vicente de Paúl 

¡Oh glorioso San Vicente, celeste Patrón de todas las asociaciones de caridad y padre de todos los desgraciados, que durante vuestra vida jamás abandonasteis a ninguno de cuantos acudieron a Vos! Mirad la multitud de males que pesan sobre nosotros, y venid en nuestra ayuda; alcanzad del Señor socorro a los pobres, alivio a los enfermos, consuelo a los afligidos, protección a los desamparados, caridad a los ricos, conversión a los pecadores, celo a los sacerdotes, paz a la Iglesia, tranquilidad a las naciones, y a todos la salvación. Sí, experimenten todos los efectos de vuestra tierna compasión, y así, por vos socorridos en las miserias de esta vida, nos reunamos con vos en el cielo, donde no habrá ni tristeza, ni lágrimas, ni dolor, sino gozo, dicha, tranquilidad y beatitud eterna. Amén.

Oración por los Miembros de la 
Sociedad de San Vicente de Paúl

Gracias te damos, Señor, por tantas y tan grandes bendiciones como te has dignado derramar hasta el día de hoy sobre nuestra Sociedad.

Te rogamos que tu gracia se perpetúe en todas y cada una de las partes de esta nuestra carísima Asociación, especialmente en esta que ahora te lo pide. Haz Señor, que nuestra Sociedad se propague y consolide perpetuamente animada de su primitivo espíritu de humilde devoción y de mutuo y fraternal afecto, para que enteramente apartada de los intereses de la tierra, sea siempre más y más fecunda en obras para el cielo.

Tu conoces, Señor, todas nuestras necesidades espirituales y temporales, y las de los pobres a quienes consagramos nuestras humildes ofrendas. Míranos, Señor, a todos con ojos de misericordia, y a todos alcance tu clemencia infinita.

Te pedimos en particular, oh piadosísimo Padre, por aquellos de nuestros hermanos que padezcan alguna tribulación en este momento. Infúndeles, Señor, el espíritu de fortaleza, de prudencia, de paz y de confianza que emanan de tu seno, para que, sufridos con santa resignación por Jesucristo, sus trabajos y los nuestros te sean aceptos, y a todos nos produzcan frutos de salvación eterna.

Te pedimos, en fin, por los méritos de nuestro señor Jesucristo, y por la especial intercesión de nuestra Madre María santísima y la de nuestro bienaventurado Patrón San Vicente, que al desnudarnos de nuestra carne mortal, y en el día de la justicia merezcan nuestros queridos pobres, nuestros parientes, nuestros socios, y merezcamos nosotros mismos entrar en tu santísimo reino, y ser herederos de tu gloria eterna. Amén.







"Me han enviado a evangelizar a los pobres"
Escudo y lema de la Congregación de la Misión,
fundada por San Vicente de Paul en 1625

26 de Septiembre: Memoria Litúrgica de los santos Cosme y Damián, mártires

 



San Cosme y san Damián fueron hermanos, naturales de la ciudad de Eges ó de Egea en la Arabia. San Gregorio Turonense es de la opinión que fueron gemelos, de una familia distinguida y considerable por los grandes bienes que poseía, pero mucho más por el cristianismo que profesaba. Muerto su padre, se halló su madre Teodora con cinco hijos, Antimo, Leoncio, Euprepio, Cosme y Damián, a quienes la piadosa viuda procuró dar una cristiana educación, no perdonando medio alguno para conseguirlo. Pudo mucho en el ánimo y en el corazón de los hijos la virtud de la madre, cuya santa vida, fecunda en buenas obras, la mereció ser colocada por los griegos en su Menologio. Dotados Cosme y Damián de una bella índole acompañada de un ingenio vivo, brillante y muy superior al de los demás hermanos, se consideraron más hábiles para dedicarlos al estudio de las ciencias y de las bellas artes. Hizo la madre todo cuanto pudo para cultivar su capacidad y sus talentos.

Fueron rápidos los progresos que hicieron en las letras; pero sin atrasarse un punto en el camino de la virtud. Honraban sus costumbres la religión que profesaban, y hasta los mismos paganos no se podían negar á venerar, admirar y amar su bondad, su desinterés y su inocencia. El celo de la fe, siempre ingenioso, los movió a dedicarse al estudio de la medicina. Viviendo en un país donde esta facultad estaba abandonada, se persuadieron que habilitándose en ella, les proporcionaría ocasión para insinuarse con los gentiles, instruirlos insensiblemente en las verdades de nuestra Religión, disipar sus preocupaciones; y atendiendo a curar las enfermedades del cuerpo, se aplicarían con mayor utilidad á librarlos de las dolencias del alma.
Bendijo el Señor sus celosos intentos. Aventajáronse tanto Cosme y Damián en la penetración de la naturaleza y de la medicina, que su reputación los hizo célebres en todo aquel país. Todos los enfermos acudían á ellos con firme esperanza de recobrar su salud solo con que les hiciesen algunas visitas en su enfermedad. Era cada día mayor su reputación por las admirables curas que hacían. Es verdad que la santidad de los médicos comunicaba especial virtud á los medicamentos, siendo mayor el don de los milagros que la ciencia de los remedios naturales, por lo que no había mal tan rebelde y tan violento que se resistiese á su curación, ni enfermo tan desahuciado que no cobrase la salud a la primera visita de san Cosme y san Damián.

Daban principio á la cura haciendo una breve pero fervorosa oración; informábanse después de la calidad del alma; hacían sobre el enfermo la señal de la cruz, y en el mismo instante cesaban los dolores, desaparecía la calentura, huía la enfermedad, y muchas veces hasta los mismos moribundos se hallaban repentinamente con perfecta salud. Ya se deja discurrir que á estas milagrosas curaciones se seguirían numerosas conversiones entre los gentiles. Así el deseo de sanar como el recobro de la salud inspiraba en los idólatras más obstinados una singular estimación de la religión cristiana.
Los ciegos cobraban vista haciendo los santos Médicos la señal de la cruz sobre sus apagados ojos; los poseídos se hallaban libres, los paralíticos sanos, y todos conocían que curas tan extraordinarias eran muy superiores al arte y á la experiencia natural. Aprovechábanse nuestros Santos con destreza de la confianza que tenían en ellos los paganos enfermos para sacarlos de los errores y de las impiedades del gentilismo; de suerte que los Médicos se convirtieron en dos insignes apóstoles. Era tan grande y tan sabido su desinterés, que los griegos los llamaban Anargyrios, es decir, hombres sin dinero, porque ejercían su profesión gratuitamente, sin admitir cosa alguna de cualquiera que fuese. La fama de tantas maravillas los hizo más célebres en todo el país, pero esta misma reputación dio ocasión á su martirio. Tomada la resolución de exterminar todos los Cristianos por los emperadores Diocleciano y Maximiano, enviaron á Egea al prefecto Lisias con orden de no perdonar á suplicios ni á todo el rigor de las leyes para obligar á cuantos hiciesen profesión del Cristianismo á sacrificar á los dioses del imperio; y en caso de resistencia hacerlos perecer á violencia de los tormentos. Luego que llegó el Gobernador le informaron que nunca los dioses habían tenido enemigos mas mortales que dos célebres médicos, ó por mejor decir, dos insignes magos que corrían todas las ciudades haciendo portentosas curas á favor de sus encantamientos; los cuales, abusando de la credulidad del vulgo ignorante, hacían tantos cristianos cuantos eran los enfermos que visitaban; y que si no se atajaba este desorden, dejándolos continuar en él, muy en breve se haría cristiano todo el país. Ya se sabe que era común y extraña preocupación de los gentiles atribuir á efectos del arte mágico todas las maravillas que obraban los cristianos.

