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--------------------------------------------- San Martin de Tours y La Virgen de los Buenos Aires / La Inmaculada Concepción y San Ponciano | Patronos de la Ciudad de Buenos Aires / Patronos de la Ciudad de La Plata -----------------------

Mes de Julio dedicado a la Virgen del Carmen - Día 1°

Día I

Por la señal de la Santa Cruz.

Oración preparatoria para todos los días

Madre mía amantísima  del Carmen, aquí vengo a vuestra presencia con el más profundo respeto y veneración a ofreceros el ejercicio de este día, que consagro a vos por haberme admitido, a mí, el más miserable de los hombres, entre vuestros hijos predilectos los Carmelitas, para favorecerme con vuestra especial protección y amor. Yo os doy miles de gracias por ello, Madre mía, y os suplico que iluminéis mi entendimiento e inflaméis los efectos de mi corazón, para hacer con verdadero fruto este ejercicio, a fin de que merezca ser recibido por vos como un obsequio de vuestro hijo. Amén.

Nubecilla  de Elías

I

Olvidado el pueblo de Israel de los beneficios que recibió de aquel Señor  le dijeron que le  libró con mano fuerte del cautiverio del faraón, prevarico contra su Dios y se hizo reo del crimen de idolatría. Los Profetas del señor habían sido todos muertos por Acab, rey de Israel, y sustituidos por los profetas falsos de Baal. Sólo había quedado  Elías, que al  ver la ingratitud de aquel pueblo y la perversidad de su rey,  se presenta ante Acab  para reconvertirle,   Diciéndole  de    parte de Dios, que no vería agua ni  rocío  sobre la  tierra hasta  que el los pidiese. Atónito el rey al oír estas amenazadoras    palabras, no supo que responder; pero volviendo luego en sí y reanimando su valor, mando buscar a Elías para quitarle la vida.  Mas Dios, que lee en el corazón del hombre, y ante quien los reyes de la tierra son como si no fueran, salvó a su profeta diciéndole: “Anda, retírate de aquí y vete hacia el Oriente y escóndete en el torrente Carith que está enfrente del Jordán. Allí beberás del arroyo, y he mandado a los cuervos que te alimenten.”  
     Tres años y medio pasaron sin caer una gota de agua sobre la tierra, hasta que, compadecido el Señor de su pueblo por las súplicas del grande Elías, como asegura San Crisóstomo, llamó a su profeta y le dijo: “Anda y muéstrate á Acab, para que yo dé lluvia sobre la tierra.” Elías obedeciendo al Señor, se presenta al rey y le dice: “Si deseas remediar los males de tu pueblo, congrégame en el Carmelo a todo Israel con los profetas de Baal. Congregados en el Carmelo el pueblo y los profetas, dijo Elías a éstos: Escoged vosotros un buey y sacrificadlo a vuestro Dios, yo tomaré otro y lo sacrificaré a mi Dios, y el que oyere por fuego, sea el verdadero Dios. Convenidos así, tomaron los profetas de Baal un buey, y haciéndole trozos lo pusieron sobre el altar y clamaban a su Dios; pero el Señor no permitió que el demonio humillara a su profeta. Llegado el tiempo en que debía  sacrificar Elías, colocó otro buey sobre el altar que había levantado, y en que debía postrado en tierra con la más profunda veneración, lleno de fe y confianza hizo una breve oración a Dios, y al instante descendió del cielo un fuego abrasador que consumió el holocausto, la leña, las piedras y hasta el agua que habla puesto alrededor. Al ver Israel un prodigio tan raro, exclamo:
"El Señor es el Dios, el Señor es el Dios." Viendo Elías el entusiasmo del pueblo convertido ya a su Dios, mando que cogieran a todos los falsos profetas, y llevándolos al torrente Cison, los hizo matar para que pagaran así el enorme crimen de idolatría con Después de esto dijo Elías al rey y beber, que habían pervertido al pueblo. Después de esto dijo Elías al rey Acab que subiera a comer y beber, mientras él subía al monte, donde habla ofrecido el sacrificio, a orar y pedir a Dios el remedio de aquel pueblo. Allí postrado en tierra y humillado, clamó a Dios para que enviara sobre la tierra el agua fertilizadora. Siete veces mandó a su compañero que mirase hacia el mar, y la séptima vez vio una nubecilla, como la huella de un pie de un hombre, que subía de entre las amargas aguas del mar, y en ella contempló Elías, con su espíritu profético, a la Inmaculada Madre de Dios con sus más gloriosas prerrogativas.

II

Alma mía, si en tus angustias y necesidades acudes à Dios con verdadera devoción, con espíritu humilde, llena de fe y confianza, también Dios oirá tus súplicas como las del profeta Elías, porque la oración humilde penetra los cielos, y enviará sobre ti el roció y las aguas de su misericordia, haciendo que se disipen y desaparezcan las tinieblas y necesidades que te afligen, y dé tu corazón verdaderos frutos de gracia y santidad. Persevera humilde en tu oración como el Profeta Elías, porque Dios quiere probar tu constancia; repite tus súplicas y llama de nuevo al Corazón de Jesús, que no será en vano, pues Él ha dicho: "Al que llame se le abrirá." Pero si te cansa tu oración y desistes de suplicar, es señal de que no tienes aquella fe viva y aquella confianza ilimitada con que Dios quiere ver revestidas las súplicas que a Él se dirigen, para que consigan su efecto. Por eso dijo el Señor: " si tuvierais fe como un grano de simiente, y dijereis a este monte: Trasládate allá, luego se trasladará."
Imita, pues, tú, alma mía, al profeta Elías, que después de una y otra vez repite su oración hasta que el Señor, vencido de ella, le concede lo que pide.