Movido Lisias de este informe, los mandó prender; y haciéndolos comparecer delante de sí, les dijo con un aire y con un tono capaz de intimidar los corazones mas esforzados: Luego vosotros sois aquellos dos famosos embusteros que andáis por las ciudades y provincias sublevando á los pueblos con vuestros encantamientos, y alborotándolos contra los dioses del imperio para colocar en su lugar y hacerles adorar como Dios a un hombre que por sentencia de juez fue colgado de un infame madero. Tened entendido que si desde este mismo punto no renunciáis a ese Dios crucificado, y no obedecéis los edictos de los Emperadores, no habrá suplicio que no os haga sufrir para reduciros á vuestro deber.
¿De dónde sois? ¿Qué oficio profesáis? ¿Cuál es vuestra familia? Señor, respondieron los dos Santos con tono firme pero respetuoso, los dos somos hermanos, naturales de Arabia; y tenemos la dicha de ser cristianos, como también otros tres hermanos nuestros y toda nuestra familia. Somos caballeros, y médicos de profesión, incapaces de engañar á nadie. A ninguna ciudad ni provincia vamos donde no seamos llamados. No ejercemos la medicina por interés, nada admitimos de enfermo alguno; pero dando la salud a los enfermos más por la virtud de Jesucristo que por nuestra ciencia, procuramos al mismo tiempo sanarlos de la ceguera del alma, haciéndoles conocer que no hay mas que un solo Dios verdadero; conviene a saber, el que nosotros adoramos, y que los llamados dioses del imperio son infames demonios que tienen engañados a los pueblos.

Quedó sorprendido el Gobernador al oír una respuesta tan discreta como moderada; neutral entre la cólera y el aplauso de su cordura y de su moderación, no sabia á cuál de los dos afectos inclinarse. Estaba bien informado de las portentosas curas que habían hecho, y no ignoraba que universalmente eran reputadas por prodigios superiores á la naturaleza más que por efectos del arte; pero en medio de eso el temor de perder la gracia de los Emperadores le determinó al partido de la severidad. Mandóles que hiciesen venir á sus hermanos, y luego que los vio en su tribunal, les exhortó fuertemente á que no se obstinasen en ser rebeldes a las órdenes de los Emperadores. Sois nobles, les dijo, sois jóvenes, y yo tengo orden de nuestros soberanos para ofreceros su favor y los primeros cargos del imperio, si os rendís á su voluntad. Es menester sacrificar a los dioses y renunciar las incomprensibles quimeras de vuestra religión cristiana. No os encaprichéis en perderos á vosotros y á toda vuestra familia; escoged una de dos, o vivir tributando culto a los ídolos, o morir al rigor de los más crueles tormentos; pensadlo bien. — Ya lo tenemos bien pensado, respondieron los Santos, tus tormentos no nos ponen miedo; prontos estamos á dar nuestra vida por nuestra Religión; no tienes que esperar otra respuesta de nosotros.

Tampoco lo esperó Lisias, porque en el mismo punto les mandó aplicar á la tortura. No les espantó este cruel suplicio. Si tienes otros tormentos que hacernos padecer, le dijeron los dos Santos, no tienes más que ponerlos en ejecución. Estamos seguros de que la gracia de Nuestro Señor Jesucristo nos dará fuerzas para sufrirlos, no solo con paciencia, sitio también con alegría. Con efecto. Habiendo salido de la tortura sin experimentar el mas ligero daño, dio orden el Gobernador para que atados de pies y manos los arrojasen en el mar; pero un Ángel les rompió las ataduras, y los puso sanos y salvos en la ribera. Á vista de esta maravilla mostró el Juez ablandarse algún tanto, y les preguntó en tono amistoso con qué género de encantos o de sortilegios obraban aquellos prodigios. Señor, le respondieron los santos hermanos, ignoramos absolutamente toda especie de sortilegios: los demonios nos temen en lugar de servirnos. Somos cristianos: solo en virtud del nombre de Jesucristo y de su soberana protección triunfamos de todos vuestros suplicios; ni todos vuestros imaginarios dioses, ni todo el infierno junto es capaz de resistir á sola la señal de la cruz del Salvador en quien ponemos toda nuestra confianza. Pues yo pongo toda la mía, replicó Lisias, en nuestro dios Apolo, y me atrevo á hacer los mismos prodigios en su nombre. En el mismo instante fue castigada esta blasfemia; porque dos demonios invisibles le comenzaron á golpear tan cruelmente, que hubiera espirado á violencia de los golpes, si nuestros Santos movidos de compasión no hubieran hecho oración, librándole de aquellos demonios en el nombre de Jesucristo. Aprovechándose los Santos de esta maravilla y del beneficio que Lisias acababa de recibir, le dijeron: Á vista de esta gracia ¿dudarás todavía del poder de nuestro Dios, y te obstinarás todavía en tu infidelidad? ¿Has recibido alguna vez semejante beneficio de tus ídolos? ¿Has hecho experiencia de su poder? Renuncia, pues, el culto de esos infelices, que aun mas flacos y mas miserables que tú, no tienen poder para librarse a sí mismos de los eternos tormentos que padecen por sus maldades; y abriendo los ojos a la verdad, reconoce la omnipotente virtud del verdadero Dios, único objeto digno de tus adoraciones. Mostróse el Gobernador insensible á tan justas amonestaciones, y sin responderles palabra, se contentó con mandar que los volviesen a la cárcel.