Oración final

Gloriosísima Virgen, Reina de los Ángeles, Madre de Dios y de los Carmelitas, María Santísima, yo el más indigno de vuestros hijos acudo a vuestras plantas con el afecto que me inspira vuestro amante corazón y la confianza que me da en santo escapulario, prenda vuestra riquísima y señal de mi salvación, para presentaros las suplicas y afectos que mi corazón ha formado en este día en obsequio vuestro para más amaros y mejor serviros. Vos como Madre de Dios y dispensadora de todas las gracias del cielo, todo lo podéis, y como Madre amante y especial de los que visten vuestro santo escapulario, no os negareis a recibir mis pobres suplicas y alcanzarme el remedio de mis necesidades, la gracia de que mi alma os ame y sirva cada día más durante mi vida y después merezca ser ayudado de vos en la hora de mi muerte. 

Pídase ahora con toda confianza la gracia que se desea alcanzar de la Virgen del Carmen

EJEMPLO

En una villa cerca de Tolosa se apareció varias veces la Virgen Santísima à un hombre llamado Samuel Grossi para que cediese a los Carmelitas un lugar donde fundasen convento. Fueron allá los Carmelitas, pero no sufriendo el Gobernador que habitaran allí los religiosos, les mandó salir; mas ellos no quisieron dejar el lugar. Irritado el Gobernador, los encerró en el convento de tal manera que no pudiesen salir, para que muriesen dentro como en una cárcel. Pero los religiosos, llenos de fe y confianza, acudieron a su amantísima Madre la Virgen del Carmen,  repitiéndole una y súplica de San Simón Stock: Ave, Stella matutina, etc. A los pocos días que repitieron esta súplica, estando cantándola, y al llegar a aquellas palabras: Tu nos in carcere solare propitia, que quiere decir: "Piadosísima Madre nuestra María, consoladnos en esta cárcel," al instante desaparecieron todos los obstáculos que impedían salir a los religiosos, y al mismo tiempo se le saltaron los ojos al sacrílego Gobernador, quedándole colgados de dos pequeños nervios. Al verse así, reconoció su yerro, e hizo que le llevaran al convento para pedir perdón à los religiosos y demandar sus oraciones. Los Carmelitas acudieron de nuevo a su Madre y Protectora cantando la Salve. Cuando llegaron a aquellas palabras: illos tuos misericordes oculos ad nos converte, volvieron a su lugar natural los ojos del Gobernador, quedando sano y bueno, y haciéndose después religioso en aquel mismo convento. 
Obsequio. Rezar el Avemaría siempre que se oiga dar horas al reloj.
Sentencia. ¡Cuán seguros debemos estar bajo la protección de tal Madre! ¿Quién podrá apartarnos de su seno? ¿Qué tentación o pasión podrá vencernos, si ponemos nuestra confianza en el patrocinio de María Madre de Dios y nuestra?

- Regina decor Carmeli.
- Dedisti nobis signum protectionis tuæ

Oremus. 
Deus, qui Beatissimae semper virginis, et genitricis tuae Mariae singulari titulo Carmeli ordinem decorasti: concede propitius, ut cujus hodie commemorationem solemni celebramus officio, ejus muniti presidiis ad gaudia sempiterna pervenire mereamur. Qui vivis, et regnas in secula seculorum. Amen.

Del 7 al 15 de Julio: Novena en honor a Ntra. Sra. del Carmen



Por la Señal de la Santa Cruz, 
de nuestros enemigos líbranos Señor. 

En el nombre del Padre, y del Hijo, 
y del Espíritu Santo. Amén. 

Acto de contrición

Pésame Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido.
Pésame por el Infierno que merecí y por el Cielo que perdí;
pero mucho más me pesa, porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como Vos.
Antes querría haber muerto que haberos ofendido,
y propongo firmemente no pecar más, y evitar todas las ocasiones próximas de pecado. Amén. 

Oración Preparatoria para todos los días 

Oh Virgen María, Madre de Dios y Madre también de los pecadores, y especial Protectora de los que visten tu sagrado Escapulario; por lo que su divina Majestad te engrandeció, escogiéndote para verdadera Madre suya, te suplico me alcances de tu querido Hijo el perdón de mis pecados, la enmienda de mi vida, la salvación de mi alma, el remedio de mis necesidades, el consuelo de mis aflicciones y la gracia especial que pido en esta Novena, si conviene para su mayor honra y gloria, y bien de mi alma: que yo, Señora, para conseguirlo me valgo de vuestra intercesión poderosa, y quisiera tener el espíritu de todos los ángeles, santos y justos a fin de poder alabarte dignamente; y uniendo mis voces con sus afectos, te saludo una y mil veces, diciendo: 
(rezar tres avemarías)

Primer Día 

Virgen del Carmen, Tú que fuiste preservada de toda mancha de pecado, te suplico me concedas tu ayuda para mantener siempre mi alma limpia de pecado y santifique mi vida, con mis obras. 

Segundo Día 

María Santísima del Carmen, Tú que te consagraste en cuerpo y alma como esclava del Señor, haciendo de Tu vida un continuo acto de servicio a su misión salvadora, concédeme proclamar mi alma a la grandeza de Dios, y sienta en mi vida los dones de su misericordia. 