Temerosos los gentiles de que Lisias se hiciese cristiano, le hablaron con tanta resolución, y le amenazaron tan furiosamente con la indignación delos Emperadores, que al día inmediato los hizo comparecer ante sí; y preguntándoles con fiereza si persistían siempre en su primera obstinación, hallándolos inmobles en la confesión de su fe, mandó encender una gran hoguera de sarmientos, y arrojarlos en ella; pero salieron de este suplicio tan sin lesión y tan indemnes como de todos los demás. Furioso entonces el Gobernador, dio orden para que amarrando á cada uno á un grueso tronco, cuatro compañías de soldados disparasen contra los dos Santos todas sus saetas; pero la mano poderosa del Señor, que quería confundir la obstinación del tirano y de todos los gentiles, los hizo invulnerables: y disponiendo que toda aquella espesa nube de dardos retrocediese con violencia hacia los concurrentes, costó a muchos la vida. Causo este suceso tanto alboroto en toda la ciudad, que el Gobernador se vio obligado a mandar que inmediatamente les cortasen la cabeza. Pusiéronse en oración san Cosme y san Damián, y suplicaron humildemente al Señor que se dignase admitir su sacrificio, y no permitiese con otro nuevo milagro que se estorbase la ejecución de la sentencia. Fue oída su oración, y al primer golpe cayeron en tierra sus cabezas. Fueron coronados del martirio el día 27 de setiembre del año 285; y se cree que los otros tres hermanos lograron la misma dichosa suerte.

La mayor parte de sus santas reliquias fueron con el tiempo llevadas a Roma, y depositadas en una hermosa iglesia que san Félix papa, bisabuelo de san Gregorio el Magno, mandó edificar en honor de los santos Mártires. Un caballero francés, llamado Beaumont, que en tiempo de las Cruzadas fue al socorro de la Tierra Santa, trajo el resto de las reliquias de san Cosme y san Damián, y las colocó en una magnífica iglesia que en honra suya mandó fabricar en Luzarche; y de estas se sacaron las que se conservan en París y en otras partes.

MES DE SEPTIEMBRE: 28° Día de la Mes de la Virgen de los Dolores

 


MES DE SEPTIEMBRE CONSAGRADO A LOS SIETE DOLORES DE MARÍA SANTÍSIMA

ORACIÓN DE PREPARACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Dios y Señor mío, que por el hombre ingrato os hicisteis también hombre, sin dejar por eso la divinidad, y os sujetasteis a las miserias que consigo lleva tal condición; a vuestros pies se postran la más inferior de todas vuestras criaturas y la más ingrata a vuestras misericordias, trayendo sujetas las potencias del alma con las cadenas fuertes del amor, y los sentidos del cuerpo con las prisiones estrechísimas de la más pronta voluntad, para rendirlos y consagrarlos desde hoy a vuestro santo servicio. Bien conozco, dueño mío, que merezco sin duda alguna ser arrojado de vuestra soberana presencia por mis repetidas culpas y continuos pecados, sepultándome vuestra justicia en lo profundo del abismo en castigo de ellos; más la rectitud de mi intención, y el noble objeto que me coloca ante vos en este afortunado momento, estoy seguro, mi buen Dios, Dios de mi alma, suavizará el rigor de vuestra indignación, y me hará digno de llamaros sin rubor.... Padre de misericordia.

No es esta otra más que el implorar los auxilios de vuestra gracia y los dones de vuestra bondad para que, derramados sobre el corazón del más indigno siervo de vuestra Madre, que atraído por su amor y dulcemente enajenado por su fineza viene a pedir esta merced, reflexione y contemple debidamente sus amargos dolores, y causarla de esta manera algún alivio en cuanto sea susceptible con esta ocupación y la seria meditación de mis culpas. Concededme, Señor, lo que os pido por la intercesión de vuestra Madre, a quien tanto amáis. Y vos, purísima Virgen y afligidísima Reina mía, interponed vuestra mediación para que vuestro siervo consiga lo que pide. Yo, amantísima Madre de mi corazón, lo tengo por seguro de vuestra clemencia; porque sé que todo el que os venera alcanzará lo que suplica, y. aunque este en la tribulación se librará de ella, pues no tenéis corazón para deleitaros en nuestras desgracias, y disfrutáis de tanto poder en el cielo que tenéis el primado en toda nación y pueblo ¡Feliz mil veces acierto a conseguir vuestras gracias para emplearme en tan laudable ejercicio! Derramad, Señora, sobre mí vuestras soberanas bendiciones; muévase mi alma a sentimiento en la consideración de vuestros santísimos dolores; inflamese mi voluntad para amaros cada vez más. Entonces sí que os podré decir: "Oh Señora, yo soy tu siervo" Consiga yo, en fin, cuanto os pido, siendo para mayor honra de Dios y gloria vuestra, como lo espero, consiguiendo seguro la salvación de mi alma. Amén.

DIA XXVIII

¿Con que es verdad Madre mía, que la culpa ha sido la causa de vuestras penas?... ¿Con que la culpa ha ocasionado tantas desgracias?... No hay duda de que ella, quitando la vida tan cruelmente a vuestro querido Hijo, os llenó de amarguras y aflicciones tan excesivas... ¿Y sabiendo yo esto he de cometerla aún? ¿Conociendo yo que ella angustió vuestra alma, quitó la vida a vuestro predilecto Jesús, os privó de su compañía dulcísima y produjo desgracias sin semejantes me arrojo a su ejecución?... ¡Loco soy sin la menor duda!... ¡Perdido he el juicio y la razón!...

Pero, aunque motivos tan eficaces y poderosos como los que en el día de ayer me hizo mi Dios y Señor no me moviesen y convenciesen… aunque unos efectos tan sensibles como ha producido en mí Jesús y su Madre no me compeliesen a odiarla y aborrecerla de todo corazón ¿no serán suficientes los es tragos que en mi causa y ha causado? Duro y obstinado no he de llorar los males tan lastimosos que originó a mi adorable Redentor, y a su Madre amabilísima y mi generosa fiadora; pero con todo ¿no me rendiré y resolveré á detestarla por lo que en mi experimento?

Recurriré sino a examinar el tiempo pasado, presente y futuro, y encontraré claros motivos para mi desengaño En el tiempo pasado ¡infeliz de mí! antes de nacer al mundo era ya por la culpa enemigo de mi Dios, y no vería más su divino rostro, ni gozaría en la gloria de su presencia, si primero no purificase mi inmundicia en las aguas del Bautismo. Nací y disfruté la luz, pero gimiendo y llorando el penoso destierro a que venía, y las miserias y desdichas que tenía que padecer por la herencia adquirida por ella En el tiempo presente, experimentando sus funestos efectos ; ganando el sustento con el sudor de mi rostro; padeciendo mil incomodidades y enfermedades; sufriendo malísimos ratos de amargura y escrúpulos de conciencia por haberla cometido, y aumentado cada vez más la satisfacción por ella debida; peleando continuamente con las tentaciones y pasiones, y logrando la victoria con una suma dificultad por mi desventura, sujeto siempre y humillado á pedir al Señor los auxilios de su gracia En el tiempo futuro.