Tercer Día 

Oh, Virgen del Carmen, concédenos que imitando tu fe, aceptemos en nuestra vida los misteriosos designios de la voluntad de Dios, y con fe y humildad le sirvamos sobre la tierra y le gocemos después en el cielo. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. 

Cuarto Día 

Virgen Santísima del Carmen, Tú que escuchaste las palabras de Tu Hijo y las cumpliste mejor que nadie, enséñanos a tener ese espíritu solícito para con nuestro prójimo. Que nuestros corazones estén siempre dispuestos a aceptar la voluntad de Dios. 

Quinto Día 

Amandísima Madre del Carmen, Tú que ofreciste tus dolores de Madre junto a la Cruz de tu Hijo, concédenos Tu fortaleza, para que también nosotros aceptemos y ofrezcamos nuestros sufrimientos y colaboremos en la salvación del mundo. Amén.

Sexto Día 

Virgen del Carmen, Tú que fuiste colmada de alegría en la Resurrección de Tu Hijo, concédenos que perseverando en oración con la Iglesia, nos dispongamos a recibir los dones del Espíritu Santo, y guiados por ellos nuestra vida sea un testimonio de fe, esperanza y amor, y un día podamos gozar contigo la alegría del Reino. Por Jesucristo Nuestro Señor. 

Séptimo Día 

Virgen del Carmen, Tú que fuiste ensalsada como Reina del universo, a semejanza de tu Hijo, concédenos, a nosotros, peregrinos en este mundo, Tu protección maternal y un día podamos gozar contigo la felicidad eterna en el cielo. 

Octavo Día 

Gloriosa Virgen del Carmen, que fuiste figurada en una nubecita por el profeta Elías, que con su lluvia fecundaste copiosamente la tierra, te pedimos que nos alcances siempre copiosas lluvias en auxilio para nuestras almas, con abundantes frutos de virtudes y buenas obras. 

Noveno Día 

Virgen del Carmen, María Santísima, Tú que nos entregaste el santo Escapulario para que veamos en él un signo de Tu presencia alentadora y de Tu amor, ayúdanos para que nuestra vida sea digna de hijos tuyos, para que imitemos fielmente Tus virtudes, y un día podamos encontrarnos en el Reino de Tu Hijo Jesús. 

Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena y rezar la Salve. 

Oración Final para todos los días

Virgen santísima del Carmen; yo deseo que todos sin excepción se cobijen bajo la sombra protectora de tu santo Escapulario, que todos estén unidos a Ti, Madre mía, por los estrechos y amorosos lazos de esta tu querida Insignia. ¡Oh hermosura del Carmelo! Míranos postrados reverentes ante tu sagrada imagen, y concédenos benigna tu amorosa protección. Te recomiendo las necesidades de nuestro Santísimo Padre, el Papa, y las de la Iglesia Católica, nuestra Madre, así como las de mi nación y las de todo el mundo, las mías propias y las de mis parientes y amigos. Mira con ojos de compasión a tantos pobres pecadores, herejes y cismáticos como ofenden a tu divino Hijo, y a tantos infieles como gimen en las tinieblas del paganismo. Que todos se conviertan y te amen, Madre mía, como yo deseo amarte ahora y por toda la eternidad. Así sea.

Se puede rezar el Santo Rosario también en la Novena.

En el nombre del Padre, y del Hijo, 
y del Espíritu Santo. Amén. 


Flor del Carmelo, Vid florida,
Esplendor del Cielo, Virgen Madre singular,
Madre dulce que no conoció varón: asiste propicia 
a tus devotos. 
Estrella del mar, intercede por nosotros 
al Señor Dios nuestro.

Mes de la Virgen del Carmen - Día Anterior



Este mes de Julio nos consagraremos con ayuda de un antiguo devocionario Carmelita  llamado “Aromas del Carmelo”. A diario compartiremos  oraciones y reflexiones para la consagración a nuestra Señora del Carmen pertenecientes a este mismo devocionario. 
 
Mes de julio consagrado a la Virgen del Carmen

De rodillas ante una imagen de la Virgen del Carmen y hecha la señal de la cruz, se dirá lo siguiente

Oración para el Primer día 
antes de comenzar la preparación

 Oh Reina  del Carmelo y madre mía amantísima, os doy infinitas gracias por el singular beneficio  que me habéis hecho al dirigir hacia  mí,  pobre  pecador,  vuestros ojos misericordiosos y recibirme en vuestra compañía y en la santa confraternidad de vuestro escapulario, donde dispensáis las más singulares gracias de vuestro amor, haciendo a los cofrades afortunados siervos vuestros, hijos predilectos y hermanos de vuestro corazón. Yo,  vuestro  hijo y devoto ¡oh amorosa madre del Carmelo!,    postrado ante vuestras plantas y en presencia de la Santísima Trinidad, con todos los  bienaventurados del cielo, a vos  me ofrezco, a vos consagro todo mi corazón y toda mis fuerzas, y prometo de hoy en adelante poner un empeño especial para corresponder al tierno amor que me habéis dispensado y a los beneficios tan singulares de que me habéis colmado, haciendo así digno de conseguir los privilegios que lleva a vuestro santo escapulario, siendo para mi alma salud y para mi cuerpo segura defensa, qué me ayude en  los peligros, me salve en la muerte  y me lleve pronto  del purgatorio al  monte santo de la gloria.  Yo os suplico, madre mía, que entendáis en mi corazón un grande amor hacia vos, que me inspiréis lo que debo hacer, para agradaros lo que debo rechazar para nunca ofenderos y esta divisa celestial que me habéis dado guardará mi cuerpo y mi alma, y será la señal de que mi corazón  es todo vuestro, y que me he   consagrado todo a vuestro servicio queriendo vivir siempre obediente a vos.

 Continuad, madre mía, dispensándome vuestras gracias y velando solicito por este hijo vuestro;   y sobre todo en estos días del mes de julio, qué quiero consagrarlo de una manera especial a vos, haced que sienta yo los efectos de vuestro especial amor y protección, que mi  corazón os amé más, que vea el remedio de mis necesidades, que alcance las virtudes y que no me falte jamás vuestra asistencia. Dignaos, madre mía carísima, aceptar al pobre obsequio qué os ofrezco consagrando este mes a la memoria de vuestras glorias, de vuestras grandezas, de vuestros beneficios y de las obras de nuestro amor que habéis hecho a los Carmelitas, que son todos los que visten vuestro santo escapulario. No  me falte nunca vuestra protección, y haced  que  viviendo  según  mis promesas,  merezca ser ayudado de vos en mi última hora y pueda gozar  después en vuestro regazo las eternas delicias de vuestro amor en la patria de los santos. Amen.

Salve
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María!

- Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. 

- Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

6 de Julio: Memoria Litúrgica de santa Nazaria Ignacio March Mesa, virgen



Nazaria Ignacia March Mesa nació el 10 de enero de 1889, en Madrid (España), en el seno de una familia obrera con la que, debido a los problemas económicos que atravesaban, se trasladó a México. Allí inició su vida religiosa: pronto ingresó a la Congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados y tomó el nombre de Nazaria de Santa Teresa.

En 1912, como primera misión, fue enviada a Oruro (Bolivia) lugar en el que permaneció 12 años, los que dedicó al cuidado de ancianos. Tiempo después, en 1920, durante sus ejercicios espirituales Nazaria sintió un llamado interior que la llevó a fundar una nueva congregación religiosa que portaría el estandarte de la Cruz.

Tras ese grito interior, el 16 de junio de 1925 dejó la Congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados y fundó la Congregación de Misioneras de la Cruzada Pontificia. Las religiosas que se unían a ella debían emprender una cruzada de amor en torno a la Iglesia y tenían la misión de realizar actividades pastorales en las escuelas.

Para 1931, Nazaria fue elegida superiora general de la Congregación y encabezó la misión de llevar el mensaje que profesaban en Bolivia, Argentina, Uruguay y España. Nunca dejó de crecer: actualmente tiene presencia en 21 países de los cuatro continentes.

Pero la misión de Nazaria no atendía solo cuestiones de fe sino que amparó a su rebaño desde los derechos: en 1933 organizó a las mujeres de los mercados y comercios de Oruro para formar el primer sindicato obrero femenino de Bolivia.

Poco después regresó a España, de donde casi no regresa. En 1936, durante la Guerra Civil, fue apresada junto a varias de sus compañeras. Iban a ser castigadas por su condición de religiosas, sin embargo, gracias a la mediación de los consulados de Argentina y Uruguay fueron deportadas.

Nazaria fue trasladada a Argentina y vivió en el barrio Villa Pueyrredón donde continuó con su labor y levantó una parroquia donde hasta la fecha se la venera. Murió en Buenos Aires el 6 de julio de 1943. Su cuerpo fue trasladado a Oruro en 1972, como pidió antes de su muerte.

Las personas que la conocieron dejaron testimonio de cómo era y qué decía: "Ella visitaba a los enfermos por las tardes. Era increíble la atracción que ejercía sobre grandes y chicos. En el trayecto se le acercaban mujeres a pedirle consejos. Había que ver a los niños… venían como enjambres de abejas, se apiñaban a besarle la cruz, sus manos, el hábito. Con los más pobres era más amable y a todos invitaba al hogar. 

El 13 de octubre de 2018 el Papa Francisco la Canonizó y en 1992, el papa Juan Pablo II la había beatificado en Roma.

6 de Julio: Memoria Litúrgica de santa María Goretti, virgen y mártir



El 6 de julio es la fiesta de Santa María Goretti, la niña de once años que fue asesinada de 14 puñaladas por resistirse a una violación y que antes de morir perdonó a su asesino; el Papa Pío XII la definió como “pequeña y dulce mártir de la pureza”.

María nació el 16 de octubre de 1890, en Corinaldo, provincia de Ancona, Italia. Hija de Luigi Goretti y Assunta Carlini, tercera de siete hijos de una familia pobre de bienes terrenales pero rica en fe y virtudes, cultivadas por medio de la oración en común, rosario todos los días y los domingos Misa y sagrada Comunión. Al día siguiente de su nacimiento fue bautizada y consagrada a la Virgen. A los seis años recibirá el sacramento de la Confirmación.

Después del nacimiento de su cuarto hijo, Luigi Goretti, por la dura crisis económica por la que atravesaba, decidió emigrar con su familia a las grandes llanuras de los campos romanos, todavía insalubres en aquella época. Se instaló en Ferriere di Conca, poniéndose al servicio del conde Mazzoleni, es aquí donde María muestra claramente una inteligencia y una madurez precoces, donde no existía ninguna pizca de capricho, ni de desobediencia, ni de mentira. Es realmente el ángel de la familia.