¡Oh calamidad é infortunio! me veré obligado a pagar su estipendio y pasar el duro trance de la muerte, teniendo después que sufrir el juicio de Dios, y recibir la pena que por ella haya merecido, purgándola hasta limpiarme, para entraren la gloria ¡Cuántos infortunios, alma mía, resultan de la miserable culpa! ¿Y no obstante la he de cometer?... ¿No he de escarmentar de una vez?... Ya es tiempo, Virgen tristísima, de que yo abra los ojos ya es ocasión de reflexionar los perjuicios que causó a vuestro inocente Jesús y á vos, Señora mía solo por esto me resuelvo á detestarla... por esto solo la detestaré eficazmente Ayudadme vos á cumplir mis propósitos, porque no deseo más que complaceros en todas las cosas y compadecer vuestras penas, porque así estoy seguro de participar vuestras glorias en la eterna Sion.

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS.

¿Por qué, o Dios mío, no he de daros las más humildes gracias, cuando en esta breve consideración os habéis dignado comunicar a mi alma los importantísimos conocimientos de unas verdades que tan olvidadas y menospreciadas tenía por mi abandono y necedad? ¿Por qué no he de concluir este saludable ejercicio rindiéndoos las más profundas alabanzas, cuando en él siento haberse encendido en mi corazón la llama del amor divino, que tan amortiguada es taba por un necio desvarío y por una fatal corrupción de mi entendimiento? Y pues que vos, que sois la verdad infalible y el verdadero camino que conduce a la patria celestial, habéis tenido a bien de comunicar a mi alma los efectos propios de vuestro amor, con los que puedo distinguir lo cierto é indudable que me sea útil a la salvación, y lo falso y mentiroso que me precipitará a mi perdición, por tanto, Señor, quiero aprovecharme desde este momento de tan divinas instrucciones, para caminar con libertad y seguridad entre tantos estorbos y peligros como me presenta este mundo miserable, y de este modo llegar más pronto a unirme con vos. Consígalo así, Virgen Santísima, para vivir compadeciéndome de vuestros dolores y aflicciones, y cumpliendo la promesa que os hice de ser siervo vuestro. Esta sea mi ocupación, estos mis desvelos y cuidados en este valle de lágrimas, porque así después disfrute en la celestial Jerusalén de vuestra compañía, en unión de tantos fieles Servitas que recibieron ya el premio de vuestros servicios, reinando a vuestro lado por los siglos de los siglos. Amen.

MES DE SEPTIEMBRE: 27° Día de la Mes de la Virgen de los Dolores

 


MES DE SEPTIEMBRE CONSAGRADO A LOS SIETE DOLORES DE MARÍA SANTÍSIMA

ORACIÓN DE PREPARACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Dios y Señor mío, que por el hombre ingrato os hicisteis también hombre, sin dejar por eso la divinidad, y os sujetasteis a las miserias que consigo lleva tal condición; a vuestros pies se postran la más inferior de todas vuestras criaturas y la más ingrata a vuestras misericordias, trayendo sujetas las potencias del alma con las cadenas fuertes del amor, y los sentidos del cuerpo con las prisiones estrechísimas de la más pronta voluntad, para rendirlos y consagrarlos desde hoy a vuestro santo servicio. Bien conozco, dueño mío, que merezco sin duda alguna ser arrojado de vuestra soberana presencia por mis repetidas culpas y continuos pecados, sepultándome vuestra justicia en lo profundo del abismo en castigo de ellos; más la rectitud de mi intención, y el noble objeto que me coloca ante vos en este afortunado momento, estoy seguro, mi buen Dios, Dios de mi alma, suavizará el rigor de vuestra indignación, y me hará digno de llamaros sin rubor.... Padre de misericordia.

No es esta otra más que el implorar los auxilios de vuestra gracia y los dones de vuestra bondad para que, derramados sobre el corazón del más indigno siervo de vuestra Madre, que atraído por su amor y dulcemente enajenado por su fineza viene a pedir esta merced, reflexione y contemple debidamente sus amargos dolores, y causarla de esta manera algún alivio en cuanto sea susceptible con esta ocupación y la seria meditación de mis culpas. Concededme, Señor, lo que os pido por la intercesión de vuestra Madre, a quien tanto amáis. Y vos, purísima Virgen y afligidísima Reina mía, interponed vuestra mediación para que vuestro siervo consiga lo que pide. Yo, amantísima Madre de mi corazón, lo tengo por seguro de vuestra clemencia; porque sé que todo el que os venera alcanzará lo que suplica, y. aunque este en la tribulación se librará de ella, pues no tenéis corazón para deleitaros en nuestras desgracias, y disfrutáis de tanto poder en el cielo que tenéis el primado en toda nación y pueblo ¡Feliz mil veces acierto a conseguir vuestras gracias para emplearme en tan laudable ejercicio! Derramad, Señora, sobre mí vuestras soberanas bendiciones; muévase mi alma a sentimiento en la consideración de vuestros santísimos dolores; inflamese mi voluntad para amaros cada vez más. Entonces sí que os podré decir: "Oh Señora, yo soy tu siervo" Consiga yo, en fin, cuanto os pido, siendo para mayor honra de Dios y gloria vuestra, como lo espero, consiguiendo seguro la salvación de mi alma. Amén.

DIA XXVII

Oh Madre mía amabilísima, ya espiró vuestro querido Hijo! ¿Qué cosa habrá en el mundo que os pueda consolar, si os falta el que es gozo y admiración de los ángeles? ¿Qué lágrimas serán suficientes para desahogar vuestra pena? ¿Qué dolor tan penetrante atravesará vuestra alma, si las cosas insensibles dan muestras del más funesto quebranto? Yo, Señora mía, con la reflexión os he estado acompañando en todos los pasos de esta trágica escena, pero en ninguno siento tanta conmoción. Subid venid, pecadores, a este santo monte daos prisa a recopilar los tormentos de vuestro Redentor y los dolores de su Madre miradlos todos compendiados en ese funesto cuadro.... ved la sangre que, esparcida por todas partes, todavía está humeando advertid cuidadosamente la transformación ocurrida, el sol retirando sus luces no la quiere presenciar, la luna se oculta, las estrellas se retiran, la tierra tiembla, se parten las piedras, y Pero ¿qué os parece que pretendo cuando aquí os llamo para ser testigos de tanto horror?