Tras un año de trabajo agotador, Luigi contrajo una enfermedad fulminante, el paludismo, que lo llevó a la muerte después de padecer diez días. Como consecuencia de la muerte de Luigi, Assunta tuvo que trabajar dejando la casa a cargo de los hermanos mayores. María lloraba a menudo la muerte de su padre, y aprovecha cualquier ocasión para arrodillarse delante de su tumba, para elevar a Dios sus plegarias para que su padre goce de la gloria divina.

Junto a la labor de cuidar de sus hermanos menores, María seguía rezando y asistiendo a sus cursos de catecismo. Posteriormente, su madre contará que el rosario le resultaba necesario y, de hecho, lo llevaba siempre enrollado alrededor de la muñeca. Así como la contemplación del crucifijo, que fue para María una fuente donde se nutría de un intenso amor a Dios y de un profundo horror por el pecado.

Amor intenso al Señor

María desde muy chica anhelaba recibir la Sagrada Eucaristía. Según era costumbre en la época, debía esperar hasta los once años, pero un día le preguntó a su madre: -Mamá, ¿cuándo tomaré la Comunión?. Quiero a Jesús. -¿Cómo vas a tomarla, si no te sabes el catecismo? Además, no sabes leer, no tenemos dinero para comprarte el vestido, los zapatos y el velo, y no tenemos ni un momento libre. -¡Pues nunca podré tomar la Comunión, mamá! ¡Y yo no puedo estar sin Jesús! -Y, ¿qué quieres que haga? No puedo dejar que vayas a comulgar como una pequeña ignorante. Ante estas condiciones, María se comenzó a preparar con la ayuda de una persona del lugar, y todo el pueblo la ayuda proporcionándole ropa de comunión. De esta manera, recibió la Eucaristía el 29 de mayo de 1902.

La comunión constante acrecienta en ella el amor por la pureza y la anima a tomar la resolución de conservar esa angélica virtud a toda costa. Un día, tras haber oído un intercambio de frases deshonestas entre un muchacho y una de sus compañeras, le dice con indignación a su madre: -Mamá, ¡qué mal habla esa niña! -Procura no tomar parte nunca en esas conversaciones. -No quiero ni pensarlo, mamá; antes que hacerlo, preferiría...Y la palabra morir queda entre sus labios. Un mes después, sucedería lo que ella sentenció.

Pureza eterna

Al entrar al servicio del conde Mazzoleni, Luigi Goretti se había asociado con Giovanni Serenelli y su hijo Alessandro. Las dos familias viven en apartamentos separados, pero la cocina es común. Luigi se arrepintió enseguida de aquella unión con Giovanni Serenelli, persona muy diferente de los suyos, bebedor y carente de discreción en sus palabras.

Después de la muerte de Luigi, Assunta y sus hijos habían caído bajo el yugo despótico de los Serenelli, María, que ha comprendido la situación, se esfuerza por apoyar a su madre: -Ánimo, mamá, no tengas miedo, que ya nos hacemos mayores. Basta con que el Señor nos conceda salud. La Providencia nos ayudará. ¡Lucharemos y seguiremos luchando!

Desde la muerte de su marido, Assunta siempre estuvó en el campo y ni siquiera tiene tiempo de ocuparse de la casa, ni de la instrucción religiosa de los más pequeños. María se encarga de todo, en la medida de lo posible. Durante las comidas, no se sienta a la mesa hasta que no ha servido a todos, y para ella sirve las sobras. Su obsequiosidad se extiende igualmente a los Serenelli. Por su parte, Giovanni, cuya esposa había fallecido en el hospital psiquiátrico de Ancona, no se preocupa para nada de su hijo Alessandro, joven robusto de diecinueve años, grosero y vicioso, al que le gusta empapelar su habitación con imágenes obscenas y leer libros indecentes. En su lecho de muerte, Luigi Goretti había presentido el peligro que la compañía de los Serenelli representaba para sus hijos, y había repetido sin cesar a su esposa: -Assunta, regresa a Corinaldo! Por desgracia Assunta está endeudada y comprometida por un contrato de arrendamiento.

Después de tener mayor contacto con la familia Goretti, Alessandro comenzó a hacer proposiciones deshonestas a la inocente María, que en un principio no comprende. Más tarde, al adivinar las intenciones perversas del muchacho, la joven está sobre aviso y rechaza la adulación y las amenazas.

Suplica a su madre que no la deje sola en casa, pero no se atreve a explicarle claramente las causas de su pánico, pues Alessandro la ha amenazado: -Si le cuentas algo a tu madre, te mato. Su único recurso es la oración. La víspera de su muerte, María pide de nuevo llorando a su madre que no la deje sola, pero, al no recibir más explicaciones, ésta lo considera un capricho y no concede ninguna importancia a aquella reiterada súplica.

El 5 de julio, a unos cuarenta metros de la casa, están trillando las habas en la tierra. Alessandro lleva un carro arrastrado por bueyes. Lo hace girar una y otra vez sobre las habas extendidas en el suelo. Hacia las tres de la tarde, en el momento en que María se encuentra sola en casa, Alessandro dice:

-"Assunta, ¿quiere hacer el favor de llevar un momento los bueyes por mí?" Sin sospechar nada, la mujer lo hace. María, sentada en el umbral de la cocina, remienda una camisa que Alessandro le ha entregado después de comer, mientras vigila a su hermanita Teresina, que duerme a su lado.