¡Ahí Ya me habréis comprendido, pues me parece os hallo enternecidos al ver aun tan inocente cordero sacrificado con tanta barbarie Mas ¡ay! esperad por Dios un momento oídle, que su voz muda os habla con amor y os dice "Convertíos a mí de todo corazón, pecadores ¿He podido hacer más por vosotros que no haya hecho? Pues ¿dónde está la retribución y el agradecimiento? ¿Por qué no os resol veis a dejar las culpas y os convertís de veras a mí? ¿Desconfiáis acaso de mi bondad y clemencia?... ¿Cuándo, decidme, cuándo me buscó el que me ofendió y no me ha encontrado? ¡Dígalo la Magdalena... que lo publique Pedro testifíquelo el buen ladrón que conmigo está aquí crucificado háganlo patente tantos semejantes a éstos que disfrutaron de mi amistad y perdón! Si no ¿para qué hubiera yo sido puesto en esta cruz y padecido tanto en mi vida? ¿Para qué hubiera yo abierto mis brazos y derramado mi sangre, sino para lavar tu pecado y recibirte en ellos? ¿Conoces, infeliz, todas estas poderosas razones? ¡Bien veo me dirás que no! Porque entonces, desgraciado, ¿es este el pago que me das y la correspondencia que me muestras? ¿Por qué me dejas y abandonas por un vil deleite?...

Compárale con lo mucho que me costaste y verás cuán inferior es ¿Es posible que siendo yo la fuente de la vida eterna no quieras beber sin interés alguno mis aguas vivas, excavando corrompidas y disipadas cisternas de vicios para satisfacerte? ¿Me oyes, pecador? ¿Has escuchado mis amorosas quejas? Pues si me oíste que te llamaba y no me quisiste responder; si te di mi consejo y extendí mi mano sobre ti y no le quisiste recibir llegará la hora de tu muerte, y me reiré de ti y te desecharé de mi presencia ¡Qué fuerza, alma mía, tienen las razones que desde la cruz nos hace el Salvador! ¿Cómo ha de caber disculpa alguna?

¡O Madre mía! Por lo tanto, convencido de esta verdad y depuesta la ingratitud de mi corazón, determino y os pro pongo volverme a mi Dios de todo corazón, porque es Padre de misericordia, y con el mayor placer recibirá a otro pródigo reconocido y contrito, borrando mi iniquidad y restituyéndome a su gracia. Nada habrá que me aparte de esta resolución. Así, Madre afligida, espero consolaros, y que al mismo tiempo os convenceréis de mis deseos de serviros con la mayor fidelidad.

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS.

¿Por qué, o Dios mío, no he de daros las más humildes gracias, cuando en esta breve consideración os habéis dignado comunicar a mi alma los importantísimos conocimientos de unas verdades que tan olvidadas y menospreciadas tenía por mi abandono y necedad? ¿Por qué no he de concluir este saludable ejercicio rindiéndoos las más profundas alabanzas, cuando en él siento haberse encendido en mi corazón la llama del amor divino, que tan amortiguada es taba por un necio desvarío y por una fatal corrupción de mi entendimiento? Y pues que vos, que sois la verdad infalible y el verdadero camino que conduce a la patria celestial, habéis tenido a bien de comunicar a mi alma los efectos propios de vuestro amor, con los que puedo distinguir lo cierto é indudable que me sea útil a la salvación, y lo falso y mentiroso que me precipitará a mi perdición, por tanto, Señor, quiero aprovecharme desde este momento de tan divinas instrucciones, para caminar con libertad y seguridad entre tantos estorbos y peligros como me presenta este mundo miserable, y de este modo llegar más pronto a unirme con vos. Consígalo así, Virgen Santísima, para vivir compadeciéndome de vuestros dolores y aflicciones, y cumpliendo la promesa que os hice de ser siervo vuestro. Esta sea mi ocupación, estos mis desvelos y cuidados en este valle de lágrimas, porque así después disfrute en la celestial Jerusalén de vuestra compañía, en unión de tantos fieles Servitas que recibieron ya el premio de vuestros servicios, reinando a vuestro lado por los siglos de los siglos. Amen.

Del 26 de Septiembre al 4 de Octubre: Novena a santa Faustina Kowalska

 


En el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de Contrición

Señor mío, Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre, Redentor mío, por ser vos quien sois, bondad infinita y por que os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido, también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Animado con tu divina gracia, propongo firmemente nunca mas pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta, para el perdón de mis pecados. Amen

Día I - El conocimiento del misterio de la Divina Misericordia

Jesús: "Su vida debe modelarse sobre Mí, desde el pesebre hasta la muerte en la cruz. Penetra en Mis secretos y conocerás el abismo de Mi misericordia para con las criaturas y Mi bondad insondable, y harás conocer ésta a todo el mundo” (Diario 438).

Santa Faustina: “Oh Dios, cuánto deseo que las almas Te conozcan, que sepan que las creaste por Tu amor inconcebible; oh Creador y Señor, siento que descorreré las cortinas del cielo para que la tierra no dude de Tu bondad.” ( Diario 483).

Oración. Santa Faustina, ayúdame a obtener la gracia de penetrar más profundamente en el misterio de la misericordia de Dios en la obra de la creación, la salvación y la gloria para que, como tú, puede hacerla a conocer a todo el mundo.

Día II - La contemplación de la Misericordia en la vida cotidiana

Jesús: “Cuando contemplas en el fondo de tu corazón lo que te digo, sacas un provecho mucho mayor que si leyeras muchos libros. Oh, si las almas quisieran escuchar Mi voz cuando les hablo en el fondo de sus corazones, en poco tiempo llegarían a la cumbre de la santidad.” (Diario 584).

Santa Faustina: “No busco la felicidad fuera de mi interior donde mora Dios. Gozo de Dios en mi interior, aquí vivo continuamente con Él, aquí existe mi relación más íntima con Él, aquí vivo con Él segura, aquí no llega la mirada humana. La Santísima Virgen me anima a relacionarme así con Él. “( Diario 454).

Oración. Santa Faustina, enséñame a cumplir con el Señor visitándolo en mi propia alma, para escuchar su voz y compartir con él todos los momentos de mi vida. Ayúdame a obtener la gracia de contemplar la misericordia en la vida cotidiana.

Día III - La actitud de confianza hacia Dios

Jesús: “Hija mía, te aseguro un ingreso fijo del cual vivirás. Tú empeño debe ser la total confianza en Mi bondad, el Mío, darte todo lo que necesites. Me hago dependiente de tu confianza; si tu confianza es grande Mi generosidad no conocerá límites” (Diario 548).

Santa Faustina: “Oh Dios único en la Santísima Trinidad, deseo amarte como hasta ahora ninguna alma humana Te ha amado; y aunque soy particularmente mísera y pequeñita, no obstante arrojé muy profundamente el ancla de mi confianza en el abismo de Tu misericordia, oh Dios y Creador mío. A pesar de mi gran miseria, no tengo miedo de nada, sino que espero cantar eternamente el himno de la gloria. (Diario 283).

Oración. Santa Faustina, ayúdame a conseguir la gracia de la confianza de un niño; para que pueda siempre y en todo cumplir fielmente la voluntad de Dios, que es la misericordia en sí para todos nosotros.

Día IV - La actitud de misericordia hacia el prójimo

Jesús: “Hija mía […] exijo de ti obras de misericordia que deben surgir del amor hacia Mí. Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo ni excusarte ni justificarte. Te doy tres formas de ejercer misericordia al prójimo: la primera – la acción, la segunda – la palabra, la tercera – la oración. En estas tres formas está contenida la plenitud de la misericordia y es el testimonio indiscutible del amor hacia Mi. De este modo el alma alaba y adora Mi misericordia.” (Diario 742).

Santa Faustina: “Jesús mío, penétrame toda para que pueda reflejarte en toda mi vida. Divinízame de modo que mis acciones tengan el valor sobrenatural. Haz que tenga para cada alma, sin excepción, amor, compasión y misericordia. Oh Jesús mío, cada uno de Tus santos refleja en sí una de Tus virtudes, yo deseo reflejar Tu Corazón compasivo y lleno de misericordia, deseo glorificarlo. Que tu misericordia, oh Jesús, quede impresa sobre mi corazón y mi alma como un sello y éste será mi signo distintivo en esta vida y en la otra. Glorificar Tu misericordia es la tarea exclusiva de mi vida. "(Diario 1242).

Oración. Santa Faustina, intercede por mí ante el Señor para que mi vida, también, pueda transformarse con en misericordia hacia el prójimo y que pueda ejercerla a través de la palabra, la acción y la oración. Que mis ojos, oídos, boca, manos, pies y corazón, todo mi ser, sean misericordiosos.

Día V - Proclamar el mensaje de la Misericordia

Jesús: “En el Antiguo Testamento enviaba a los profetas con truenos a Mi pueblo. Hoy te envío a ti a toda la humanidad con Mi misericordia. No quiero castigar a la humanidad doliente, sino que deseo sanarla, abrazarla a Mi Corazón misericordioso. Hago uso de los castigos cuando Me obligan a ello; Mi mano se resiste a tomar la espada de la justicia. Antes del día de la justicia envío el día de la misericordia.”(Diario 1588).

Santa Faustina: “Oh Dios mío, que Te adore todo lo que hay en mí, oh Creador y Señor mío, y con cada latido de mi corazón deseo glorificar Tu misericordia insondable. Deseo hablar a las almas de Tu bondad e invitarlas a confiar en Tu misericordia. Ésta es mi misión que Tú mismo me has confiado en ésta y en la vida futura.”(Diario 1325).

Oración. Siguiendo tu ejemplo, Santa Faustina, quiero anunciar al mundo el mensaje de la misericordia con el testimonio de mi vida y la palabra; para que pueda llegar a todos los pueblos de la tierra y llenar el corazón de la humanidad, de esperanza.

Día VI - Al implorar la misericordia de Dios para el mundo

Jesús: “Hija mía, he inclinado Mi Corazón hacia tus súplicas: tu tarea y empeño aquí en la tierra es implorar la misericordia para el mundo entero. […] Te nombro dispensadora de Mi misericordia.(Diario 570).

Santa Faustina: “Oh Dios mío, estoy consciente de mi misión en la santa Iglesia. Mi empeño continuo es impetrar la misericordia para el mundo. Me uno estrechamente a Jesús y me presento como víctima que implora por el mundo. Dios no me rehusará nada cuando le suplique con la voz de Su Hijo. (Diario 482).

Oración. Junto a ti, Santa Faustina, quiero pedir clemencia para el mundo entero, especialmente para los pecadores, así como para los sacerdotes y religiosos para que, viviendo en el mundo, puedan conducir al pueblo de Dios hacia los caminos de la salvación.

Día VII - El amor a la Iglesia - del Cuerpo Místico de Cristo

Jesús: “Hija mía, medita sobre la vida divina que se encuentra en la Iglesia para la salvación y la santificación de tu alma. Considera cómo aprovechas estos tesoros de gracias, estos esfuerzos de Mi amor.” (Diario 1758).

Santa Faustina: “Me esfuerzo por la santidad, ya que con ella seré útil a la Iglesia. Hago continuos esfuerzos en las virtudes, procuro imitar fielmente a Jesús y esta serie de actos de virtud cotidianos, silenciosos, ocultos, casi imperceptibles, pero sí cumplidos con gran amor, los pongo en el tesoro de la Iglesia de Dios para el provecho común de las almas. Siento interiormente como si fuera responsable por todas las almas, siento claramente que vivo no solamente para mí, sino para toda la Iglesia... (Diario 1505).

Oración. Agradecido/A por todos los dones de la misericordia que Dios pone en la Iglesia, a mi disposición, quiero hacer uso de ellos como tú, Santa Faustina, para alcanzar la santidad y así llevar a otras almas hacia las fuentes de la misericordia de Dios.

Día VIII - Encuentro con Jesús en los sacramentos

Jesús: “Oh, cuánto Me duele que muy rara vez las almas se una a Mí en la Santa Comunión. Espero a las almas y ellas son indiferentes a Mi. Las amo con tanta ternura y sinceridad y ellas desconfían de Mí. Deseo colmarlas de gracias y ellas no quieren aceptarlas. Me tratan como cosa muerta, mientras que Mi Corazón está lleno de Amor y Misericordia. Para que tú puedas conocer al menos un poco Mi dolor, imagina a la más tierna de las madres que ama grandemente a sus hijos, mientras que esos hijos desprecian el amor de la madre. Considera su dolor. Nadie puede consolarla. Ésta es solo una imagen débil y una tenue semejanza de Mi amor. (Diario 1447).

Santa Faustina: “Jesús, en mi vida hay un secreto más, el más profundo, pero también el más querido para mí, lo eres Tú Mismo bajo la especie del pan cuando vienes a mi corazón. Aquí mi corazón unido al tuyo se hace uno, aquí ya no hay ningún secreto, porque todo lo Tuyo es mío, y lo mío es Tuyo. He aquí la omnipotencia y el milagro de Tu misericordia.” (Diario 1489). Todo lo bueno que hay en mí es gracias a la Santa Comunión, le debo todo. Siento que este sagrado fuego me ha transformado totalmente. Oh cuánto me alegro de ser Tu morada, oh Señor; mi corazón es un templo en que permaneces continuamente..."(Diario 1392).

Oración. Santa Faustina, ayúdame a obtener la gracia de vivir la fe de modo que cada sacramento sea para mí un lugar privilegiado de encuentro con el Señor, y que la Eucaristía sea el centro mismo de toda mi vida, transformándola en amor.