-"¡María!, grita Alessandro. -¿Qué quieres? -Quiero que me sigas. -¿Para qué? -¡sígueme!

-Si no me dices lo que quieres, no te sigo".

Ante semejante resistencia, el muchacho la agarra violentamente del brazo y la arrastra hasta la cocina, atrancando la puerta. La niña grita, pero el ruido no llega hasta el exterior. Al no conseguir que la víctima se someta, Alessandro la amordaza y esgrime un puñal. María se pone a temblar pero no sucumbe. Furioso, el joven intenta con violencia arrancarle la ropa, pero María se deshace de la mordaza y grita:

-No hagas eso, que es pecado... Irás al infierno.

Poco cuidadoso del juicio de Dios, el desgraciado levanta el arma:

-Si no te dejas, te mato.

Ante aquella resistencia, la atraviesa a cuchilladas. La niña se pone a gritar:

-¡Dios mío! ¡Mamá!, y cae al suelo.

Creyéndola muerta, el asesino tira el cuchillo y abre la puerta para huir, pero, al oírla gemir de nuevo, vuelve sobre sus pasos, recoge el arma y la traspasa otra vez de parte a parte; después, sube a encerrarse a su habitación. María recibió catorce heridas graves y quedó inconsciente. Al recobrar el conocimiento, llama al señor Serenelli: -¡Giovanni! Alessandro me ha matado... Venga. Casi al mismo tiempo, despertada por el ruido, Teresina lanza un grito estridente, que su madre oye. Asustada, le dice a su hijo Mariano: -Corre a buscar a María; dile que Teresina la llama.

En aquel momento, Giovanni Serenelli sube las escaleras y, al ver el horrible espectáculo que se presenta ante sus ojos, exclama: -¡Assunta, y tú también, Mario, venid!. Mario Cimarelli, un jornalero de la granja, trepa por la escalera a toda prisa. La madre llega también: -¡Mamá!, gime María. -¡Es Alessandro, que quería hacerme daño! Llaman al médico ya los guardias, que llegan a tiempo para impedir que los vecinos, muy excitados, den muerte a Alessandro en el acto.

Sufrimiento redentor

Al llegar al hospital, los médicos se sorprendieron de que la niña todavía no haya sucumbido a sus heridas, pues ha sido alcanzado el pericardio, el corazón, el pulmón izquierdo, el diafragma y el intestino. Al diagnosticar que no tiene cura, llamaron al capellán. María se confiesa con toda claridad. Luego, durante dos horas, los médicos la cuidaron sin dormirla.

María no se lamenta, y no deja de rezar y de ofrecer sus sufrimientos a la santísima Virgen, Madre de los Dolores. Su madre consiguió que le permitan permanecer a la cabecera de la cama. María aún tiene fuerzas para consolarla: -Mamá, querida mamá, ahora estoy bien... ¿Cómo están mis hermanos y hermanas?

En un momento, María le dice a su mamá: -Mamá, dame una gota de agua. -Mi pobre María, el médico no quiere, porque sería peor para ti. Extrañada, María sigue diciendo: -¿Cómo es posible que no pueda beber ni una gota de agua? Luego, dirige la mirada sobre Jesús crucificado, que también había dicho ¡Tengo sed!, y entendió.

El sacerdote también está a su lado, asistiéndola paternalmente. En el momento de darle la Sagrada Comunión, le preguntó: -María, ¿perdonas de todo corazón a tu asesino? Ella le respondió: -Sí, lo perdono por el amor de Jesús, y quiero que él también venga conmigo al paraíso. Quiero que esté a mi lado... Que Dios lo perdone, porque yo ya lo he perdonado.

Pasando por momentos análogos por los que pasó el Señor Jesús en la Cruz, María recibió la Eucaristía y la Extremaunción, serena, tranquila, humilde en el heroísmo de su victoria.

Después de breves momentos, se le escucha decir: "Papá". Finalmente, María entra en la gloria inmensa de la Comunión con Dios Amor. Es el día 6 de julio de 1902, a las tres de la tarde.

La conversión de Alessandro

En el juicio, Alessandro, aconsejado por su abogado, confesó: -"Me gustaba. La provoqué dos veces al mal, pero no pude conseguir nada. Despechado, preparé el puñal que debía utilizar". Por ello, fue condenado a 30 años de trabajos forzados. Aparentaba no sentir ningún remordimiento del crimen tanto así que a veces se le escuchaba gritar: -"¡Anímate, Serenelli, dentro de veintinueve años y seis meses serás un burgués!". Sin embargo, unos años más tarde, Mons. Blandini, Obispo de la diócesis donde está la prisión, decide visitar al asesino para encaminarlo al arrepentimiento. -"Está perdiendo el tiempo, monseñor -afirma el carcelero-, ¡es un duro!"

Alessandro recibió al obispo refunfuñando, pero ante el recuerdo de María, de su heroico perdón, de la bondad y de la misericordia infinitas de Dios, se deja alcanzar por la gracia. Después de salir el Prelado, llora en la soledad de la celda, ante la estupefacción de los carceleros.

Después de tener un sueño donde se le apareció María, vestida de blanco en los jardines del paraíso, Alessandro, muy cuestionado, escribió a Mons. Blandino: "Lamento sobre todo el crimen que cometí porque soy consciente de haberle quitado la vida a una pobre niña inocente que, hasta el último momento, quiso salvar su honor, sacrificándose antes que ceder a mi criminal voluntad. Pido perdón a Dios públicamente, ya la pobre familia, por el enorme crimen que cometí. Confío obtener también yo el perdón, como tantos otros en la tierra". Su sincero arrepentimiento y su buena conducta en el penal le devuelven la libertad cuatro años antes de la expiración de la pena. Después, ocupará el puesto de hortelano en un convento de capuchinos, mostrando una conducta ejemplar, y será admitido en la orden tercera de san Francisco.