Día IX - La devoción a Nuestra Señora

Virgen María: “Su vida debe ser similar a la mía, silenciosa y escondida; deben unirse continuamente a Dios, rogar por la humanidad y preparar al mundo para la segunda venida de Dios”. (Diario 625).

Santa Faustina: “Oh dulce Madre de Dios, sobre Ti modelo mi vida, Tú eres para mí una aurora radiante, en ti me pierdo extasiada. Oh Madre, Virgen Inmaculada, en ti el rayo divino se refleja. Tú me enseñas cómo amar a Dios entre las tormentas, Tú eres mi escudo y mi defensa contra el enemigo. "(Diario 1232).

Oración. Santa Faustina, la hija más fiel de la Madre de la Misericordia, permíteme esconderme junto a tí, bajo su manto; para que ella me lleva a Jesús y me enseñe a participar en su vida y en la misión de revelar al mundo la misericordia del Padre celestial. Como María, quiero dar a conocer a Jesús – la Misericordia encarnada - a todas las personas; y preparar al mundo para su segunda venida.

Oración final para todos los días

Santa María Faustina, nos dijiste que tu misión continuaría después de tu muerte y que no nos olvidarías (diario # 281, 1582). Nuestro Señor te concedió un gran privilegio cuando te dijo que "distribuyeras las gracias como tu quisieras, a quien tu quisieras y cuando tu quisieras" (diario # 31). Confiando en esta promesa, te pido tu intercesión por las gracias que necesito, especialmente por la conversión de todos los pecadores y (intención tuya personal)

Ayúdame, sobre todas las cosas, a confiar en Jesús como tu lo hiciste y así glorificar su misericordia a cada instante de mi vida. Amén.

Se reza un Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
Se repite tres veces: Santa María Faustina, ruega por nosotros.

Reflexiones para los Sábados de Sta. María: María guardaba todas sus palabras en su corazón

 


La oración es elevar el alma a Dios para adorarlo, agradecerle, presentarle peticiones y pedirle perdón. Nadie en la tierra cumplió con esto tan perfectamente como María. Como todo lo demás, también la oración de María se convierte en la “forma”, el prototipo y ejemplo de nuestra oración, es decir, nuestra relación con Dios.

Sor Isabel de la Santísima Trinidad fue capaz de comprender la vida de oración de Nuestra Señora de una manera especialmente profunda: “¿Qué debió pasar en el alma de la Santísima Virgen cuando poseía en su interior el Verbo Encarnado, el don de Dios después de la Encarnación? ¿Con qué silencio, recogimiento y adoración se sumergió en lo más profundo de su alma para abrazar a este Dios, de quien se había convertido en su Madre? Toda su vida fue una incesante y silenciosa adoración del Verbo Divino, completamente inmersa en la vida amorosa de la Santísima Trinidad.”

“Ella guardaba todas estas palabras y las meditaba en su corazón”. Esa es la mejor definición de la meditación, de la oración contemplativa. “Me parece que la conducta de la Santísima Virgen durante los meses desde la Anunciación del Ángel y el nacimiento de Jesús, es el modelo para todas las almas con vida interior. Con qué paz y recogimiento María se levantaba y se ponía a hacer todo. Todo, incluso las cosas más comunes fueron divinizadas en ella, porque a través de ellas adoraba el don de Dios. Sólo hay una criatura que fue el honor de la gloria de la Santísima Trinidad. Ella respondía plenamente a la elección divina de la que habla el Apóstol: siempre fue pura, sin mancha, impecable a los ojos del Dios Tres Veces Santo.”

“Su alma es tan simple, los movimientos de su alma son tan profundos, que nadie puede alcanzarla. Parece reproducir en la tierra la vida del Ser divino, del sencillo Ser. Es tan transparente, tan luminosa, que uno podría confundirla con la luz misma. Sin embargo, ella es sólo el espejo del Sol de Justicia, speculum justitiae. ‘La Virgen guardaba todas estas cosas en su corazón’. Toda su historia puede resumirse en estas pocas palabras: ella vivió en su corazón, tan profundamente, que nuestra vista ya no puede seguirlo. Cuando leo en el Evangelio que María se apresuró a la región montañosa de Judá para prestar su servicio caritativo a su prima Isabel, entonces la veo pasar, tan bella, tan pacífica, tan majestuosa, tan recogida interiormente con el Verbo Divino. Al igual que en Su caso, también con ella fue siempre la misma oración: Ecce - He aquí, Soy … ¿Qué? La esclava del Señor, la más pequeña de todas las criaturas. Y ella, Su Madre, decía eso.”

San Luis María de Montfort compara a María con una magnífica montaña en la que Dios ha puesto su morada, “en la que Jesús enseña y mora por siempre, donde uno se transfigura con Él, donde uno muere con Él, donde uno asciende con Él al Cielo”.

Por lo tanto, debemos unirnos a María en la oración, y eso significa “subir esta montaña, nuestro ascenso a Dios”.

El mismo santo llama a María el oratorio, la casa en la que Dios habita, el lugar en el que lo podemos encontrar. Sólo en esta casa hay la atmósfera adecuada: el más profundo recogimiento, el silencio reverente, la inefable belleza y sencillez, el incienso de la adoración, la atmósfera de la presencia de Dios, ¡el Cielo en la tierra!

Fuente: FSSPX.NEWS

MES DE SEPTIEMBRE: 26° Día de la Mes de la Virgen de los Dolores

 


MES DE SEPTIEMBRE CONSAGRADO A LOS SIETE DOLORES DE MARÍA SANTÍSIMA

ORACIÓN DE PREPARACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Dios y Señor mío, que por el hombre ingrato os hicisteis también hombre, sin dejar por eso la divinidad, y os sujetasteis a las miserias que consigo lleva tal condición; a vuestros pies se postran la más inferior de todas vuestras criaturas y la más ingrata a vuestras misericordias, trayendo sujetas las potencias del alma con las cadenas fuertes del amor, y los sentidos del cuerpo con las prisiones estrechísimas de la más pronta voluntad, para rendirlos y consagrarlos desde hoy a vuestro santo servicio. Bien conozco, dueño mío, que merezco sin duda alguna ser arrojado de vuestra soberana presencia por mis repetidas culpas y continuos pecados, sepultándome vuestra justicia en lo profundo del abismo en castigo de ellos; más la rectitud de mi intención, y el noble objeto que me coloca ante vos en este afortunado momento, estoy seguro, mi buen Dios, Dios de mi alma, suavizará el rigor de vuestra indignación, y me hará digno de llamaros sin rubor.... Padre de misericordia.

No es esta otra más que el implorar los auxilios de vuestra gracia y los dones de vuestra bondad para que, derramados sobre el corazón del más indigno siervo de vuestra Madre, que atraído por su amor y dulcemente enajenado por su fineza viene a pedir esta merced, reflexione y contemple debidamente sus amargos dolores, y causarla de esta manera algún alivio en cuanto sea susceptible con esta ocupación y la seria meditación de mis culpas. Concededme, Señor, lo que os pido por la intercesión de vuestra Madre, a quien tanto amáis. Y vos, purísima Virgen y afligidísima Reina mía, interponed vuestra mediación para que vuestro siervo consiga lo que pide. Yo, amantísima Madre de mi corazón, lo tengo por seguro de vuestra clemencia; porque sé que todo el que os venera alcanzará lo que suplica, y. aunque este en la tribulación se librará de ella, pues no tenéis corazón para deleitaros en nuestras desgracias, y disfrutáis de tanto poder en el cielo que tenéis el primado en toda nación y pueblo ¡Feliz mil veces acierto a conseguir vuestras gracias para emplearme en tan laudable ejercicio! Derramad, Señora, sobre mí vuestras soberanas bendiciones; muévase mi alma a sentimiento en la consideración de vuestros santísimos dolores; inflamese mi voluntad para amaros cada vez más. Entonces sí que os podré decir: "Oh Señora, yo soy tu siervo" Consiga yo, en fin, cuanto os pido, siendo para mayor honra de Dios y gloria vuestra, como lo espero, consiguiendo seguro la salvación de mi alma. Amén.

DIA XXVI

Justos son, Virgen afligidísima, vuestros suspiros por ver que se aplaca la sed de vuestro amado dueño con tan amarga y desabrida bebida. La redención del mundo le es muy costosa, y por nuestra salud padece el Señor tan duros tormentos. ¡O precioso rescate! ¡O afectuosísima benignidad del Salvador! Pero ¡o pérfida correspondencia la de los redimidos! ¡Cuánto podéis llorar Señora mía, nuestra ingratitud! Oís quejar a vuestro Hijo de estar sediento por nuestra eterna salud, y veis al mismo tiempo el licor amargo con que se la mitigan: queriendo este Señor desde esa divina cátedra darnos las lecciones más importantes para nuestro aprovechamiento en esta ocasión.

Mas ¿Cómo las recibimos nosotros? ¿Las apreciamos como de tan divino Maestro? ¡Ah Reina de mi corazón, que la vida que tenemos tan entregada a los deleites y a la satisfacción de los sentidos, está clamando que no es así! ¡Cuántas almas de las redimidas con la sangre de Jesucristo sedan á banquetes superfluos y bebidas delicadas, con menosprecio de la pasión del Redentor, porque de ellos no nacen sino las riñas, los escándalos y la desolación! Entremos a examinar sus mesas, y las vemos rodeadas de toda clase dé vicios: reparemos la singularidad de los manjares, la delicadeza de sus vinos, y los ricos vasos y salvillas con que se sirven; y arrancando un triste suspiro nos veremos obligados a clamar...

¡O dulce Jesús, que os estáis lamentando en la dura cruz por falta de agua, y en su lugar os administran hiel y vinagre en una esponja mirad desde ella a vuestros redimidos, que abundantes triunfan en sus banquetes y ebriedad! Pero no son, buen Salvador de mi alma, solamente los ricos y voluptuosos los que tan poco caso hacen de vuestros continuos padecimientos, porque aún en los de mediana esfera y condición se encuentran semejantes discípulos. Todos podíamos aprovecharnos de ellos, pues cuando la comida o bebida está mal sazonada, o es de mal gusto, y cuando por nuestra suerte no la tenemos tal cual apetecíamos, o teniéndola nos abstenemos de ella en obsequio y recuerdo de la sed de nuestro Redentor, todo esto sufrido en paciencia sería prueba de nuestros sentimientos.

Pero ¿se hace así? No, siervos de María que nos gusta comer bien y beber mejor, sin que nos falte nada y esté todo en su punto así vamos formando en nosotros los odiosos hábitos de la gula así cobramos un horror y tedio capital al ayuno, buscando pretextos que a nosotros nos parecen suficientes para excusarnos de él, y en el tribunal de Dios de nada nos servirán así abrimos la puerta a las demás pasiones, pues de no mortificar los deleites sensuales en cuanto a la comida y bebida entra después el sueño, del sueño el deseo de cama blanda y mullida, de aquí el hastío a la penitencia y a la oración, de la penitencia aborrecida se sigue la disipación de la vida, deseando con ansia el regalo, los placeres y la comodidad; y de todo esto resulta la caída y recaída en el pecado, haciéndose acreedores de su eterna condenación.

¡Cuántos males resultan de un deleite no refrenado por reverencia y memoria de lo que padeció nuestro adorable Redentor! ¡Alma mía! ¿por qué no me he de mortificar, aun en aquellas cosas que me sean lícitas, por no llegar a caer en un abismo de males, y por manifestar el sentimiento que me causa la sed y angustia de mi inocente Salvador, y las tiernas lágrimas de su Santísima Madre y mi Señora? Sea así Desde luego os lo prometo, Reina de mi alma, porque estoy resuelto a cumplir en todo con el cargo de fiel hijo vuestro.

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS.

¿Por qué, o Dios mío, no he de daros las más humildes gracias, cuando en esta breve consideración os habéis dignado comunicar a mi alma los importantísimos conocimientos de unas verdades que tan olvidadas y menospreciadas tenía por mi abandono y necedad? ¿Por qué no he de concluir este saludable ejercicio rindiéndoos las más profundas alabanzas, cuando en él siento haberse encendido en mi corazón la llama del amor divino, que tan amortiguada es taba por un necio desvarío y por una fatal corrupción de mi entendimiento? Y pues que vos, que sois la verdad infalible y el verdadero camino que conduce a la patria celestial, habéis tenido a bien de comunicar a mi alma los efectos propios de vuestro amor, con los que puedo distinguir lo cierto é indudable que me sea útil a la salvación, y lo falso y mentiroso que me precipitará a mi perdición, por tanto, Señor, quiero aprovecharme desde este momento de tan divinas instrucciones, para caminar con libertad y seguridad entre tantos estorbos y peligros como me presenta este mundo miserable, y de este modo llegar más pronto a unirme con vos. Consígalo así, Virgen Santísima, para vivir compadeciéndome de vuestros dolores y aflicciones, y cumpliendo la promesa que os hice de ser siervo vuestro. Esta sea mi ocupación, estos mis desvelos y cuidados en este valle de lágrimas, porque así después disfrute en la celestial Jerusalén de vuestra compañía, en unión de tantos fieles Servitas que recibieron ya el premio de vuestros servicios, reinando a vuestro lado por los siglos de los siglos. Amén.