Gracias a su buena disposición, Alessandro fue llamado como testigo en el proceso de beatificación de María. Resultó algo muy delicado y penoso para él, pero confesó: "Debo reparación, y debo hacer todo lo que esté en mi mano para su glorificación. Toda la culpa es mía. Me dejé llevar por la brutal pasión. Ella es una santa, una verdadera mártir. Es una de las primeras en el paraíso, después de lo que tuvo que sufrir por mi causa".

En la Navidad de 1937, Alessandro se dirigió a Corinaldo, lugar donde Assunta Goretti se había retirado con sus hijos. Lo hace simplemente para hacer reparación y pedir perdón a la madre de su víctima. Nada más llegar ante ella, le pregunta llorando. -"Assunta, ¿puede perdonarme? -Si María te perdonó -balbucea-, ¿cómo no voy a perdonarte yo?" El mismo día de Navidad, los habitantes de Corinaldo se ven sorprendidos y emocionados al ver aproximarse a la mesa de la Eucaristía, uno junto a otro, a Alessandro y Assunta.


San Juan Pablo II en el 2003 resaltó que “Marietta, como era llamada familiarmente, recuerda a la juventud del tercer milenio que la auténtica felicidad exige valentía y espíritu de sacrificio, rechazo de todo compromiso con el mal y disponibilidad para pagar con el propio sacrificio, incluso con la muerte, la fidelidad a Dios y a sus mandamientos”.

“Hoy se exalta con frecuencia el placer, el egoísmo, o incluso la inmoralidad, en nombre de falsos ideales de libertad y felicidad. Es necesario reafirmar con claridad que la pureza del corazón y del cuerpo debe ser defendida, pues la castidad "custodia" el amor auténtico”, añadió.

Oración a santa María Goretti 

Señor Dios, que eres fuerza de las almas inocentes y te complaces en los corazones limpios, 
tú que otorgaste a santa María Goretti la palma del martirio en la edad juvenil, concédenos, por su intercesión, 
la constancia en tus mandamientos, el perdonar a los que nos ofenden y darnos a nosotros tambien, así como a esta virgen le diste la victoria en el combate, la posibilidad de que podamos librar el nuestro, tomados de la mano de Maria 
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo y Señor Nuestro. Amén.

Santa María Goretti, ruega por nosotros

5 de Julio: Memoria Litúrgica de san Antonio María Zaccaría, presbítero


En este sacerdote que murió muy joven, sí que se cumplió aquella frase del Libro de la Sabiduría en la S. Biblia "Vivió muy poco tiempo, pero hizo obras como si hubiera tenido una vida muy larga".

Nació en Cremona, Italia, en 1502. Quedó huérfano de padre cuando tenia muy pocos años. Su madre, viuda a los 18 años, renunció a nuevos matrimonios que se le ofrecían con tal de dedicarse totalmente a la educación de su hijita y los resultados que obtuvo fueron admirables.

Estudió medicina en la Universidad de Padua, y allí supo cuidarse muy bien para huir de las juergas universitarias y así conservar la santa virtud de la castidad. Desde joven renunció a los vestidos elegantes y costosos, y vistió siempre como la gente pobre, y el dinero que ahorraba con esto, lo repartía entre los más necesitados.

A los 22 años se graduó de médico y su gran deseo era dedicarse totalmente a atender a las gentes más pobres, la mayor parte de las veces gratuitamente, y aprovechar su profesión para ayudarles también a sus pacientes a salvar el alma y ganarse el cielo. Pero unos años después, sus directores espirituales le aconsejaron que hiciera también los estudios sacerdotales, y así logró ordenarse de sacerdote. Así fue doblemente médico: de los cuerpos y de las almas.

Antonio María tuvo siempre desde muy pequeño un inmenso amor por los pobres. Ya en la escuela, volvía a veces a casa sin saco, porque lo había regalado a algún pobrecito que había encontrado por ahí tiritando de frío. Durante sus años de profesional y sacerdote, todo lo que consigue lo reparte entre los más necesitados.

Se trasladó a Milán (la ciudad de mayor número de habitantes en Italia) porque en esa gran ciudad tenía más posibilidades de extender su apostolado a muchas gentes. Y allí, por medio de la hermana Luisa Torelli fundó la comunidad de las hermanas llamadas "Angelicales" (nombre que les pusieron porque su convento se llamaba de "Los Santos Ángeles"). El fin de esta comunidad era preservar a las jovencitas que estaban en peligro de caer en vicios, y redimir y volver al buen camino a las que ya habían caído. Estas hermanas le ayudaron muchísimo a nuestro santo en todos sus apostolados.

Luego con otros compañeros fundó la Comunidad llamada "Clérigos de San Pablo" los cuales, por vivir en un convento llamado de San Bernabé, fueron llamados por la gente "Los Padres Bernabitas". Esta congregación tenía por fin predicar para convertir a los pecadores, extender por todas partes la devoción a la Pasión y muerte de Cristo, y a su santa Cruz. Y esforzarse lo más posible por tratar de obtener la renovación de la vida espiritual y piadosa entre el pueblo, que estaba muy decaída y relajada. Estos religiosos hicieron tanto bien en la ciudad y sus alrededores que unos años mas tarde, San Carlos, gran arzobispo de Milán, dirá de ellos: "Son la ayuda más formidable que he encontrado en mi arquidiócesis".

San Antonio María sentía un gran cariño por la Sagrada Eucaristía, donde está Cristo presente en la Santa Hostia, con su Cuerpo, Sangre, alma y divinidad. Por eso propagó por todas partes la devoción de las Cuarenta Horas, que consiste en dedicar tres días cada año, en cada templo, a honrar solemnemente a la Sma. Eucaristía con rezos, cantos y otros actos solemnes de culto.

Otra de sus grandes devociones era la pasión y muerte de Cristo. Cada viernes, a las tres de la tarde hacía sonar las campanas, para recordar a la gente que a esa hora había muerto Nuestro Señor. Siempre llevaba una imagen de Jesús crucificado, y se esmeraba por hacer que sus oyentes meditaran en los sufrimientos de Jesús en su Pasión y Muerte, porque esto aumenta mucho el amor hacia el Redentor. Y una tercera devoción que lo acompaño en sus años de sacerdocio fue un enorme entusiasmo por las Cartas de San Pablo. Su lectura lo emocionaba hasta el extremo, y de ellas predicaba, y a sus discípulos les insistía en que leyeran tan preciosas cartas frecuentemente, y que meditaran en sus importantísimas enseñanzas. A él le sucedió lo que le ha pasado a miles y millones de creyentes en el mundo entero, que al leer las Cartas de San Pablo han descubierto en ellas unos mensajes celestiales tan interesantes que quedan entusiasmados para siempre por su lectura y meditación.

A nuestro santo le correspondió vivir en los tiempos difíciles en los que en Alemania el falso reformador Lutero proclamaba una falsa reforma en la religión, y en Roma y España, San Ignacio y sus jesuitas empezaban a trabajar por conseguir una verdadera reforma de la Iglesia, y muchísimos católicos sentían un intenso deseo de que empezara una era de mayor fervor y menos frialdad y maldad. San Antonio María fue uno de los que con su enorme apostolado preparó la gran Reforma de la Iglesia Católica que iba a traer el Concilio de Trento.

Siendo aún muy joven, sintió que de tanto trabajar por el apostolado, le faltaban las fuerzas. Se fue a casa de su santa madre, y en sus brazos murió el 5 de julio de 1539. Tenía apenas 37 años, pero había hecho labores apostólicas como si hubiera trabajado por tres docenas de años más. El Papa León XIII lo declaró santo en 1897. Y nosotros le pedimos a San Antonio Zaccaría, que pida mucho al buen Dios para que la Iglesia Católica se renueve día por día y no vaya a caer nunca en la relajación y que no se enfríe nunca en el santo fervor que Nuestro Señor quiere de cada uno de los creyentes.



Oración a san Antonio María Zaccaría 

Señor, que encendiste en el corazón de san Antonio María Zaccaría un ardiente celo por la salvación de sus hermanos. Te pedimos por su intercesión que nos sintamos siempre urgidos a evangelizar a los hombres de nuestro tiempo por amor a Ti. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén. 

Domingo XIV° Per Annum y Reflexión del Evangelio



+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo 
según san Mateo     11, 25-30

Jesús dijo:
Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido.
Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y Yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.

Reflexión del Evangelio Dominical 

Queridos hermanos: 

     Jesús nos dice este domingo: "Aprendan de Mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio" (Mt. 11, 29). 

   Podemos pensar que el Señor Jesús tiene todas las virtudes en grado sumo, por lo tanto Él puede decirnos que aprendamos de Él todas las virtudes. Sin embargo, pareciera que, además de la caridad en la que nos insiste tantas veces (Cf. Mt. 22, 39), hay dos virtudes que Él prefiere de un modo especial: la paciencia y la humildad. Por eso, nos pide aprender su paciencia y humildad de corazón. 

  Detengámonos en la paciencia. Algunos, en vez de "paciente" traducen "manso". Por tanto, se puede decir que la paciencia es la mansedumbre, y consiste en "saber esperar". ¿Esperar en quién? Sólo en Dios. ¿Esperar qué? Las promesas de Dios porque Él es fiel. 
 
  Ante un mundo violento que pretende imponerse por la fuerza, el cristiano se sabe en manos de Dios y espera mansamente en Él. Este pretender imponerse por la fuerza y el poder se lleva a cabo incluso de modos sutiles, haciendo parecer que no se ejerce la coacción, pero en realidad sirviéndose de ella astutamente, pues muchas veces en palabras que suenan dulces y hasta en modos aparentemente "mansos" y "amigables", se esconde una violencia inusitada y un afán de dominio y control sobre el otro. Así, mansedumbre no implica callar ante la injusticia, aunque se ponga la otra mejilla, como Cristo cuando le dijo al que lo abofeteó: "Si he hablado mal, dime en qué, y si he hablado bien, ¿por qué me pegas?" (Jn. 18, 23). En definitiva, la mansedumbre es un fruto del Espíritu Santo (Cf. Gal. 5, 22) por el cual la persona alcanza la paz interior y se encuentra en completa docilidad a la acción de gracia divina aunque deba enfrentar grandes contrariedades. 

  Pidamos a la Virgen Santísima, Reina de la Paz, nos alcance la gracia de ser mansos y humildes de corazón. Amén.